Foro DINASTÍAS | La Realeza a Través de los Siglos.

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 Asunto: ELENA DE MONTENEGRO, REINA DE ITALIA.
NotaPublicado: 04 Jul 2008 18:05 
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Este tema os va a encantar, porque reúne todos los ingredientes de una novela a gran escala...


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Bello mosaico representando a Jelena de Montenegro, reina Elena de Italia.


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NotaPublicado: 04 Jul 2008 18:39 
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Los que necesitéis, de entrada, un gran palacio para situar el lugar de nacimiento y crianza de una auténtica princesa NO estáis de suerte. Esta es la foto más hermosa y evocadora que he podido hallar del palacio real en Cetinje, capital de Montenegro. Aunque la espesa capa de nieve le confiere un encanto muy especial, hay que reconocer que se trata, simple y llanamente, de una casona en un llamativo color bermejo. Llamarle palacio parece más bien un gesto de cortesía ;)

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NotaPublicado: 04 Jul 2008 19:02 
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A principios del año 1873, esa residencia situada a los pies del célebre Monte Locven estaba habitada por el knjaz (príncipe) Nikola I Mirkov Petrović-Njegoš y la esposa de éste, Milena Vukotić. Nikola, con treinta y dos años, estaba en el apogeo de su madurez...

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Milena, por su parte, contaba veintiséis años...

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Los dos llevaban casados doce años, en el transcurso de los cuales habían tenido ya cinco retoños. Nada más estrenar el año que hemos tomado como referencia temporal, esperaban, de hecho, el nacimiento de la sexta criatura.

Sólo diecinueve meses atrás, en vísperas de que se produjese el desenlace del quinto embarazo, Nikola y Milena habían estado bastante nerviosos e incluso preocupados. Hasta entonces, Milena había probado su fertilidad con cuatro natalicios, pero se daba la casualidad de que únicamente habían tenido hijas. La primera, Ljubica, había sido recibida con agrado a pesar de su sexo. La segunda, Militza, había sido acogida con cierto desencanto debido a su sexo. La tercera, Anastasija, se había visto aceptada casi a regañadientes. La cuarta, Marija, había colmado la resistencia a la frustración y la capacidad de resignación de sus padres.

Por suerte, a la quinta había sido la vencida: un saludable varón, bautizado con el nombre de Danilo, había merecido una entusiasta e incluso eufórica bienvenida.

Precisamente porque tenían a Danilo, Nikola y Milena se permitieron relajarse en el curso de la sexta gravidez de la princesa. Cuando el ocho de enero ella se puso de parto, no había ninguna tensión acumulada en la atmósfera. En el transcurso de pocas horas, llegó al mundo una quinta princesa montenegrina. Con el permiso de Nikola, Milena anunció, complacida, que se llamaría Jelena, en honor a la abuela materna de la bebé: Jelena Voivodić.


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NotaPublicado: 04 Jul 2008 19:14 
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Retratos de Nikola y Milena, con trajes tradicionales montenegrinos.

Nikola y Milena siguieron ampliando su familia en los años siguientes. Cuando Jelena tenía un año, hubo una sexta niña: Anna. A Anna le siguió otra fémina, Zofia, nacida y muerta al poco de nacer. El segundo varón, Mirko, muy esperado porque suponía el refuerzo de la línea dinástica, llegó en 1879. En 1881, le tocó el turno a Xenia. En 1887, se produjo el advenimiento de la décima niña, Vera. La cuenta se cerraría en 1889 con un tercer varón, Petar. En resumen, Milena había necesitado once partos para proporcionar tres hijos de sexo masculino junto a nueve hijas.


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NotaPublicado: 04 Jul 2008 19:56 
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Por supuesto, en el amplio repertorio de la realeza europea del siglo XIX, los Petrović Njegoš de Tschernagora (=Montenegro) representaban un caso muy peculiar. Las grandes dinastías del viejo continente, e incluso otras que habían logrado ir abriéndose un hueco pese a unos orígenes relativamente humildes, se podían dar el gusto de arquear las cejas y curvar los labios en claras manifestaciones de ironía ante los Petrović Njegoš.

