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 Asunto: Re: CECILIA, LA ÚLTIMA HEREDERA DEL REICH
NotaPublicado: 29 Mar 2012 01:59 
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Muy bueno el "cotilleo" :thumbup:


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 Asunto: Re: CECILIA, LA ÚLTIMA HEREDERA DEL REICH
NotaPublicado: 29 Mar 2012 07:52 
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Cotilleo o no pero... ¡Qué bien lo cuentas,hija!
Cilly era una chica espectacular per envejeció muy mal.Serian los disgustos...

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 Asunto: Re: CECILIA, LA ÚLTIMA HEREDERA DEL REICH
NotaPublicado: 29 Mar 2012 10:38 
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Gracias por los piropos, chicos. Aquí os traigo unas imágenes, para que tanto texto no se haga pesado e incluso indigesto. La primera es mi cuadro favorito de Cecilia, ya lo había subido allá por la página 4, pero ahora lo he encontrado en mucha mayor calidad y por eso me permito el lujo de duplicarlo, jejeje.

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Las siguientes son dos imágenes de la pareja que aquí nos vienen de perlas. En una, los dos ofrecen una estampa de agradable paseo en fín de semana con un perro...¿será el pobre "Fido" de Fiesole? ;-) En otra, aparecen preparados para un baile de disfraces, Fritz ha optado por lucir un uniforme de husar muy prusiano y en cambio su esposa viste de rusa.

Imagen

Imagen

Tras lo cual...

...la Radziwill comenta muy por encima el viaje a Egipto de Cilly. Indica que fue acompañada por su dama principal, Rose von Thiele Winckler, con quien ya sabemos que la relación podía llegar a ser muy tensa dado que la princesa la creía una espía de sus imperiales suegros. Según Radziwill, en Egipto se produjeron algunas escenas destempladas, por decirlo finamente, entre Cilly y Frau von Thiele Winckler porque la primera quería ejercer plenamente de turista, algo que la dama, acostumbrada a la pomposa y rígida corte prusiana, no encontraba apropiado. Frau von Thiele Winckler se quejó amargamente en sus cartas a Berlín de que Cilly no marcaba distancias en sus paseos por los barrios de El Cairo o sus reiteradas visitas a las ruínas de Menfis. La princesa permitía que la gente se le acercase y trataba de entablar conversación con todos, algo que sentaba como una patada en el estómago a Frau von Thiele Winckler. Queriendo darle algo de empaque al "tour por Egipto", fue la von Thiele Winckler quien insistió en partir lo antes posible hacia el Alto Egipto. Empezaron su gira al modo típico y tópico, en Luxor. Allí se alojaron en un hotel en el que la habitación de Cecilia tenía una amplia terraza desde la cual la princesa veía caer del día mientras contemplaba el ancho Nilo. La escena la impresionó vivamente. Como es natural, visitaron las más famosas pirámides y la Esfinge antes de regresar a El Cairo, apenas unos días antes de embarcarse rumbo a Venecia.

Ahí es dónde la Radziwill introduce, como de rondón, un detalle romántico. Según ella, en El Cairo, antes de emprender viaje de regreso a Europa, Cecilia se encontró, por casualidad, con un norteamericano que había conocido años atrás, en Cannes. Por lo visto, aquel norteamericano, bien informado de la mala fama que arrastraba el kronprinz Fritz, había alertado a la jovencísima Cecilia de que cometería un grave error si se dejaba arrastrar a aquel matrimonio en apariencia magnífico. El americano le había sugerido que quizá todas las ventajas de convertirse en la esposa del heredero de un gran imperio centroeuropeo no la compensarían por una amarga vida privada, algo que había impactado fuertemente a Cilly. A la postre, no obstante, Cilly se había casado con Fritz. Radziwill indica que ese americano, cuyo nombre no menciona y a quien de hecho ni siquiera otorga una inicial, volvió a encontrarse con una Cecilia con varios años de desastroso matrimonio a sus espaldas en El Cairo.

