Foro DINASTÍAS | La Realeza a Través de los Siglos.

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 Asunto: BIANCA CAPELLO
NotaPublicado: 21 Ago 2010 19:59 
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He elegido muy a conciencia el retrato que inaugura este tema. Entre todos los cuadros que representan a la dama en cuestión es, desde mi punto de vista, el que ofrece una imagen más ingenua, más cándida, de ella. Lo miro y me parece atisbar vulnerabilidad en su mirada, aparte de que ese añadido de las flores en sus manos le otorga una particular delicadeza.

Me resulta interesante asomarme a su vida tratando de dejar a un lado las visiones clásicas de Bianca. En casi todas las obras, surge como una figura potente, una mujer plena de ambición que utiliza su belleza y su atractivo para elevarse muy por encima de lo que le hubiese correspondido, capaz de exhibir una absoluta falta de conciencia para apuntalar su posición; sin embargo, también hay un aura de romanticismo exacerbado en torno a ella, especialmente derivado de las circunstancias que rodean su aparición en la escena pública y de las que envolvieron su muerte prematura. Me gustaría tratar de situarla entre nosotros sin partir de esa imagen previa de Bianca, ir recuperando poco a poco lo que sabemos acerca de ella y sus circunstancias para intentar -en la medida en que sea posible- entender su biografía.

Es un reto entretenido, por lo menos.

:whistling:


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 Asunto: Re: BIANCA CAPELLO
NotaPublicado: 21 Ago 2010 20:39 
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Maravilloso cuadro de Canaletto, con una vista antigüa de la ciudad de Venecia, en la época en que esa incomparable ciudad situada en el Adriático recibía también el nombre de Serenissima Repubblica de San Marco.

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Fue en Venecia dónde nació Bianca Capello, hija de Bartolomeo Capello y de Pellegrina Morosini. Su llegada al mundo se produjo en algún momento de 1548, cuatro años después de que hubiesen contraído matrimonio Bartolomeo y Pellegrina. Estos tendrían también un hijo varón llamado Vittorio. Parece ser que Bartolomeo siempre otorgaría precedencia en sus afectos a Vittorio sobre Bianca, pero esto no resultaba, ciertamente, nada fuera de lo corriente, puesto que el varón, a cuenta precisamente de su sexo, garantizaba el relevo generacional de los Capello. No figuraban entre las familias de la aristocracia veneciana, pero sí habían cimentado una sólida reputación: Bartolomeo se tenía por un ciudadano ejemplar, lo que le permitió asumir cargos públicos de cierta significación a lo largo de su existencia.

Pellegrina Morosini murió mucho antes de lo esperado. Bartolomeo se convirtió en un viudo con dos retoños huérfanos de madre: de cualquier hombre en esa situación se esperaba que se buscase una segunda mujer en cuanto concluyese el año de luto. No se salió de la pauta establecida en ese sentido: hacia 1559, firmó un nuevo contrato nupcial con Lucrezia Grimani. Lucrezia aportaba unas valiosas conexiones familiares: su padre había sido Gerolamo Grimani, hermano del influyente cardenal Doménico Grimani. Gerolamo Grimani, casado con Elena Priuli, tuvo abundante prole, pero los más destacados serían Marco Grimani, que bajo los auspicios de su tío el cardenal Doménico Grimani emprendió una carrera eclesiástica que le llevaría a ser patriarca de Achilea, y Lucrezia Grimani, que contrajo nupcias en su juventud con Andrea Contarini. Andrea Contarini, de excelente linaje aristocrático, llegó a ser el sexagésimo Dogo de Venecia. Por tanto, Bartolomeo Capello demostró que sabía consolidarse en la escena pública veneciana al casarse con Lucrezia Grimani viuda de Contarini.

La tradición acerca de Bianca sugiere que la llegada de Lucrezia a la magnífica residencia de los Capello no benefició a la chiquilla. Se supone que Lucrezia no experimentaba simpatía ni menos aún afecto por los huérfanos de su predecesora Pellegrina Morosini.

Hasta ahí, la vida de Bianca contiene ciertos elementos casi típicos de un cuento. La idea que uno se hace inmediatamente es la de una muchachita de familia distinguida y rica que hubiese podido crecer felizmente de no haber muerto su madre Pellegrina o de haberse encontrado con un padre menos indiferente que Bartolomeo así como una madrastra menos áspera que Lucrezia. La historia, en sí misma, es triste si la contemplamos desde el punto de vista sentimental, pues declaraciones ulteriores de Bianca transmiten la impresión de que sólo hallaba una medida de afecto en su hermano Vittorio -el favorito de papá, sin embargo...- y en su primo carnal Andrea Capello, al que afirmaría querer de la misma forma que a Vittorio Capello. Entre las criadas de la casa, Bianca estaba especialmente unida a una mujer llamada María Donati.


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 Asunto: Re: BIANCA CAPELLO
NotaPublicado: 21 Ago 2010 21:16 
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La falta de información a propósito de esa etapa crucial para la formación del carácter de Bianca es absolutamente entendible. A fín de cuentas, Bianca no era NADIE que destacase: simplemente la hija de un patricio veneciano casado en segundas nupcias con otra patricia veneciana. Lo previsible hubiese sido que, a su debido tiempo, se negociase para Bianca un matrimonio apropiado, que se hubiese casado, que hubiese tenido hijos y que hubiese contribuído de tal manera a perpetuar el esquema social.

Las cosas se torcieron en el año 1563, cuando Bianca tenía únicamente quince años de edad. La residencia de los Capello estaba ubicada justo en frente de otro gran edificio que albergaba la sucursal veneciana de la Banca Salviati, con casa principal en Florencia. A tenor de la tradición, Bianca pudo contemplar desde un ventanal a un buen mozo florentino que acudía diariamente a la Banca Salviati. Por lo compuesto que íba y los aires que se daba, la chica pensó que era un Salviati, pero, en realidad, se trataba de un humilde empleado de la banca, colocado por el tío paterno, Giovanni Batista Bonaventuri.

