Foro DINASTÍAS | La Realeza a Través de los Siglos.

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 Asunto: ELENA PAULOVNA (Charlotte de Württemberg)
NotaPublicado: 29 Feb 2020 19:47 
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En una página rusa, ví que la llamaban "la Princesa Libertad", y, por un instante, consideré la opción de titular así el tema, en una especie de versión de clickbait made in Foro Dinastías :tongue:

Tampoco hubiese sido tan descabellado. Entiendo que eso de "Princesa Libertad" alude a un episodio muy concreto en la vida de Elena Paulovna: siendo la propietaria de inmensas fincas en la provincia de Poltava, hacia 1856 decidió liberar de la condición de siervos a quienes cultivaban una de las propiedades, la denominada Karlovka. Esto implicaba, para que os hagáis una idea, que dejarían de ser siervas 7392 "almas masculinas" y 7625 "almas femeninas", que se encargaban de mantener y explotar 9090 acres de tierra residiendo en doce aldeas. Elena, con su administrador de confianza el barón Engelhart, preveía liberarlos y asignarles parcelas de aquella tierra, para que se convirtiesen en pequeños propietarios. Su plan venía a ser un "potencial ensayo" para demostrar la necesidad de efectuar un proceso ordenado de emancipación de los siervos en Rusia.

La Princesa Libertad. ¿Porqué no? Pensándolo un instante, le cuadra bien a aquella mujer de mente aguda e incisiva, intelectualmente curiosa, cultivada, interesada en una amplia batería de materias muy distintas entre sí, que lo mismo disertaba sobre música o literatura francesa contemporánea que sobre ciencias naturales o tecnología. Una mujer de naturaleza innovadora, reformista, capaz de buscar nuevas respuestas para viejas preguntas que pocos se atrevían a plantearse abiertamente. Admirada por sus cuñados, Alejandro I y Nicolás I, así como respetada por su suegra, María Feodorovna; querida por su concuñada Alexandra Feodorovna, Mouffy, y apreciada por su sobrino, Alejandro II. Sin embargo, no gozó para nada de la estima de su esposo, el gran duque Mikhail Paulovich. Cuando cumplieron sus veinticinco años de matrimonio, Mikhail Paulovich pronunció una frase lapidaria:

-Cinco años más y nuestra vida en común podrá denominarse Guerra de los Treinta Años.


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 Asunto: Re: ELENA PAULOVNA (Charlotte de Württemberg)
NotaPublicado: 29 Feb 2020 20:18 
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Nació en Stuttgart, pero creció en París.

Se llamaba Friederike Charlotte Marie, pero se referían a ella por su segundo nombre, Charlotte, y la familia solía emplear el diminutivo Lottie.

Luego, más tarde, se haría famosa porque una tía abuela por vía paterna, la emperatriz María Feodorovna de Rusia, hermana del abuelo Friedrich de Lottie/Elena, la eligió para esposa del menor de todos sus hijos, el gran duque Mikhail Paulovich. Viajaría a Rusia, para dejar de ser Lottie de Württemberg y transformarse en la gran duquesa Elena Paulovna. Cuando María Feodorovna se decantó por ella, tenía catorce años. Cuando se metamorfoseo en Elena Paulovna, tenía quince años. Según nuestros parámetros, se trataba de una chiquilla. Sin embargo, a Lottie/Elena le sobraba aplomo: al instante de que la princesa con su séquito hubiese traspasado la frontera de acceso al Imperio de los Romanov, los cosacos que habían acudido a recibirla atronaron el aire frío con sus vítores entusiastas, y ella, mirándoles de frente, con un esbozo de sonrisa en los labios, les dijo en perfecto ruso

-Gracias, chicos.

Antes de girarse a uno de sus acompañantes e indicar:

-Siento que llego por fín a la Patria.

Puesto que siempre pongo en duda -razonablemente- esas adhesiones pasionales e instantáneas a un territorio que se acaba de alcanzar, tiendo a pensar que Lottie/Elena era lista, muy lista. Estaba "construyéndose imagen pública" desde el minuto cero, lo que dice mucho de ella.

Hasta entonces, había tenido una vida modesta y plagada de conflictos, en parte derivados del infelicísimo matrimonio de sus padres, el príncipe Paul de Württemberg y la princesa Charlotte de Saxe-Hildburghausen. Otros cuántos problemas, por supuesto, provinieron del hecho de que su padre chocaba ideológicamente con su hermano mayor, Wilhelm rey de Württemberg; y con tanto choque va, choque viene, al final la solución que se encotnró fue que Paul se largase con viento fresco de Stuttgart, concretamente a la lejana París. Aprovechando la suma de factores -fiasco en la vida conyugal, desavenencias con el rey...- Paul se marchó dejando a sus hijos varones en Stuttgart, pero llevando consigo a sus dos hijas, Lottie y Pauline, mientras que su esposa, que no lograba que le permitiesen resolver su vínculo mediante un divorcio, se retiraba con dos damas de confianza a una casa propia en Hildburghausen.

Lottie y Pauline, en París con papá, se encontraron viviendo literalmente en una casa de huéspedes, porque a Paul no le daba la faltriquera para más. La residencia, regentada por Madame Gerul, estaba abarrotada de gente de orígenes burgueses y las hijas de aquellos huéspedes mostraban escasa simpatía, incluso ramalazos de antipatía, por las "princesas alemanas". Por suerte, Paul buscó después mejor acomodo y sus hijas fueron enviadas a la prestigiosa escuela femenina de Madame Campan. Entre las clases en el internado de Madame Campan y las relaciones establecidas a través del padre con intelectuales destacados de su tiempo como el científico barón Georges Leopold de Cuvier, Lottie/Elena, que tenía excelente cabeza encima de los hombros, adquirió una extensa cultura. En el Salón de Cuvier, que estaba cautivado por la precocidad intelectual de la hija mayor del príncipe Paul, Lottie/Elena pudo tratar a grandes personajes de aquel siglo, desde Alexander von Humboldt a Stendhal pasando por el físico Ampère o el pintor Delacroix. Dicho de otra manera...París le dió mucho, mucho, a Lottie/Elena, aunque fuese al precio de perderse lo que hubiera podido ser una infancia tranquila y feliz en la corte de Württemberg junto a unos padres unidos, con una existencia apacible.

