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 Asunto: Re: CECILIA, LA ÚLTIMA HEREDERA DEL REICH
NotaPublicado: 22 Jun 2010 19:47 
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Geraldine Farrar, la amnte del príncipe heredero de alemania wikipedia


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 Asunto: Re: CECILIA, LA ÚLTIMA HEREDERA DEL REICH
NotaPublicado: 22 Jun 2010 20:00 
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Geraldine no fue la unica amante que tuvo Wilhelm. Antes del matrimonio era bien promiscuo el kronprinz, como lo dice esta postal de la epoca..

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 Asunto: Re: CECILIA, LA ÚLTIMA HEREDERA DEL REICH
NotaPublicado: 04 Sep 2010 16:44 
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"Cilly" ya llegando a sus 50 años

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 Asunto: Re: CECILIA, LA ÚLTIMA HEREDERA DEL REICH
NotaPublicado: 13 Mar 2012 03:25 
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Sé que con el estado de abandono que dejé al pobre Lauzún no tengo derecho a pedir nada peeeeeeeeeeeeero quizá estas fotos convenzan a Minnie (guiño guiño) de retomar el tema.

Cilly es de mis favoritas.

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Cilly jóven, parecen del pre wedding, ¿no? Me gusta la pose, es algo descontracturada.

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Aquí con su hija que nació con síndrome de down si no recuerdo mal. Ya estaba más matronil, ¿no? Tanto parto tampoco la puede dejar muy esbelta.

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Siempre supe que tenían todos los dientes horribles (nadie peor que Sissi) pero esta foto me impresiona y enternece a la par.

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"Ma fin est mon commencement, et mon commencement ma fin".


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 Asunto: Re: CECILIA, LA ÚLTIMA HEREDERA DEL REICH
NotaPublicado: 13 Mar 2012 13:47 
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Konradin escribió:
...el estado de abandono que dejé al pobre Lauzún...

:whistling:

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"Buscad la Belleza, es la única protesta que
merece la pena en este asqueroso mundo"
(R. Trecet)


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 Asunto: Re: CECILIA, LA ÚLTIMA HEREDERA DEL REICH
NotaPublicado: 28 Mar 2012 06:32 
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Registrado: 25 Jul 2009 08:22
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Ubicación: Buenos Aires, Argentina
Vandal escribió:
Konradin escribió:
...el estado de abandono que dejé al pobre Lauzún...

:whistling:


Lo sé, lo sé, pronto volvemos... :ooops:

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 Asunto: Re: CECILIA, LA ÚLTIMA HEREDERA DEL REICH
NotaPublicado: 28 Mar 2012 23:00 
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¡Qué curiosa coincidencia, Konradin! Precisamente, hoy me he venido a este rinconcito porque resulta que, de vez en cuando, de tarde en tarde, me gusta permitirme a mí misma una sesión de lo que yo llamo "cotilleos Radziwill". O sea...que me leo alguno de los libros "repertorios de pequeñas historietas jugosas" firmados por la princesa Catherine Radziwill. Bueno, en su día, cuando le dió por publicarlos, la princesa Catherine Radziwill, que había nacido siendo la condesa polaca Ekaterina Adamovna Rzewuska, no se atrevía a usar su propio nombre y empleaba el seudónimo Paul Vasili, jejeje.

La Radziwill es una chismosa "de aúpa". Por eso, en algunas ocasiones, me doy el caprichito de una de mis relecturas de "cotilleos Radziwill".

Pues bien: en las pasadas semanas, me he estado entreteniendo un ratito cada noche con "The desillusions of a crown princess", un librito específicamente centrado en nuestra Cecilia. Y venía rauda, porque en la página 3 de este tema, yo proporcioné la siguiente versión del noviazgo entre Fritz y Cilly:

Sin embargo, el káiser estaba bastante exasperado con el joven Fritz. El muchacho tendía a lo insustancial y lo frívolo: en cuanto podía, se dedicaba al dolce far niente con sus amigos, que le jaleaban todas las gracias y le animaban en sus correrías amorosas. La inclinación del príncipe por bailarinas y actrices no tenía, no obstante, nada de peculiar: muchos príncipes de la época buscaban en aquellas hermosas mujeres la diversión y la pasión que no podrían encontrar en las princesas con las que les casaban por motivos dinásticos. Más preocupante resultaba el profundo enganche sentimental y sexual de Fritz hacia la cantante de ópera americana Geraldine Farrar. Geraldine, una preciosidad muy consciente de su poder de seducción, le tenía verdaderamente a sus pies.