Giovanni Batista Bonaventuri había progresado adecuadamente entre el repertorio de trabajadores de la Banca Salviati. Quiso, por tanto, echar una mano a los hijos de su hermano Zenobio y de su cuñada Constanza. Una de las maneras de contribuír fue recomendar al sobrino Pietro, de excelente presencia y suficientemente espabilado. Que Giovanni llevase consigo a Pietro en un viaje "de negocios" a Venecia representaba una oportunidad de aprender y promocionarse para el joven Bonaventuri.

No sólo Bianca se fijó en Pietro: Pietro reparó asimismo en Bianca. Ella era una auténtica belleza, con la cabellera dorada sirviendo de marco a un rostro en el que llamaban la atención los ojos y la calidad del cutis. El refinamiento de su tocado y su traje le permitió discernir a Pietro que se trataba de una hija de la casa Capello. No está nada claro si Pietro se prendó de la hermosura de Bianca o si influyó en su cortejo apasionado a Bianca la creencia de que ésta representaba un excelente partido por sus orígenes, por su herencia materna y por su dote. Posiblemente, Pietro hizo sus investigaciones, de modo que estaría al corriente de que Pellegrina Morosini había instituído en su testamento un legado para Bianca de seis mil coronas. Se podía suponer que Bianca entraría en posesión de las seis mil coronas cuando se casase, aparte de que, en teoría, Bartolomeo Capello proporcionaría un ajuar y una dote significativos. Esa perspectiva parece haber animado considerablemente a Pietro. Bianca por su parte estaba convencida de que el chico a quien en principio había creído un Salviati era al menos lo suficientemente rico para no ir por el mundo de cazafortunas.

Lo que viene ahí es una de las historias más viejas y conocidas. Pietro vió su oportunidad de emplear su listeza y su fácil encanto con Bianca. En teoría, las hijas núbiles de los patricios venecianos permanecían casi confinadas en sus residencias, perfectamente resguardadas. Por lo que atañía a esa muchacha, el hecho de su padre y su madrastra se limitaben a dar por seguro que María Donati se ganaba el sueldo que le abonaban por mantenerla vigilada. Pero acontecía que María Donati debía estar lo suficientemente encariñada con Bianca Capello para no poder mostrarse lo estricta que hubiese debido en el cumplimiento de su función de supervisora. El idilio otoñal de Pietro y Bianca prosperó rápidamente. Luego, la noche del 28 de noviembre de 1563, Pietro Bonaventuri y Bianca Capello se fugaron juntos...


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 Asunto: Re: BIANCA CAPELLO
NotaPublicado: 21 Ago 2010 21:33 
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La que se montó fue de aúpa.

Bartolomeo Capello ardió de pura cólera al descubrir la escapada de su hija Bianca. Estaban en juego su orgullo y prestigio, la respetabilidad se ponía en entredicho cuando una hija en edad de merecer se dejaba seducir por un cualquiera florentino para a continuación escaparse con él al amparo de la oscuridad de una noche. Por lo demás, resultaba que Pietro había sustraído para costearse ese episodio galante una cantidad de dinero que tenía en custodia su tío Giovanni Batista, pero, aparte, Bianca se había llevado consigo una serie de alhajas. Ahí surge la duda de si Bianca se limitó a coger por su cuenta alhajas que hubiesen pertenecido a su madre pero que aún no le habían entregado o si se limitó a vaciarle los joyeros a su madrastra: eso no he podido esclarecerlo. No obstante, la furia de Bartolomeo Capello alcanzó su culmen al descubrir que faltaban las alhajas.

El asunto no podía resolverse en privado, así que se hizo público a través de la demanda presentada por Bartolomeo Capello. Dos personas íban a pagar el precio de ese rapto perpetrado por el florentino Pietro de la veneciana Bianca: el tío de él y la dueña de ella. María Donati se encontró con serios problemas, aunque menos que Giovanni Batista. Éste fue acusado de haber facilitado los medios económicos para que Pietro se llevase a Bianca, lo que supuso que rápidamente le mandasen a una mazmorra cuyas paredes rezumaban salitre y humedad. El hombre tardó poco en contraer unas fiebres intermitentes, pero, obviamente, no recibió tratamiento médico de ninguna clase en la prisión. Murió en un breve lapso de tiempo.

Bianca se convirtió en la esposa de Pietro en el curso de una apresurada ceremonia que tuvo efecto en una iglesia de la ciudad de Pistoia. Las noticias no circulaban con gran rapidez en esa época, de modo que quizá ignorase aún que en Venecia se había ofrecido una recompensa a quien la llevase de vuelta y presentase a Pietro vivo o muerto. Lo sustancial para ella era que estaba embarazada antes de haber cumplido dieciséis años...e intercambiaba los votos de rigor con el hombre que la había puesto en tal condición para poder presentarse en Florencia en calidad de esposa legítima, no de barragana.

Para Bianca hubo de representar un choque brutal ese viaje plagado de incomodidades y peligros de Venecia a Florencia con escala en Pistoia. Pero en Florencia la esperaba un desengaño monumental. De repente, se vió en la humilde casita de los Buonaventuri, ante una suegra que le dirigía miradas reprobadoras y unos cuñados que también la observaban con cierta acritud. Media Italia sabía ya lo que había ocurrido en Venecia. Bianca carecía de fondos, pues, previsoramente, un tribunal veneciano había determinado que su herencia materna de seis mil coronas siguiese en manos del padre, en tanto que Pietro se había convertido en un hombre a quien resultaba beneficioso cazar vivo o dar muerte. Para rematar, una criatura estaba en camino. Los Buonaventuri no tenían motivos para alegrarse de la boda de Pietro.


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 Asunto: Re: BIANCA CAPELLO
NotaPublicado: 22 Ago 2010 10:30 
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Bianca Capello:

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Como hemos visto, Bianca se fugó de su Venecia natal con Pietro a finales de 1563, por lo que se instaló en Florencia coincidiendo con el estreno de 1564. En esas fechas, Florencia, capital del gran ducado de Toscana, tenía por gobernante a Cósimo I de Médici...

