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 Asunto: Re: Don Álvaro de Luna, Condestable de Castilla
NotaPublicado: 15 Ago 2016 18:33 
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Los asuntos testamentarios habían dejado a los problemas en la frontera en un relativo abandono, concentrando la raya del reino de Murcia bastante actividad. Tal era la situación que muchos capitanes tuvieron que viajar a la corte para reclamar atención y pagos a los hombres dejando muchos cuarteles sin dirección. Catalina hubo de prestar veinte millones de maravedís con cargo al tesoro real. Con ese fin el infante Fernando reúne cortes en Segovia en febrero de este año y se acuerda con los procuradores el dinero que se aportará a la guerra con Granada. Terminadas las sesiones y todos los asuntos que habían hecho imprescindible la presencia en Segovia, da comienzo la campaña de hostilidades contra Granada. Es Fernando, en calidad de varón y de experiencias en armas, quien toma el mando de la operación. Doña Catalina, fiel a su desconfianza, quiere también partir al frente andaluz teniendo que ser el Consejo el que la convenza de ese dislate, que lo mejor era permanecer al ciudado del rey. Como aquello suponía la separación de los regentes acuerdan repartirse la gobernación del reino: el norte quedará para Catalina y el sur, con algunos obispados gallegos para compensar la riqueza de la meseta norte frente a la del sur, para Fernando que estará en Andalucía combatiendo al infiel. Por su parte, los nazaríes abren hostilidades y cercan la villa cordobesa de Priego. El infante, que deja a mujer e hijos en Medina, parte hacia el sur tras la licencia de la reina mientras escribe cartas a grandes y caballeros para que se unan a la causa.

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Estatua del infante Fernando de Castilla en la ciudad que conquistó y que le dio fama: Antequera.

Era don Fernando: "príncipe muy hermoso, de gesto sosegado, e benigno, casto e honesto, muy católico e devoto christiano. La fabla vagarosa e floxa, e aun en todos sus actos era tardía e vagaroso, tanto paciente e sofrido que pareçia que non avía en él turbación de saña nin ira; pero fue príncipe de grant discriçión e que siempre fizo sus fechos con bueno e maduro consejo."

El día 22 de junio llega con su séquito a Sevilla, ciudad que usará como base de operaciones. Allí se reunirá con una buena parte de la flor y nata de Castilla: el condestable Dávalos, el almirante Enríquez, el conde de Niebla, el Maestre de Santiago, el señor de Marchena, el Adelantado Mayor de la Frontera, Enrique de Villena, el Prior de la Orden de San Juan, entre otros. Dicen que fue tal el derroche de actividad que el infante realizó que terminó por enfermar. Dos meses postrados en el que las huestes que ya tenía aposentadas, sin poder tomar la iniciativa, consiguen importantes victorias en villas como Carmona, Écija u Osuna además de defender de ataques nazaríes como a la plaza de Lucena. En agosto un ejército granadino logra hacerse con la fortaleza de Bedmar y cerca Baeza, arrasando y quemando su arrabal. En contrapartida la flota castellana, reforzada con naves vizcaínas, vencen a una conjunta de Túnez y Tlemecén.

Don Fernando logra reponerse para primeros de septiembre. En seguida toma la iniciativa y decide reunir hombres y consejo en Carmona. El objetivo es la plaza de Ronda y tener el control de su sierra. Para ello había que tomar y saquear primero villas com Zahara, Grazalema o Setenil. Caída Zahara, se concrentaron los esfuerzos en Setenil. Mientras se bombardeaba Setenil se toman los castillos cercanos de Ayamonte, Priego o Cañete. Por su parte, el rey moro trata de dividir al enemigo atacando con el grueso del ejército a Jaén, consiguiendo arrasar el arrabal y los cultivos exteriores a la ciudad mas no penetró en ella gracias a sus buenas defensas. Ante la resistencia de Setenil, se refueza el sitio con nuevas bombardas y se mandan tropas para tomar Ortegícar y realizar correrías por Álora y Ronda, esta última resultando un fracaso y realizada contra las órdenes del regente bajo Juan de Velasco, ¿os suena?

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Restos de la alcazaba islámica de Setenil.

En octubre se empieza a comprender la inutilidad del empeño. Los sitiados consiguen salir y realizar destrozos entre los sitiadores, muchos abandonan sin licencia, otros caen muertos víctimas de la imprudencia en ataques sorpresas. Fernando, desesperado y furioso ante la desobediencia de sus órdenes, ordena atacar la plaza con todo el grueso de sus hombres frente a las advertencias de la peligrosidad que suponía. Después de que mandara terminar rápidamente una bastida -una torre de asalto- da la orden del ataque defintivo. Las prisas nunca son buenas consejeras y cuando se acercaba a la muralla un incidente deja a la bastida inutilizable. Fernando cede ante sus consejeros y retira el cerco. Por culpa del desánimo y el descuido en la protección de las armas gruesas, casi tienen un desastre de haberles alcanzado huestes granadinas de refuerzo que se dedicaron a distintas correrías fronterizas.

Las penalidades no terminaron, realizó realizar infructuosamente un alarde -una especie de paso de revista- cerca de Morón con la amenaza de no pagar a los desobedientes; tuvo que aguantar cómo andaluces y castellanos no se ponían de acuerdo en quiénes debían ser los fronteros, cediéndose unos a otros el honor; en Marchena recibió al alcaide de Cañete, Priego y Las Cuevas, García de Herrera, dándole la noticia que había tenido que abandonar los castillo de Priego y Las Cuevas, no ajusticiándolo gracias a los buenos servicios de su familia. Lo peor pasó en Carmona, donde su avanzadilla fue recibida al grito de Setenil y dando paso a estas dentro de la ciudad. La situación se arregló con la llegada del regente que forzó la entrada ante cara de pocos amigos.

