Foro DINASTÍAS | La Realeza a Través de los Siglos.

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 Asunto: Re: BIANCA CAPELLO
NotaPublicado: 20 Sep 2011 22:38 
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Registrado: 17 Feb 2008 21:47
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carmela escribió:
y los niños que quedaron?? ellos tambien admitían ese doble rasero? supongo que cuando es tu esposa (que te la han endiñao, sin tu estar enamorado) el tema de salvar el honor se puede entender..buf, que terrible llegar a escribir esto!!. Pero cuando es tu madre? cuando te has despedido de ella, viendola que está en lagrimas yendo hacia algo terrible, imaginandose que va hacia su muerte. cuando esos hijos pierden a su madre por que no era lo suficientemente casta, ¿que relación mantienen luego con su padre? y sobre todo ¿como seguir perpetuando esa noción de la limpieza del honor?


Carmela, chiquilla...¿te refieres a los niños de Dianora y de Isabella, las dos primas y cuñadas víctimas de esos crímenes de honor a la medicea en aquel tórrido verano toscano? Si es así, el niño de Dianora, Cosimino, sobrevivió poco tiempo a su madre; era una criatura de constitución delicada y murió enseguida después del famoso uxoricidio. En cuanto a los chicos de Isabella, dejó una hija, Eleonora, llamada Nora en familia, y un hijo, Virginio. Sé que ambos contaron con la "protección" de los Médici y de los Orsini, la familia de su padre. Nora se casó con el duque de Segni, Alessandro Sforza, y Virginio, con el tiempo, sería duque de Bracciano. La verdad es que no tengo ni idea acerca de cómo vivieron y sintieron ellos, posteriormente, las muertes dramáticas de su tía Dianora y, más importante, de su propia madre, Isabella. Pero puedo intentar buscar información adicional al respecto, porque es una cuestión interesante...


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 Asunto: Re: BIANCA CAPELLO
NotaPublicado: 22 Sep 2011 19:26 
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Minnie, vivo sin vivir en mi esperando a que continúes con este magnífico tema!!! :bravo: :bravo: :bravo: :bravo: :bravo:


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 Asunto: Re: BIANCA CAPELLO
NotaPublicado: 01 Oct 2011 16:31 
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Registrado: 29 Ago 2011 16:48
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Buscando información para otras cosas me topé en uno de mis libros cone ste árbol genealógico de la familia Médici en el que aparece Bianca al final.

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La expresión suprema de la belleza es la sencillez.
Alberto Durero.


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 Asunto: Re: BIANCA CAPELLO
NotaPublicado: 11 Oct 2011 21:58 
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Registrado: 17 Feb 2008 21:47
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Gracias por el árbol genealógico, Iselen. Esa clase de arbolitos siempre acaban resultando útiles, permiten situar rápidamente a todos los personajes a aquellos que no tengan un conocimiento previo de la genealogía medicea. Acaban enriqueciendo el tema una barbaridad ;)

Y hablando del tema...lo retomo, que lleva sus días en stand by. Íbamos por aquí:

Entre unas cosas y otras, Bianca no decidió retornar a Florencia hasta el mes de octubre de 1577, lo que significaba que había estado ausente poco menos de un año de la ciudad emblemática de los Médici...

Cuando Bianca tomó la determinación de abandonar Bologna y volver a Florencia, trazó una ruta bastante entretenida para ese trayecto de retorno, con escalas en Lucca, Pisa y la encantadora Livorno. Vamos...que no pensaba darse prisa, sino que pretendía disfrutar de su viaje otoñal. Precisamente por eso "se le ocurrió" que su criada de confianza, Giovanna Santi, podía salir de Bologna con unos días de demora, llevando consigo el formidable equipaje de su señora, docenas de baúles que serían colocados con esmero en los carromatos que los llevarían hasta Florencia.

