Foro DINASTÍAS | La Realeza a Través de los Siglos.

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 Asunto: DAISY WARWICK.
NotaPublicado: 28 Dic 2008 12:29 
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NotaPublicado: 28 Dic 2008 12:38 
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Hay algo fascinante en el hecho de que ésta pudo haber sido princesa. Pero se quedó en amante ocasional de un príncipe hermano mayor del que hubiera podido convertirse en su marido.

Ése detalle, por sí solo, ya justifica dedicarle cierta atención, porque no es lo común en la trayectoria de las amantes reales de todos los tiempos...

Pertenecía a la nobleza...aunque no a una nobleza demasiado encumbrada. Nació el 10 de diciembre de 1861 en Londres, en una gran mansión perteneciente a su abuelo paterno: Henry Maynard, tercer vizconde Maynard. Su padre, el honorable coronel Charles Maynard, era el hijo mayor, por tanto el heredero, del vizconde Maynard. Y por lo que se refiere a su madre, es sintomático que esta dama, de nombre Blanche, luciese con orgullo el apellido Fitzroy, de connotaciones históricas porque era el que, en tiempos remotos, se aplicaba a los hijos bastardos pero reconocidos de los reyes ingleses (Fitzroy significa literalmente "hijo del rey"). Blanche Fitzroy, la madre de nuestra protagonista, descendía de Charles II de Inglaterra, Merry Monarch, el Monarca Alegre, a través de dos de las amantes de éste: Barbara Villiers y Nell Gwynn.

La bebé, por supuesto, ignoraba que por sus venas fluía la sangre de Barbara Villiers, duquesa de Cleveland, o de Nell Gwynn. La bautizaron con dos bonitos nombres de pila: Frances Evelyn. Pero esa minúscula lady Frances Evelyn Maynard siempre sería llamada, en familia, Daisy. Y Daisy sería el apelativo que utilizaría durante toda su vida...


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NotaPublicado: 28 Dic 2008 16:05 
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En diciembre de 1863, la bonita y pizpireta Daisy celebró su segundo cumpleaños. Y dos meses después, en febrero de 1864, recibió un regalo muy especial: una hermanita. Esta segunda niña de los Maynard se llamaría Blanche, al igual que la madre.

Todo parecía ir sobre ruedas...hasta que las cosas se torcieron. El padre, coronel Charles Henry Maynard, disfrutó poco de sus dos hijas, Daisy y Blanche. Porque en enero de 1865, cuando faltaba un mes para festejar el primer aniversario de la benjamina, Charles falleció inesperadamente. Su propio padre, el vizconde Maynard, se sintió igual que si le hubiese fulminado un rayo: al cabo de tres meses, siguió a su hijo a la tumba.

Blanche Adeliza Fitzroy Maynard era, ahora, una viuda de veintiséis años. Una viuda de excelente aspecto y maneras encantadoras, con dos niñas colgadas de las faldas. La niña mayor, Daisy, de solamente cuatro años, había heredado las extensas propiedades de su abuelo Maynard por haber fallecido su padre incluso antes que este caballero. Blanche, la chiquitina, apenas percibía lo que ocurría en su entorno. Se trataba de una situación conmovedora.

Pero Blanche permaneció poco tiempo viuda. Al cabo de un año de viudedad, se hizo evidente que recibía muchas atenciones por parte del gallardo Robert Francis St. Clair-Erskine, cuarto conde de Rosslyn, un prestigioso título escocés. Se daba la circunstancia de que aquel aristócrata bien plantado y bien educado era uno de los "courtiers" favoritos de la reina Victoria. Es decir: se trataba del mejor de los partidos. Blanche se casó con Robert, convirtiéndose en la condesa de Rosslyn. No fue nada traumático para Daisy ni para Blanche, las dos niñas Maynard. Su padrastro se mostraba afable y protector, aparte de que, en los años siguientes, recibieron una nutrida colección de medio hermanos: Millicent, James, Alexander, Sybil y Ángela Selina St. Clair-Erskine.