Después de la feliz resistencia de Cañete y de recuperar Priego y Las Cuevas -una vez arrasadas por el enemigo-, puso fin a la campaña y marchó a Sevilla. La capital del Betis agasajó al regente y este se presentó allí como victorioso. Allí estuvo hasta mediados de noviembre que partió para Castilla no sin antes pedir dinero para pagar las tropas extranjeras, designar fronteros y mandar que veintidos mil hombres custodiaran la frontera a cargo de los concejos andaluces. El 14 de noviembre abandonó la ciudad bajo la promesa de regresar al año siguiente para proseguir la campaña. La Navidad la pasaría en Ciudad Real, desde donde partió a Toledo para presidir los actos por la muerte de su hermano. De allí se dirigió a Guadalajara donde moraba su familia y donde reuniría cortes para la campaña del año siguiente. Es en esta ciudad donde el destino de nuestros protagonistas cambia...

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 Asunto: Re: Don Álvaro de Luna, Condestable de Castilla
NotaPublicado: 15 Ago 2016 23:58 
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Godoy escribió:
Todos ellos terminarían desterrados aunque no sin pena de la reina; tanta melancolía que dicen que se abandonaba a los placeres de la comida… y de la bebida


Glotona, chismosa y encima le daba al plimple :eyes: :eyes: :eyes:

Vamos de mal en peor :cool:

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La expresión suprema de la belleza es la sencillez.
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 Asunto: Re: Don Álvaro de Luna, Condestable de Castilla
NotaPublicado: 16 Ago 2016 18:50 
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Vistas de las ruinas del Real Alcázar de Guadalajara.
Es en la importante villa castellana de Guadalajara donde van a tener lugar en el año de 1408 nuevas cortes. Las cortes se volvían a convocar un año después de las últimas y eso da lugar a que pensemos lo importante que resultaba la campaña de Granada después del ejercicio irregular anterior, con fuerzas más o menos pares y fracasos estrepitosos como el de Setenil, había que dar un golpe tajante y de castigo a los levantiscos moros granadinos. Hay que pensar que no sólo asistían grandes de la nobleza y de la Iglesia, sino que además venían representantes de las ciudades del reino siendo muchas muy dispares -ancha es Castilla- como León, Sevilla, Burgos, Córdoba, Toro o Murcia, y con lo que suponía viajar en la época y para más inri en invierno, puesto que interesaba tener en primavera y verano las cosas resueltas como en seguida estudiaremos.

La corte también se trasladará a Guadalajara. La reina regente y el rey su hijo, acompañados de las pequeñas infantas, acudirán adonde ya se encuentran el infante regente y sus hijos Alfonso y Juan. Junto a ellos el almirante Enríquez, el condestable Dávalos, el camarero mayor Juan de Velasco, el justicia Diego López de Stúñiga, los Adelantados de Castilla, León y Andalucía -Gómez Manrique, Pedro Manrique y Perafán de Ribera respectivamente-, los obispos de Cuenca, Segovia, Burgos, Palencia o los arzobispos de Santiago y de Toledo entre otros ricos-hombres y caballeros. En aquellos días, en un ambiente de magnificiencia, se concentraba prácticamente todo el poder del reino.

Ahora vamos a poner nuestra atención en el arzobispo de Toledo. ¿Por qué? ¿Qué tiene de especial? A este hombre le fue asignada la sede primada desde 1403 por parte de su tío el papa Benedicto XIII, sin embargo el rey Enrique le había denegado tomar posesión de su prelatura por considerarlo extranjero entre otra serie de desavenencias; sólo muerto el rey pudo hacerse con el arzobispado de manera efectiva. Y este prelado no vino solo, le acompañaba un joven de dieciocho años más maravillado que asustado, un chico que había mamado la política desde niño con sus familiares y que venía como muchos otros jóvenes de buena familia a probar fortuna, a ganarse el pan, a labrarse un futuro y hacerse con un nombre propio dentro de la misma corte. Era joven pero cualidades no le faltaban, el chico tenía maneras, astucia, presencia, gallardía, buen juicio, sensatez, disimulo, habilidoso con el caballo y con las armas, amén de una gran ambición que le venía de familia. Bingo, estamos hablando de los Luna. El arzobispo es don Pedro de Luna y el chico es su sobrino don Álvaro de Luna. Don Pedro no se equivocó, una corte con un rey joven era el mejor sitio para chicos jóvenes de cara al nuevo reinado, tenía toda la vida para intentar ganarse la confianza real y hacerse valer. Y es que Don Pedro tenía muy buenos contactos dentro de la misma corte: El ayo del rey, Gómez Carrillo de Cuenca, era su sobrino político, casado con Urraca de Albornoz, hija de Teresa de Luna su hermana; y, además, otro sobrino político, Juan Hurtado de Mendoza, señor de Morón y Mayordomo Mayor, estaba casado con doña María Martínez de Luna, también prima de don Álvaro. Con estos formidables contactos, tan bien ubicados cerca del rey, no resultaría difícil encontrarle un hueco dentro de la corte a aquel joven recién llegado.

"Perlados, condes, e ricos-hombres, caballeros e procuradores que aquí sois venidos: el Infante mi hermano e yo vos enviamos llamar a estas Cortes para os notificar el estado en que está la guerra que dexó començada el re ymi señor, que Dios haya, para haber vuestro consejo e como se deba continuar."