En ese punto la Radziwill recrea una escena que podemos creernos...o no, jajaja. Según ella, una Cecilia muy emocionada por el casual encuentro aprovecha la ocasión para desahogarse de todas las penas acumuladas. El americano la escuchó con esa clase de empatía que cabe atribuír a una especie de amor platónico conservado con mino a lo largo de años. Cuando Cilly hubo terminado con su rosario de lamentos, se maravilló de poder confiar tanto en otro ser humano y preguntó a su compañero si querría quizá ser su amigo. Él le explicó que la más elemental prudencia desaconsejaba ese tipo de vínculo entre una princesa heredera y él mismo, que no sería una amistad que pudiese sostenerse sin dar pábulo a rumores altamente perjudiciales para ella. Aunque Cilly no quería entenderlo, él insistió en que su sentido del deber y su propio afecto hacia ella le obligaban a no aceptar la oferta a representar el papel de sempiterno confidente. Tal y como cuenta la Radziwill esa breve historia, la coge un buen guionista y prepara una pelicula magnífica a poco que se tomen en serio la fotografía y la banda sonora ;-)

A su vuelta a Berlín tras el periplo por Egipto, Cecilia mostraba signos de haberse convertido en una mujer más firme y resuelta, más dura. Antes de que hubiese transcurrido un mes, Frau von Thiele Winckler renunció a su puesto: no estaba dispuesta a seguir pasando por situaciones incómodas y tensas como las que había sobrellevado mal que bien en tierras egipcias. La reemplazó otra dama de corte prusiana de la cabeza a los pies: Frau von Alvensleben. Cilly solía ridiculizarla, porque era una mujer de cierta edad enteramente tradicional, que se ajustaba milimétricamente a la misma clase de rígida etiqueta que la princesa detestaba.

En esa época, Cilly se enteró, una vez más, de que sus concuñadas la ponían tibia a sus espaldas. La esposa de Eitel Friedrich, Lotta (diminutivo de Sophia Charlotte), y la esposa de August Wilhelm, Alexandra Victoria, eran mujeres a las que les gustaba brillar, razón por la que siempre se habían resentido de tener que permanecer por detrás de la kronprinzessin, la futura kaiserin. Su forma de vengarse consistía en criticar duramente a Cilly bajo la forma aparente de una almibarada expresión de simpatía. Por ejemplo, decían que era una pena que la "querida Cilly" no ejerciese de gran anfitriona en su palacete de Postdam, pero, claro, "había que entender" que la "pobrecita" no había recibido "la educación idónea para ello de la excéntrica rusa que era su madre". Esa clase de comentarios siempre se hacen para que reboten en las paredes hasta alcanzar los oídos de la persona que los motiva, claro. A Cilly le ofendía terriblemente cualquier referencia desdeñosa a su madre, Stassie. Bastante malo era que Stassie hubiese sido vetada en Berlín para que, para colmo, la pusiesen a hoja de perejil.

La reacción de Cilly fue organizar una fiesta en Postdam...y NO CURSAR las preceptivas invitaciones a sus concuñadas. Aquello era algo absolutamente escandaloso, no menos impactante que si les hubiera escupido en la cara a Lotta y Alexandra Victoria. Las dos corrieron a quejarse a su suegra, la Kaiserina, que se estremeció de horror ante semejante conflicto en el círculo interno de la familia imperial. Ella misma, dijo, acudiría a la fiesta escoltada por las nueras olvidadas: de esa forma todas estarían en la recepción, frenando en seco un aluvión de comentarios maliciosos de los berlineses. Pero Cecilia, enterada de la disposición de Dona, reaccionó hábilmente. El mismo día de la recepción, unas horas antes, fingió una repentina indisposición y declaró que no estaría presente, por lo que cedía el honor de ser anfitriona a Dona, su querida suegra. Eso era una forma de volver a insultar a sus concuñadas, que no tendrían el gusto de ser invitadas en una fiesta en la que fuese anfitriona Cilly.

Eran pequeñas escaramuzas, no la guerra abierta, pero esas pequeñas escaramuzas tuvieron su significación en la corte en aquel tiempo. Muy molesta por todo el incidente anteriormente descrito, Cecilia ni siquiera cumplió con el protocolo de pedirle la venia al káiser antes de largarse de Berlin rumbo a Cannes. Estaba informada de que su hermana Alexandrine, la reina de Dinamarca, había viajado para reunirse con Stassie, la madre de ambas, en Villa Wenden. Aquello no pensaba perdérselo Cilly, se pusiesen como se pusiesen los Hohenzollern ante su gesto de desafío al protocolo imperial.