En conjunto, como se puede ver, la trayectoria de nuestra Daisy era la de una aristocrática heredera vinculada a significativos personajes de la época victoriana. Su parentesco con el conde de Rosslyn resultaba especialmente beneficioso, en términos sociales. Eso, añadido al hecho de que ella había sido la receptora de la fortuna Maynard, la ponía en excelente situación. Con la educación apropiada, estaba en condiciones de realizar, tras su oportuna presentación a la corte, una magnífica boda. Incluso de no haber sido guapa, no le hubiesen faltado opciones. Pero es que, para completar el cuadro, Daisy era guapa, muy guapa. La más guapa entre las hijas de Blanche Fitzroy, tanto del primer como del segundo matrimonio.

La reina Victoria fue la primera en apreciar la valía de la muchacha. Daisy se amoldaba perfectamente al cliché de perfecta rosa inglesa de su tiempo, así que a la soberana le faltó tiempo para colegir que aquella noble podía resultar la novia ideal para uno de sus hijos, el único al que, hasta entonces, había considerado "no apto" para el matrimonio: el príncipe Leopold.


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NotaPublicado: 28 Dic 2008 21:06 
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Este encantador cabinet de la época muestra a los dos hijos menores de la reina Victoria, el príncipe Leopold y la princesa Beatrice:

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Los dos sintieron más que nadie, y en gran medida se resintieron más que nadie, de la personalidad dominante de Victoria. Leo había nacido aquejado de una extraña y sorprendente enfermedad: la hemofilia. La reacción de su madre, al enterarse de la dolencia que aquejaba al niño y que determinaría el curso de su existencia, fue harto elocuente: "ese mal no está en nuestra familia". Y, efectivamente, en la familia de Hanover que había regido Inglaterra durante siglos la hemofilia no formaba parte del repertorio de enfermedades. Una porfiria hubiese entrado "dentro del guión". La hemofilia, en cambio, suponía un terrible intruso en el historial médico de la casa inglesa. Todavía hoy, se discute porqué apareció la hemofilia en la descendencia de Victoria. Y todavía hoy no existe un consenso al respecto.

Pero el caso es que, por mucho que Victoria se negase a aceptarlo, Leo era el primer hemofílico en su familia. Parece probable que el niño no solamente padeciese hemofilia, sino también epilepsia. En cualquier caso, distaba de ser un niño saludable. Su madre le observaba con una mezcla de pena y vergüenza; quizá a su pesar, no podía evitar cierto rechazo hacia aquel chiquillo que había llegado al mundo con una tara importante, que obligaba a criarle entre algodones y a limitar al máximo las expectativas de futuro en torno a su persona. La esperanza de vida de ese hijo no era elevada, sino más bien al contrario. Si le mantenían a buen recaudo, podían evitar un accidente que, incluso nimio, podía tener las peores consecuencias; dejarle libre de la constante vigilancia equivalía a ponerle en peligro de muerte, pues bastaba un leve golpe o un arañazo para desencadenar una crisis.

Victoria trazó sus planes para Leo. Ese príncipe nunca se casaría, sino que permanecería célibe. No podría desarrollar actividades físicas, lo que excluía el tradicional recurso a la carrera militar, y tampoco se le debía exponer a un ajetreado ritmo de vida, lo que no permitiría confiarle una tarea de tipo representativo-diplomático. Se quedaría en casa, cultivando su mente ya que no podía cultivar su cuerpo. Y se transformaría en una especie de secretario de confianza de la reina. La reina, a fín y al cabo, necesitaba tener a su lado a personas de lealtad a prueba de bombas. Leo y Beatrice, que parecía destinada a convertirse en solterona para cumplir el rol de dama de honor especialísima, cubrían esa necesidad de Victoria.

Ni Leo ni Beatrice estaban precisamente batiendo palmas con las orejas. En el caso de Beatrice, parecía contentarse con su suerte, pero, llegado el momento, en cuanto se enamoró de un gallardo príncipe de orígenes morganáticos, sin tierras ni fortuna, mostró una absoluta determinación a casarse con él: fue capaz de mantenerse en un obstinado silencio delante de su enfurecida madre, durante seis meses enteros, hasta que la soberana entendió que, si no daba su brazo a torcer, no recuperaría la buena disposición ni la afectuosa solicitud de la muchacha. Leo, por su parte, se había rebelado contra su destino incluso antes que Beatrice. Él empezó rebelándose contra el hecho de que se le educase estrictamente confinado en las residencias reales; inteligente, aplicado y riguroso, deseaba ciertamente alcanzar el mayor grado de preparación académica posible, pero no en casa de mamá, sino en una de las prestigiosas instituciones británicas...Oxford.