Aquí os pongo imágenes de algunas de las notables personalidades que modelaron a nuestra Lottie/Elena.

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Jeanne, Madame Campan, en sus tiempos institutriz de los hijos de Marie Antoinette, después directora de un famoso internado para señoritas.

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George de Cuvier, fundador de la paleontología científica, hermano del muy distinguido zoólogo Frederic de Cuvier.
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André Marie Ampère, físico, matemático y naturalista francés.


Cuando las perspectivas de un "matrimonio ruso" obligaron a devolver a Stuttgart a Lottie/Elena y a su hermana Pauline, la mayor ya era una muchachita de brillante personalidad. Simplemente, íba por delante de lo que podían presagiar su edad y sus antecedentes, en cuanto a formación y en cuanto a madurez. Su madre, Charlotte, a la que visitaba con frecuencia en Hildburghausen, se quedó absolutamente maravillada por el temple y el refinamiento de su primogénita. Estaba claro, a sus ojos, que la zarina María Feodorovna se llevaba una verdadera joya para San Petersburgo. En cambio, conviene decir que el novio, Mikhail Paulovich, que acudio a Stuttgart para conocer a Lottie/Elena, no se quedó para nada favorablemente impresionado...


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 Asunto: Re: ELENA PAULOVNA (Charlotte de Württemberg)
NotaPublicado: 29 Feb 2020 21:26 
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El gran duque Mikhail Paulovich había nacido en el Palacio de Invierno de San Petersburgo el 8 de febrero de 1798. Venía siendo el décimo retoño, cuarto varón, de Pablo Petrovich y de su segunda -queridísima- esposa María Feodorovna; sin embargo, aún tratándose del benjamín en un extenso elenco de hijos comúnes de la pareja, se trataba del primero que llegaba al mundo DESPUÉS de la ascensión al trono de Pablo Petrovich, bajo el nombre de zar Pablo I. De hecho, Pablo I insistió en que todo el ceremonial que rodeó su llegada al mundo y su bautizo en la religión ortodoxa pusiesen de relieve que Mikhail Paulovich había nacido HIJO DE EMPERADOR REINANTE, no hijo de "simple" heredero de la corona imperial. A tal punto llegó la cosa, que surgieron rumores de que Pablo pensaba hacer del menor el zarevitch, el futuro zar.

El nombre del niño, Mikhail, refleja la naturaleza supersticiosa de Pablo I, ya puestos. El monarca se había enterado de que un centinela del Palacio de Invierno contaba a todos los que querían oírle que, desde la entronización de Pablo I, en cada una de sus guardias nocturnas se le presentaba el mismísimo Arcángel Miguel para aseguarle que "se hallaban bajo su celestial protección". Pablo, conmovido, había afirmado que si su embarazada María tenía un varón, le llamaría Mikhail y le consideraría un "ahijado espiritual" del arcángel. La historia en sí misma, con su toque sobrenatural, tenía todos los elementos para gustarle a los rusos y circuló con profusión durante mucho, mucho tiempo.

Mikhail creció apegado a los hermanos que le antecedían, los que estaban relativamente cercanos en edad: la gran duquesa Anna, llamada Annette, favorita de la madre, y el gran duque Nicolás. Hay incluso una imagen temprana de esos tres hijos menores de los emperadores que reflejan su particular afinidad dentro de la extensa familia:

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Annette, Nicolás y Mikhail.


Nuestro Mikhail no íba a tener tiempo de ser el hijo querido de su padre. El zar Pablo I murió, asesinado en el Mikhavslovsky, la noche del 23 de marzo de 1801. Su asesinato se produjo en su propia habitación, cuando ofreció resistencia a firmar una abdicación a punta de espada; los ejecutores íban pasados de alcohol, y no se anduvieron con chiquitas. Posiblemente, el hijo mayor, el zarevitch Alejandro, antaño niño mimado de la abuela paterna Catalina la Grande, estaba al tanto del plan de los conjurados, por lo menos hasta la parte en que íban a obtener una abdicación aunque fuese recurriendo a la fuerza. Alejandro, el zarevitch, hubo de enfrentarle a la hirviente desesperación y cólera de la madre, la zarina María Feodorovna, que durante días barajó la idea de reclamar el trono para sí; finalmente, tras haber hecho jurar a Alejandro mismo y al hermano que le seguía en edad, Constantin, que no habían tomado parte en la muerte del padre, María dejó que los acontecimientos siguiesen su curso. Alejandro se convirtió en el emperador Alejandro I.

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La zarina María Feodorovna.


Durante toda su vida, Alejandro I sintió que estaba en deuda con su madre María, o tal vez se sentía tremendamente culpable frente a la mirada dolida e inquisitiva de su madre María. El caso es que la emperatriz viuda, a quien las normas dinásticas aprobadas por el difunto Pablo otorgaban preeminencia en el ceremonial incluso por delante de su nuera la zarina Elizaveta, gozaba de un poder extraordinario, o un poder de influencia que superaba cualquier medida. María vivía en Pavlovsk...