El mejor remedio era encauzar a Fritz hacia un matrimonio apropiado. Si ofrecía al Reich una esposa digna y a poder ser glamurosa que asegurase la continuidad dinástica, ya podría seguir retozando con la Farrar.

Así se inició, realmente, la historia: el káiser necesitaba una princesa "magnífica en todos los sentidos" para su mediocre hijo mayor, echó una prolongada ojeada al repertorio de posibles nueras y se decantó por la más rutilante de ellas.

Fritz fue "invitado" a cortejar a aquella muchacha que reunía en su persona belleza, elegancia innata, encanto, modales impecables, educación y, desde luego, pedigree con el añadido de una buena dote. El encargo no le disgustó: tenía asumido que llegaría un instante en que se le encauzaría hacia una verdadera princesa y resultaba una suerte que la verdadera princesa hacia la que le habían encauzado fuese tan atractiva. En cuanto a la propia Cecilia, parece haber acogido con agrado las corteses y delicadas atenciones de Fritz.

En este caso, no cabe hablar de amor. No hubo un romance entre ambos. Sí hubo, en cambio, una mutua inclinación y, de alguna manera, se las apañaron para poner los cimientos de una buena amistad.

Cuando Cecilia visitó por primera vez el Neues Palais en Berlín, la familia imperial se quedó literalmente fascinada por su presencia. La pequeña princesa Victoria Luise apenas daba crédito a sus ojos mientras observaba a la futura prometida de su hermano mayor. Para Victoria Luise, "Cilly" representaba una princesa "de cuento de hadas", envuelta en un aura de pura magia. Con el tiempo, una cálida relación se desarrollaría entre ambas porque Cecilia tenía el don de establecer vínculos afectivos con casi todos los que la trataban de cerca. Incluso el serio y adusto káiser se rendía ante el encanto de su inminente nuera (en sus años de juventud, el káiser había estado perdidamente enamorado de Ella de Hesse, otra princesa de cuento de hadas por su aspecto y por su naturaleza; es probable que Cecilia le hiciese recordar a la Ella que le había llevado incluso a escribir poemas de amor en su etapa universitaria, un detalle sorprendente dentro de la biografía severa y plagada de autoritarismo soberbio de Willie).


Esa era la historia tal y como yo la conocía, jajajaja. Sin embargo, Catherine Radziwill ofrece otra versión de la historia, que tiene su interés también.

Catherine Radziwill presenta a Fritz como un tipo bastante desagradable en conjunto. Indica que podía ser "very secretive on some occasions and extremely exuberant en others, he presented a curious mixture of his father´s versatility and his mother´s reticence". Más o menos: a veces podía ser exageradamente introspectivo, cerrado en sí mismo, mientras que al momento siguiente daba rienda suelta a su temperamento sin pararse en barras. Se mostraba a menudo amable y complaciente en sus relaciones sociales, pero cuando se ponía sarcástico, causaba estragos. Algunos que le trataron de cerca mencionaron su potente vanidad, su arrogancia, una veta de brutalidad e incluso cierta tendencia a la violencia. Vamos, que la Radziwill nos lo deja fino, por no decir que sí menciona su gusto por las aventuras de faldas. Por lo visto, Fritz sólo se amilanaba en presencia de su imperial padre, Wilhelm, quien nunca había ocultado que el favorito entre sus hijos, el heredero que francamente le hubiera hecho sentir orgulloso, era Eitel Friedrich.