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 Asunto: Re: CECILIA, LA ÚLTIMA HEREDERA DEL REICH
NotaPublicado: 29 Mar 2012 10:52 
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 Asunto: Re: CECILIA, LA ÚLTIMA HEREDERA DEL REICH
NotaPublicado: 29 Mar 2012 11:47 
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Estaba yo pensando, así como quien no quiere la cosa, que si Cilly hubiera querido vengarse de sus concuñadas, no le hubiese faltado material. La boda de Eitel Friedrich con Lotta había hecho que las lenguas viperinas se agitasen de lo lindo en la corte berlinesa allá por 1906. Lotta era casi cinco años mayor que Eitel Friedrich y, como el mundo de las cortes germánicas era algo así como un pañuelito, todos en la corte berlinesa sabían lo que nadie ignoraba en la corte ducal de Oldenburg de la cual procedía la riquísima Lotta: que ella llevaba años enamorada del ayudante de campo de su padre, un conde sin fortuna. Lógicamente, aquella historia carecía de futuro, pero tampoco era un buen punto de partida para el matrimonio de Lotta con Eitel Friedrich.

En cuanto a la boda de August Wilhelm con Alexandra Victoria, había sido un apaño imperial muy del gusto de Dona, que era tía carnal de su nuera. Alexandra se acoplaba bien al tipo de "Hausfrau al estilo Hohenzollern" que le gustaba a Dona y de hecho, no cabía duda de que se trataba de la favorita de la tía-suegra. Pero los berlineses hubiesen podido rumorear acerca de que ese casamiento servía de cortinaje espeso tras el cual ocultar las tendencias homófilas de August Wilhelm. Por lo visto, él mantenía una relación que suscitaba cotilleos con su ayudante personal, Hans Georg von Mackensen.

Pero...en fín, volvamos a Cilly. Se largó a Villa Wenden, a compartir un tiempo precioso para ella con su madre, a la que siempre añoraba terriblemente, y con su hermana. Estaba tan a gusto en Cannes, que se resistía firmemente a volver a Berlín. Cuando Stassie trató de forzar la mano indicando que se largaba a Suiza, Cilly se mostró encantada de poder viajar con ella al país helvético. A esas alturas, Stassie estaba francamente preocupada, pues entendía que esa actitud de su hija estaría complicando las cosas de lo lindo con los Hohenzollern de Berlín. La gran duquesa decidió poner su empeño en convencer a la hija díscola de que debía retornar a Berlín y añadió que no tendría que afrontar ese retorno sola, pues ella misma la llevaría de vuelta. La perspectiva de que Stassie viajase con ella hasta Berlín dió fuerzas suficientes a Cilly para cumplir con el deber.

Alguien había informado de lo que sucedía a Berlín, claro. El káiser no consideró que Stassie estaba siendo servicial al prestarse a devolver a su hija Cilly al redil, sino que juzgó inadmisible que aquella mujer pretendiese llegar hasta la capital imperial cuando era algo que se le había prohibido hacer de manera tajante. Cuando el tren en el que Cilly y Stassie llegó a la frontera germana, se encontraron con un telegrama imperial que prohibía la visita de Stassie a Berlín. Cilly estalló ante aquella nueva ofensa a su madre. Aseguró que si en Berlín no transigían con su madre, ella tampoco tenía la menor intención de volver a ver al káiser. Debió ser una escena de alta tensión en el tren. Afortunadamente, Stassie mantuvo los nervios bajo control y analizó la situación con frialdad. A Cilly no le quedaba más remedio que asumir las circunstancias, plegarse a la imperiosa tozudez de su suegro y presentarse sola en la capital germana. No hubiera quedado bien que Cilly no estuviese en casa cuando ya se preveía el retorno del marido, Fritz. Acordaos de que Cilly había disfrutado de su estancia a Egipto, había vuelto a Alemania, había afrontado allí una serie de problemas, había huído a Cannes y ahora se la instaba a regresar a Berlín...pero, ENTRE TANTO, su marido había puesto rumbo desde Egipto hacia la India. Su visita a la India había sido prolongada: había llegado a Bombay procedente de Ceilán y visitado con calma Hizan, Hyderabad y Jaipur. A continuación, se le había ordenado incluír en el tour China y Japón.