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...quien llevaba ocupando el cargo desde 1537. Cósimo había alcanzado su rango gran ducal con apenas diecisiete años y había conseguido apuntalar el dominio de los Médici en aquella área de Italia. El tiempo que no dedicaba a manejar los hilos del poder lo dedicaba a representar el papel de mecenas de artistas y al estudio o práctica de la alquimia, por la que sentía una pasión desbordante, heredada seguramente de su abuela paterna, la celebérrima Caterina Sforza, la dama de Forlí. Resumiendo mucho, Cósimo se había casado con Eleonora de Toledo, hija de un español de nobilísima estirpe que se había convertido en virrey de Nápoles. Eleonora era una mujer hermosa, refinada y prolífica, aunque toda la vida sufrió mucho debido a una pésima dentadura. Juntos, Cósimo y Eleonora tuvieron once hijos de los que, sorprendentemente, sólo tres se malograron nada más nacer. Otra hija, María de Médici, falleció antes de que se negociase para ella un matrimonio brillante, con diecisiete años de edad, a finales de 1557. Luego, en abril de 1561, murió a causa de una tuberculosis o según los rumores envenenada la hija llamada Lucrezia de Médici, infelizmente casada con Alfonso II d´Este, duque de Módena y de Ferrara. La pérdida de María y posteriormente de Lucrezia afectó a Cósimo, pero especialmente a Eleonora de Toledo.

1562, de cualquier manera, había sido un año fatídico: dos de los hijos varones de la pareja ducal de Toscana, Giovanni y Garzía, contrajeron la malaria durante un desplazamiento de Florencia a Pisa con su madre Eleonora. Giovanni y Garzía fallecieron en un breve lapso temporal. La devastada Eleonora se había contagiado asimismo y no tardó en acompañarlos a la tumba.

Por tanto, en 1562, con cuarenta y ocho años, Cósimo I se había quedado viudo. A esas alturas, le quedaban cuatro hijos: Francesco, Isabella, Ferdinando y Pietro. Francesco, el mayor, era el heredero de Toscana. Isabella estaba casada con el violento condottiere Pablo Giordano Orsini, con lo que no se avenía en absoluto y del que aún no tenía hijos a causa de una serie de abortos. Ferdinando, el segundo varón, había sido destinado a una carrera eclesiástica y con sus catorce años ostentaba ya la púrpura cardenalicia. Pietro, el menor de la casa Médici, tenía aún ocho años en la época en que pereció Eleonora de Toledo.

Hay que decir que Cósimo apenas tardó tiempo en encontrar consuelo a sus pesares en brazos de otra mujer. En realidad, el inicio de su relación con la joven y lozana aristócrata florentina Eleonora degli Albizzi, hija del distinguido Luigi di Luca di Maso degli Albizzi con su esposa Nannina di Niccolò Soderini, se sitúa en el mismo año 1562, pues el hijo ilegítimo de ambos, un varoncito que recibió el nombre de Giovanni en recuerdo del padre condottiero de Cósimo, vino al mundo a mediados de mayo de 1563. Aquello hizo hervir la sangre del primogénito de Cósimo con la difunta Eleonora di Toledo, Francesco.

Pongamos pues ahora nuestra atención en Francesco...

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...que, nacido en marzo de 1541, había cumplido ya veintiun años en la época en que su madre Eleonora murió consumida de malaria y su padre Cósimo emprendió la nueva relación con otra Eleonora, Eleonora degli Albizzi. Hay que destacar que Francesco se lo tomó muy a mal, en particular cuando Eleonora degli Albizzi dió a luz al niño Giovanni. Dado que Eleonora degli Albizzi pertenecía a una familia destacada, se temió que Cósimo no se limitase a tenerla de barragana y la elevase a la condición de segunda esposa. Francesco no dudó en "comprar" al valet de chambre de su padre Cósimo, Sforza Almeni, para que mantuviese bajo constante espionaje al gran duque y a la muchacha degli Albizzi. Sforza Almeni debía avisarle si surgían planes para una boda secreta de Cósimo con Eleonora degli Albizzi, pues Francesco estaba decidido a intentar frustar cualquier proyecto de ese jaez.

Francesco había sido un niño de carácter grave, reconcentrado en sí mismo y pagado de su propia importancia en el esquema dinástico de los Médici de Florencia. Exhibía el mismo carácter exigente y despótico de su padre, Cósimo. Sin embargo, a diferencia de Cósimo, Francesco carecía de un verdadero interés por la política: estaba decidido a delegar esos enojosos asuntos de Estado en sus consejeros, el principal de los cuales sería su tutor y después chambelán, el marqués Mondragone. Intelectualmente, Francesco estaba a la altura de sus directos ancestros. Le interesaban por igual las ciencias y las artes. También le atraía la alquimia, al igual que a su padre Cósimo y a la abuela paterna de Cósimo, Caterina Sforza. Había una veta un tanto sombría en el aspecto y la personalidad de Francesco. En esa época de juventud, le atraían las partidas de caza, pero rehuía las fiestas y no mostraba especial inclinación a perseguir mujeres con el afán con que lo hacía su maduro padre Cósimo.

En el plano afectivo, en la etapa a la que nos estamos refiriendo, Francesco parece haber tenido un vínculo especial con la única hermana que le quedaba con vida. Muertas María y Lucrezia, sólo estaba Isabella, la esposa de Pablo Giordano Orsini. Dado que Orsini, elevado a la dignidad de duque de Bracciano, estaba muy ocupado en su papel de condottiere, su suegro Cósimo I se había asegurado de que la hija Isabella pudiese vivir cómodamente establecida en Florencia, dónde la muchacha empezó a representar el papel de primera dama de la corte tras la muerte de Eleonora di Toledo (la posición de Eleonora degli Albizzi en la vida de Cósimo se restringía por tanto al ámbito privado, sin proyección pública). Isabella de Médici duquesa de Bracciano era muy atractiva...