Wilhelm había indicado a Fritz, en vista de las constantes aventuras de éste y en especial de su obcecación con la cantante Geraldine Farrar, que íba sonando la hora de que se buscase una princesa digna de aparecer en el frondoso árbol genealógico de los rampantes Hohenzollern. Pero, según Radziwill, el káiser jamás pensó, ni por un segundo, que su heredero tiraría hacia Cilly de Mecklenburg-Schwerin. Wilhelm siempre había mostrado una gran aversión hacia la gran duquesa Anastasia, Stassie, la escandalosa viuda de Friedrich Franz III, muerto de forma que había dado pábulo a un verdadero alud de rumores en toda Alemania. De hecho, Wilhelm había puesto literalmente a caer de un burro a Wilhelm. Y Stassie, en su día, no se había mordido la lengua. En el curso de una gran fiesta a la que había asistido en París, había declarado, vehemente, que el káiser le parecía un hipócrita redomado, "el mayor hipócrita de toda Europa" . La ilusión de Stassie radicaba en que sus hijas se casasen fuera del círculo de los numerosos príncipes germánicos. Le alegró enormemente que su hija Alexandrine se comprometiese con Christian de Dinamarca, ya que la familia real danesa no mantenía, tradicionalmente, buenas relaciones con los Hohenzollern de Prusia desde el viejo conflicto por la soberanía en los ducados de Schleswig-Holstein.

Radziwill sitúa el primer encuentro de Fritz con Cilly en la Riviera francesa, poco después de que Alexandrine se hubiese casado con Christian de Dinamarca. Stassie había querido que Cannes fuese el lugar en el que se llevase a efecto la presentación en sociedad de su hija -una vez más, le importó un bledo lo que pudiesen pensar de eso en Mecklenburg-Schwerin, claro-. En realidad, fue MicheMiche, el hermano de Stassie casado con la bellísima Sophie de Merenberg, quien ejerció de anfitrión en el baile que sirvió para presentar al mundo a Cilly, envuelta en tul blanco y con un hilo de perlas en torno al cuello. Coincidió que Fritz había viajado en esas fechas a Niza y Cannes después de haber pasado unas semanas de asueto en Bordighera, en Italia. Siempre acompañado por el general von Lyncker, Fritz no rechazó la invitación de MicheMiche. Acudió al baile...y vió a la linda debutante Cecilia. Ella debió parecerle muy bonita, porque tardó nada y menos en escribirle al káiser que había conocido a la única mujer con la que podía desear contraer matrimonio. No entró en detalles sobre la identidad de dicha mujer, así que ya podemos suponernos todos que Wilhelm estaría en ascuas durante semanas.

Por lo visto, Fritz se declaró a Cilly casi de inmediato. Radziwill es tajante: si no estaba enamorado, al menos creía estarlo; lo suyo tenía todos los visos de una instantánea infatuación de la guapa muchacha recien presentada en sociedad. A Cilly debió resultarle algo apabullante aquella repentina declaración del kronprinz. Respondió que ella de ninguna manera podía alentarle porque ni siquiera sabía lo que pensaría su madre, Stassie, a cuya tutela estaba sometida. Fritz se dirigió entonces rápidamente a Stassie, que se quedó atónita. Agradeció "el honor" de aquella solicitud de la mano de su pequeña Cilly, pero añadió que preferiría que Fritz no renovase sus declaraciones de amor ni sus propuestas de matrimonio hasta no haberse asegurado en Berlín del apoyo de Wilhelm y Dona. Astuta, nuestra Stassie. Aunque Fritz, mosqueado por la reacción de Stassie, aún se las apañó para hablar de nuevo con Cilly. La chica aguantó el tirón: no pensaba casarse con alguien a quien apenas conocía.

A pesar de las reticencias, lógicas y entendibles, tanto de la ingenua Cilly como de la muy mundana Stassie, Fritz seguía empecinado en salirse con la suya. Por lo visto, no entraba nunca en sus cálculos ni siquiera una remota posibilidad de que una chica prefiriese verse libre de sus solicitudes amorosas. En vez de viajar directamente a Berlín, se las apañó para realizar una escala en Schwerin, dónde se plantó ante el regente, el duque Johann Albrecht. A Johann Albrecht se le debió quedar cara de sota, más o menos, cuando Fritz le instó a que terciase ante la duquesa viuda Stassie para que ésta accediese a una eventual boda del kronprinz con la jovencita Stassie. Johann Albrecht estaba dispuesto a apoyar la idea -una princesa de Mecklenburg convertida en futura kaiserin era algo que le entusiasmaba...- pero, como no pensaba provocar las iras de Wilhelm II, indicó a Fritz que consideraba pertinente que éste tratase el asunto, antes de nada, con su padre en Berlín.

