Foro DINASTÍAS | La Realeza a Través de los Siglos.

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 Asunto: DAISY DE CONNAUGHT, PRINCESA DE SUECIA
NotaPublicado: 26 Abr 2008 14:21 
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Tema para una de las encantadoras nietas de la reina Victoria de Inglaterra a través del hijo -y según muchos biógrafos, hijo predilecto por añadidura- Arthur, duque de Connaught y conde de Strathhearn.

Margaret Victoria Charlotte Augusta Norah, afectuosamente llamada Daisy, desde su nacimiento princesa de Gran Bretaña e Irlanda, a través de su matrimonio duquesa de Scania primero y princesa heredera de Suecia después:

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NotaPublicado: 26 Abr 2008 14:27 
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Éstas dos imágenes, de calidad no demasiado notable, muestran a Daisy de Connaught en su vestido de novia, el día en que se celebraron sus esponsales con el príncipe Gustav Adolf de Suecia, duque de Scania:

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Por supuesto, señalaran una especie de línea divisoria en la biografía de Daisy. Hasta entonces, había figurado entre los miembros de la familia real británica, como una de las muy queridas nietas de la reina Victoria. A partir de entonces, tendría que emprender una nueva etapa en calidad de consorte del hijo primogénito de los entonces príncipes herederos del trono de Suecia, Gustav (futuro rey Gustav V) y Victoria (nacida princesa Victoria de Baden). En Estocolmo, todos aguardaban con la mayor expectación la llegada de Daisy, duquesa de Scania. En poco tiempo, se habría ganado por completo las simpatías de la población de su patria adoptiva...


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NotaPublicado: 26 Abr 2008 15:35 
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El enlace de Daisy y Gustav Adolf se celebró con todo el esplendor el quince de junio de 1905, en la capilla de Saint George del castillo de Windsor, que se eleva majestuoso entre las verdes colinas del Berkshire. Veintiséis años y tres meses atrás, el trece de marzo de 1879, la misma capilla había servido de escenario para la boda de los padres de Daisy: el príncipe Arthur y la princesa Louise Margaret de Prusia.

Para empezar desde el principio, conviene centrar la atención en esa pareja. Arthur William Patrick Albert, príncipe de Gran Bretaña e Irlanda, había nacido como el séptimo de los nueve hijos concebidos por la reina Victoria en su matrimonio con Albert de Saxe-Coburg-Gotha. Antes de Arthur, habían venido al mundo dos varones que le precedían en edad a la vez que en derechos sucesorios: Bertie, príncipe de Gales, y Alfred, apodado Affie, que, con el tiempo, recibiría el título de duque de Edimburgo. También eran mayores que Arthur cuatro niñas: Vicky, Alice, Helena -apodada Lenchen- y Louise. Después de Arthur, todavía nacerían un varón -Lepold- y una fémina -Beatrice-.

Dábase la casualidad de que Victoria había alumbrado a ese bebé robusto y saludable el primer día de mayo de 1850. En esa jornada, Arthur Wellesley, duque de Wellington, gran ídolo de la nación desde que había vencido a Napoleón en la gran batalla de Waterloo décadas antes, cumplía ochenta y un años de edad. Para honrar al duque de Wellington, Victoria decidió que su hijo se llamaría Arthur y que tendría entre sus padrinos de bautismo a aquel casi legendario general. Uno de los cuadros más célebres de la época refleja a Victoria con Arthur en brazos recibiendo el cálido homenaje del duque de Wellington...

Con esos antecedentes, el pequeño creció destinado a desarrollar una digna y honrosa carrera en el ejército. A los dieciséis años, Arthur ingresó en la muy estricta, pero por ello mismo muy prestigiosa, Academia Militar de Woolwich. A los dieciocho años, Arthur abandonó Woolwich con el rango de teniente en el Cuerpo de Ingenieros del Ejército. Con el tiempo, pasaría a desempeñar funciones de oficial en el Regimiento de Artillería y después en la Brigada de Rifles, una unidad de élite.