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...con sus hijos menores. Annette, Nicolás y Mikhail recibieron una cuidadosa educación, aunque en el caso de los grandes duques, estuvo muy orientada a que les atrajese el estamento militar: desde bien pequeños, jugaban juntos con centenares de soldaditos de plomo y se les dió instrucción en cuanto salieron de los pliegues de las faldas de las institutrices para ser puestos a cargo de un exigentísimo preceptor, el general conde Matvey Ivanovich Lamsdorf. La importancia de la zarina María estaba garantizada día a día, ella disponía de todo y de todos. De hecho, un simple encuentro con un muchacho sordo la llevó a crear, con todo el apoyo del zar Alejandro I, el primer establecimiento educativo para sordos y sordomudos en el Imperio, por ejemplo; pero también su rechazo absoluto a permitir que una de sus hijas fuese entregada a Napoleón Bonaparte, entonces aliado preferente de Alejandro I, salvó a su querida Annette de ser lo que lo tocó ser a la archiduquesa austríaca María Luísa...una auténtica princesa, con siglos de sangre real en las venas, sacrificada a la ambición desmedida combinada con talento innegable del parvenu corso.

Cuando Alejandro I empezó a ser no el amigo de Napoleón, sino su resuelto enemigo, se produjo la Gran Guerra Patriótica de 1812. La Gran Armada de Napoleón invadió suelo ruso, y los rusos tuvieron que invertir todos sus recursos y confiar en todas sus ventajas, como la rudeza de sus inviernos, para derrotar a aquel gigantesco ejército. No dudaron ni en practicar una política de tierra quemada, para que los franceses no encontrasen a su paso ni alimentos para los hombres ni forraje para los caballos, ni en quemar Moscú, construída fundamentalmente con madera. Los rusos salieron vencedores: Napoleón, con sus oficiales y sus tropas, hubo de retirarse dándose por derrotado. A partir de ahí, Alejandro participó como líder natural de la siguiente coalición de naciones europeas armada a toda prisa para hundir para siempre a Napoleón en la Batalla de Leipzig, en 1813, Los aliados, victoriosos, ocuparían Francia, y Alejandro, a quien acompañaba el hermano Constantin, para entonces había mandado llamar a toda prisa a sus dos hermanos pequeños, los adolescentes Nicolás y Mikhail. Éstos no podían perderse un episodio histórico: la toma de París.

Cuando el general conde Lamsdorf dejó de ser el tutor de Nicolás y Mikhail en 1814, la zarina viúda María Feodorovna consignó por escrito, con melancólica tristeza, que sus dos hijos menores acababan de perder "a su segundo padre". Pero los chicos ya tenían edad de completar su educación primero con una amplia gira dentro de las fronteras del imperio ruso y, a continuación, con un viaje por Europa. María vió casarse a su Annette con el príncipe holandés Wilhelm, heredero del reino de los Países Bajos, en la capilla del Palacio de Invierno en febrero de 1816; y, dentro del mismo recinto sagrado, a su hijo Nicolás con la princesa Charlotte de Prusia, convertida en la gran duquesa Alexandra Feodorovna, en julio de 1817. Alexandra Feodorovna, para su esposo Mouffy, recordaría después que había llorado mucho en brazos de su amiga y dama de compañía, Cecilia Gurovskaya, temiendo su primer encuentro con la emperatriz viúda María Feodorovna. Había escuchado tantas historias acerca del carácter altivo y exigente de María, que sencillamente estaba aterrada ante la perspectiva de tener que conocerla. Sin embargo, las dos mujeres, María y Mouffy, entablaron una relación cálida y afectuosa. No hubo atisbos de competencia ni de rivalidad entre ellas.

Quedaba soltero Mikhail.

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Mikhail.


María Feodorovna había nacido siendo una princesa de Württemberg y había conservado relaciones especialmente estrechas con su país natal. Aparte, una de sus hijas mayores, la gran duquesa Katia Paulovna, por entonces viuda del primo duque Georg de Oldenburg, se había casado con el que se convirtió en primer rey de Württembeg, Wilhelm I. Aunque Katia había fallecido prematuramente a causa de unas erisipelas complicadas con una neumonía en enero de 1819, dejando en el mundo dos hijos varones de su matrimonio Oldenburg que crecerían en Rusia bajo la protección de abuela María y a dos hijas de su matrimonio Württemberg en Stuttgart, María mantenía una conexión permanente con su primo y yerno Wilhelm. Por eso se envió a Mikhail a Stuttgart "a tiro hecho", para que cortejase a Lottie/Elena, una sobrina del rey Wilhelm. en 1823.

Y Mikhail llegó a Stuttgart, para cumplir con el trámite que le había impuesto su madre María. Lottie/Elena lo tenía todo para haber triunfado en plaza: era más que moderadamente bonita...

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Lottie/Elena.


...y además muy fina, en sus modales y su comportamiento; inteligente y a la vez ilustrada, la perfecta princesa. Pero Mikhail sintió desde el principio una sorprendente frialdad hacia Elena. Tiempo después, el hermano de Mikhail que le antecedía en edad, el aún gran duque Nicolás, se sorprendería a menudo de la actitud distante de éste respecto a la guapa y encantadora Elena, cuando por lo general no existía nadie más dispuesto a llevarse bien con todos los miembros de la familia que el benjamín del extinto Pablo I y de María Feodorovna. Siempre estará abierto a especulaciones porqué Mikhail erigió una barricada, o cavó una profunda trinchera, entre él mismo y Elena. Quizá ella le pareció "demasiado" lista y demasiado culta, quizá le hizo sentirse en entredicho por su gusto hacia el ambiente militar y su falta de interés por cultivar el intelecto. De Mikhail se diría que era un auténtico hombre de armas y que lo más que había llegado a leer eran los reglamentos por los que se regía la vida de los oficiales y la tropa imperiales: fuera de ese ámbito tan concreto, tan específico, nada le interesaba. Tal vez si Lottie/Elena no hubiese tenido tan buena cabeza, y tanta capacidad para expresarse con su propia voz se hablase de lo que se hablase, él se hubiese sentido más cómodo, más relajado y más propenso a dejarse llevar.