La vuelta de Fritz a Alemania marcó el inicio de una nueva etapa. Fritz experimentaba la frustración de ser una especie de marioneta cuyos hilos movía su imperial padre, mientras que Cilly acababa de emerger de meses de pésima relación con el dominante suegro. Esa situación permitió, en principio, una especie de entente cordiale entre la pareja. Pero era una entente cordiale verdaderamente frágil, que saltó por los aires cuando Fritz mostró con renovados bríos su vieja fascinación por una aristócrata que Catherine Radziwill llama duquesa de A. Pequeña nota mía: ¡cómo me molesta que usen las iniciales y el editor no introduzca una nota a pie de página desvelando el misterio! Odio quedarme a medias con el cotilleo, jejeje. Lo que sí hace la Radziwill es atribuírle a la duquesa de A. dos cualidades interesantes por separado y ya no digamos combinadas: inteligencia más gusto por la intriga. La duquesa quería incrementar su capacidad de influír en el príncipe heredero, así que no sólo organizó en su honor agradables reuniones en su palacete berlinés, sino también en un castillo a orillas del Rhin (¿¿cual, Catherine, cual?? No me gusta quedarme sin esos datosssss). El asunto empezó a complicarse cuando una carta dirigida por la duquesa al príncipe cayó, accidentalmente, en manos de la princesa Cecilia. Es probable que, al decidirse a llevar la cartita a su suegro, Cecilia quisiera fastidiar de una tacada a Fritz y a Wilhelm II, porque resulta que el káiser también había sido un ferviente admirador de la duquesa de A. El caso es que a Wilhelm II no le gustó nada leer aquella cartita. Le faltó tiempo para encomendarle al conde de Eulenburg la tarea de hablar con el duque de A., marido de la duquesa de A., invitándole de manera unequívoca a irse de viaje por un prolongado período de tiempo con su atractiva esposa. Eso hubiera resuelto las cosas...de no ser porque el duque de A. se lo tomó fatal. Su reacción fue la más escandalosa que hubiera podido tener: retó a duelo al príncipe heredero por "seducir o intentar seducir" a su esposa la duquesa de A. El káiser tuvo que ponerse muy serio para abortar aquel duelo y para negociar la retirada de escena de los duques de A.

El duque de A. tenía suficiente relieve por sí mismo para poner algunas condiciones. Estaba dispuesto a largarse de viaje con su esposa, siempre y cuando no pareciese en absoluto que les habían instado a largarse de la capital del Reich. Por tanto, antes de que se fuesen, serían invitados a alguna destacada fiesta en la que estuviesen también presentes los miembros de la casa Hohenzollern, para que nadie pudiese decir que se íban porque habían caído en desgracia con los emperadores. Wilhelm tuvo que acceder a esa especie de pacto de caballeros. Se aprovechó para cubrir el expediente un gran baile en el que ejerció de anfitrión otro aristócrata mencionado por la inicial: el príncipe S., uno de los "más destacados personajes de la corte de Wilhelm II". A ver si alguno estáis finos descubriendo identidades, que yo sé que os encantan los Trivia, jajajaja.

El príncipe S. cometió una falta de delicadeza imperdonable: situar a la duquesa de A. en una posición señalada de la gran mesa que íba a presidir la kronprinzessin Cecilia. Ahí no estuvo nada caballeroso ni fue medianamente sensato. Quizá otra mujer hubiera apurado la última gota de aquel cáliz, pero Cecilia no tenía la menor intención de hacer tal cosa. Cuando se enteró de ello, observó en voz alta, con aire extremadamente frío: "No quiero tener a la Duquesa sentada en mi mesa; dadle un asiento en la mesa que preside el Kronprinz, pues ese arreglo hará felices a todos, incluída yo misma". La cuestión, claro, no es tanto lo que dijo Cecilia, sino el hecho de que lo dijo en VOZ ALTA y con AIRE EXTREMADAMENTE FRÍO. O sea, que todos los asistentes al baile acusaron recibo y pudieron interpretar correctamente el disgusto de la kronprinzessin con la duquesa de A.