Los debates en cortes se antojaron pronto largos y enconados, el protagonismo alcanzado por el infante le iba a suscitar mucha oposición incluso dentro del mismo Consejo Real. En un primer momento la reina, apoyada por su cuñado, solicitó el dinero necesario para la nueva campaña que, tras el forcejeo de rigor, terminaron por aceptar los procuradores. Sin embargo, durante las mismas sesiones el rey moro sitia Alcaudete infructuosamente y eso acaba encendiendo la llama de la discordia. Los enemigos de Fernando, entre los que estaban Velasco y Stúñiga -sí, estos señores están en todos los fregaos- quitaron yerro al asunto con tal de llevar la contraria al infante mientras que muchos caballeros apremiaron a la regente a reforzar la frontera y evitar más ultrajes, terminando la reina por ordenar la presencia en el sur del condestable y de los maestres de las órdenes militares junto a mil quinientos hombres. Reforzada la frontera se debatió si convenía o no realizar la guerra, pero a pesar del empeño del infante, que contó con apoyos importantes como el de Pedro de Luna y que se disculpó por su postración en la campaña anterior, sólo consiguió subsidios para reforzar plazas y pagar fronteros.

Al mismo tiempo se negociaba una tregua con los granadinos, puesto que las cabalgadas y correrías castellanas en territorio musulmán no cesaban y generalmente con resultados a favor de los primeros. Esto trajo nuevas peleas: los procuradores querían por ello una rebaja del subsidio mientras que los enemigos de Fernando, con el apoyo de Catalina, pidieron alargar la tregua propuesta de ocho meses con el propósito de evitar el mayor poder del regente, para enojo de éste que veía que siempre se le llevaba la contraria en todo lo que proponía. Así estaban las cosas cuando el 20 de mayo se conocía la muerte del sultán de Granada en conflicto con su hermano Yusuf, nuevo ocupante del trono de la Alhambra. Con este nuevo rey se negociaron las treguas hasta marzo de 1409, no sin serios encontronazos diplomáticos como el surgido por la repoblación de Priego a manos cristianas frente a la denuncia granadina. Esto supuso el regreso a Castilla de muchos fronteros, buena parte de ellos apoyos del infante. Reforzada su posición en Guadalajara sus enemigos más enconados, Velasco y Stúñiga, se sintieron señalados y en inferioridad y huyeron hasta Hita. Tal era la tensión en el ambiente que en junio se dio un grave altercado entre hombres de uno y otro bando resultando varios muertos y asaltada la casa del Maestre de Santiago. Los regentes entendieron que las divisiones entre ellos era el causante de todo, pero como ninguno cedía en sus posiciones el ambiente enrarecido se mantuvo.

Por las mismas fechas se conoció la muerte del Maestre de la Orden de Alcántara y la falta de entendimiento entre los electores para designar un sucesor. Don Fernando no dejó pasar la oportunidad y se valió de la influencia del obispo de Palencia, uno de los de su máxima confianza, para que intercediera ante los electores y eligieran su hijo Sancho como su Maestre a cambio de dedicar todas las rentas a la guerra contra el infiel. Después de hacerse con el apoyo del comendador mayor y con la dispensa del papa, ya que el infante tenía siete años, consiguió la elección para su hijo no sin serios encontronazos entre los miembros de la orden. A partir de entonces, con la anulación de sus peores rivales políticos, la posición del infante se vuelve más hegemónica. Esto se pone de manifiesto en su actitud cuando a finales de año se traslada la corte a Valladolid y se instala en el monasterio de San Pablo:

"E vínose a Valladolid, donde el Infante don Fernando e don Sancho, obispo de Palencia, mandaron derribar un lienço del adarbe del alcaçarejo de Valladolid, porque se dezía que la Reyna con el Rey de Castilla su fijo e con las Infantas se quería lançar en él."

"El ynfante de allí en adelante punó en ser muy grande, e traer estado de rey, e fazía algo en sus criados, e en los de su casa, e non en otros; e quantos ofiçios, e tenecias, edinidades bacavan en el reyno, todos los dava a honbres de su casa. Non dava lugar en el reyno a demandar a ninguno que por él non fuese.

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Última edición por Godoy el 16 Ago 2016 19:02, editado 1 vez en total

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 Asunto: Re: Don Álvaro de Luna, Condestable de Castilla
NotaPublicado: 16 Ago 2016 18:52 
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Iselen escribió:
Glotona, chismosa y encima le daba al plimple :eyes: :eyes: :eyes:

Vamos de mal en peor :cool:


:hehe: :hehe: Y queda lo mejor... Desde luego, su muy católica nieta sólo parece que heredó el físico Lancaster o Láncaster. :roll:

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 Asunto: Re: Don Álvaro de Luna, Condestable de Castilla
NotaPublicado: 17 Ago 2016 17:36 
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E en tanto que los procuradores del reyno venían (a Valladolid), la reyna e el infante fasían muy grandes fiestas, así de justas como de torneos, e tomaban ende muy gran alegría e plazer. E estando en mucha concordia e muy ygualados para regir el reyno, e tenían la corte en mucha concordia e muy ygualados en justicia, e los caminos muy seguros a maravilla, que ome del mundo non fazía mal ni sinrazón que luego en punto era penado...