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[img]Fotografía%20de%20Arthur%20en%20la%20nieve,%20cuando,%20como%20joven%20oficial,%20fue%20enviado%20con%20su%20regimiento%20a%20Canadá%20en%20el%20año%201869.[/img]

Bien encarrilada su carrera -que llenaba de orgullo a la madre...-, llegó el momento de casar a Arthur. El príncipe, un gallardo mozo, estaba particularmente interesado en la princesa Mary de Hannover, hija del depuesto rey ciego George V de Hannover y de la esposa de éste, María, nacida princesa de Saxe-Altenburg. Pero Mary no se decidía a aceptarle. En cambio, la adorable Thyra de Dinamarca, hermana pequeña de Alix princesa de Gales, se mostraba claramente inclinada hacia Alfred. En ese caso, sin embargo, Alfred comprendió que su madre no estaba por la labor de una segunda conexión por vía matrimonial con la familia real danesa, de modo que no le hizo la corte la Thyra (paradójicamente, al cabo de unos años, ésta se casaría con un hermano de Mary de Hannover).

Las apuestas familiares se centraron en tres princesas prusianas, hermanas entre sí. Eran las hijas del príncipe Frederick Karl de Prusia, primo carnal del heredero Fritz que estaba casado con Vicky, la hermana mayor de Alfred. Frederick Karl parece haber sido un hombre de una desagradable rudeza e incluso con arrebatos de brutalidad. Hablando claramente, sometía a un evidente maltrato a su dulce y sosegada esposa, Marianne de Anhalt. Se había producido un episodio particularmente penoso cuando la pobre Marianne "se había atrevido" a dar a luz una cuarta niña. Frederick Karl ya se había enojado bastante con el nacimiento de tres niñas consecutivas, las princesas Marie Elisabeth, Elisabeth Anna y Anna Victoria: ni siquiera el hecho de que ésta hubiese muerto en un breve lapso de tiempo había "suavizado" un poco al hombre. Cuando Marianne alumbró por cuarta vez una fémina, Friedrich Karl no se reprimió: le asestó tal bofetón en la cara a la recien parida que le dañó, para siempre, el oído izquierdo.

Esa cuarta niña tan mal recibida se llamaba Louise Margaret. Era una joven tímida, retraída y asustadiza, por evidente influencia de la atmósfera que había respirado en casa desde la tierna infancia. Cuando Arthur conoció a Marie Elisabeth, Elisabeth Anna y Louise Margaret, experimentó enseguida un especial impulso hacia la menor, a quien deseaba rescatar de inmediato de su nada grato entorno doméstico. Louise Margaret se sintió tan agradecida al guapo príncipe oficial que acudía a salvarla que, sencillamente, se enamoró en un abrir y cerrar de ojos.

Aunque de mala calidad, ésta es la primera foto de los recien prometidos Arthur y Louise Margaret:

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NotaPublicado: 26 Abr 2008 16:01 
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A través de su hija Vicky, la reina Victoria había recibido las peores referencias del mundo acerca del brutal príncipe Frederick Karl, pero también las mejores referencias acerca de la desdichada princesa Marianne de Anhalt. Victoria experimentaba compasión por las princesas que habían surgido de ese matrimonio, de modo que estuvo encantada de recibir en su familia a esa "poor dear little thing" que era Louise Margaret. Visto el inmenso cariño que Arthur, su preferido, dedicaba a Louise Margaret, y la clara devoción con la que le correspondía ésta, Victoria no tuvo la menor duda de que ambos encontrarían felicidad en su vida conyugal.

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Dos imágenes, correspondientes a la misma sesión, de la pareja formada por Arthur y Louise Margaret.