Así que, tras mucho insistir en que no podían tenerle atado en corto sino que él merecía cierto grado de independencia, Leo se fue al Christ Church de Oxford en 1872. Iniciaba así cuatro de los "más felices años" de su existencia, sumergido en la obtención de un título superior en derecho civil mientras se relacionaba con el señor Liddell, vicecanciller de Oxford, y la familia de éste, que incluía tres guapas hijas...


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NotaPublicado: 29 Dic 2008 18:32 
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Minnie, que interesante :-) continua sin perder tiempo !! Estoy ansiosa de saber lo que ocurrio ;) Gracias por tus excelentes ideas, siempre encuentras en los temas que pones una manera de manternos "en haleine" (no se como expresarlo en castellano :oops:


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NotaPublicado: 14 Jun 2009 10:19 
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Vale, estábamos con Leo:

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Al poco de haberse instalado en Oxford, Leo empezó a frecuenter el hogar de los Liddell, Henry George y su esposa Lorina (née Reeve). Los dos formaban una pareja bien avenida y extraordinariamente prolífica, ya que habían tenido en común diez hijos. Entre ellos, figuraban cinco féminas, aunque, para la época en la que Leo se convirtió en un asiduo visitante, sólo tres de las chicas "contaban", siendo las otras dos unas niñas. Leo enseguida entabló amistad con Lorina Charlotte, Alice Pleasance y Edith Mary, mientras prestaba una atención reducida a las pequeñas, Rhoda y Violet.

La leyenda surge en torno a Leopold y Alice Pleasance. Sin duda, se trata de una leyenda particularmente romántica, dado que Alice había sido la extraordinaria criatura que había inspirado a Lewis Carroll su inmortal "Alice in Wonderland". No cabe cuestionar la cariñosa amistad que Leo experimentó hacia Alice: en una etapa ulterior, él sería padrino de bautizo de un hijo de ella, en tanto que la hija del príncipe recibiría el nombre de Alice (si bien se puede recordar que Leo había adorado a su hermana Alice, gran duquesa de Hesse, de modo que quizá pretendió honrar la memoria de su hermana y no a su amiga Liddell...). No obstante, los autores sugieren que las preferencias sentimentales de Leo no se dirigían hacia Alice Pleasance, sino hacia Edith Mary.

De cualquier manera, la vinculación de Leo con las Liddell tuvo que llegar a oídos de la reina Victoria. Probablemente, la soberana se cayó del guindo al que ella, por su voluntad, se había subido años antes, al considerar un axioma inamovible que Leo nunca se casaría sino que permanecería soltero hasta su muerte. Leo parecía "obstinarse" en llevarle la contraria a su madre: había querido estudiar en una universidad, no disimulaba su deseo de ser útil representando a la monarquía en alguno de los territorios vinculados a ésta y, ahora, se empecinaba en enamorarse.

Pues bien...si Leo, pese a sus "taras" de nacimiento, se empeñaba en casarse, Victoria consideraba que lo mejor a lo que se podía aspirar era a una aristócrata británica. En esa línea, enseguida fijó su interés en la atractiva Daisy Maynard. Tenía presencia, educación, linaje y fortuna. En conjunto, resultaba completamente idónea:

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NotaPublicado: 14 Jun 2009 10:30 
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Pero Daisy Maynard...

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...no llegaría a ser la prometida de Leopold. El príncipe tenía otras aspiraciones sentimentales, al igual que la aristócrata. Leopold estaba, por entonces, bebiendo los vientos por su prima la princesa Friederike de Hannover, a la cual, en familia, llamaban cariñosamente Lily. Y el caso es que Lily sentía una calurosísima amistad hacia Leo, pero, por su lado, se había enamorado de un simple barón que formaba parte del staff de su padre, el barón Alfons von Pawel-Rammingen. Cuando la atribulada Lily abrió su corazón a Leo, éste, pese a su propio desengaño, demostró una extraordinaria nobleza y generosidad. Apoyó resueltamente a su prima, para que ésta, finalmente, pudiese contraer matrimonio morganático en abril de 1880 en el castillo de Windsor bajo patrocinio de la reina Victoria.