Llama poderosamente la atención el panorama tan idílico que pinta la Crónica de Juan II cuando problemas y discordias entre los regentes habíalos. En fin. Con el nuevo año, nuevas cortes y nueva petición de dineros. Los procuradores se negaron alegando, no sin razón, que las partidas del año anterior habían sido malgastadas en diversos asuntos de la Corona cuando se acordó que debían ir integramente a la empresa de Granada. Tuvieron que emplearse los regentes a fondo, reunirse en privado con cada uno y de paso amenazarles con no negociar treguas con Granada hasta tener a la gente preparada, y como las treguas iban a ser desde luego más baratas que las campañas, hubieron de ceder.

Negociaciones políticas aparte, también hubo tiempo en Valladolid para el ceremonial y las fiestas, ya que en enero tuvo lugar en el monasterio de San Pablo la ceremonia de acatamiento de Sancho de Castilla, hijo del flamante corregente, como Maestre de la Orden de Alcántara quedando como administrador -Sancho tenía ocho años- Juan de Sotomayor.

Los asuntos de Granada no se perdieron de vista. En febrero llegaba un embajador granadino llamado Alí Zaher -cautivo cristiano de niño convertido al islam y miembro del consejo de Yusuf III- para solicitar treguas por dos años. Los regentes aceptaron siempre y cuando Yusuf se declarase vasallo del rey de Castilla, pagase las correspondientes parias y enviase a sus hijos a las cortes.

La concordia aludida por la Crónica de Juan II pudo haberse referido a lo ocurrido en marzo de 1409. Estando la corte vacía de obispos -quizá habían partido a estar cerca de sus feligreses en los días de cuaresma :-p- aprovecharon los omnipresentes Velasco y Stúñiga para reconciliarse con el cada vez más asentado corregente. Don Fernando, haciendo alarde de buen cristiano, accedió a la petición, les otorgó seguro y concedió su perdón.

Durante la misma Cuaresma el infante da una sorprendente orden, contra constumbre, en la que se establece la obligación para todos de ayuno y abstinencia de carne. Y él fue el primero en dar ejemplo, no comía otra cosa que pescado. Pero la mala suerte se cebó con él y quedó postrado durante una semana por un landre purulento en la ingle. Pero ni con esas comió carne. La situación empeoró y se declaró una epidemia de landres en la ciudad. Con estas, tuvo que salir la familia real y refugiarse en Tordesillas y evitar más contagios. Es en esta ciudad cuando en abril de aquel año se reunieron de nuevo los procuradores de las ciudades, aunque esta vez para ratificar los esponsales entre la infanta María, primogénita de Enrique III y Catalina de Inglaterra, y Alfonso de Castilla, su primo y primogénito del infante Fernando y Leonor de Alburquerque. Los niños, él de trece años y ella de siete, habían sido prometidos por deseo de Enrique III cuando María era un bebé y princesa de Asturias. Ahora se ratificaba, se les ponía Casa y configuraba la dote de María con los marquesados de Villena, Aranda y Portillo, así como con treinta mil doblas en arras. No tardaría la infanta en prendarse de su primo mayor.

Este mismo año moría en Ocaña Lorenzo Suárez de Figueroa, Maestre de Santiago. Era una nueva oportunidad, como la del año anterior con Alcántara, para engrandecer el poder su familia y el suyo personal haciéndose con uno de los estados señoriales más importantes del reino. Esta vez el beneficiado iba a ser Enrique, el tercero de sus vástagos, de nueve años. No dudó el corregente en presionar a los trece electores de la orden así como en sobornar, con medio millón de maravedíes, al comendador mayor Garci Fernández, al que todas las quinielas daban como sucesor. Y así fue. Sancho, maestre de Alcántara y Enrique, maestre de Santiago; estos dos personajes cruzarían sus destinos con el de nuestro protagonista, don Álvaro de Luna.

Y no fue la única muerte ocurrida este año que terminaría beneficiando a nuestro infante regente. Durante el verano muere de paludismo en Cerdeña Martín llamado El Joven, rey de Sicilia y príncipe de Aragón. Martín de Sicilia era el único heredero de Martín I de Aragón. De su primera mujer, María de Sicilia, sólo había tenido al infante Pedro como heredero, pero su murió en la infancia; con la segunda, Blanca de Navarra, no tuvo descendencia. Solo había dejado un hijo fruto de una relación extramatrimonial, un bastardo llamado Fadrique y que no tardaría en postularse como heredero de Aragón ayudado, entre otros, por el Papa Luna, su tío abuelo, al ser el hermano de María de Luna, madre de Martín el Joven. Por tanto, Fadrique era primo segundo de Álvaro de Luna, ya que sus abuelos eran hermanos. :eyes: El caso es que se avecinaba una grave crisis sucesoria en Aragón, ya que Martín I de Aragón, en la cincuentena, ya no iba a ser presumiblemente de nuevo padre, aunque no dejó de intentarlo. Fernando, hijo de Leonor de Aragón, a su vez hermana de Martín I, estaba en muy buena situación sucesoria, así que nada más conocer la triste nueva sobre su primo, envió a personas de su plena confianza para mostrar el pésame al rey aragonés y al mismo tiempo hacer valer sus derechos...

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 Asunto: Re: Don Álvaro de Luna, Condestable de Castilla
NotaPublicado: 18 Ago 2016 19:19 
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Nos dice la Crónica de don Álvaro:

En el año siguiente, que andava el año del Nascimiento del Señor de mill quatrocientos e diez años, y el reynado de don Juan, rey de Castilla e de León, en quatro años, el rey tomó por su page a don Álvaro de Luna.