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...y poseía un notable temperamento. Habiendo recibido una esmerada educación, había en ella una perpetua curiosidad y un fino instinto político. En ese plano político, su facilidad para adentrarse en los más intrincados vericuetos moviéndose con perfecta desenvoltura enorgullecía al padre Cósimo, quien no dejaba de recordar con absoluta veneración a su astuta y resuelta madre, María Salviati. No cabía dudas de que Isabella era digna nieta de María Salviati.

Al menos en ese tiempo, Francesco mostraba una saludable admiración y afecto fraternal por Isabella. A decir verdad, estaba más unido a ella que a sus hermanos varones que les seguían a ambos en edad, Ferdinando y Pietro.


Última edición por Minnie el 22 Ago 2010 11:25, editado 1 vez en total

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 Asunto: Re: BIANCA CAPELLO
NotaPublicado: 22 Ago 2010 11:24 
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En 1564, uno de los escándalos que proporcionaban abundante chismorreo en Florencia era, obviamente, la historia del rapto de la veneciana Bianca Capello por parte del florentino Pietro Buonaventuri. Con todo el alboroto que habían organizado en Venecia, resultaba inevitable que surgiese una enorme curiosidad en torno a aquella patricia de sorprendente hermosura que había consentido en ser raptada de casa de su orgulloso progenitor por un empleado de la banca Salviati y que en consecuencia debía vivir a la sazón en una sencilla casa dirigida por la suegra Constanza. Sin duda, la situación de Bianca Capello Buonaventuri suscitaba gran interés.

La tradición asegura que fue la marquesa Anna di Mondragone, esposa del ex tutor y chambelán de Francesco, la que entretuvo al heredero del ducado con relatos acerca de Bianca Capello Buonaventuri. El príncipe Francesco se sintió atrapado en esa red de rumores acerca de la bella veneciana y manifestó su deseo de conocerla. Para preparar el terreno, la marquesa Mondragone se dirigió a Constanza Buonaventuri, madre de Pietro y suegra de Bianca, que acababa de dar a luz poco tiempo atrás una niña bautizada con el nombre de Pellegrina en recuerdo de la abuela Pellegrina Morosini. Posiblemente, Constanza Buonaventuri, que en esa etapa problemática para los Buonaventuri había agudizado al máximo el instinto de supervivencia, cayó en la cuenta de forma instantánea de que no podían cortar en seco los avances de la influyente marquesa Mondragone. Por lo de pronto, Bianca debería aprovechar la oportunidad de un encuentro con Francesco, fuguro gran duque de Toscana, para abogar en favor de sí misma y de su esposo, ambos declarados proscritos en búsqueda y captura por la Sereníssima. Evidentemente, estaba dentro de lo probable que Bianca despertase en Francesco deseo, infatuación o una mezcla de las dos cosas. Constanza debió pensar que merecía la pena exponer a su nuera hasta ese punto: más le convenía a Pietro convertirse en un marido cornudo que sacaba tajada de ello que seguir viviendo en el temor de que alguien le hiciese preso para conducirlo por la fuerza a Venecia a que respondiese del cargo de haber seducido a la hija de Bartolomeo Capello.

Esa forma de manejar las cosas puede parecer inmoral, amoral o cínica, pero, en realidad...¿qué podía hacer Constanza Buonaventuri, devota esposa del sencillo notario Zenobio Buonaventuri, madre de cuatro hijos? En Florencia se hablaba mucho por ese tiempo de lo que habían tenido que "tragar" los degli Albizzi, la familia de aquella aristocrática Eleonora que había acabado siendo la amante con hijo bastardo incluído de Cósimo I de Médici. Si los degli Albizzi se veían en semejante tesitura...¿qué les quedaba a los pobres Buonaventuri? Por otro lado, la misma Bianca estaba encantada ante la perspectiva de ser presentada a Francesco de Médici. La esposa del hermano mayor de Pietro, un mozo llamado Buonaventura Buonaventuri, que respondía ella misma al nombre de Porzia, era una joven sencilla que se conformaba con su suerte. Pero por lo que atañía a Bianca, aún se le revolvía el estómago cuando recordaba que Pietro le había hecho creer que llevarían una existencia magnífica en Florencia porque los Buonaventuri no carecían ni de posición social ni de recursos económicos. Bianca había dejado atrás el encantador palazzo de los Capello en Venecia para ir a Florencia contando con que los Buonaventuri proveerían. Y se había encontrado con que Pietro había hecho mangas y capirotes con la verdad, por supuesto. Los Buonaventuri no eran unos muertos de hambre, pero sí gente de clase media que se apañaba de la manera en que podían apañarse, a veces mejor, a veces peor. A Bianca le indignaba su situación, a la que no encontraba salida, y la de su recien nacida hija, Pellegrina.

En conclusión: Constanza llevó consigo a su nuera Bianca a la residenza de los Mondragone en el día señalado por la marquesa Anna. Allí, Francesco tuvo ocasión de conocer finalmente a Bianca, la joven Madonna Buonaventuri.


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 Asunto: Re: BIANCA CAPELLO
NotaPublicado: 22 Ago 2010 12:03 
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Francesco:

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Por aquel entonces, uno de los asuntos pendientes de concluír eran precisamente los esponsales de Francesco de Médici.

Allá en los tiempos lejanos de su juventud, Cósimo I de Médici ya había nutrido en su interior el deseo de una alianza con la ilustrísima y poderosísima casa de Habsburgo. Remontándonos en el tiempo, Cósimo había sido un hombre de magnífica estampa...

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Cósimo en su esplendor.