Simultáneamente, mientras Leo se desvivía por Lily de Hannover, Daisy Maynard había quedado prendada por un tal Francis Richard Charles Greville, Lord Brooke. Francis ostentaba el título de Lord Brooke en su condición de hijo heredero del riquísimo conde de Warwick. Era un mocetón aguerrido, que se había educado en Eton y en el Christ Church de Oxford (al igual que Leo). Al abandonar la universidad, había decidido introducirse en política. Las elecciones de 1879 le confirieron un asiento en el Parlamento representando el distrito del Somerset Este.


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NotaPublicado: 14 Jun 2009 10:41 
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A plena satisfacción de las familias, Francis lord Brooke se casó con Daisy Maynard en 1881. Se trataba de uno de esos enlaces que fortalecían la tradicional endogamia de los principales linajes británicos. Ambos constituían una pareja sumamente atrayente, con el apropiado pedigree y las inevitables conexiones. Estaban predestinados a ocupar un lugar destacado en la sociedad de la época.

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Daisy.

La pareja vivía principalmente en Easton Lodge, pero visitaba asiduamente el formidable castillo de Warwick que Francis acabaría heredando de su progenitor. Francis, a quien se llamaba Brookie, se consideraba afortunado por haber conquistado a Daisy. Y, desde luego, el matrimonio fue, inicialmente, feliz.


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NotaPublicado: 18 Jul 2011 20:22 
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Minnie escribió:
Hay algo fascinante en el hecho de que ésta pudo haber sido princesa. Pero se quedó en amante ocasional de un príncipe hermano mayor del que hubiera podido convertirse en su marido.

Ése detalle, por sí solo, ya justifica dedicarle cierta atención, porque no es lo común en la trayectoria de las amantes reales de todos los tiempos...

Pertenecía a la nobleza...aunque no a una nobleza demasiado encumbrada. Nació el 10 de diciembre de 1861 en Londres, en una gran mansión perteneciente a su abuelo paterno: Henry Maynard, tercer vizconde Maynard. Su padre, el honorable coronel Charles Maynard, era el hijo mayor, por tanto el heredero, del vizconde Maynard. Y por lo que se refiere a su madre, es sintomático que esta dama, de nombre Blanche, luciese con orgullo el apellido Fitzroy, de connotaciones históricas porque era el que, en tiempos remotos, se aplicaba a los hijos bastardos pero reconocidos de los reyes ingleses (Fitzroy significa literalmente "hijo del rey"). Blanche Fitzroy, la madre de nuestra protagonista, descendía de Charles II de Inglaterra, Merry Monarch, el Monarca Alegre, a través de dos de las amantes de éste: Barbara Villiers y Nell Gwynn.

La bebé, por supuesto, ignoraba que por sus venas fluía la sangre de Barbara Villiers, duquesa de Cleveland, o de Nell Gwynn. La bautizaron con dos bonitos nombres de pila: Frances Evelyn. Pero esa minúscula lady Frances Evelyn Maynard siempre sería llamada, en familia, Daisy. Y Daisy sería el apelativo que utilizaría durante toda su vida...


Me cito a mí misma para completar la información acerca de los antecedentes familiares de Daisy. Últimamente, esta dama ha surgido con relativa frecuencia en mis lecturas, de modo que algo más puedo contar.

El padre de Daisy, el honorable coronel Charles Maynard, hijo heredero del vizconde Maynard que no llegó a heredar porque como hemos visto murió unos pocos meses antes que su progenitor, descendía, por lo visto, de un caballero que había acompañado en sus batallas a Edward, el Príncipe Negro (Black Prince) de Gales, un personaje real que casi ha trascendido al ámbito de la leyenda. Luego, los Maynards habían ganado posición entre la nobleza rural en la época isabelina...en el reinado de Elizabeth I Tudor.

Ya casi cincuentón, Charles se casó con Blanche Fitzroy, de unos dieciocho años en la época. Blanche tenía un padre, el reverendo Henry Fitzroy, pastor de la iglesia anglicana en Hartwell, Northamptonshire. Ese muy respetable reverendo Fitzroy descendía de Charles Fitzroy, un bastardo del rey Charles II con Bárbara Villiers, la hermosa duquesa de Cleveland. En cuanto a la esposa del reverendo Fitzroy y madre de su hija Blanche, Jeanne Beauclerk, podía rastrear sus antepasados hasta el duque de Saint Albans, cuyo padre había sido también el rey Charles II, teniendo por madre a la actriz Nell Gwynne. Los asuntos de cama de la etapa de la Restauración, por lo visto, confluyeron al cabo de siglos en la boda del reverendo Fitzroy con la señorita Beauclerk.