Et voilà! Ahí lo tenemos, en sólo dos años desde su presentación tenemos noticia de que a don Albarito le dan un cargo más que importante, que también, suculento: paje de un rey niño, lo que suponía estar muy cerca del monarca, acompañarlo, servirlo en mil labores domésticas y, dada la edad del rey, ser como un compañero de juegos. Con sólo veinte añitos va a quedar muy bien posicionado. Y es cierto, como comentamos anteriormente, que tenía excelentes contactos -acordémonos de los primos políticos- dentro de la corte, esa pudo ser la gran razón para colocarlo en esa posición pero, muy probablemente, que ya para entonces, dos años ha que había llegado, hubiera hecho méritos propios para ello. Y, aunque no tenemos ninguna noticia, bien podemos suponer a juzgar por hechos posteriores que ya para entonces había don Álvaro ganado un gran ascendiente dentro de los cargos más notables de la corte, de la misma reina e incluso del pequeño rey: su desenvoltura, su agradable conversación, su trato elegante y gentil, su buena conducta, su amor y talento para la danza, la música y los juegos y, no debe olvidarse, el estar bien emparentado. Se juntaron una suma de circunstancias que le hicieron ganarse en poco tiempo la admiración y el cariño de cuantos le rodeaban y, no podemos descartarlo, que ya el mismo rey Juan pidiera tenerlo a su lado. Claro que, nadie podía ni imaginar el ascendiente que terminaría por coger. Se hizo un buen trabajo en casa de los Luna con aquel joven de buena madera. La lástima es que de aquí en algunos años perdemos noticias de nuestro joven protagonista, el foco de los acontecimientos va a estar fuera de él.

En ese mismo año de 1410 van a tener lugar aconcimientos cruciales para el devenir del reino y del reinado de Juan II. Este mismo año se llevará a cabo la famosa campaña de Antequera. El infante regente, bien atada su oposición, no va a encontrar obstáculos para su plan bélico. De Valladolid parte a primeros de año para Córdoba, centro de operaciones, no sin tener que vencer antes ciertos problemas. Estando en Trujillo conoce la sublevación de Garci Fernández, al que sobornó para el Maestrazgo de Santiago. Esta sublevación casi le cuesta la cabeza al caballero de Santiago de no ser por la mediación de la infanta Leonor de Alburquerque su mujer. Resuelto el problema e incorporado Garci Fernández a los hombres del infante, se puso marcha para Córdoba.

Estando en la antigua capital califal se conoce que la ciudad de Zahara ha sido tomada, resultando muchos muertos y cautivos. Reunido el consejo, entre los que había caballeros aragoneses -¿ya trataban de ganarse el favor de su futuro señor?-, se pone el foco en Antequera, esa va a ser la plaza a tomar. Hasta allí llegan y el día 26 de abril instalan el real muy cerca de la villa. Mientras se preparan lombardas y bastidas se da orden de tomar las sierras en torno a Antequera para evitar sorpresas. El rey de Granada, dispuesto a todo para evitar el asedio, reune en Archidona a más de ochenta mil hombres. Estando estos a una legua de Antequera se encuentran con los hombres del obispo Rojas, siempre fiel al regente, y da lugar a la batalla el 6 de mayo. Reforzadas las huestes castellanas con el infante y sus hombres el resultado es apabullador, los granadinos salen en desbandada y el balance es ciento veinte bajas cristianas por quince mil musulmanas. Un auténtico desastre para Granada que, no obstante, intenta negociar treguas en vano, puesto que la postura del infante es clara y nada hará que cambie de opinión. Llegados los pertrechos, preparadas las bastidas, montadas las lombardas... Comienza el cerco. Habrá que esperar para ver uno así de duro y prolongado, para que os hagáis una idea, hasta el que montaron los Reyes Católicos para la toma de Málaga. El asedio tiene lugar durante el mes de junio. Se intenta el asalto general el día 24 pero es tan fuerte el viento que lo hace inútil, así que se retoma el 27 y resulta fallido porque los antequerados logran quemar una bastida.

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Para evitar males mayores, ordena Don Fernando enviar a sus hombres a realizar distintas correrías por Loja y Ronda como maniobras de distracción. De la misma manera, en la frontera de Jaén se conoce que una poderosa hueste de elches -cristianos convertidos al islam- ataca la frontera siendo parados y derrotados por Alonso Fernández de Córdoba y sus hombres aun siendo menores en número. Este Alonso se presentará en Antequera con la cabeza de Mofarrax, privado del rey Yusuf al mando de sus tropas, y con el pendón granadino, no haciendo otra cosa que levantar la moral castellana. Mas no se dieron por vencidos los moros, intentaron todo para negociar treguas, pero acababan estrellándose contra el muro inquebrantable de la voluntad de Fernando; incluso los embajadores granadinos no dudarán en conspirar con los musulmanes castellanos para quemar el real castellano, mas son descubiertos y ajusticiados. Más problemático fue luchar contra los elementos naturales, como el viento, que rompía los mástiles de las bastidas de asalto. No cayó el desánimo en el regente, que cercó toda la villa y pidió más hombres y dinero puesto que la empresa se alargaba. La anécdota la puso Alonso Guerra, de no muy buen juicio, llegado desde Sevilla y empeñado en predicar a los musulmanes. Al buen hombre no le faltaba fe... :)) :)) :))

En medio de este ambiente bélico le llegaba al regente una carta del rey de Aragón por mano del arzobispo de Sevilla, invitándolo a Zaragoza para discutir la sucesión aragonesa y postularlo como heredero. Pero estaba demasiado involucrado en su empresa como para dar marcha atrás ahora, así que dejó los asuntos en delegados de confianza. En el ecuador del verano se conoce la muerte de su tío Martín I de Aragón, apenas un año después de la de su heredero, y sin llegar a producirse la tan importante entrevista. Pero hasta que no se haga con Antequera no puede hacerse cargo personalmente de hacer valer sus derechos sucesorios.