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 Asunto: Re: ELENA PAULOVNA (Charlotte de Württemberg)
NotaPublicado: 01 Mar 2020 16:34 
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¡¡¡ELENA!!! :DD :DD :DD

Amo a esta mujer, y cuando las finanzas me lo permitan, compraré el libro que recomendaste, los rusos, salvo excepciones, hacían malos matrimonios, eso hay que decirlo. No es que entre estos enlaces dinásticos el amor importadora demasiado pero tenía que haber una cierta "avenencia" entre los contrayentes, al menos con el tiempo. Elena se hizo querer en toda la corta, que su esposo no sintiera ni una gota de aprecio, o ya vamos, orgullo por su mujer, habla muy mal de él.

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 Asunto: Re: ELENA PAULOVNA (Charlotte de Württemberg)
NotaPublicado: 01 Mar 2020 23:57 
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El padre de Elena/Catalina

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Pablo de Wurtemberg


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 Asunto: Re: ELENA PAULOVNA (Charlotte de Württemberg)
NotaPublicado: 02 Mar 2020 09:16 
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legris escribió:
El padre de Elena/Catalina

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Pablo de Wurtemberg


¡Sí! Existe versión en color del retrato:

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Él mismo fue producto de un matrimonio altamente desdichado, el de Friedrich de Württembeg, un hermano mayor de Sophia Dorothea, luego zarina María Feodorovna de Rusia, y de la primera mujer de éste, Augusta de Brunswick-Wolfenbüttel. Ahí van retratos de los padres de Paul:

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Este duque, Friedrich, padre de Paul, era enorme. Llamaba la atención, porque rondaba los dos metros de altura (algunas fuentes indican que los superaba, ojo...) y llegó a pesar una barbaridad, casi tanto como medía. O sea, un gigantón. Por lo leído, si no era homosexual, era bisexual pero con preferencia por las relaciones con otros mozos, de lo cual se dieron cuenta enseguida en la corte rusa, porque él siguió a ese país a su hermana cuando ésta se casó con el entonces zarevitch y le hicieron gobernador de Finlandia. Aparte sus gustos en la cama, se ponía terco y violento con su mujer, Augusta, a la que todos en su familia y círculo de allegados llamaban Zelmira. Hubo un escandalazo en el Palacio de Invierno cuando, durante una visita de Friedrich y Zelmira a San Petersburgo, ella hubo de escapar desde su habitación a los aposentos de Catalina II la Grande implorando protección frente a su desatado marido. Cómo sería la cosa, que Catalina II tomó medidas para alejar a la esposa del marido pese a las protestas de su nuera María Feodorovna, que consideraba que así se dejaba a su hermano Friedrich expuesto a la vergüenza pública.

Hubo una segunda parte tristísima en esta historia: como el padre de Zelmira no quería ni oír hablar de un divorcio de su infeliz hija, menos aún de proveer para ella, Catalina II le asignó el uso del castillo de Koluvere, en Estonia. El castillo es una monada, todo sea dicho...

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...pero para verlo en fotos, no para vivir en él en aquellos tiempos. Estaba aislado del mundo y un tanto deteriorado, se trataba de una fortaleza del siglo trece que ofrecía muchas corrientes de aire en los corredores y humedad filtrándose por las paredes, supongo yo. El caso es que allí Zelmira estaba bajo la protección del aristócrata Wilhelm von Pohlmann. No está nada claro si von Pohlmann se aprovechó de la vulnerabilidad de Zelmira para seducirla o si abusaba sexualmente de ella: fuese cual fuere el caso, ella quedó embarazada y murió a consecuencia de un parto plagado de complicaciones, en el curso del cual von Pohlmann se negó a buscar asistencia de ninguna partera, ya no digamos de un médico, para que no se supiese nada de lo que ocurría en Koluvere. A la muerta se la enterró a toda prisa y se comunicó a Catalina II que desgraciadamente había muerto por causas naturales. La verdad no salió a la luz hasta muchos años después.

Cuando Zelmira falleció en Koluvere, le quedaban en el mundo tres hijos de su desgraciado matrimonio con Friederich: Wilhelm (futuro rey de Württemberg), Katharina (futura efímera reina de Westphalia junto a Jerome Bonaparte...) y nuestro Paul. Paul tenía tres años de edad por entonces, así que no tenía literalmente ningún recuerdo, ni siquiera leve y difuso, de su madre Zelmira. El padre viudo (es de suponer que nada triste por esa condición...) volvería a casarse luego con una princesa británica, Charlotte, aquí en retrato:

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De este segundo matrimonio sólo nació una niña muerta. Así que Charlotte, sin hijos propios, fue la que tuvo que ejercer "a full time" de madrastra de los huérfanos de Zelmira. A Charlotte, el pequeño de sus hijastros, Paul, le parecía muy cómico y le recordaba a su propio hermano Adolphus, Dolly de Cambridge; pero el mozo, al crecer, empezó a mostrar una conducta turbulenta y a ojos de Charlotte absolutamente inapropiada en un príncipe. Se portaba mal siempre y les metía en apuros fuese a dónde fuese, vamos.

Paul, con ese background de matrimonios desgraciados en la familia, también fue un pésimo marido para Charlotte de Saxe-Hildburghausen, que era una belleza a la que el poeta Rückert dedicó versos por eso mismo. La vida en común, tormentosa desde el principio, se estropeó por completo cuando Paul empezó a alardear de sus contínuas amantes. Tras parir cinco hijos, Charlotte decidió que era bastante sacrificio el que había hecho y se retiró a Hildburghausen a vivir en paz. De Charlotte, la madre de nuestra Lottie/Elena, sólo he encontrado esta imagen:

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La suerte de Charlotte, comparada con su suegra Zelmira, fue que a ella no la mandaron a una fortaleza retirada bajo custodia de un tipo indigno de confianza. En Hildburghausen contó con suficiente apoyo familiar para vivir de forma independiente, aunque nadie la ayudase a obtener un divorcio. Lottie/Elena quería mucho a su madre y la visitaba con asiduidad, por cierto.