Y así llegamos al momento en que Fritz llega a Berlín, presentándose ante un padre, Wilhelm, que estaba ansioso por saber con qué princesa alemana de religión protestante quería casarse su heredero. A tenor de lo que cuenta Radziwill, al escuchar de labios de Fritz el nombre de Cecilia de Mecklenburg-Schwerin, Wilhelm "was quite stupefied". La estupefacción inicial se convirtió en un cabreo de no-te-menees cuando Wilhelm supo que Fritz había tenido el descaro de tratar el asunto con el regente Johann Albrecht de Mecklenburg-Schwerin ANTES de haber escuchado su parecido al respecto. Aquello, para Wilhelm, significaba que "el imbécil de Fritz" le había puenteado vergonzosamente. El káiser se tomó inmediatamente una revancha, indicando que no se anunciaría ese noviazgo durante al menos un año porque quería que los eventuales contrayentes tuviesen plena seguridad de que les cuadraba aquella boda. Para sorpresa de nuestro káiser, Fritz estuvo de acuerdo. Le confesó a Wilhelm que él sabía que seguiría deseando la boda al cabo de un año y que ese período de doce meses quizá le vendría bien para vencer la inicial reticencia de Cilly a tomar en cuenta siquiera su propuesta nupcial. Esto acabó de dejar "espatarrado" a Wilhelm: todo el tiempo, había dado por hecho que su hijo se había declarado, que la chica estaba encantada, que la madre de la chica se sentiría plenamente triunfante por ello y que el regente del ducado dichoso estaría a punto de estallar de puro júbilo; y de repente su hijo confesaba que él quería casarse, que él estaba maniobrando para casarse, pero que la "novia" no tenía especial interés en el papel de "novia". Era demasié para Wilhelm, un Hohenzollern tan endemoniadamente pagado de sí mismo y de su linaje que no podía creerse que una princesita sin especial significación se resistiese a la oferta de casarse con el heredero del Reich -independientemente de lo que valiese o dejase de valer Fritz como hombre-.

Fritz no tardó mucho en volver a Cannes, dispuesto a cortejar a Cilly. Pero Stassie se había llevado a Cilly lejos de la Riviera francesa. Las dos habían viajado a Vevey, una hermosa localidad a orillas del lago Ginebra, en Suiza. El chasqueado Fritz tuvo que hacer ruta a Vevey, algo con lo que no había contado, para empezar a bailar el agua a su "novia". Aunque la conducta de Fritz hizo que Stassie empezase a calcular en su mente las ventajas de un casamiento imperial de Cilly, la muchacha seguía completamente renuente. El tío Nicholas Mijailovich, el hermano favorito de Stassie, que se pasó también por Vevey de visita, habló con Cilly para pedirle que no rechazase a la ligera la mano de un heredero imperial. Le indicó, expresamente, que aquello podría permitirle a ella, en un futuro, trabajar para mejorar las relaciones entre Alemania y Rusia. El propio anciano abuelo de Cilly, el gran duque Mikhail Alexandrovich, escribió a la nieta rogándole que eligiese su futuro con buen sentido común. En conjunto, todos empujaban a Cilly hacia un "sí quiero".

En cuanto el asunto estuvo decidido, Wilhelm II invitó al duque Johann Albrecht a visitarle en Berlín. El regente tuvo que asistir a una reunión dónde el káiser dejó claro cómo estaban las cosas en relación con lo que él consideraba el gran handicap de Cilly: la madre de la novia, Stassie. Wilhelm íba a tener la "generosidad" de permitir que Stassie asistiese en Berlín a la boda de Cilly con Fritz, pero exactamente AL DÍA SIGUIENTE de aquel evento, no más tarde, la gran duquesa viuda debería abandonar la capital del Reich. Se le permitiría volver única y exclusivamente en ocasiones especiales, en concreto cuando naciese el primer retoño de la nueva pareja. Adicionalmente, Wilhelm expresó a Johann Albrecht su deseo de que Fritz pudiese profundizar el noviazgo con Cilly en cualquier lugar en el que no estuviese presente, interfiriendo de un modo u otro, la gran duquesa Stassie. Ya puestos, esperaba que más tarde Cilly viajase a Postdam y se quedase allí, cuidadosamente protegida, hasta el día de la boda.