A decir verdad, Montenegro era un pequeño país de la península balcánica. Desde el mar Adriático, que baña sus costas, la cordillera de los Alpes Dináricos, que parece encerrar el país, ofrece la impresión de ser un conglomerado de montes de color negro, de ahí el nombre que obtuvo aquella región bastante abrupta. En la época medieval, la zona, bajo la denominación de principado de Zeta, había permanecido en manos de la gran Croacia de la dinastía Nemanja. Al producirse el ocaso del poderío croata coincidiendo con el período de expansión en aquella área del imperio turco otomano, muchos que deseaban escapar a la dominación turca habían buscado refugio en el boscoso Montenegro. La República de Venezia, la Sereníssima, siempre interesada en mantener sus líneas de comercio en el Adriático a salvo, había apoyado un Montenegro independiente con respecto a los turcos otomanos. Así que una serie de clanes destacados se habían ído haciendo con el poder. En origen, los Petrović Njegoš constituían uno de esos clanes autóctonos, mezcla de campesinos, cabreros y guerreros, que lograron auparse por encima de las demás familias para hacerse con el preciado título de Vladika (príncipe-obispo) de Montenegro.

El primer Petrović Njegoš que ostentó el rango de Vladika había sido Danilo I Šćepčev, a caballo entre finales del siglo XVII y principios del siglo XVIII. Gobernaba desde el monasterio de Cetinje, un recinto que se encargó de agrandar y embellecer, pero, en su busca de un aliado poderoso que le permitiese manejar la amenaza perpetua del imperio turco otomano, llegó a viajar a San Petersburgo para sellar una alianza con el zar Peter I, el Grande. Cuando Danilo murió, en el monasterio de Podmaine, no había un hijo para sucederle, dado que su condición de obispo ortodoxo le había privado de casarse y de procrear. A cambio, le sucedió un sobrino: Sava II Petrović Njegoš.

La dinámica interna en la casa Petrović Njegoš estaba marcada por el hecho de que, desde Danilo I, el Vladika de turno tenía que contar con un hermano menor que se ocupase de engendrar al menos dos hijos varones: el siguiente Vladika, sucesor del tío paterno, y un hermano de éste para seguir procreando otro Vladika con hermano menor. El sistema, cuanto menos, resulta curioso. Perduró a través de generaciones, hasta llegar al Vladika Danilo II Petrović-Njegoš, quien tomó la -audaz- decisión de secularizarse. Él no íba a ser un Vladika, es decir, un príncipe-obispo. En cambio, adoptó el título de Knjaz (príncipe) Danilo. Enseguida se casó, con la muy bella y notablemente ambiciosa Darinka Kvekić. Darinka procedía de una familia principesca así como sorprendentemente rica establecida en la portuaria Trieste: su padre era el príncipe Marko Kvekić, su madre la condesa Elisabeth Mirkovich. Se podía suponer que Danilo y Darinka fundarían una dinastía principesca al uso en Montenegro...

Pero las cosas fueron por otros derroteros: sólo lograron engendrar una hija, Olga, de aspecto frágil y bastante enfermiza. Olga moriría joven, sin haber llegado a casarse.

Knjaz Danilo fallecería, asesinado, en el puerto de Kotor. Un tiempo antes, se había ganado el odio de la tribu montañesa de los Bjelopavlići porque les había sometido a su gobierno por las bravas. Todor Kadić, un miembro del humillado clan Bjelopavlići, decidió que él se encargaría de llevar a cabo una venganza de sangre en la más pura tradición del país. Parece probable que recibiese alguna clase de ayuda por parte de Austria, siempre interesada en buscarle las cosquillas a Rusia en los Balcanes. Dado que Rusia apoyaba a sus sempiternos aliados los Petrović Njegoš, Austria habría ofrecido apoyo a los Bjelopavlići. El asunto se saldó con la muerte de Danilo, el primer knjaz de Montenegro.