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 Asunto: Re: ELENA PAULOVNA (Charlotte de Württemberg)
NotaPublicado: 02 Mar 2020 09:39 
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Konradin escribió:
¡¡¡ELENA!!! :DD :DD :DD

Amo a esta mujer, y cuando las finanzas me lo permitan, compraré el libro que recomendaste, los rusos, salvo excepciones, hacían malos matrimonios, eso hay que decirlo. No es que entre estos enlaces dinásticos el amor importadora demasiado pero tenía que haber una cierta "avenencia" entre los contrayentes, al menos con el tiempo. Elena se hizo querer en toda la corta, que su esposo no sintiera ni una gota de aprecio, o ya vamos, orgullo por su mujer, habla muy mal de él.


Quién sabe, Mikhail no era precisamente el más sutil y refinado de los grandes duques, a él le quitabas de sus reglamentos, sus instrucciones y sus paradas militares y le rematabas, porque otros intereses/ansias en la vida no parecía tener. En cierto modo, se parecía a su hermano el gran duque Konstantin, con quien se llevaba estupendamente. Y Konstantin...

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Gran duque Konstantin.


...tenía la suavidad de un papel de lija bien grueso. El primer matrimonio de Konstantin con Juliana "Jülchen" de Saxe-Coburg-Saalfeld fue un desastre, cuando se casaron él todavía era un mozalbete malcriado y brutote cuya idea de la diversión consistía en disparar docenas de ratas -sí, ratas- desde un cañón situado en el parque de su palacio. Encantador, ¿verdad? Se portó malamente con Jülchen, en Rusia la gran duquesa Ana Feodorovna; incluso la sacudía, lo suficiente para que todos en su entorno se llevasen las manos a la cabeza, y le pegó alguna que otra enfermedad venérea.

Paradójicamente, en su edad madura, Konstantin, gobernador en Polonia, inició una relación con la polaca católica condesa Joanna Grudzińska, que se había criado en París junto a su madre, Marianna Dorpovskaya, después de que ésta se hubiese divorciado de su padre, Anton Grudna-Grudzinsky. A Joanna se la solía llamar Jeannette o, en polaco, Zhanetta. Alguien dijo de ella que "sin ser una belleza, era más bella que cualquier belleza", lo que quiere decir que tenía algo especial:

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Jeannette.


A Konstantin, que tenía aquel carácter endiablado, "sabía llevarlo". Baste decir que el gran duque estuvo nada menos que CINCO años cortejándola, a pico y pala. Él se casó con ella morganáticamente, renunciando gustoso a sus derechos al trono ruso, que hubiese sido suyo sí o sí, porque su hermano mayor Alejandro I murió pronto sin hijos que le heredasen. Entre los Romanov, nadie dudaba de que Jeannette era la mujer perfecta para Konstantin. Tal vez Mikhail hubiese necesitado una mujer del estilo Jeannette: tranquila, sosegada, dispuesta a vivir discretamente y a manejar las cosas en su entorno con aire plácido, sin destacar por un intelecto superior a la media ni una cultura portentosa sino por una "buena educación social". No sé, esto es especular, claro, pero Elena era una mujer demasiado brillante para Mikhail y sospecho que él nutrió desde el principio un gran resentimiento por la tendencia de ella a mostrarse siempre más rápida, más lista, más ingeniosa, más dotada para las relaciones sociales...


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 Asunto: Re: ELENA PAULOVNA (Charlotte de Württemberg)
NotaPublicado: 02 Mar 2020 10:22 
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El gran duque Konstantin, hermano de Mikhail, siempre repetía en referencia a su esposa polaca Jeannette:

-Le debo felicidad y paz ... estoy feliz en casa y la razón principal es mi esposa.

En paralelo, echaba sapos y culebras por la boca en relación con las princesas alemanas con las que ya era tradicional que se casasen todos los príncipes de la casa Romanov. Ni su hermano Alejandro había encontrado felicidad con la bellísima Luischen de Baden, zarina Elizaveta Alexeievna, a pesar de que éstos dos acabaron estableciendo con los años una entente cordiale, ni él mismo en su momento con Jülchen de Saxe-Coburg-Saalfeld, gran duquesa Ana Feodorovna. Claro que Konstantin se saltaba partes de la historia reciente: su padre, Pablo, sí había estado encantado de la vida con María Feodorovna, en origen princesa de Württemberg, y otro hermano suyo, Nicolás, sencillamente adoraba a su Mouffy, Alexanda Feodorovna, nacida princesa Charlotte de Prusia. Había de todo en el repertorio de casamientos "con alemanas". Pero los prejuicios de Konstantin sí pudieron influír de manera notable en la actitud con la que Mikhail viajó a Sttutgart a conocer a la prima Lottie/Elena.

Cuando Lottie/Elena llegó por primera vez a Tsarskoye Seló en 1823, la aguardaban con expectación su tía abuela y suegra inminente, María Feodorovna, y la joven gran duquesa Alexandra Feodorovna, esposa del gran duque Nicolás. Alexandra, por cierto, estaba, al parecer, embarazada en esa época, pero se puso extremadamente nerviosa por la llegada de su futura concuñada, tuvo una especie de crisis de ansiedad al recibirla y hubo de retirarse a sus aposentos, dónde sufrió a las pocas horas un aborto. Por supuesto, esto no era imputable a Lottie/Elena, que desplegó el mismo encanto y habilidad social con los Romanov que había exhibido con los cosacos que la habían recibido en la frontera rusa. A medida que se sucedían los eventos -su presentación a la corte, su conversión a la ortodoxia, su boda...- todos podían comprobar que la flamante gran duquesa Elena Paulovna era un personaje excepcional a pesar de su juventud.