El regente, claro, no le puso ni una pega al káiser -y Stassie, cuando se enteró del contenido de la entrevista, tuvo la inteligencia suficiente para no forzar la mano porque podía echar a perder la gran boda imperial de su benjamina-. Así que Cilly, con una dama de compañía, fue enviada a la ciudad de Florencia, en la Toscana, para que se alojase en una serie de elegantes habitaciones del Hotel de La Grande Bretagne. Fritz llegó a Florencia después de que lo hubiese hecho Cilly, con su inseparable general von Lyncker, instalándose en otro hotel, el Hotel de La Villa, convenientemente cercano. Entre los episodios destacados de aquellas semanas en la Toscana, Radziwill menciona una visita de la pareja Fritz&Cilly a la localidad de Fiesole, cercana a Florencia. Según cuenta Radziwill, hubo un incidente bastante serio en torno a un perro que se aproximó juguetón; cuando Cilly pretendía hacerle unas caricias al animal, Fritz, asqueado por el aspecto desastrado y en absoluto glamuoroso del can, le asestó un golpe para alejarlo de ellos. A partir de ahí, surgió una discusión encendida, porque Cilly cogió el perro en brazos para calmarle mientras Fritz la instaba a desprenderse de inmediato de aquel inmundo animalucho. Fue algo penoso en particular porque una mujer de Fiesole, alertada por el griterío, se acercó pálida y demudada a interesarse por el pequeño Fido, que así se llamaba el perro. Cilly, que hablaba italiano con cierta soltura, conversó amablemente con la mujer de Fiesole, algo que acabó de sentarle como un tiro a Fritz, que no entendía ni media de italiano y debió sentirse tristemente ignorado. Al final, la princesa se llevó a Fido consigo, con las bendiciones de la paisana y para enojo supremo de Fritz.

Radziwill considera que el incidente "Fido" estuvo en un tris de acabar con el incipiente compromiso de Fritz&Cilly. Pero el kronprinz debió considerar que no le quedaba bonito tratar con rudeza a su jovencísima novia y que más le valía hacer las paces, a la vez que aceptar resignadamente la presencia en la vida de ella del "patético Fido".


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 Asunto: Re: CECILIA, LA ÚLTIMA HEREDERA DEL REICH
NotaPublicado: 28 Mar 2012 23:46 
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Sigo cotilleando :hehe:

Radziwill cuenta que el siguiente incidente en ese noviazgo consistió en una serie de disputas accerca de dónde debía confeccionarse el "trousseau" de la novia. Es harto probable que Stassie, sabedora del rechazo visceral que provocaba en Wilhelm, consciente de que Wilhelm impediría su presencia habitual en Berlín tras la boda de Cilly con Fritz, decidiese hacer valer en lo que concernía al "trousseau" la privilegiada posición de MADRE DE LA NOVIA. Eso le confería, en aquellos momentos, un repertorio de "derechos", por así decirlo, a los que no renunciaría en absoluto. Si tiempo atrás había insistido hasta la saciedad en que el ajuar de su hija Alexandrine se confeccionase en los principales talleres de París, ahora, con Cecilia, aspiraba exactamente a LO MISMO. No pensaba dejar que triunfase Wilhelm, que quería que el ajuar de su futura nuera se preparase en Berlín. Sin embargo, que Stassie se mantuviese en sus trece tuvo otro efecto aparte del de enojar doblemente a Wilhelm: el gremio del diseño y confección de moda o de complementos berlinés se sintió muy desilusionado por el hecho de que la inminente esposa del heredero llegase con un formidable ajuar preparado por los franceses y del que habían sacado por tanto tajada económica los franceses. Hubiera significado mucho para los berlineses sentir que eran ellos los primeros en beneficiarse de la boda imperial.