Y así fue, verdaderamente. Entre los hijos varones de Victoria, los dos más predispuestos, por carácter y actitud personal, a convertirse en solícitos esposos, así como en padres afectuosos, fueron, sin lugar a dudas, los menores: Arthur y Leopold. Leopold, de salud extremadamente precaria, sólo dispuso de dos años para hacer dichosa a su mujer, Helen de Waldeck-Pyrmont, y de un año para mimar a la única de sus dos retoños que llegó a tener en sus brazos, Alice. Pero Arthur, por su parte, pudo ofrecer toda clase de alegrías domésticas a su Louise Margaret durante nada menos que treinta y ocho años...

En un primer momento, Arthur y Louise Margaret, duques de Connaught, disponían de dos residencias propias. Desde luego, no faltaba una elegante mansión georgiana para sus estancias londinenses, ubicada en la calle Mount Street, en pleno Mayfair; pero la casa que ambos consideraban su hogar, el sitio en el que se encontraban plenamente satisfechos, era Bagshot Park, una hermosa construcción de estilo victoriano con ciento veinte habitaciones rodeada de extenso parque que se elevaba pocas millas al sur de Windsor. La reina Victoria se mostraba "encantada" de que su queridísimo Arthur, y su estimada Louise Margaret, hubiesen elegido un domicilio tan cercano a Windsor, lo que permitiría muy frecuentes encuentros.

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Un cuadro de época mostrando Bagshot Park hacia el año 1880, cuando se había transformado en la residencia favorita de los duques de Connaught, permite apreciar la bella de ese lugar.

Con el tiempo, llegarían tres niños a alegrar Bagshot Park con sus presencias infantiles. La primogénita de los duques, Margaret, denominada Daisy, vendría al mundo el quince de enero de 1882. Exactamente cuando faltaban dos días para que se festejase su primer aniversario, el trece de enero de 1883, nació su hermanito, Arthur Frederick Patrick Albert, conocido por el apelativo Artie. Luego, el diecisiete de marzo de 1886, en una época en que Daisy había cumplido cuatro años y Artie tres, apareció en escena la benjamina: la princesa Victoria Patricia Helena Elizabeth. Pese a que llevaba de primer nombre de pila el nombre de la abuela paterna, sería conocida por el segundo nombre, Patricia, y, en su círculo de allegados, por la forma abreviada de Patsy.


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NotaPublicado: 26 Abr 2008 16:15 
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Arthur, duque de Connaught, ataviado al estilo escocés durante un "sejour" en Balmoral.

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Un primer plano de Louise Margaret, duquesa de Connaught.

Arthur y Louise Margaret supieron proveer a sus tres retoños de un ambiente familiar cálido y confortable. Nuestra Daisy, al igual que Artie y Patsy, tuvo la suerte de contar con una niñez despreocupada y alegre, que le permitió desarrollar los aspectos más gratos de su personalidad.

En gran medida, Arthur de Connaught era una versión más risueña de su difunto padre, el príncipe Albert. La reina Victoria reconocía que su Arthur poseía un profundo sentido del deber y del honor, a la vez que concedía una importancia crucial a una saludable y decorosa vida de familia: todos esos rasgos habían distinguido, en su momento, a Albert. Pero si Albert había sido un individuo serio, ceremonioso y un tanto solemne, Arthur hacía alarde de una naturaleza más expansiva y alegre. Cumplía con un escrupuloso cuidado sus deberes militares (por ejemplo, mientras su esposa Louise Margaret esperaba el nacimiento de Artie, él había estado dónde le exigía su rango de oficial: con la fuerza expedicionaria que había desembarcado en Egipto; en vez de permanecer en una posición segura, había querido encabezar la Brigada que se acantonó en Tel-el-Kabir...), pro, cuando podía retornar a Bagshot Park, se centraba por completo en su mujer e hijos.

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Arthur lleva de la mano a Daisy, en tanto que Louise Margaret sostiene en brazos a Artie.

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Una entrañable imagen de familia: delante de Arthur, la vivaracha Daisy, mientras que, encaramado al hombro del príncipe, surge Artie; al lado de su marido, la duquesa Louise Margaret sostiene en su regazo a la bebé Patsy.