...que había alentado la esperanza de casarse con una hija ilegítima del emperador Carlos V, llamada Margarita. Margarita había nacido de la relación de Carlos V con la dama flamenca Johanna Maria van der Gheynst. El padre la había reconocido y se había encargado de que recibiese una excelente crianza: primero la niña había estado a cargo de la aristocrática familia Dowrin, pero, después, se la encomendó a su tía abuela, Margarita de Austria, en honor de la cual había recibido el nombre que llevaba. Con el tiempo, pasó de ser tutelada por la tía abuela Margarita de Austria a serlo por la tía paterna María de Austria, que había sido reina de Hungría y Bohemia antes de reemplazar a Margarita de Austria en la tarea de gobernadora de los Países Bajos.

Margarita, esa hija de Carlos V, había sido prometida a Alessandro de Médici, duque de Florencia. Alessandro era oficialmente hijo de Lorenzo II de Médici, nieto de Lorenzo el Magnífico; en realidad, parece ser que Lorenzo II de Médici asumió esa paternidad por hacerle el favor a su poderosísimo primo Giulio de Médici, luego Papa con el nombre de Clemente VII. Clemente VII, el Papa, movió los hilos de la casa de Médici durante un largo período: él negoció la boda de su sobrina Caterina de Médici con Henri de Francia, hijo del rey François I, por ejemplo, aparte de cuidar siempre los intereses de su otro sobrino -en ese caso su hijo ilegítimo...- Alessandro de Médici. Alessandro era un mujeriego de cuidado. Se casó con Margarita de Austria hija de Carlos V por motivos meramente dinásticos, pero conservó a su amante favorita, la bella Taddea Malespina y desde luego no le hacía remilgos a otras féminas. El asesinato de Alessandro se perpetró a través de una trampa a la que se le condujo persuadiéndole de que obtendría acceso carnal a una parienta en la que estaba muy interesado, la guapa Laudomia.

Evidentemente, al morir Alessandro, Margarita quedó viuda. Cósimo I de Médici, al tomar el poder aprovechando la convulsión provocada por el asesinato de Alessandro, concibió el proyecto de desposar a Margarita. Pero el emperador Carlos V ya no estaba interesado en que su hija repitiese nupcias dentro del entorno Médici: había negociado para ella un nuevo enlace con Ottavio Farnese, duque de Parma. En el enrevesado panorama político italiano, los Farnese, en ese momento concreto, le convenían más que los Médici.

No obstante, Cósimo había persistido en su deseo de potenciar las relaciones con Carlos V. El embajador florentino en España, Giovanni Bandini, sondeó, por ejemplo, la posibilidad de obtener para Cósimo la mano de una hermana soltera del poderoso duque de Alba. Aquella idea no prosperó. Pero enseguida surgió la opción que presentaba don Pedro Álvarez de Toledo, uno de los nobles más distinguidos de España, elevado a la categoría de virrey de Nápoles por Carlos V. Pedro Álvarez de Toledo se había casado con una gran heredera de tierras, María Pimentel y Osorio, marquesa de Villafranca del Bierzo. Habían tenido una abundante prole que incluía cuatro hijas, siendo la mayor de ellas Isabella. Desde Nápoles, Álvarez de Toledo sugirió a Isabella, a la que estaba decidido a otorgar una dote casi increíble: ochenta mil ducados de oro.

La generosidad casi desmedida de Álvarez de Toledo originó cierta desconfianza natural en Cósimo I de Médici, que enseguida mandó un agente secreto a Nápoles para que le remitiese un informe acerca de Madonna Isabella. El agente se mostró eficaz en el cumplimiento de su tarea: viajó a la ciudad, recabó datos y mandó una carta en la que comunicaba que Isabella era extraordinariamente fea. Según parece, había nacido aquejada de hidrocefalia y el enorme tamaño de su cabeza suscitaba aluviones de comentarios irónicos entre los napolitanos. Cósimo I de Médici reacciono con inteligencia: comunicó a Giovanni Bandini, su embajador en España, que no estaría dispuesto a cargar con la infortunada Isabella, pero que apreciaría que desde la corte de Carlos V le ayudasen a obtener a la hermana que seguía en edad a Isabella, Eleonora di Toledo, quien, a los diecisiete años, había consolidado ya fama de ser una preciosidad.

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Al final, como sabemos, Cósimo se casó con su Eleonora di Toledo.

Pues bien: al llegar la edad en que debía considerarse el matrimonio de Francesco, primogénito de Cósimo con la ya fallecida Eleonora di Toledo, de nuevo el gran duque volvió la vista hacia los Habsburgo. Carlos V ya se había retirado del ejercicio del poder supremo en Europa, repartiendo sus extensos dominios. Las posesiones centroeuropeas habían pasado a manos de un hermano de Carlos V, Fernando, que se había convertido en el emperador Ferdinand I, mientras que el resto de los dominios los recibía el hijo varón de Carlos V con Isabel de Portugal, Felipe II. Ferdinand I se había casado en su momento con Anna Jagellonica, hermana heredera del rey Luis II de Bohemia y Hungría. Pues bien: Anna Jagellonica, la consorte de Ferdinand I, había probado su fecundidad dando a luz quince hijos. Precisamente el nacimiento de su decimoquinta criatura le había costado la vida a Anna Jagellonica. La criatura a cambio sobrevivió: era la archiduquesa Johanna de Austria, cuyo nombre evocaba a la madre de Ferdinand I, Juana I de Castilla, la reina Loca.


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 Asunto: Re: BIANCA CAPELLO
NotaPublicado: 22 Ago 2010 12:30 
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Johanna de Austria:

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En julio de 1564, Johanna perdió a su padre, el emperador Ferdinand I, a quien sucedería el mayor de los hijos varones, Maximilian II. Esa pérdida resultó muy dolorosa para la archiduquesa, que había nacido tres días antes de que muriese su madre, Anna Jagellonica, y dos años después de que hubiese muerto la primogénita que habían tenido Ferdinand y Anna, Elisabeth, convertida por matrimonio en reina de Polonia. Johanna, pues, nunca conoció ni a su madre ni a la que hubiese sido su hermana mayor.