Ya que no había hijos varones de Danilo y Darinka para asumir el título, se respetó la vieja tradición. Danilo tenía un hermano, Mirko, excelente guerrero que, además, se dedicaba, en su tiempo libre, a componer versos en las montañas. Mirko se había casado con Anastasija "Stana" Martinovich, de quien había tenido un hijo varón, Nikola, así como dos hijas, Stana y Marija. Al joven Nikola le correspondía suceder al tío paterno Danilo.


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NotaPublicado: 04 Jul 2008 21:19 
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Nikola se convirtió en el Knjaz Nikola I con diecinueve años de edad. El reciente asesinato de su tío Danilo había puesto el país patas arriba, pero enseguida se hizo con el control de la situación. Al igual que su padre Mirko, tenía suficiente astucia política y coraje, aparte de que también le gustase componer poemas.

El joven Nikola aprovechó, en su beneficio, a la mujer que pensaba aprovecharse de él para seguir gobernando desde la sombra: Darinka. La princesa Darinka es, sin lugar a dudas, uno de esos personajes femeninos inquietantes y, por eso mismo, fascinantes. El retrato que se conserva de ella muestra a una mujer atractiva...a pesar de su nariz:

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La princesa Darinka.

Al morir, de forma prematura e inesperada, Danilo, nuestra Darinka tenía veintitrés años. Sólo era, por lo tanto, CUATRO años mayor que su "sobrino" Nikola. En vida de Danilo, Darinka se había acostumbrado a interpretar un papel protagonista en la historia de Montenegro. Ahora, no estaba por la labor de convertirse en una enlutada y sufriente viuda, retirada de la escena política, entregada a la crianza de su hija. Por el contrario, tenía otros planes: seducir a Nikola, permanecer junto a él en calidad de amante, seguir ejerciendo su notable influencia. En principio, pareció que Darinka se salía con la suya. En realidad, Nikola se benefició de la situación para obtener una amante fascinadora que le ayudaba a fortalecer su posición en el país creyendo, ilusoriamente, que le estaba llevando por dónde ella queria. Una vez que Darinka dejó de tener utilidad, Nikola decidió que había llegado el momento de romper esa relación y de concertar su compromiso con una jovencita, Milena, cuyo padre y resto de parientes masculinos figuraban en el repertorio de más fieles partidarios de la dinastía Petrović Njegoš. Milena le convenía como esposa, así que Darinka ya no le interesaba como amante.

Hay que decir que la despechada Darinka no abandonó Montenegro de forma discreta. No se limitó a recoger sus cosas para marcharse con la pequeña Olga, sino que "arrambló" con casi todas las joyas de los Petrović Njegoš. No se trataba de una colección de las que cortan la respiración, pero había algunas piezas valiosas. Milena, cuando se casó con Nikola, se encontró sin ellas porque su predecesora en más de un sentido, Darinka, se las había llevado consigo a un exilio que esperaba fuese "dorado".


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NotaPublicado: 04 Jul 2008 21:33 
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Así que ya hemos conocido, de forma sucinta, los antecedentes de la familia Petrović Njegoš, una realeza muy sui generis, absolutamente balcánica, que había logrado su posición gracias a su astucia de montañeses pero también a su alianza con los poderosos zares de Rusia. Nikola y Milena se sentían los fundadores de una dinastía. Estaban dispuestos a aprovechar la confluencia de factores para darle lustre a su apellido dinástico y a su abrupto país balcánico gracias al fervoroso paneslavismo de los rusos. Los Romanov estaban interesados en sostener a los Petrović Njegoš. Eso tenía un elevado valor, aunque el resto de las familias reales europeas se burlasen de Nikola llamándole "rey de los bandidos" o, en ocasiones, "rey de los cabreros de la montaña", mientras, por otro lado, se mofaban de Milena porque la mujer, una fiel ortodoxa, conservaba asimismo a flor de piel el nutrido conjunto de supersticiones propias de los montenegrinos.