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NotaPublicado: 26 Abr 2008 16:39 
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La reina Victoria había tenido una amplia prole: nueve hijos. Y hacia 1886, fecha del nacimiento de Patsy de Connaught, sus nueve hijos le habían proporcionado tal cantidad de nietos que conformaban una auténtica muchedumbre.

Al fín y al cabo, Vicky, la princesa real casada con Fritz de Prusia, luego emperador de Alemania, había tenido nada menos que ocho retoños de los cuales dos habían perecido en la infancia, lo que arrojaba un saldo de seis nietos capaces de alcanzar la edad adulta para la reina inglesa. Bertie, príncipe de Gales, había tenido con su Alix seis hijos de los que sobrevivieron a la niñez cinco. Alice, casada con Louis gran duque de Hesse, había tenido otros siete retoños, sobreviviendo a la infancia cinco. Alfred duque de Edimburgo, casado con María Alexandrovna de Rusia, tenía cuatro hijas y un hijo. Lenchen, esposa de Christian de Schleswig-Holstein, había proporcionado a la reina inglesa cinco nietos de los que sobrevivieron cuatro. Leopold había engendrado dos hijos antes de su muerte.

En resumidas cuentas: sólo Louise había quedado sin hijos en su matrimonio con el marqués de Lorne. Beatrice, casada con Henry de Battenberg, íba a tener cuatro retoños más, pero éstos cuatro nacieron "por detrás" de Patsy de Connaugth.

Pese a la super-abundancia de nietos, la reina Victoria estaba francamente encariñada con los niños de su Arthur. Llama la atención el número de fotografías de la soberana con sus nietos Connaught, especialmente con Daisy, la mayor. Todas reflejan la ternura de la soberana con esos niños...

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La reina Victoria ejerciendo de abuelita con Daisy.

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La reina Victoria muy en su papel con Artie y Daisy.

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La reina Victoria "derritiéndose" con Daisy y Patsy.

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Una tierna actitud de la reina Victoria hacia Daisy.


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NotaPublicado: 26 Abr 2008 16:56 
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Daisy, niña, con su muñeca favorita.

Por tanto, Daisy fue una criatura dichosa. Estaba especialmente unida a sus hermanos, de manera muy significativa a Patsy. Entre sus numerosos primos, por supuesto, tenía contacto de manera más asidua con los que tenían edades similares a los pequeños Connaught. Una foto enternecedora muestra a Daisy y Artie con sus primitos huérfanos de padre, Alice y Charles Edward de Albany...

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La proximidad también se hacía notar con los primos Battenberg: Drino, Ena, Leopold y Maurice. Los cuatro Battenberg vivían permanentemente con la reina Victoria, dado que sus padres, el matrimonio Beatrice & Liko, habían pactado antes de la boda que se contentarían con establecer la residencia conyugal dónde quiera que estuviese la soberana, sin aspirar nunca a fundar "casa propia". Por tanto, siempre que la reina Victoria quería tener consigo a sus nietos Connaught y a sus nietos Albany (hacia los que se sentía particularmente protectora ya que los niños carecían de un progenitor...), éstos se mezclaban con sus nietos Battenberg.

Aquella "royal mob" (turba real) armaba cierto alboroto con sus juegos en los desvanes de Windsor, en los pasillos de Osborne o en el amplio hall de Balmoral. Con los años, la reina Victoria había adquirido unas enormes reservas de paciencia hacia sus nietos, de forma que los menores recibieron menos "amonestaciones" por "ser demasido bulliciosos" de las que habían recibido los primos que les aventajaban en edad. A medida que empezaba a llamar la atención su longevidad, la reina-emperatriz apreciaba cada instante de regocijo que le proporcionaban esos niños, de los que sólo temía que algún día, en sus correrías, tirasen al suelo cualquiera de los numerosos bustos encaramados sobre columnatas o primorosamente dispuestos en hornacinas o estantes del fallecido príncipe Albert.