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Elena.


Para Elena y su marido Mikhail se dispuso un gran palacio, el Mikhavlovsky, aunque en sus primeros meses de vida conyugal, mientras se completaban las obras, ambos dispusieron de un amplio apartamento en el Palacio de Invierno. Éste es el Mikhavlovsky:

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Y basta con echarle un simple vistazo a esa imagen para constatar la extraordinaria diferencia con la Villa Berg de Sttutgart en la que la princesa había pasado los meses anteriores...

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Sttutgart NO estaba mal, pero nada tenía que ver con la opulencia de los Romanov y de San Petersburgo. Aquel era un marco incomparable para la nueva etapa en la vida de Elena Paulovna.


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 Asunto: Re: ELENA PAULOVNA (Charlotte de Württemberg)
NotaPublicado: 02 Mar 2020 10:52 
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Elena:

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Realmente, AMO estos dos cuadros. Me tienen encandilada.

La emperatriz Elizaveta Alexeievna, la melancólica esposa del zar Alejandro I, se fijó enseguida en la tensión que marcaba la relación entre Mikhail, quien conservaba trazas de soltero hosco y maleducado en presencia de su mujer, y Elena. Elizaveta trató de mostrarse optimista en una de sus impagables cartas a su madre Amalie de Baden: "...se espera que con perseverancia de su parte [de la de Elena], el tiempo cambie estas tristes relaciones". Casi simultáneamente, el gran duque Nicolás, tan cercano a Mikhail, recibía una carta del gran duque Konstantin, en la que éste, desde Varsovia, reconocía abiertamente que: “La posición (de Elena Pavlovna) es insultante para el orgullo femenino". Konstantin se refería a que Mikhail o ignoraba deliberadamente o trataba con inexcusable frialdad a Elena, lo que debía inflingir de manera natural una herida en el orgullo de ella, que a saber cómo podía reaccionar. Uno diría que en eso Konstantin tenía experiencia: él mismo había tratado tan malamente antaño a Ana Feodorovna, que ésta se había largado y se había negado a volver por siempre jamás a Rusia, lo que a la postre les había llevado a ambos a un divorcio.


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 Asunto: Re: ELENA PAULOVNA (Charlotte de Württemberg)
NotaPublicado: 02 Mar 2020 12:24 
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Mikhail:

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Lo que hubiese podido congraciar a Mikhail con su matrimonio hubiese sido el nacimiento de un hijo a quien convertir casi casi en la cuna en un soldadito; pero en los primeros años de matrimonio, Elena dió a luz de manera prácticamente seguida a tres hijas: María, Elizaveta "Lily" y Ekaterina. Cuando la pequeña María tenía un año de edad...

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Elena con su hija María Mikhailovna.


...y estando Elena embarazada por segunda vez, no dudó en viajar con la criatura a Moscú para atenter la solemne coronación de su cuñado el zar Nicolás I, que había heredado el trono de Alejandro I después de la muerte prematura de éste y había tenido que dedicarse a aplastar, con la cooperación de sus hermanos, la revuelta decembrista. En Moscú, tras la coronación de Nicolás y su Alexandra, Elena había dado a luz a la segunda niña, Lily. Elena amaba la ciudad de Moscú, dónde Mikhail compró una residencia a la que acudirían con cierta frecuencia a partir de entonces. La gran duquesa entabló magníficas relaciones con las principales familias moscovitas, empezando por los Apraxin y los Golitsyn.

El zar Nicolás se había mostrado muy afectuoso tras el nacimiento de Lily. En una carta a Mikhail, rogaba a éste que besase de su parte la mano de Elena y abrazase tanto a la pequeña María como a baby Lily "en nombre de su tío de naríz larga", con lo que él mismo se burlaba de su apéndice nasal, algo que solamente se permitía con sus allegados. Pero la propia Elena se sintió muy agobiada cuando al cabo de un año puso en el mundo a Ekaterina, "Caty", nacida a las ocho y media de la mañana del 28 de agosto de 1827 en el palacio Mikhailovsky. La zarina María Feodorovna, abuela paterna, que estuvo presente en el evento, registraría en su Diario que ella se había percatado de que su nuera Elena había proporcionado a Mikhail una tercera hija con sólo ver la expresión en la cara de la partera que había asistido a la mujer.

No obstante, pese a tratarse de niñas, Mikhail estaba francamente contento con ellas: las quería y se preocupaba por su educación a tal punto de que quiso que las tres conociesen también muy de cerca el regimiento de caballería del que él formaba parte como comandante. Aunque podía ser algo inusual, aquello tenía sus precedentes en la Rusia imperial: la zarina Isabel Petrovna, la hija de Pedro II el Grande, había hecho mucha "vida con la soldadesca" y había montado a caballo vestida de oficial liderando a los hombres del más famoso de los regimientos rusos; Catalina II la Grande había imitado el ejemplo de Isabel Petrovna, cómo no hacerlo si había tenido que hacerse con el trono de autócrata. Había una "tradición" de vincular a las grandes duquesas también a los regimientos más señalados de la Guardia Imperial. En el caso de las hijas de Mikhail, éste simplemente, por su propio carácter y sus propios gustos, se encargaría de que las chicas tuviesen todavía un conciencia más clara y directa de lo que era la vida militar -como buenas hijas de un buen oficial, diría el padre.-

Hubo un período especialmente complicado en la de por sí muy tirante relación entre Mikhail y Elena después del nacimiento de las tres primeras niñas. Una de las damas más cercanas a Elena, la condesa María Nesselrode, dió cuenta de ello, de cómo la gran duquesa se encontró completamente abandonada por su marido y pudo quizá cometer "algunas indiscreciones" a ojos de la de por sí maliciosa gran sociedad de San Petersburgo. De alguna manera, con el pretexto de que Elena sufría un persistente resfriado en el invierno de 1828 que podía dañar seriamente sus pulmones, se la mandó a que se diese un garbeo por los spas alemanes, permitiendose, eso sí, que llevase consigo a la mayor de las hijas, María:

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Elena y María.