Giovanna Santi no experimentó ni siquiera una leve aprensión. En realidad...¿porqué íba a experimentarla? Desde los sucesos que habían conducido a la introducción en sociedad de un hijo varón de Francesco y Bianca, el niño Antonio, lo cierto es que la señora Capello había guardado la compostura admirablemente. Los rumores que se esparcían en Florencia le habían animado a marcharse a Bologna con la excusa de la boda de su hija con un aristócrata boloñés. No le había preocupado, o no había demostrado al menos ninguna preocupación, llevar consigo a sus criados involucrados en el asunto del hijo putativo, Giovanna Santi y Pietro Elmi. No le había preocupado ni siquiera sabiendo que a Bologna había llevado Gazzi a Madonna Lucía, la madre biológica de Antonio. Todo eso parecía no causar ni un ápice de turbación o inquietud en Bianca Capello.

Las apariencias íban por un lado...y el trasfondo real por otro, desde luego. Bianca debía saber que el cardenal Ferdinando, el hermano de Francesco, había "husmeado" con ansia los rumores que habían circulado por la ciudad medicea coincidiendo con el nacimiento de Antonio. La necesidad de aclarar todo lo relacionado con el nacimiento de Antonio había decaído sustancialmente al dar a luz la legítima esposa de Francesco, la gran duquesa Johanna, al niño Filippino. Filippino relegaba a su tío Ferdinando a un segundo lugar en la línea sucesoria de la casa de Médici...de forma clara e incuestionable. Pero seguramente en algún momento Ferdinando había reparado en que la salud de su sobrino Filippino era más bien dudosa. El pequeño enseguida mostró síntomas de una enfermedad preocupante: hidrocefalia. Puede que Ferdinando, el tío Ferdinando, fuese de los primeros en estar al corriente de esos síntomas, del eventual diagnóstico y de lo que eso implicaba cara al futuro.

Por eso, Ferdinando enseguida se puso a remover de nuevo el tema del embarazo casi milagroso de Bianca que se había resuelto, supuestamente, con el alumbramiento de Antonio. Un sacerdote apellidado Dal Pozzo fue comisionado por Ferdinando con la tarea de buscar y rebuscar hasta la menor brizna de información. Es probable que Bianca estuviese al corriente de eso, porque Francesco disponía de una amplia red de espías y solía compartir las noticias que le llegaban con su amada señora Capello. En esa tesitura, Bianca podía sentir alivio porque se había enterado de que Gazzi, tras hacer "desaparecer" a Madonna Lucía en otra ciudad, había contraído una enfermedad que le había llevado a la tumba. El peligro inmediato residía en su criada, Giovanna Santi. Giovanna Santi no siempre había mostrado discreción ante su señora Bianca. Y Bianca podía temer, lógicamente, que Ferdinando, quizá a través de Dal Pozzo, acabase encontrando en Giovanna Santi una confidente.

Se da por hecho que fue Bianca quien convenció a hombres armados del entorno del gran duque de que tendiesen una emboscada a su criada Giovanna Santi, en un punto concreto de la ruta que ésta seguía con el equipaje rumbo a Florencia. La emboscada se habría preparado para sorprender a Giovanna en una pequeña posada, en una noche oscura de noviembre. Pero las cosas debieron torcerse, ya que Giovanna, dándose cuenta de que estaba a punto de ser víctima de hombres en los que reconocía miembros de la guardia de Francesco de Médici, trató de zafarse de los golpes de puñal y buscó ayuda del dueño de la posada. Por lo visto, el dueño de la posada la ayudó de alguna manera: con numerosas heridas de arma blanca, la mujer fue conducida a un hospital de Bologna dónde los cirujanos hicieron lo que pudieron. La mujer no se salvó, pero tuvo tiempo de dictar un documento en el que confesaba sus pecados y los de Pietro Elmi. Evidentemente, ese documento dejaba en muy mal lugar a Bianca Capello -a quien ahora Giovanna Santi consideraba responsable de su inminente fallecimiento-.