Ni Nikola ni Milena eran unos palurdos iletrados. Nikola, en su juventud, había estudiado, por influencia de su tía Darinka, nada menos que en el Lycée Louis-le-Grand de París. A la cultura adquirida, añadía un interés heredado de su padre por la poesía: de hecho, Nikola acabaría destacándose en su faceta de compositor. Milena no tenía tanta formación académica, pero entendía que era importante que sus hijos creciesen en una atmósfera refinada, en nada inferior a la de otros retoños de la realeza contemporánea. El generoso patronazgo económico del zar de Rusia les permitió enviar a sus hijas mayores -Ljubica, Militza, Stana y posteriormente Marija- al célebre instituto Smolny de San Petersburgo. En calidad de "protegidas" del zar de Rusia, Ljubica, Militza, Stana y Marija recibieron la excelente preparación que ofrecía el Smolny para muchachas de elevado rango que tendrían que representar, cuando se casasen, un buen papel en sociedad.

Nuestra Jelena, la protagonista de este tema, también tuvo una infancia interesante...


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NotaPublicado: 04 Jul 2008 21:43 
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Antes aún de que naciese Jelena, ya se había incorporado en el palacio de Cetinje, en calidad de gobernanta de las princesas, una gobernanta oriunda de Suiza: Mademoiselle Neukot. Neukot tenía la misión de proporcionar a las niñas buenos modales así como fluidez en dos idiomas: francés y alemán. Cuando las mayores (Ljubica, Militza, Stana y Marija) partieron hacia el Smolny de San Petersburgo, no íban de vacío, sino que llevaban consigo las lecciones en diversas materias impartidas en dos lenguas por Neukot. La helvética se quedó en Cetinje, para ocuparse de Jelena y de Anna.

Milena procuraba no perderse ni ripio de esa primera fase en la educación de sus hijas, pero el caso era que Nikola mostraba todavía mayor interés. El hombre quería asegurarse, constantemente, de que el excelente salario abonado a Mademoiselle Neukot representaba una gran inversión hacia el futuro. Tanto Jelena como Anna eran estudiantes muy aplicadas, que sacaban provecho de sus clases. En lo que tocaba a Jelena, además, Nikola tuvo la satisfacción personal de descubrir que la muchachita se mostraba particularmente sensible hacia la poesía. Los primeros versos de Jelena revelaban un talento innato, seguramente heredado de su abuelo paterno y de su padre.

Al margen de ese entorno formativo, las princesas, lo mismo que sus hermanos, disfrutaban de muchas horas de esparcimiento al aire libre. Jelena y Anna se divertían con largas caminatas por las montañas, pero, sobre todo, montando a caballo. Jelena resultaría ser una diestra amazona y, para sorpresa de todos, demostró interés por la caza. En eso, también salía a relucir la herencia genética.

Otro aspecto curioso, que hacía peculiares a esas princesas montenegrinas, era su predilección hacia lo oculto y lo sobrenatural. Ahí, prevalecían los genes de Milena. A la esposa de Nikola se le atribuía un agudo sexto sentido y algunas dotes adivinatorias. En cuanto a las chicas, todas, en mayor o menor medida, estaban interesadas por los fenómenos paranormales. En el caso concreto de Jelena, se dice que poseía una certera intuición y que presentía, antes de tiempo, cada terremoto, pequeño o grande.


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NotaPublicado: 09 Jul 2008 23:09 
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Foto dedicada por SM la reina Elena a Mme. Iryphosa Bates Batcheller.


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Foto de la colección de Mme. Batcheller.


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La princesa Mafalda de Saboya, segunda hija de los reyes Victorio Emmanuele y Elena. nació en 1902 y murió en 1944. Casada con Felipe langrave de Hesse (1896-1980)


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NotaPublicado: 09 Jul 2008 23:46 
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Yolanda, la hija mayor de los reyes. Nació en 1901-1986) En algún momento se habló de la posibilidad de un casamiento con el príncipe de Gales, futuro Eduardo VIII, y luego duque de Windsor. No llegó a reina pero ganó en felicidad. Casó con el conde Giorgio Calvi di Bergolo (1887-1977)


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