No es hasta septiembre cuando empiezan a verse la luz al final del túnel. El cerco se estrechaba y los sitiados no pudieron abastecerse de agua. Pero la clave estuvo en poner hombres encima de las bastidas de asalto desde donde atacar a los moros que subían a las torres de la muralla para su defensa. Es así como, por fin, el 16 de septiembre un grupo de hombres se hizo con una de las torres de la muralla desde una bastida cercana. A partir de ahí se produjo la entrada en la ciudad y los antequeranos tuvieron que refugiarse a la desesperada en el castillo. Desde allí ofrecieron la plaza a cambio de dejar libres a personas y bienes, a lo que se negó el infante pidiendo que se dieran por cautivos con sus bienes y entregaran a los prisioneros cristianos. Pero los moros, con ésas, preferían la muerte... En estas el obispo Rojas convence al regente de que era mejor dejarles libres entregando armas y vituallas así como a los prisioneros cristianos, puesto que el castillo podría resistir un mes más cuando el otoño no tardaría en hacer de las suyas. Así pues, el 24 de septiembre se entregaba el castillo y unos dos mil quinientos hombres, mujeres y niños, después de malvender sus propiedades a los sitiadores, marcharon hasta Archidona. Con la ciudad en sus manos nombraba a su doncel, Rodrigo de Narváez, alcaide de Antequera y bendecía la mezquita mayor. Había nacido el mito...

El 14 de octubre hacía una entrada triunfal en Sevilla con sus hombres el que a partir de entonces se conocería como el de Antequera, el victorioso cruzado azote del infiel. En la antigua Hispalis negociaría diecisiete meses de tregua con el emir de Granada y licenciaría a muchos de los hombres de fronterías. Justo en el momento en el que su persona era centro de las miradas, él se llenaba de gloria con una victoria para la Cristiandad. Junto a su fama de buen político se le unía la de buen militar. ¿Qué mejor carta de presentación para sus potenciales súbditos aragoneses? Pocas veces una victoria militar fue tan bien aprovechada.

Finiquitadas las preocupaciones bélicas, pudo centrarse en la sucesión de Aragón. Reunió una junta de clérigos y juristas para deliberar quién tenía mejor derecho al trono aragonés. La conclusión de los muy prolongados debates fue que era él, Fernando de Castilla, hijo de Leonor de Aragón, nieto de Pedro IV el Ceremonioso el candidato legítimo. Comenzaba la conquista de una corona...

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 Asunto: Re: Don Álvaro de Luna, Condestable de Castilla
NotaPublicado: 18 Ago 2016 20:39 
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:bravo: :bravo: :bravo: :bravo: :bravo: :bravo:

Me encanta :love:

De paso, vengo a aportar mi granito de arena técnico. Cuando don Fernando se hizo con Antequera y sus deliciosos molletes (love) la forma de entender la guerra había cambiado por completo. Los sistemas de combate de los que os he ido hablando en mis temas se habían quedado totalmente obsoletos (finales del siglo XIV fue el punto de inflexión)

Para empezar, hemos pasado de la cota de malla a la armadura de placas. No tan desarrollada ni poderosa como el arnés blanco que años después usaría El Católico o el Gran Capitán, pero las placas ya cubrían el cuerpo en su totalidad. Eso hizo que las armas ofensivas tuviesen que evolucionar a la par para lograr hacer mella en las protecciones corporales. Algunas se modificaron, como las mazas de toda la vida a las que se dotó de agudos pinchos para clavar o las espadas con empuñadura larga que permitía su uso a una o dos manos, y otras se crearon de nuevas, como puntas de flecha especialmente agudas para colarse en los huecos de las armaduras y los primeros modelos de alabardas. Los escudos, ahora menos necesarios, se hicieron más pequeños y los cascos se constituían con diversas piezas móviles, mucho más funcionales que los diseños utilizados antes.

Tras el paso de los ingleses por Aljubarrota, a los castellanos nos quedó clara la superioridad del arco sobre la ballesta: la capacidad de carga y disparo era mayor, es decir, se disparaba más y más rápido. Por contra, el adiestramiento de un aquero cuesta tiempo y dinero, un ballestero se prepara en menos tiempo, pero a la hora de la batalla, compensa más tener un cuerpo de arqueros de élite.

En cualquier caso la generalización de las armas de fuego fue la gran innovación del siglo: grandes o pequeños cañones que lo mismo disparaban contra una muralla que contra los soldados enemigos. Al principio hacían más ruido que daño y su misión era, literalmente, ponerle los huevos por corbata al contrario. Cuando los soldados empezaron a acostumbrarse al estruendo y al olor a pólvora, y ya nadie salía zumbando del susto, hubo que aprender a apuntar mejor y ser verdaderamente certeros.

Desde que los musulmanes las usaron por primera vez en el asedio de Algeciras (1342-1344), las piezas de artillería fueron evolucionando hasta alcanzar gran versatilidad: se manejaban a mano, se montaban en muros o se colocaban en las cubiertas de los barcos. Tengo algunas imágenes del tema de Agincourt que os pongo aquí

Esto es una bombarda de las que hacía mucho ruido en un principio pero que luego se manejó mejor y pudo disparar cargas de hasta 136 kg

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Y un cañón que nos coincide perfectamente por fechas, de 1410

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Cargando una bombarda

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Diferentes puntas de flechas. La primera de la izquierda y la segunda por la derecha son flechas de lengüeta, esas hacen verdadero daño cuando se extraen desgarrando la carne. La cuarta por la derecha (al lado de la grande central) es una lezna o bodkin, que es la que se cuela por los resquicios de la armadura. La que tiene forma de media luna no es para soldados, sirve para hacer daño a los caballos.