Esa historia es bastante retorcida...y, al menos en mi opinión, contiene muchos puntos que no resultan nada claros, que se prestan a ponerla en tela de juicio. Por ejemplo, ningún autor explica con qué argumentos persuadió Bianca a soldados del gran duque Francesco de que debían tender una celada a Giovanna Santi, su criada de confianza, y que de esa celada, la vieja sirvienta no podía de ninguna manera salir con vida. ¿Acaso Bianca persuadió a Francesco, contándole alguna historia incierta pero plausible para que se hiciese evidente la necesidad de ella de eliminar discretamente a su criada?¿Ordenó Francesco a sus hombres matar a Giovanna Santi tras haber escuchado una serie de acusaciones contra la criada cuidadosamente enlazadas unas con otras de boca de Bianca?¿Porqué el dueño de una posada situada en la ruta florentina íba a intervenir para ayudar a su huésped, apañándoselas para conducirla de vuelta a Bologna, lugar en el que podía recibir auxilio médico?¿Cómo es que los soldados que han intentado matarla y que la han dejado malherida no tratan de frustrar la lleada de la anciana a Bologna?Y así se nos podrían ocurrir, seguro, una docena de cuestiones más. El tema es que se cree, invariablemente, que Bianca trató de borrar sus huellas mandando asesinar a Giovanna Santi, pero que ésta, aunque realmente murió a causa de las heridas sufridas, tuvo tiempo de legar una confesión tan completa del episodio Antonio que acabaría provocando la ruína de Bianca.


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 Asunto: Re: BIANCA CAPELLO
NotaPublicado: 11 Oct 2011 22:11 
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 Asunto: Re: BIANCA CAPELLO
NotaPublicado: 11 Oct 2011 22:29 
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Bueno...vamos a dar por hecho que Bianca consiguió eliminar a Santi, un incordio de criada, a la vez que resolvía su propio retorno a Florencia en otoño de 1577. Tras el nacimiento de Filippino, la gran duquesa Johanna había ganado protagonismo en la corte de los Médici. El propio Francesco mostraba mayor atención por Johanna, la madre de su heredero indiscutible. Es más que seguro, aparte, de que las extrañas historias que se entretejían en torno a Antonio, el "bastardo" que le había ofrecido Bianca, habían alcanzado los oídos de Francesco. Como hemos señalado a veces, la red de espías de Francesco era magnífica. Y si el cardenal Ferdinando estaba tan intrigado por esos rumores como para ordenar una investigación en toda regla al sacerdote Dal Pozzo, uno de sus leales, no cabe duda de que Francesco también debía vivir con la mosca detrás de la oreja aunque, por preservar el buen nombre de Bianca, prefiriese abstenerse de mandar a los suyos que hurgasen en el asunto.

Entre lo uno y lo otro, Francesco estaba algo más distante y Bianca prefirió actuar con prudencia. Se estableció en una de sus villas en las afueras de la ciudad, entrando en el recinto urbano pocas veces y por breves lapsos de tiempo. Hasta el mes de abril de 1578, Bianca no volvió a establecerse con gran pompa y esplendor en su mansión de la Vía de la Scala o su gran residencia de los jardines de Rucellai. Hasta el mes de abril de 1578, Bianca no retomó su estilo de vida, espléndido, opulento. Cuando lo hizo, aprovechó a modo de justificación una visita de su hermano Vettore, a quien acompañaban una serie de distinguidos caballeros de Venecia. Francesco participó en los banquetes en los que Bianca ejerció de elegante anfitriona de Vettore Capello. Eso da a entender que Francesco seguía fascinado con Bianca. Aunque su relación con Johanna hubiese mejorado tras el nacimiento de Filippino, aunque Johanna le tuviese contento porque había vuelto a embarazarse y se confiaba en obtener un segundo varón, aunque hubiese aquellas dudas en torno al natalicio de Antonio...con todo, a pesar de todo, Francesco seguía fascinado de Bianca. Y en cuanto Bianca había decidido volver a brillar con fuerza dentro de la vida social florentina, Francesco estaba allí, a su lado, contribuyendo con su presencia y su generosidad a que la señora Capello dejase impactados a los visitantes venecianos.