Los críos disfrutaban de la benevolencia de su abuela, aunque, al igual que los hijos y nietos mayores de Victoria, tuvieron algún que otro motivo de queja. Cierto era que en Osborne podían deleitarse tomando baños en el mar y alzando castillos de arena en la playa. Cierto era que en Balmoral podían participar en magníficas excursiones hacia los pueblos cercanos, dónde las lugareñas les enseñaban a elaborar deliciosos "scones". Pero había alguna que otra incomodidad vacacional: la enorme cantidad de miembros de la familia les obligaba a menudo a compartir habitaciones, en tanto que nadie era capaz de apreciar la comida que se les servía en la mesa de la reina. Es significativo que muchas de las nietas de Victoria recordasen, ya adultas, las nada apetitosas gachas de avena y los pegajosos budines repletos de grumos que se les ponían en el plato. Cuando, por casualidad, había un rico pastel -por ejemplo, al celebrar cumpleaños- se peleaban hasta por las migajas...


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NotaPublicado: 26 Abr 2008 17:20 
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Louise Margaret, con sus tres hijos ataviados al estilo escocés.

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Los Connaught.

Los años fueron transcurriendo apaciblemente. La carrera profesional del príncipe Arthur seguía en plena evolución, desde que, en 1890, había vuelto a Inglaterra tras pasar casi cuatro años con sus hombres en Bombay, la puerta de la India. Louise Margaret y los niños -Daisy, Artie, Patsy- le habían acompañado a Bombay durante una larga temporada. Pero la India estaba tan lejos, que la duquesa y los pequeños se alegraron de que, al fín, el duque recibiese el encargo de comandar las tropas desplegadas en el distrito de Aldershot, al sur de Inglaterra. Ese destino le duró hasta finales de 1898. Después, sería designado comandante en jefe del ejército en Irlanda.

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Arthur duque de Connaught con su uniforme repleto de galones.

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Louise Margaret duquesa de Connaught.

Louise Margaret siempre estaba dispuesta a seguir, con excelente humor, a su marido. Los hijos se acostumbraban a ese ritmo de vida, que intercalaban con frecuentes estancias junto a la abuela. Artie, por su condición de varón, fue luego internado en el prestigioso college de Eton: cuando completase su etapa formativa allí, debería integrarse en la escuela militar de Sandhurst, para seguir los pasos de su padre. La ausencia de Artie reforzó los lazos afectivos entre Daisy y Patsy:

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Daisy y Patsy.


Última edición por Minnie el 26 Abr 2008 18:16, editado 1 vez en total

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NotaPublicado: 26 Abr 2008 17:32 
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Con los años, los chicos Connaught crecieron.

Artie se transformó en un apuesto oficial, que mostraba una clara semejanza con el padre en edad juvenil y permitía aventurar cómo evolucionaría al ir madurando...

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Artie.

En tanto que Daisy y Patsy se convirtieron en dos de las princesas más agraciadas físicamente de su generación:

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Daisy y Patsy.

La querida abuela Victoria había muerto -y con ella toda una época...- el veintidós de enero de 1901, en Osborne House, en la isla de Wight. A su avanzadísima edad, era de esperar aquel desenlace, pero no por ello dejó de conmover a su amplia familia ni de conmocionar a sus millones de súbditos. Su desaparición sorprendió a Daisy con diecinueve años y a Patsy con quince; comprendían que, en adelante, no serían las mimadas nietas de la gran reina, pero, con todo, sí eran las apreciadas sobrinas del nuevo rey: tío Bertie, sempiterno príncipe de Gales, acababa de erigirse en el rey Edward VII, con la bella Alix en el nuevo rango de reina Alexandra.

La espléndida ceremonia de coronación de Edward y Alexandra, en el mes de agosto de 1902, permitió que muchos reparasen en las guapas princesas de Connaught, que acudieron con trajes de gran gala semejantes a los de su madre la duquesa...