Salieron del imperio a través de Varsovia, dónde Konstantin y Jeannette fueron sus anfitriones unos días. Luego, Konstantin escribiría a su hermana Anna, que residía en La Haya junto a su marido Orange, para darle cuenta de la presencia de Elena con María y de la tristeza de que ese alejamiento físico de Mikhail representase un paso previo a una separación oficial o incluso un divorcio. Konstantin opinaba que aquello convertiría a su cuñada en una "femme perdue", seguramente evocando el destino que había encontrado su primera esposa alemana, Ana Feodorovna. El marido de Anna, el príncipe de Orange, escribió al zar Nicolás I previniendo sobre el mal efecto que causaría un divorcio (las cortes europeas aún recordaban demasiado bien el precedente de Ana Feodorovna...) y Nicolás habló con Mikhail al respecto, al punto de que éste envió a su ayudante Fedor Opochinin a Alemania a visitar a Elena y María, para enterarse de lo que necesitaban y en qué se podía ayudar a la gran duquesa.

Por aquel entonces, Elena estaba francamente afectada por la situación en que se veía. Mikhail, en Rusia, no sabía qué habría contado Elena a su tío, el rey Wilhelm, acerca de su matrimonio, o, para el caso, qué habría relatado a la todavía viva reina viuda Charlotte, la princesa inglesa, su "abuelastra". Fuese lo que fuese lo que hubiese contado Elena a su familia, encontró escasa comprensión. Solamente su hermano favorito, Fritz, parecía entender su posición. Había tan escasa confianza en la reputación de Elena ante los rusos, que a la hermana menor de ésta, Pauline, se le prohibió acompañar a la gran duquesa en un viaje a Italia.

Finalmente, Elena, en vez de dirigirse a Italia, se asentó en Ems. Allí recibió varias visitas, la primera la del duque de Nassau, Wilhelm había enviudado en 1825 de una tía materna de Elena, Luise de Saxe-Hildburghausen, que había tenido que sobrellevar el temperamento corrosivo, hiriente y a veces colérico de él. Pese a esas malas credenciales como marido de "tío" Wilhelm, que había hecho tan infeliz a "tía" Louise, el hombre estaba en un tris de casarse con la hermana pequeña de Elena, Pauline, bonita pero aquejada de sordera. Fueren cuales fueren las impresiones de Elena, ella no estaba en condiciones de evitar el penoso destino de su hermana Pauline. En cuanto el tío se marchó, llegó la cuñada Anna Paulovna desde los Países Bajos. El encuentro de Elena con su cuñada Anna Paulovna...

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Anna Paulovna.


...no empezó precisamente bien. "Chère Annette", que siempre se metía a potajera cuando se trataba de servir a favor de sus parientes Romanov, tomaba partido claramente por su hermano pequeño Mikhail y afeó a Elena muchas actitudes/conductas de la gran duquesa. Ésta, que no estaba ya dispuesta a dejarse tratar como un trapo justo antes de ser arrojado a la basura, contraatacó relatando sus propias penas y poniendo énfasis en la especial vinculación entre Mikhail y Pasha Hilková. Anna estuvo entonces en disposición de empatizar con Elena (a ella misma le tocaba lo suyo con su propio marido...), pero recomendó a la cuñada que retornase a su vida imperial.

Todavía en agosto, Elena no estaba nada decidida y viajó a Suiza. Intercambiaba cartas con Mikhail, pero le irritaba sobremanera que su marido, que le escribía más o menos cada dos semanas, dedicase la correspondencia casi integramente a ponerla al día de la actividad de su regimiento en la guerra ruso-turca. De Suiza tiró hacia Roma, ciudad que deseaba mucho visitar: allí le sorprendió la noticia de la muerte de su suegra, acaecida el 5 de noviembre de 1828. Elena sintió que, con su suegra, desaparecía también su mayor protectora: María se había propuesto resueltamente mantener el matrimonio de su hijo menor con su sobrina nieta a cualquier precio. El fallecimiento de la zarina sumió a los Romanov en un duelo intenso e intensivo, así que Elena dejó de recibir noticias de su familia política y la colonia rusa en la Ciudad Eterna, ciudad que por cierto estaba en luto por el deceso del Papa, marcaba distancias respecto a ella porque ya la consideraban casi "ex esposa" de Mikhail. A Elena aquello le afectó profundamente: estaba nerviosa, no probaba bocado, apenas dormía y perdió mucho peso.

Poco a poco la situación mejoró. Mikhail enviaba cartas en las que hablaba de sus hijas pequeñas, Lily y Caty, a las que Elena echaba terriblemente de menos. Según Mikhail, las niñas estaban maravillosas, aunque la pequeña Lily se celaba cada vez que él hacía caso a sus primas imperiales, las hijas de Nicolás y Alexandra. Mikhail sugería a Elena que disfrutase de la primavera en Italia, eso sí; y significaba varios meses más de dudas respecto a su futuro por parte de Elena, con quien se reunió su padre, Paul.