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 Asunto: Re: BIANCA CAPELLO
NotaPublicado: 11 Oct 2011 23:07 
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La verdad es que Bianca, con Francesco a su lado, festejó a su hermano y a los conciudadanos venecianos que habían viajadado con éste en la villa medicea de Pratolino, en las afueras, igual que en la casa de la Vía de la Scala y en la mansión de los jardines de Rucellai. La cuestión, resumida, es que de nuevo Bianca ejercía su papel de mujer sofisticada que tenía a su gran duque Francesco comiendo en la palma de la mano. Y se supone que un encuentro puramente fortuíto con Johanna tendría tremendas repercusiones para la pobre gran duquesa de Toscana.

Volvamos la atención a Johanna. Imaginad a una mujer de treinta y un años. Imaginad a una mujer de treinta y un años que ha tenido que resistir siete partos, produciendo seis hijas consecutivas, de las que tres han muerto en la infancia, para obtener, finalmente, un niño, un niño de naturaleza frágil, aquejado de hidrocefalia. Imaginad que esa mujer de treinta y un años, angostada, melancólica, prematuramente envejecida, sólo se ha sentido tratada con respeto y aprecio por su marido desde el momento del nacimiento de ese hijo, que por ser varón tiene un valor que no se le ha atribuído a sus seis hermanas mayores, ni a las vivas, ni a las muertas. Imaginad que esa mujer de treinta y un años sobrelleva la ordalía de un octavo embarazo, a pesar de su avanzada escoliosis, porque tiene la esperanza de proporcionar otro varón, el repuesto por si fallase el heredero -algo fácil de preveer, considerando la mala salud de Filippino-. Esa mujer cree haber triunfado, finalmente, sobre la que durante años ha sido la amante de Francesco, Bianca Capello. La veneciana ya avanza por los vericuetos de una madurez aquejada de hidropesía, ha perdido parte de su atractivo físico y la rodea una nebulosa de rumores poco agradables. Francesco había mostrado cierto distanciamiento hacia Bianca. Johanna se había alegrado, evidentemente.

Y de pronto...en abril de 1578, llegan a Florencia Vettore Capello y unos caballeros distinguidos de la ciudad de Venecia. Bianca les recibe con la grandiosa hospitalidad de una reina, asistida siempre por Francesco, sea en Vía della Scala, sea en los jardines de Rucellai o sea en Pratolino. Obviamente, Johanna es puntualmente informada de ese renacimiento del ya prolongadísimo idilio entre Bianca y Francesco. Es algo tremendamente humillante para la gran duquesa, a quien faltan pocas semanas para arriesgar de nuevo su vida en un octavo parto necesario para complacer las ansias de un segundo príncipe de su esposo Francesco. Pero Johanna hubiese podido aguantar el tirón, una vez más, de no haberse producido un encuentro fortuíto con la pareja formada por Bianca y Francesco en el puente de la Santa Trinità.

Según se relata habitualmente, Johanna perdió los nervios ante la visión de su marido bailándole al agua a la veneciana. Se suele afirmar que Johanna no quiso en esa ocasión morderse la lengua y profirió algunos vivos reproches dirigidos a Francesco. Estaba muy alterada, su agitación llegó a costarle un desvanecimiento, por lo que sus damas decidieron regresar con ella de inmediato al Palazzo Pitti. Al cabo de unos días, Johanna pareció recobrar la calma, o al menos una suerte de tensa calma: abandonó de nuevo el Palazzo Pitti para elevar sus oraciones por un buen octavo parto en una de sus iglesias favoritas, la iglesia de la Annunziata. Pero a su vuelta al Palazzo Pitti experimentó una nueva crisis de angustia, y, por lo visto, perdió pié en lo alto de una escalinata, rodando por ellas entre gritos de alarma de sus damas. La caída adelantó en varias semanas el alumbramiento, que se presentó repleto de complicaciones. Johanna dió a luz un niño, un varón -que sin embargo nació muerto-. Y no sobrevivió ella tampoco a aquel octavo parto en el Palazzo Pitti.