Blanche Firtzroy, la hija de Henry y Jeanne, descendiente simultánea de Bárbara Villiers y Nell Gwynne, conoció a Charles Maynard cuando éste realizó una visita a una de las propiedades rurales de la familia, Passenham. Charles frisaba en los cincuenta; estaba viudo, sin que nadie mencionase apenas el nombre de la que había sido su primera mujer, y no se le atribuía tampoco ninguna querida. Considerando de quien era hijo y heredero, Charles venía a ser un partidazo. Se puede considerar que Blanche se cobró una pieza excelente. La boda tuvo lugar en Hartwell en octubre de 1860. Y la niña Frances Evelyn, Daisy, no tardó en nacer, como sabemos. Al cabo de menos de cuatro años, llegó otra niña, Blanche, a la que denominaban Blanchie.

Cuando Charles Maynard murió de manera repentina, en la gran mansión de la familia en Berkeley Square, Londres, su mujer, Blanche, se quedó viuda faltándole años para cumplir los treinta, con una cría de casi cuatro años y un bebé colgadas de sus faldas, metafóricamente hablando. Blanche necesitaba la protección de su suegro, el vizconde Maynard. El señor, efectivamente, las reclamó en la mansión solariega favorita de los Maynard, Easton Lodge. Un remoto antepasado de los Maynard, aquel Henry Maynard que había triunfado en la corte de Elizabeth I Tudor, formando parte del séquito del célebre lord Burleigh, había adquirido la propiedad de Easton Lodge; allí se había construído una mansión, en parte en estilo isabelino, con adicciones jacobinas. Pero la casa original había sucumbido a un incendio. En la época en que la viuda Blanche con las niñas Daisy y Blanchie se trasladó a Easton, era una gran casa de un estilo neo gótico.

El anciano, que estaba prácticamente inválido, murió en tres meses. Había tenido tiempo a modificar su testamento para hacer su heredera a la mayor de sus nietas, Daisy. Las rentas anuales que generaba el patrimonio asignado a Daisy ascendían a cuarenta mil libras y se integrarían en un fideicomiso año a año, convirtiéndose en una fortuna de la que ella dispondría al cumplir veintiún años. El abuelo había favorecido tanto a Daisy que sus hijas, tías paternas de la niña, se sintieron bastante ofendidas. En especial una de ellas, Charlotte, que había confiado en que su hijo varón recibiese un buen pellizco de la herencia Maynard.

Luego, ya lo hemos repasado, Blanche contrajo segundo matrimonio. Un muy ventajoso segundo matrimonio con Robert St. Clair-Erskine, el conde de Rosslyn, uno de los preferidos de la reina Victoria. No es extraño que al cabo de unos años, Victoria juzgase a la hijastra Maynard de Erskine una muchacha adecuada para su hijo menor, Leopold. Ni que el propio primer ministro Disraeli apoyase entusiásticamente esa idea de la soberana. Aunque estamos al tanto de que el asuntito no prosperó, que Leopold no se casó con Daisy y que de hecho Daisy se casó con lord Brooke heredero de la casa Warwick. Que es justamente el momento en que hemos interrumpido esta historia...la boda de Daisy y Francis lord Brooke, llamado entre amigos Brookie.


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 Asunto: Re: DAISY WARWICK.
NotaPublicado: 18 Jul 2011 21:00 
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Ya estoy adivinando de que hermano mayor se trata (wink)

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 Asunto: Re: DAISY WARWICK.
NotaPublicado: 18 Jul 2011 21:04 
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sabbatical escribió:
Ya estoy adivinando de que hermano mayor se trata (wink)


Es fácil ;) Pero más vale ir paso por paso, step by step. Queda mejor, jajaja. Aunque ahora estoy desquiciada, porque mi ordenador se niega a funcionar, estoy usando el de mi costillar y echo de menos mis carpetas para poder darle viveza a estos personajes que llevan años esperando un poquito, sólo un poquito, de atención.


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 Asunto: Re: DAISY WARWICK.
NotaPublicado: 18 Jul 2011 21:18 
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Mis labios están sellados jeje.

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