Una cosa con la que se mostraron generosos los Hohenzollern fueron las joyas. Ni siquiera Stassie, acostumbrada a la opulencia desmedida de los Romanov, pudo ponerles una pega a los Hohenzollern en ese sentido. Estaba claro que no querían que ni en San Petersburgo ni en ninguna otra corte de Europa pudiesen tildarlos de "tacaños", así que, realmente, tiraron la casa -el palacio- por la ventana. Wilhelm ofreció a Cilly no sólo una tiara de diamantes que por tradición se regalaba a cada mujer que accedía mediante matrimonio a la casa de Hohenzollern, sino que añadió a ese presente, por decisión propia, un aderezo completo que combinaba diamantes con esmeraldas y, además, varias sartas de magníficas perlas. Dona, la que íba a ser la suegra, entregó un aderezo de diamantes con rubíes que ella había recibido el día de su propia boda como obsequio de la madre de Wilhelm, la emperatriz Friedrich. Fritz, el novio, se acordó de que el azul era el color favorito de Cilly, según cuenta Radziwill, así que apostó por alhajas que empleaban o bien zafiros o bien turquesas.

Independientemente de todos los fastos que rodearon a la boda, Cilly no parece haber disfrutado de su gran día. La tensión nerviosa hizo mella en la princesa, en especial cuando, al cabo de pocas horas, hubo de despedirse de su madre. Se piense lo que se piense de Stassie, era una madre muy querida por su hija menor. Para ésta última resultó tremendamente duro tener que decirle adiós sabiendo, además, que no tendrían nada fácil verse a menudo en Berlín. Radziwill describe una escena lacrimógena, con Cilly llorando y preguntando cómo podría manejarse mientras se abrazaba a una Stassie que sólo respondía con sollozos.

Radziwill describe la vida conyugal como algo que no funcionó armoniosa y felizmente nunca. Según indica la autora, Fritz nunca "maltrató a su mujer en el sentido que se suele dar al término durante el primer o quizá los dos primeros años de matrimonio", pero, en cambio, se mostró poco empático, poco comprensivo, poco proclive a rodearla de cuidados. La dejó a un lado, la descuidó, que no es lo mismo que maltratar, pero puede ser también algo tremendamente duro para una joven recien casada que se ve lejos de los que han sido sus principales puntos de apoyo...su madre, su hermana, su hermano, sus tíos y primos. Por lo visto, Cilly experimentó con especial crudeza su soledad matrimonial justo en vísperas del nacimiento de su primer bebé. Había salido de cuentas y se sentía francamente mal, pero Fritz decidió no privarse de una excursión cinegética con los amigos en la propiedad campestre de uno de ellos, de modo que abandonó Postdam poco antes de que Cecilia empezase el trabajo de parto. Stassie no había recibido aún permiso para viajar a Postdam, de modo que solamente la kaiserin Dona estaba cerca mientras Cecilia daba a luz a su hijo. No tener a su marido ni a su madre, tener que conformarse con la presencia de la suegra, no es precisamente el sueño de ninguna parturienta.

Para completar el panorama de esa Cecilia que está casi por completo abandonada por el marido y es madre primeriza en semejante tesitura, surgieron recelos de la princesa hacia su principal dama de compañía, Rose von Thiele Winkler. Frau von Thiele Winkler había sido durante años dama de compañía de la desdichada princesa Karl de Prusia, o sea, Marianna de Anhalt. Cecilia no la había escogido, sino que se la habían impuesto; y consideraba que von Thiele Winckler ejercía de espía de los emperadores, Wilhelm y Dona.

Como no podía ni siquiera relajarse en casa, como tenía que mantener la pose ante aquella dama von Thiele Winckler que seguramente informase a los suegros, Cecilia vió incrementada su ansiedad postparto. Se las apañó para convencer a su médico de cámara de que hablase con Fritz para recomendar que Cecilia viajase a Saint Moritz, un lugar que ejercería un efecto terapéutico en la recien parida. Fritz no opuso resistencia y Cecilia, efectivamente, viajó en tren desde Berlín hasta llegar a Saint Moritz. Allí pensaba reunirse con su madre, Stassie, a quien necesitaba desesperadamente. Pero a esas alturas el káiser se había enterado de que su nuera pensaba reunirse con la detestada consuegra en Saint Moritz. Wilhelm no se andó por las ramas: le mandó un telegrama a Cilly ordenándole regresar ipso facto a Berlín. Cilly decidió ignorar la orden: arrugó el telegrama formando una pelotita de papel y lo lanzó a una papelera -el lugar idóneo para semejante clase de órdenes-.