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 Asunto: Re: Don Álvaro de Luna, Condestable de Castilla
NotaPublicado: 18 Ago 2016 20:51 
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Esto es más o menos lo que llevaría puesto don Fernando en Antequera:

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Y esto es lo que llevaría Fernando el Católico a la toma de Granada. Se aprecia bien la diferencia, ambas son armaduras de placas pero el arnés blanco es mucho más poderoso en aspecto, mas desarrollado:

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Ambas imágenes son del Atlas Ilustrado de la Guerra en la Edad Media en España de Rubén Sáez Abad.

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 Asunto: Re: Don Álvaro de Luna, Condestable de Castilla
NotaPublicado: 18 Ago 2016 22:41 
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:love: :love: :love: Magistrales siempre tus intervenciones. Complementan que da lujo al hilo.

Hay una cuestión que me hago relacionada también con el armamento y que recuerdo habérmela hecho viendo la serie Isabel. ¿Cuándo empezaron a normalizarse las armas de fuego de mano? Además de la artillería, ¿no había ya pistolas o escopetas en ñas huestes del siglo XV? Tengo entendido que la pólvora fue usada por vez primera en el sitio de Niebla de 1262, así que más de un siglo después daba tiempo a perfeccionarse algo.

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 Asunto: Re: Don Álvaro de Luna, Condestable de Castilla
NotaPublicado: 18 Ago 2016 23:12 
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Las armas de fuego "de mano" son del siglo XVI y cosa de los italianos. Ten en cuenta que Beretta es una empresa fundada en 1526 (actualmente es el arma reglamentaria en el ejército y policía de EE.UU) En 1526 Mastro Bartolomeo Beretta (1490-1565/68), de Gardone, recibió 296 ducados como pago de 185 barriles de arcabuces vendidos al Arsenal de Venecia.

En la época de don Fernando, el cañón de la segunda foto se sostenía entre dos personas para disparar e ir moviéndose. No siempre estaba montado en un caballete de madera fijo.

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 Asunto: Re: Don Álvaro de Luna, Condestable de Castilla
NotaPublicado: 19 Ago 2016 15:50 
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Una biografía nueva y tan interesante como las otras. Qué bueno!
Gracias Iselen y Godoy.


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 Asunto: Re: Don Álvaro de Luna, Condestable de Castilla
NotaPublicado: 19 Ago 2016 20:51 
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Debió celebrar por todo lo alto nuestro flamante regente la victoria ante el moro porque tuvo que guardar cama durante unos días como fruto de una calentura. Y es que no estaba ya el infante treintañero para muchos trotes, a tener en cuenta por la delicadeza de su salud. Repuesto, partió de Sevilla a la corte parando primero en el Monasterio de Guadalupe para orar y dar gracias por la victoria. La corte, por su parte, después de pasar carnavales en Tordesillas y la Pascua en Segovia volvía a instalarse en la capital del Pisuerga. Hasta allí llegaba el infante el 2 de abril de 1411 donde había mucho que tratar. Supo de los enfrentamientos fraternales entre nazaríes y meriníes por el control de plazas como Gibraltar de la misma manera que, esta vez con ánimos más benignos, llegaba desde Portugal una embajada de paz para poner fin a la brecha abierta entre ambos reinos desde el desastre castellano y gloria portuguesa de Aljubarrota. Poner fin a las hostilidades suponía la renuncia de los Trastámaras a los derechos sobre Portugal, pero los asuntos de Aragón eran de tan suma importancia como para tener un frente abierto por las espaldas, así que se terminó cerrando una página más en la eterna historia amor-odio entre Portugal y Castilla.

La Reyna mandó llamar a los Procuradores de las ciudades e villas, e mandóles e rogóles que consintiesen que ella pudiese hacer merced al Infante su hermano de los dichos quarenta e cinco cuentos. E como todas las Comunidades destos reynos, e los más de los caballeros e perlados tuviesen grande amor al infante por ser el más humano e más gracioso a todos, e más franco de quantos Príncipes en España habían conoscido, todos tuvieron gran placer que el infante hubiese estos cuarenta e cinco cuentos. E así la Reyna ge los mandó dar, con los quales el Infante tuvo con qué pagar la gente que para su conquista le convenía.

Idílico panorama el que nos presta la Crónica del Rey. Efectivamente, de nuevo se reunían las cortes y de nuevo se pedía más dinero, cuarenta y cinco millones de nada. Claro que gran placer..., pues miren, no. Como siempre era una partida de tira y afloja, casi un regateo, que terminaba ganando el príncipe de turno. El pacto fue que el dinero iba a financiar la guerra -y así se hicieron los procuradores jurar a los regentes- pero la guerra de verdad, la de Granada, no la guerra diplomática por la corona de Aragón que es para lo que verdaderamente se iba a emplear el dinero. Una vez más terminaban los regentes colándosela al reino. Pero es que el perjurio bien les valía la pena... Y se preguntarán ustedes lo condesciente que se ve a Doña Catalina con los negocios de su cuñado... Y no es para menos, mandarlo a Aragón era lo mejor para quitárselo de encima. Inocente ella...