Debido a las circunstancias, Johanna tuvo poco contacto con sus hermanas Anna, María, Magdalena y Katherina. En el caso de Anna, María y Katherina, éstas se casaron cuando Johanna era demasiado pequeña, mientras que Magdalena ingresaba en un convento. En cambio, Johanna creció profundamente unida al resto de sus hermanas: Eleonora, Margaretha, Barbara y Helena. Cuando Eleonora partió hacia Italia en 1561 para casarse con Guglielmo Gonzaga duque de Mantua, Johanna sufrió profundamente. De forma lógica, se estrecharon los lazos de Johanna con Margaretha, Bárbara y Helena. Margaretha y Helena, en cualquier caso, estaban destinadas a la vida conventual.

Ni Bárbara ni Johanna eran físicamente agraciadas. En cambio, eran archiduquesas plenamente conscientes de su linaje, extremadamente religiosas y de notable erudición. Johanna sentía pasión por la pintura, la música y la filosofía. Al igual que Bárbara, hablaba con fluidez el latín, aparte del alemán, el español, el francés, el húngaro y el italiano. Lo del italiano fue premeditado, pues se esperaba que siguiesen los pasos de su hermana Eleonora, transformada en duquesa de Mantua. De hecho, se negociaba el enlace de Johanna con Francesco de Médici a la vez que se hacía progresar un futuro compromiso de Bárbara con Alfonso II d´Este.


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 Asunto: Re: BIANCA CAPELLO
NotaPublicado: 22 Ago 2010 12:50 
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Cósimo I consideró un gran triunfo el compromiso de su hijo Francesco con Johanna de Austria. No se escatimó en la preparación de la entrada triunfal en Florencia de la novia ni en la planificación de la serie de festejos que rodearían la ceremonia nupcial propiamente dicha. Asismismo, el gran duque estaba dispuesto a lograr que la archiduquesa se sintiese felizmente acogida, razón por la cual destinó una enorme suma de dinero a acondicionar el Palazzo Vecchio. Se redecoraron numerosos aposentos, llenando las paredes y las vidrieras de coloridas imágenes que representaban lugares emblemáticos para los austríacos; asimismo, las más bellas estatuas fueron llevadas para adornar los que serían los jardines privados de la inminente esposa de Francesco.

Era todo un detalle por parte de Cósimo hacia Johanna. Sin embargo, Johanna llegó a Florencia con un aire orgulloso y altivo que le servía para disimular su terrible aprensión ante el matrimonio que se le había negociado. Echaba de menos, por anticipado, la corte imperial: en los años siguientes, viviría consumida por la añoranza de su país y de la época en que había permanecido entre su familia de origen. Y de alguna forma se había enterado de que su prometido Francesco estaba absolutamente infatuado con la famosa veneciana Bianca Capello, Madonna Buonaventuri. Muy probablemente, la relación de Francesco con Bianca ya había superado el ámbito de lo platónico, que fue su estadio inicial, en la época en que el heredero de Toscana se casó con Johanna de Austria. A finales de 1564, Isabella de Médici duquesa de Bracciano, la hermana de Francesco, ya denominaba alegremente a Bianca Capello "La cosa di Francesco", lo que parecía indicar que éste había alcanzado un acuerdo satisfactorio con Pietro Bonaventuri. Pietro aceptó rápidamente ceder sus derechos maritales sobre Bianca a favor de Francesco. A fín de cuentas, eso significaba que podría obtener un ventajoso puesto en la corte de los Médici y que dispondría de recursos suficientes para dedicarse a galantear a otras mujeres.

Johanna se consideraba humillada por los incesantes comentarios de elogio hacia Bianca, que contaba con la protección no sólo de Anna marquesa di Mondragone sino, especialmente, de la amistad de Isabella de Médici duquesa de Bracciano. Para Johanna era muy duro encajar el hecho de que su solemne marido prefería a una patricia veneciana que se había deshonrado a sí misma huyendo de casa del padre con el florentino que la había seducido. Los celos de Johanna irían in crescendo en los años posteriores, así como su resquemor y su amargura.


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 Asunto: Re: BIANCA CAPELLO
NotaPublicado: 22 Ago 2010 13:36 
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En fín, tratando de reordenar la historia...

Johanna de Austria, pálida y solemne, realizó su entrada en Florencia a través de la Porta al Prato rodeada del impresionante cortejo que había dispuesto para ella su hermano el emperador Maximilian II, a mayor gloria de la casa de Habsburgo. La boda con Francesco tuvo lugar el 18 de diciembre de 1565, entre grandes festejos que, sin embargo, no hicieron ganar popularidad a la novia imperial del futuro soberano. Los florentinos juzgaron a Johanna con dureza. Les pareció demasiado estólida, demasiado rígida. Inmediatamente sacaron la conclusión de que era fría y altiva.

Instalada en sus aposentos del Palazzo Vecchio, Johanna no podía olvidar cuál era su principal función. En febrero de 1567 daría a luz su primer retoño: fue una niña y, naturalmente, se la llamó Eleonora, en recuerdo de Eleonora di Toledo. Aunque se había esperado con ansia un varón, tampoco se tomó con gran disgusto la llegada de Eleonora de Médici. Dada la extraordinaria fecundidad de Anna Jagellonica, la madre de Johanna de Austria, era de esperar que ésta proporcionase muchos hijos a la casa de Médici; que la primera hubiese sido fémina no suponía un motivo de preocupación. Pero la situación de Johanna se deterioró en los años siguientes: tras Eleonora, llegaron sucesivamente Romola, Anna, Isabella, Lucrezia y María. Seis hijas una detrás de otra no sólo no mejoraron sino que empeoraron las perspectivas de Johanna, a quien su marido Francesco sólo visitaba en la esperanza, cada vez menor, de obtener un príncipe. Por añadidura, Johanna vivió la tristeza de perder rápidamente a varias de esas niñas indeseadas por los Médici. Romola vivió pocos días, Isabella no llegó a cumplir un año y Lucrezia falleció antes de alcanzar su segundo aniversario. Después de seis partos, en 1575 a Johanna sólo le quedaban tres chicas: Eleonora, Anna y María.