Pero, por una vez, Fritz se puso enteramente de parte de su padre y se fue a Saint Moritz decidido a meter en cintura a Cilly. El encuentro de ambos, en un hotel, fue ruidoso; hubo una discusión y la Radziwill declara rotunda que por primera vez, Cilly sintió la mano de su esposo golpeando con fuerza sus hombros ("found her husband´s hand fall heavily upon her shoulder"). Tal y como la cuenta la Radziwill, la escena es ominosa: Stassie, alertada por el llanto histérico de Cecilia, entra en la habitación; se encuentra a la hija claramente alterada y al yerno con aspecto indiferente, como si acabase de asestarle un manotazo a un mosquito trompetero. Enterada de lo sucedido, Stassie tiene una reacción muy maternal: agarra a su yerno de los hombros y le sacude fuera de la habitación. Luego, tras sosegar a Cecilia, Stassie no duda en escribir una carta al káiser detallándole lo sucedido en aquella habitación de un hotel de Saint Moritz. Por lo visto, Wilhelm se quedó en shock al leerlo: ordenó a su hijo que volviese a Berlín y autorizó a su nuera a permanecer con la madre en Suiza. Sin embargo, a la postre, Cecilia tuvo que despedirse de Stassie y volver a Berlín para reunirse con su hijito, un bebé que estaba a cargo de Dona. Y ahí se encontró con un marido absolutamente amargado, que la acusaba de haberle contado al káiser un montón de mentiras para volverle contra él. Aunque Cecilia no había sido la que había informado al káiser, cargó con el mochuelo a ojos de Fritz -lo que acabó de quebrar el matrimonio-. En los meses siguientes, a tenor de lo que relata Radziwill, Fritz aprovechó una serie de reuniones sociales para humillar públicamente a su esposa Cecilia, a la que presentaba como una arribista, que se había casado sólo para disfrutar las ventajas de la posición de kronprinzessin.


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 Asunto: Re: CECILIA, LA ÚLTIMA HEREDERA DEL REICH
NotaPublicado: 28 Mar 2012 23:53 
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Estaban buenos los varones imperiales prusianos. :thumbdown:


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 Asunto: Re: CECILIA, LA ÚLTIMA HEREDERA DEL REICH
NotaPublicado: 29 Mar 2012 00:13 
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La Radziwill titula uno de los capítulos de su libro "A Young´s Wife Misery", así que os podéis hacer la idea de lo mal que estaban las cosas. La única suerte de Cecilia radicaba en que su abuelo gran duque ruso la había hecho beneficiaria de un auténtica fortuna. Eso le proporcionaba ciertos recursos. Por ejemplo, en cierta ocasión, los Hohenzollern prepararon un gran baile de disfraces, algo a lo que eran tremendamente aficionados. Cecilia dedicó su dinero a prepararse en absoluto secreto el traje. Cuando la familia política trataba de sonsacarla, fue lo bastante hábil para no soltar prenda pero sin embargo inducirles a pensar que se estaba preparando un traje de época extremadamente lujoso para representar el papel de una de las antepasadas favoritas de todos ellos, la reina Sophie Charlotte. El día del baile, se presentó en actitud claramente orgullosa y desafiante con un traje de estilo inconfundiblemente RUSO según el estilo vigente en Rusia en el siglo quince. Cuando le pidieron explicaciones, replicó fríamente que ella no sólo tenía antepasados alemanes sino también rusos y que había preferido tributarles a ellos su homenaje. Desde luego, los Hohenzollern sintieron que les había "toreado". Sus concuñadas, las esposas de Eitel Friedrich y de August Wilhelm, que según Radziwill le tenían celos a rabiar, empezaron a jalear a Fritz cada vez que éste, en una etapa inmediatamente posterior, la llamaba con sarcasmo hiriente "la Rusa".