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 Asunto: Re: CECILIA, LA ÚLTIMA HEREDERA DEL REICH
NotaPublicado: 29 Mar 2012 12:16 
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La autora explica que, acto seguido, Cecilia escribió una carta a su hermano, Friedrich Franz IV, gran duque soberano de Mecklenburg-Schwerin. En la carta, Cilly parece haberse despachado a gusto y quedaba patente su deseo de liberarse de un matrimonio en el que no encontraba ninguna satisfacción personal. Aquello provocó tal susto en su hermano, que éste viajó inmediatamente desde Schwerin a Postdam para tranquilizar a la hermana y persuadirla de que se acomodase a su posición de futura emperatriz.

Pero el matrimonio siguió siendo absolutamente tormentoso. Radziwill relata otro episodio de violencia conyugal que tuvo lugar un tiempo después durante una estancia en Danzig. Cecilia, que había recibido bastantes golpes por lo visto, reaccionó escapando, con un equipaje lo más escueto posible para poder viajar en tren cómodamente. En la ruta de Danzig a Berlín, trató de dilucidar si tiraba hacia Schwerin o hacia Lucerna, en Suiza, dónde sabía que se encontraba su madre. Desde luego, tenía mayor confianza en la empatía de Stassie que en la de su hermano Friedrich Franz IV, porque tiró hacia Lucerna. El viaje, sin embargo, acabó en Lindau, en la ciudad fronteriza entre Alemania y Suiza. El tren se detuvo en Lindau...y en el vagón dónde se hallaba Cecilia, irrumpió un oficial del ejército en uniforme que requirió en voz alta a Su Alteza Imperial a que le acompañase para sostener una breve conversación con él según encomienda del káiser. Cecilia fue devuelta a Berlín.

Otro libro que no es de Radziwill, en concreto "The two Williams: Studies on the Kaiser and the Crown Prince" de Paul Hervier, añade historias que inciden en esa visión altamente negativa de la vida en común de los príncipes. Ahí el autor es más preciso y sitúa la escena poco después del nacimiento de la princesa Alexandrine Irene. Alexandrine Irene fue el quinto retoño de Cilly, a la vez que su primera niña después de haber parido cuatro niños sucesivamente; la pequeña nació el 7 de abril de 1915, en plena Gran Guerra (forma en que denominaron sus coetáneos lo que hoy llamamos Primera Guerra Mundial). Tras el parto de esa criaturita aquejada de síndrome de Down, Cilly pasó por una etapa de profunda melancolía. Su situación emocional empeoró cuando, de puritita casualidad, al abrir una de las muchas sombrereras de las que disponía, se encontró una foto que había "resbalado" hacia el interior de la caja. Era una foto altamente comprometedora de su marido, Fritz. Aparecía, por lo visto, escasito de ropa y en compañía de una muchacha exhuberante que tampoco estaba demasiado cubierta. Se veía que no era una imagen de un pasado lejano, sino que correspondía al período en que Fritz participaba, como oficial, en la contienda, concretamente en suelo francés; en su tiempo libre, aprovechaba para "relacionarse" con mujeres francesas a las que no les daba reparo meterse en la cama de un alemán cuando éste era un tipo poderoso. A Cilly le causó una tremenda impresión la foto, al punto de que se mostró decidida a divorciarse. Según el autor, ese divorcio lo impidió Dona, la suegra de Cilly. Aún comprendiendo, como mujer, el tremendo desengaño de su nuera, habló sobre el deber y el sacrificio que a veces requería, en especial en una princesa con cinco hijos durante un período en que se hallaban atrapados en una conflagración bélica de grandes proporciones. Lo que cuenta Hervier encaja con el hecho de que Radziwill resuma el la vida de Cecilia durante esos años de la Gran Guerra como una etapa en la que fue necesaria la resignación.