Con la hacienda llena se llevó a cabo la empresa política sucesoria. No obstante, alguna esperanza debió tener la reina Catalina -y no sin razón- puesto que acordó con su cuñado celebrar una junta de juristas -otra- para dilucidar sin ámbito de duda el candidato más legítimo presentado por Castilla: si el infante o el rey niño que, no olvidemos, era el hijo de su hermano mayor. Los letrados, unánimemente, se apostaron muy pragmáticos, pues el criterio que los motivó fue político y no jurídico ya que en Aragón non obedesçerían por Rey al que era Rey de Castilla.

En seguida parte una embajada para Aragón con la propuesta sucesoria castellana. Esta candidatura venía a sumarse a otras cuatro, a saber: el conde Jaume II de Urgel, biznieto de Alfonso IV de Aragón, yerno de Pedro IV el Ceremonio y cuñado de Martín I el Humano al estar casado con la infanta Isabel de Aragón, tiastra de Don Fernando; Luis de Anjou, duque de Calabria e hijo del rey de Nápoles, yerno de Juan I de Aragón al estar casado con la infanta Violante de Aragón, prima de Don Fernando; Alfonso de Aragón, casi octogenario y duque de Gandía, nieto de Jaime II de Aragón, moriría antes de la elección final; y por último Fadrique de Aragón o de Luna, menor de edad e hijo natural de Martín de Sicilia y nieto de Martín I de Aragón. Mas, con todo, las verdaderas candidaturas eran las del regente de Castilla, Fernando el de Antequera, y el del conde de Urgel.

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Mientras tanto la corte se traslada hasta la villa segoviana de Ayllón, más cercana a la frontera aragonesa y, por tanto, de sus asuntos. Asimismo, la embajada castellana encabezada por el fiel obispo Rojas y por el justicia López de Stúñiga a Zaragoza para tratar con Antón de Luna -pariente de nuestro Álvaro- y el arzobispo de la ciudad, cabezas políticas de la crisis sucesoria. El asunto se antojaba complejo. Y eso que empieza bien porque ambos cabecillas se presentaban como partidarios de defender el legitimismo, mas pronto se supo que el de Luna ya andaba en consersaciones muy avanzadas con el candidato Urgel. Fernando, con la gloria en la cabeza, saca musculitos y manda a mil quinientos hombres para reforzar a sus apoyos aragoneses. El ambiente en Zaragoza se hace muy tenso entre las dos facciones así que terminan interviniendo el papa Benedicto -otro Luna como sabemos- y el parlamento de Cataluña que, sensatamente, proponen una tregua de tres años mientras unas cortes en Calatayud zanjan la crisis sucesoria. El problema es que Antón de Luna, el partidario de Urgel, pierde los estribos y asesina al arzobispo. El escándalo fue mayúsculo y los partidarios de Fernando, con el aragonés Pedro de Urrea a la cabeza sostenido por las tropas castellanas, amenaza con defender la candidatura fernandina por las armas, o lo que es lo mismo, una guerra civil, una guerra de sucesión. Tampoco los regentes castellanos desde el otro lado de la frontera quedaron de brazos cruzados y enviaron cartas a grandes y diputados aragoneses pidiendo no apoyar una candidatura con las manos llenas de sangre en tiempos de treguas juradas. Antón de Luna tiene que salir por patas y refugiarse en el :love: castillo de Loarre.

Paralelamente la vida seguía en Ayllón. Se tuvo la visita del arzobispo don Pedro de Luna, para presumible alegría de nuestro Álvaro, o la más llamativa y trascendental de Vicente Ferrer, eminente y laureado teólogo del orden de predicadores, de costumbres las más puras, de integérrima conciencia, perfecto y acabado modelo de moderación y dulzura en todas las épocas de su vida, lleno de modestia y benevolencia y de caridad..., del que también se decía que convertía con sus prédicas a moros y judíos, verdadero milagro proclamaban pero... entre muchas notables cosas que este Santo Frayle amonestó en sus predicaciones, suplicó al Rey e la Reyna e al Infante que en todas las ciudades e villas de sus reynos mandasen apartar los judíos e los moros, porque de su continua conversación con los cristianos se seguían grandes daños ya que para el padre Ferrer el sexto pecado es que non devemos sostener entre nosotros jodíos nin moros, nin consentir que ellos vendan cosa alguna que sea de comer a cristianos, nin consentir que sean çirujanos nin físicos, nin sean regidores de villas nin de lugares. E maldicho es el cavallero o señor o dueña que a jodío nin moro faze su almoxarife. Y debió haber buena comunión entre el célebre padre y los príncipes, puesto que sabemos del apoyo prestado por aquel al de Antequera, el cual se mostraría como determinante, y, que al año siguiente mismo, la reina decretaba el Ordenamiento sobre el ençerramiento de los judíos e de los moros. Poco después el infante acabó postrado de nuevo, otra vez de calenturas, partiendo la reina con sus hijos para el monasterio de San Pablo de Valladolid donde quedarían en toda paz e sosiego. Allí, la regente administraría el reino al antojo de su amiga, Leonor López de Córdoba.

En Aragón se consiguió reunir cortes en Alcañiz bajo la protección de las huestes castellanas. Los diputados acordaron nombrar una comisión de nueve miembros, tres por cada reino, para tomar la decisión definitiva. Pero no fue del gusto de Jaume de Urgel que mandó tropas gasconas hasta Valencia donde tenía fuertes partidarios. El infante, ya recuperado tras dos meses encamado, envía desde Cuenca a sus milicias, enfrentándose en Murviedro, de donde los valencianos salieron gravemente derrotados.

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