La familia Médici vivió una época agitada tras la aparición en Florencia de Johanna. Para empezar, Cósimo I se cansó de su amante Eleonora degli Albizzi y la casó rápidamente con un miembro de la aristocracia florentina dispuesto a prestar ese servicio concreto: Carlo Panciatichi. Carlo se había metido en problemas...y problemas muy serios: sobre él pendía una acusación de asesinato que podía llevarle al cadalso. Cuando se le dijo que recibiría una completa absolución en caso de que desposase a Eleonora degli Albizzi, dotada por Cósimo con la suma de diez mil escudos, no dudó en pillar al vuelo aquella oportunidad. A Cósimo le vino estupendamente quitarse de encima a Eleonora degli Albizzi transformándola en Madonna Panciatichi. Resultaba que ya se había enamorado de otra dama florentina: Camilla Martelli.

Camilla Martelli, casi treinta años menor que Cósimo, era hija de una casa noble florentina. Su padre se llamaba Antonio Martelli, su madre Elisabetta "Fiameta" Soderini. A través de la abuela paterna, Fioretta, estaba emparentada con los Pitti. Los Martelli estaban naturalmente orgullosos de su posición. Antonio Martelli esperaba buenos casamientos para sus hijas, igual que lo había hecho en Venecia el patricio Bartolomeo Capello en relación con su única hija Bianca Capello. Hubo un auténtico drama en la residencia de los Martelli cuando una de las hermanas de Camilla se largó con un simple zapatero de oscuros orígenes apellidado Ghinucci.

Cuando Cósimo reparó en Camilla, los Martelli no tuvieron nada que objetar. El gran duque, al fín y al cabo, era el gran duque. Cierto que la salud del gran duque estaba declinando: de hecho, Cósimo había otorgado la regencia de Toscana a Francesco, porque quería vivir plácidamente con Camilla Martelli en villa di Castello, uno de los sitios emblemáticos de los Médici. Con todo, los hijos de Cósimo, en especial Francesco, reaccionaron con considerable acritud hacia Camilla Martelli, una animosidad que se incrementó cuando ésta, a quien le encantaba vestir con gran lujo y cubrirse de alhajas, en una ostentosidad que la hacía casi vulgar...

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Camilla.

...se embarazó de Cósimo en octubre de 1567. Hay que recordar que Johanna, la esposa de Francesco, había tenido su primera hija en febrero de 1567; solamente ocho meses después de haberse convertido en abuelo de la niña Eleonora de Medici, Cósimo engendraba una criatura con la llamativa Camilla Martelli. En mayo de 1568, cuando Johanna se encontraba en el tercer mes de su segundo embarazo, el que culminaría con el nacimiento de Romola de Medici, Camilla Martelli daba a luz una niña a quien se otorgó el nombre de Virginia de Medici.


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 Asunto: Re: BIANCA CAPELLO
NotaPublicado: 22 Ago 2010 23:36 
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Registrado: 17 Feb 2008 21:47
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En el círculo de Cósimo, sólo una persona se mostró dispuesta a contemporizar con la presencia de Camilla Martelli: su hija Isabella, la duquesa de Bracciano. Siendo claros, a Isabella no le agradaba ni pizca la presencia junto al padre de Camilla Martelli, igual que, anteriormente, no había batido palmas con las orejas precisamente a cuenta de la presencia de Eleonore degli Albizzi. Pero Isabella era capaz de considerar la situación de Cósimo desde una perspectiva muy sentimental. Amaba y respetaba a su progenitor, al punto de que de alguna manera trataba de conciliarse con la idea de que éste había superado la pesadumbre de haberse quedado viudo primero en brazos de Eleonore degli Albizzi y después en brazos de Camilla Martelli.

Isabella ya había aparecido en esta historia previamente, con retrato incluído. Pero es un personaje tan cautivador que merece la pena volver a contemplarla...

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Muchos, muchos años atrás, Cósimo había emprendido la misión de formar una extensa familia con su bella esposa Eleonora di Toledo. Los primeros cinco años de su matrimonio vieron aparecer cinco retoños, por lo que podemos decir que se reprodujeron a un ritmo trepidante. Esos cinco retoños, en orden de mayor a menor, fueron María, Francesco, Isabella, Giovanni y Lucrezia. La persona que tomó en sus manos la tarea de dirigir la nursery fue la madre de Cósimo, María Salviati. Conviene señalar que Cósimo literalmente veneraba a María Salviati: no hubiese dudado en besar el suelo que ella pisaba. Eleonore di Toledo, por su parte, tuvo sus roces con aquella formidable suegra, pero comprendía que no podía socavar la posición de la madre de Cósimo. Pues bien: María Salviati fue la primera en distinguir a su nieta Isabella. Aunque se había emocionado con la primera nieta, su homónima María, y recibiría con agrado posteriormente a Lucrezia, para Madonna Salviati no cabía duda de que Isabella era especial. La describía como la criatura más hermosa desde los albores de la humanidad.

Ciertamente, Isabella tenía algo que la hacía destacar. Había en ella belleza y una elegancia innata, cultivada con esmero a lo largo del tiempo. Poseía inteligencia y ansia por aprender, por lo que llegó a ser una perfecta princesa renacentista. En su personalidad se combinaban la fortaleza con la templanza. No sin motivo, se la llegó a considerar "la estrella de los Médici".