Entre tanto, Fritz seguía con sus líos amorosos. Algunos tuvieron sus escenas de vodevil y sus consecuencias, desde luego. Radziwill se limita a mencionar a una pareja, el conde y la condesa de H., sin dar más pistas excepto que ella era muy guapa y él muy atlético. Por lo visto, Fritz se encaprichó de la condesa de H., algo que no pasó inadvertido al conde de H., quien no era especialmente celoso, pero tenía sentido del honor y del decoro. El conde de H. avisó a su esposa la condesa de H. de que no debía permitir los avances de Fritz, pero, a pesar de todo, un día en que regresó a su casa, se encontró con que el príncipe había llegado de visita, se había permitido entrar en el boudoir de la condesa y estaba cubriéndole las manos de besos. Sin perder el tipo, el conde, que era muy robusto y vigoroso, cogió del cuello a Fritz y le sacudió un poco la badana antes de echarle con cajas destempladas. El incidente llegó a oídos del kaiser Wilhelm II...y maldita la gracia que le hizo. De hecho, le hizo tan poca que empezó a juzgar conveniente enviar a su hijo a un prolongadísimo viaje por Oriente y hasta alcanzar la India.

Wilhelm no era tonto: sabía que mandar a Fritz tan lejos incrementaría aún más los rumores que habían empezado a circular, porque el conde de H. no se había quedado callado sino que había dejado a la altura del betún al futuro emperador. El káiser se tomó la molestia de solicitar la presencia de su nuera y explicó a Cecilia, con el mayor tacto que pudo, lo que es un punto a su favor, lo que había pasado. Quería que ella le ayudase a solucionar la papeleta acompañando a Fritz a la India, como si se tratase de un viaje casi casi de segunda luna de miel para una paraja que acababa de tener, por entonces, el tercer hijo. Pero precisamente porque tenía tres retoños, Cecilia no estaba en absoluto interesada en acompañar a Fritz a la lejana India. Si Fritz la había pifiado con la condesa de H., ella no tenía porqué privarse de sus hijos para mejorar la imagen pública de un marido al que difícilmente aguantaba. Cuando Wilhelm insistió, Cecilia estuvo dispuesta a llegar a un acuerdo: acompañaría a Fritz hasta El Cairo, porque siempre había soñado con viajar a Egipto; pero ella se quedaría en Egipto y de Egipto retornaría a Alemania, mientras Fritz continuaba por su cuenta la ruta a la India. A Wilhelm le pareció un acuerdo aceptable.

A esas alturas, las relaciones familiares eran poco saludables. La kaiserin Dona, que íba a quedarse a cargo de los nietos, quiso tener por una vez una gentileza con su nuera Cilly, así que encargó una colección de prendas bonitas pero muy prácticas para un viaje en barco por el Nilo. Era ropa no especialmente refinada ni glamurosa, sino que tenía el propósito de ser razonablemente favorecedora, decorosa y por encima de todo apropiada. Cilly se tomó una pequeña venganza diciéndole que era una pena que se hubiese gastado tanto dinero en una ropa que seguramente no usaría, porque había pedido que le enviasen un guardarropa adecuado y elegante en extremo desde París. Ya que ella usaría las ropas importadas desde París...¿verdad que Dona estaría satisfecha de que las prendas que ella obsequiaba las utilizasen las damas de compañía de Cecilia? Eso hay que admitir que fue un golpe bajo por parte de Cecilia, pero a esas alturas estaba muy quemada con los pretenciosos Hohenzollern.


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 Asunto: Re: CECILIA, LA ÚLTIMA HEREDERA DEL REICH
NotaPublicado: 29 Mar 2012 00:14 
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Registrado: 17 Feb 2008 21:47
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legris escribió:
Estaban buenos los varones imperiales prusianos. :thumbdown:


Ya te digo...

Bueno...mañana sigo con los cotilleos, que se me ha hecho tardísimo y eso que sólo "pasaba por aquí", jajajaja.


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 Asunto: Re: CECILIA, LA ÚLTIMA HEREDERA DEL REICH
NotaPublicado: 29 Mar 2012 01:25 
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Registrado: 11 Sep 2009 21:51
Mensajes: 1093
me encanta, sigue mañana, please :)


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