Al final, Elena Paulovna volvería a Rusia a mediados de octubre de 1829, después de casi dos años de ausencia. En todo ese tiempo, había tenido a María, pero Lily y Caty habían estado privadas de su madre. Previamente al retorno, Mikhail había viajado a Ems para compartir con Elena uno de aquellos benéficos tratamientos termales, ya que la salud de él también lo requería, y, después, él había retornado a San Petersburgo mientras Elena todavía visitaba en los Países Bajos a su cuñada Anna Paulovna, que la animó a retomar la vida en Rusia con mayor templanza y ánimo. Cuando Elena llegó a San Petersburgo, de hecho, Mikhail no estaba allí: se preveía que llegase a la ciudad diez días más tarde. El zar Nicolás I bromeó con que Elena se había adelantado porque no quería perderse la presencia en la ciudad del gran naturalista Alexander von Humboldt, que acababa de completar una expedición científica por los Urales.

1830 fue un año particularmente animado en San Petersburgo, porque Rusia había salido victoriosa en su conflicto frente al Imperio Otomano. La gran duquesa Elena Paulovna, de nuevo en su Mikhailovsky con sus tres hijas, pudo retomar una vida social que estaba en plena efervescencia postbélica. Elena se apoyaba en sus amigas, la condesa Nesselrode y la condesa Apraxina, así como en su devota dama de honor, Annette Tolstaya. La relación con su marido seguía dando que hablar, pero hubo cierta avenencia, porque la gran duquesa enseguida quedó de nuevo embarazada.

Las dos últimas hijas de Elena y Mikhail, las grandes duquesas Alexandra y Anna, nacidas en 1831 y 1834 respectivamente, estaban destinadas a durar poco en este mundo. De la mayor, Alexandra, se dijo que era una niña preciosa y risueña, que "no pudo soportar el proceso de dentición" y murió a los catorce meses de edad. Para su madre, representó un golpe importante, pero también el padre se mostró afligido por la pérdida. Anna, la benjamina, vivió un poco más que Alexandra: diecisiete meses. Cuando desapareció, su padre estuvo tan afectado que su hermano Nicolás, por entonces ya zar Nicolás I porque había sucedido en el trono a Alejandro I, trató de confortarle diciéndole que "ya tenían los dos tres hijas". El gran duque replicó que, efectivamente, los dos se habían quedado igualados a tres hijas, pero el zar tenía además el privilegio de ser padre de cuatro hijos varones (de los cuales el menor llevaba el nombre de su tío Mikhail, por cierto).


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 Asunto: Re: ELENA PAULOVNA (Charlotte de Württemberg)
NotaPublicado: 02 Mar 2020 16:23 
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A finales del año 1830, en Polonia, se había producido un atentado contra la vida del gran duque Konstantin. Éste salió indemne, y aunque ese episodio propició el alzamiento que se produjo en Varsovia contra la presencia rusa, el denominado Levantamiento de Noviembre o Levantamiento de los Cadetes, el gran duque supo conservar la cabeza en su sitio. Cuando su hermano Nicolás quiso enviar tropas rusas a sofocar la rebelión, Konstantin le disuadió: mejor que las cosas se arreglasen desde dentro, para evitar estropear definitivamente las relaciones con los polacos que aún se dejaban gobernar por los Romanov. Toda esa situación era dura para él, incluso en términos personales: estaba casado con una polaca y esa polaca, la querida Jeannette, tenía una hermana gemela, María, cuyo esposo, el barón Dezydery Chłapowski, era uno de los líderes nacionalistas rebeldes.

Las aguas parecieron calmarse en los meses siguientes, pero Konstantin...

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...pudo disfrutar poco de la satisfacción de haber acertado en su estrategia. En julio de 1831, cuando se hallaba en Vitebsk, contrajo el cólera y murió. Su desconsolada viuda Jeannette llevó sus restos a Tsarskoye Seló y allí se instaló, envuelta en una profunda tristeza. Jeannette sobrevivió a Konstantin solamente cinco meses.

El fallecimiento de Konstantin y Jeannette en tan breve espacio de tiempo representó un golpe dentro del círculo de los Romanov. Curiosamente, casi todos pensaban que Elena debería haber buscado inspiración en Jeannette, y Anna Paulovna había llegado incluso a decírselo abiertamente. Pero Elena era como era y no podía aspirar a ser una copia de Jeannette, la condesa Lowicz por obra y gracia de su matrimonio morganático. Aunque Anna Paulovna escribiría en la distancia que Elena hubiese sido feliz con un príncipe que la amase y hubiese sabido apreciar sus cualidades espirituales e intelectuales, y que Mikhail hubiese sido el mejor de los esposos para una mujer que encajase con su carácter, lo cierto es que los dos eran como eran, eso no íba a cambiar. Por lo menos, parecía que estaban aprendiendo a tratarse con cortesía, que no era poco, y Elena aceptaba que el amor de él estaba todo en manos de la princesa Hilkova (o Khiltova, las dos grafías valdrían aquí).

Elena puso su interés en lo que podía ponerlo: su papel de gran anfritriona, sus inquietudes científicas y artísticas, sus hijas, su familia. Entre sus dos mejores amigas, la condesa Nesselrode y la condesa Apraxina, había surgido una mútua antipatía que le rompía a veces la cabeza. Elena parece haber preferido a María Nesselrode, esposa del canciller Karl von Nesselrode, nacida Maria Dmitrievna Guryeva. Y que conste que María era, como poco, una personalidad un tanto...conflictiva. Algunos la definieron como fría, arrogante, soberbia y desdeñosa; otros señalaron que bajo su aspecto hierático, poseía un cálido corazón y buena voluntad; pero lo sustancial quizá fuese que, aparte de que le gustaban las intrigas de sociedad (jugó por ejemplo su propio papel en el drama que condujo al duelo entre Pushkin y d´Anthès...), viajaba a menudo por Europa, a Baden-Baden y a París sobre todo, a ejercer de agente político -espía de lujo...- de su esposo Karl.


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 Asunto: Re: ELENA PAULOVNA (Charlotte de Württemberg)
NotaPublicado: 02 Mar 2020 16:59 
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