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En lo que atañía a las más jóvenes sobrinas del rey Edward VII, éste esperaba que contrajesen brillantes nupcias. Tenía elevadas expectativas para Daisy y Patsy, así como en lo que atañía a Alice de Albany. Las expectativas se moderaban en el caso de Ena de Battenberg, que, por haber nacido hija de su padre, no era, como sus primas, una Alteza Real, sino, simplemente, Alteza Serenísima. Ena no podía presumir del mismo pedigree que Daisy, Alice y Patsy: eso lo admitía, sin tapujos, el rey Edward. Con todo, esperaba que las cuatro se colocasen bien en el mercado matrimonial.


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NotaPublicado: 26 Abr 2008 17:47 
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Daisy y Patsy.

En ese sentido, fue muy significativo el viaje que Arthur y Louise Margaret programaron para principios de 1905. Junto a sus dos hijas, tenían la intención de visitar Egipto y Sudan, pero no sin antes realizar una curiosa escala en la Península Ibérica. La idea de Arthur y Louise Margaret consistía en realizar una visita oficiosa a la corte portuguesa en Lisboa, para, a continuación, dirigirse hacia la corte española en Madrid. No en vano, los reyes de Portugal, Carlos y Amalie, buenos amigos de Edward y Alexandra de Inglaterra, tenían dos hijos en edad de merecer, el príncipe heredero Luiz Filipe y el príncipe Manuel, en tanto que, en España, había un joven rey Alfonso XIII todavía soltero. Había bastantes probabilidades de que una de las muchachas Connaught pudiese acabar convirtiéndose en reina consorte de Portugal mientras la otra, su hermana, quizá se transformaría en reina consorte de España. Se trataba de una combinación bastante interesante, que merecía la pena explorar.

Ni Arthur ni Louise Margaret tenían -hay que decirlo...- intención alguna de forzar a sus hijas hacia unos determinados compromisos, por ventajosos que pareciesen. Pero sí consideraron que podían y debían propiciar la ocasión de que surgiesen esos noviazgos. Si surgían, miel sobre hojuelas. Si no surgían, no se habría perdido nada.

Con esa actitud positiva, los Connaught llegaron a Lisboa. Carlos y Amalie no disimulaban su agrado ante la presencia de las jóvenes, que fueron galantemente escoltadas en distintas visitas por la ciudad y excursiones por los principales palacios por los dos príncipes. Las dos chicas estaban más fascinadas por el entorno que por los caballeros en cuestión, si bien admitían que ellos se comportaban con una halagadora deferencia. Luego, se desplazaron a Madrid. La ex reina regente, María Cristina, no encontraba nada objetable ni en Daisy ni en Patsy; sin embargo, por entonces, aún albergaba el deseo de que su hijo Alfonso eligiese esposa bien entre el surtido de archiduquesas austríacas, bien en el repertorio de princesas bávaras (a fín de cuentas, María Cristina no olvidaba que ella había nacido Habsburgo-Lorena, en tanto que su querida hermana, María Theresa, era la reina de Baviera).


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NotaPublicado: 26 Abr 2008 18:11 
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Absolutamente libres de preocupaciones, en un agradable estado de ánimo pese a que ningún proyecto nupcial se hubiese concretado ni en suelo portugués ni en suelo español, los Connaught embarcaron hacia El Cairo, capital de Egipto. Durante el trayecto, se sumían en extensas conversaciones acerca de todos los lugares milenarios que podrían conocer de primera mano, desde la Esfinge y las pirámides de Keops o Gizah hasta los templos de Karnak y Luxor. Estaban disfutando de su viaje, sin tener ni el menor presentimiento de que el destino aguardaba a Daisy en El Cairo.

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Daisy.


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NotaPublicado: 26 Abr 2008 18:20 
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A mí me parece mucho más guapa la prima Ena, bueno, es que a mí me parece la mejor de toda esa generación, Ena era única...

La nombro aquí que no es su sitio, porque las cosas estaban previstas para que AXIII se ennoviara con Patricia, afortunadamente no se gustaron.

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