Isabella creció particularmente unida a su hermano Giovanni, el que la seguía en edad. Los dos estaban siempre juntos y debido a su profunda afinidad mutua daban la impresión de ser gemelos. No cabe ninguna duda de que a Isabella le dolió la muerte de su hermana María y más tarde la de la otra hermana, Lucrezia. Las bodas de Isabella y Lucrezia habían acaecido en el mismo año, 1558. Isabella se había casado con Paolo Giordano Orsini, a quien la habían prometido con apenas once años de edad, en tanto que Lucrezia había sido entregada a Alfonso II d´Este. Ni Isabella ni Lucrezia hallaron un ápice de felicidad con esos maridos, pero, al menos, Isabella había podido permanecer en Florencia, mientras que la pobre Lucrezia había tenido que marcharse a Ferrara. El fallecimiento de Lucrezia provocó una honda pesadumbre en Isabella.

Sin embargo, el gran golpe se descargó en 1562. De forma prácticamente simultánea, dos de los hermanos Médici, Giovanni y Garzía, enfermaron de malaria. Eso ya lo habíamos comentado previamente: murieron en un breve lapso de tiempo y la afligidísima madre, Eleonora di Toledo, no tardó en seguirles en su tránsito. Para Isabella aquello representó un enorme sufrimiento. Lamentaba la pérdida de Garzía y de Eleonora di Toledo, pero su angustia por la desaparición prematura de Giovanni no podría expresarse de ninguna manera. Con todo, Isabella sacó fuerzas de flaqueza a sus veinte años para encargarse de confortar a su padre, Cósimo. Francesco, un año mayor que ella, necesitaba también consuelo porque extrañaba constantemente a Eleonora di Toledo. También había que ocuparse de los menores de la familia, Ferdinando y Pietro. Y había, asimismo, una agregada de gran importancia en el Palazzo: otra Eleonora di Toledo, sobrina carnal de la difunta Eleonora di Toledo gran duquesa de Toscana. A esa Eleonora se la solía llamar Dianora, para diferenciarla de la tía que acababa de fallecer. Dianora había adorado a su prima Lucrezia, antes de que ésta partiese a Ferrara. En esa etapa, encontró en Isabella un nuevo paradigma de perfección femenina que trataría de emular a medida que creciese.

En gran medida, Isabella produce la sensación de ser el espíritu amable de los Médici. Pese a su disgusto inicial por el hecho de que su padre llenase el vacío que había dejado en su existencia Eleonora di Toledo con la joven florentina Eleonora degli Albizzi, Eleonora se mostró capaz de manifestar una sincera preocupación por la concubina cuando ésta dió a luz un primer retoño, de sexo femenino, que murió en el curso del parto o inmediatamente después. Al tener Eleonora degli Albizzi a su hijito Giovanni, así llamado en recuerdo al padre y al hijo desaparecido de Cósimo con Eleonora di Toledo, se sabe que Isabella se conmovió profundamente. No era capaz de mencionar al niño de la degli Albizzi usando el nombre de Giovanni, pero empezó a denominarle Nanni y nunca dejaría de preocuparse por él.

La simpatía de Isabella hacia la vinculación romántica de Francesco con Bianca Capello, con los antecedentes absolutamente novelescos de la veneciana, no evitó que la duquesa de Bracciano recibiese con la mejor disposición a la archiduquesa Johanna de Austria, a pesar de que podía temer -de hecho temía- que la flamante consorte imperial de su hermano la relegase a una segunda posición en la corte florentina. Isabella tenía un carácter que armonizaba mejor con el de una Bianca Capello que con el de Johanna de Austria, pero realizó un esfuerzo por entablar una relación cordial con la cuñada austríaca. Sabiendo que Johanna, por ejemplo, manifestaba predilección por la fruta fresca, Isabella, en cada uno de sus desplazamientos a la villa de Cerreto Guidi, al palacete campestre de Poggio a Cajano o a cualquier otro lugar de ese estilo, se encargaba de enviar a la austríaca un surtido de las mejores frutas que podía obtener en los alredededores. Eran detalles que Johanna agradecía.

Existen otras pequeñas historias que reflejan una imagen positiva de Isabella. Ya hemos visto que Johanna, cuando empezó a poner retoños en el mundo, decepcionó a cuántos esperaban con ansia ese momento porque...sólo salían de su vientre hijas. La primera niña, Eleonora, no fue recibida con desagrado, como se ha comentado. También Cósimo y su Eleonora di Toledo habían iniciado su familia con una niña, María. Era de esperar que el segundo vástago fuese un varón, reproduciendo lo sucedido en el caso de los ilustres progenitores de Francesco. Pero Johanna tuvo luego una segunda hija, Romula, muerta antes de cumplir un mes, seguida de una tercera, Anna.

En ese punto, a los pocos meses del nacimiento de Anna, Johanna hubo de acompañar a Francesco en una visita a la ciudad de Siena. Sus niñas Eleonora, de tres años de edad, y Anna, de escasos meses, se quedaron en el Palazzo Vecchio a cargo de las respectivas nodrizas. Hallándose Francesco y Johanna en Siena, recibieron la noticia de que Eleonora, la primogénita, había contraído la varicela. El afecto paternal de Francesco por las niñas que le había proporcionado Johanna era más bien escaso, de modo que prestó poca atención al hecho de que Eleonora estuviese enferma de varicela. Pero Johanna sí experimentó una verdadera aprensión maternal. Envío rápidamente un mensajero a su suegro Cósimo, suplicándole que alguien de la familia se ocupase de Eleonora, para que esa tarea no recayese meramente en nodrizas. Cósimo entendió perfectamente a su nuera Johanna. Le contestó que podía estar tranquila en ese aspecto, porque había mandado a Eleonora a la residencia de la tía Isabella duquesa de Bracciano. La propia Isabella, consciente de lo que debía estar sufriendo Johanna de Austria, le remitió una cartita en la que aseguraba que la volvía "loca de alegría" (palabras textuales) poder encargarse ella misma de atender a la sobrinita Eleonora.


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 Asunto: Re: BIANCA CAPELLO
NotaPublicado: 22 Ago 2010 23:44 
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Registrado: 06 Dic 2008 01:48
Mensajes: 4747
Minnie, éste tema me encanta! Y como siempre escrito de forma tan particular que parece que tu has conocido a los personajes. =D> =D> :-*


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