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 Asunto: Re: CECILIA, LA ÚLTIMA HEREDERA DEL REICH
NotaPublicado: 29 Mar 2012 13:21 
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Hasta ahí todo el "cotilleo Radziwill". Os lo podéis coger con pinzas...¿eh? Ya os digo que, por ejemplo, acordaos de que Radziwill situaba el primer encuentro de Fritz con Cilly en Cannes, durante el baile que MicheMiche ofreció para la presentación en sociedad de su sobrina. Pero en cambio otro autor de la época generalmente bien informado sobre las interioridades de la corte berlinesa (el conde Axel von Schwering) afirma que Fritz conoció a Cilly en Doberan, un "resort" de moda situado en Mecklenburg-Schwerin. No obstante von Schwering coincide con Radziwill en hechos destacados, como que el káiser mostró disgusto por la elección del hijo y que impuso condiciones a la boda, la principal de las cuales era la prohibición de que Stassie se asomase por Berlín aprovechando que su niña se convertía en la kronprinzessin.

La cuestión es que Cilly sí sacrificó cualquier opción de felicidad personal en un matrimonio que pareció brillantísimo a sus coetáneos. La muchacha recien llegada a la capital germana y albergada en el Château Bellevue del Thiergarten hasta su entrada triunfal en Berlín para contraer nupcias con el heredero no podía imaginar toda la amargura que la esperaba en los años siguientes. La breve luna de miel en Brandenburgo antes de establecerse en el Palacio de Mármol de Postdam debió de ser el último destello de optimismo conyugal para Cilly, a tenor de lo que relatan los distintos autores. Supongo que lo de menos era la facilidad de él para las aventuras extraconyugales. Hay escenas peores entre esa pareja.


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 Asunto: Re: CECILIA, LA ÚLTIMA HEREDERA DEL REICH
NotaPublicado: 29 Mar 2012 14:47 
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Se me ha pasado por la cabeza que igual os apetecer conocer a la "cotilla", Catherine Radziwill:

Imagen


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 Asunto: Re: CECILIA, LA ÚLTIMA HEREDERA DEL REICH
NotaPublicado: 29 Mar 2012 15:28 
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Me gusta más esta imagen que la que ya tenía formada sobre ella, será que amamos a las princesas que están dispuestas a plantarse de cara al presente e imponerse por sí mismas.

La Cecilia hermosa pero siempre sumisa y contenida no me cerraba, no siendo hija de Stassie, y si bien Alexandrine era así, algo en esa cara, bueno, son 'chismorreos', bien pueden ser reales... o no.

De todas formas creo que a ninguno lo sorprende, Fritz no podía haberla hecho feliz de ninguna manera. Pobre Cecilia. (sad)

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 Asunto: Re: CECILIA, LA ÚLTIMA HEREDERA DEL REICH
NotaPublicado: 29 Mar 2012 15:48 
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Konradin, yo la sigo viendo una mujer bastante "sujeta" a las convenciones. Pienso que Stassie fue mucho más rupturista a la hora de hacer su propia vida de lo que pudieron serlo sus hijas, Alexandrine y Cecilia. Cecilia sostuvo pequeñas escaramuzas, protagonizó algunos actos de rebelión, más de una vez se planteó romper su matrimonio...pero siempre tuvo que volver sobre sus pasos porque era la esposa del kronprinz y la nuera del káiser. Supongo que también pesaban en el ánimo sus hijos, tuvo una abundante prole.

Creo que Fritz fue un marido absolutamente inadecuado para Cecilia. También es cierto que en ejercer el patrón de macho dominante, decidido a anular por completo la personalidad de su mujer, salió al padre, Wilhelm II. Lo que pasa es que Dona era más del tipo "Hausfrau Hohenzollern" que Cecilia. Dona dedicó la vida entera a postrarse, literal y metafóricamente, a los pies de Wilhelm, para "agradecerle" el que, siendo un kronprinz destinado a convertirse en káiser, hubiese decidido elegirla a ella, una "insignificante" princesa de Schleswig-Holstein que no llevaba en las venas purísima sangre real.


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 Asunto: Re: CECILIA, LA ÚLTIMA HEREDERA DEL REICH
NotaPublicado: 26 Ene 2013 18:19 
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;) Estupendo reportaje, gracias.
Aporto una postal de Cecilia, su suegra y sus cuñadas.

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 Asunto: Re: CECILIA, LA ÚLTIMA HEREDERA DEL REICH
NotaPublicado: 26 Ene 2013 19:08 
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Cecilia envejeció muy mal.Cuando leí el hilo sobre esa familia no podía creer que la Cecilia de joven pudiese ser la misma persona de las fotos de la madurez o vejez.

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