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 Asunto: Re: BIANCA CAPELLO
NotaPublicado: 20 Oct 2011 18:28 
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Considerando las circunstancias, es absolutamente plausible el hecho de que Johanna, habiendo sufrido un adelantamiento de casi un mes en su octavo alumbramiento a consecuencia de una caída accidental, haya sido incapaz de superar aquel parto. En una época moderna, los análisis forenses de los restos de la que fue gran duquesa confirman que ésta sufría una acusada escoliosis que había deformado seriamente su espina dorsal pero también su pelvis. A mayores, resulta que el niño estaba mal colocado en el momento en que se inició el alumbramiento y que en aquellas horas cruciales padeció una rotura uterina. La rotura uterina todavía hoy constituye un percance muy grave, se produzca durante la gestación o durante el parto. En el caso de Johanna derivó en la muerte del niño que acabaría expulsando y la dejó a ella misma en tan deplorables condiciones, que expiró al día siguiente.

Era inevitable que se desparramasen por la ciudad comentarios insidiosos acerca de que Francesco, Bianca o ambos habían organizado el asesinato de Johanna. Pero, en realidad, ni Francesco ni Bianca habían considerado esa opción. Por mucho que Francesco desease verse libre de Johanna, nunca hubiera querido perderla en esa tesitura, de esa manera; en todo caso, hubiese sido "un detalle" de ella para con la dinastía dejar en el mundo un segundo hijo varón más robusto y saludable que el pobre Filippino. Y en cuanto a Bianca...era una mujer lo suficientemente lista y bien informada en general como para darse cuenta de que era un auténtico milagro que Johanna hubiese logrado superar siete partos. En cualquier momento, ese historial obstétrico, combinado con la mala salud endémica de la gran duquesa, podían dejar a Francesco viudo. No había necesidad de actuar para precipitar las cosas.

No obstante, los florentinos soltaban la lengua a paseo. El escándalo general alcanzaría su punto álgido durante la muy solemne procesión fúnebre, en la cual Francesco, en calidad de viudo, representaba el papel de deudo principal, vistiendo de negro, capa incluída, en señal de duelo. Los florentinos observaron que tenía "los ojos secos" y una expresión perfectamente sosegada, que revelaba absoluta falta de emoción. Probablemente nadie había esperado que el gran duque exhibiese una profunda tristeza ni un intenso dolor, pero sí confiaban en que mostrase una mínima dosis de aflicción. A fín de cuentas, Johanna había sido su esposa durante casi trece años, había afrontado ocho partos y dejaba en el mundo cuatro huérfanos. La mayor de sus hijos, Eleonora, tenía once años en esa época. La seguían Ana, de casi nueve años; María, que estaba a punto de cumplir tres años y Filippino, un rorro de once meses, Siquiera por consideración a esos cuatro niños que se quedaban sin madre, Francesco debería haber dado pruebas de cierta consternación.

Pero no fue así. Una anécdota ilustró perfectamente la insensibilidad de Francesco de Médici hacia la difunta Johanna: en el instante en que la procesión pasó por la casa florentina de Bianca, situada en un punto demasiado céntrico como para que no hubiese sido preciso transitar por allí, Francesco elevó los ojos hacia la fachada, con la esperanza de que su amada estuviese presente en algún ventanal. Era un gesto tan evidente de pasión de Francesco hacia Bianca que a los espectadores les resultó completamente impropio.


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 Asunto: Re: BIANCA CAPELLO
NotaPublicado: 28 Oct 2011 20:43 
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Minnie, me tienes absolutamente absorto con esta historia.

No te pediré que la continúes, tan solo que no la olvides... :ooops:

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"Ma fin est mon commencement, et mon commencement ma fin".


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 Asunto: Re: BIANCA CAPELLO
NotaPublicado: 10 Nov 2011 19:11 
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Konradin escribió:
Minnie, me tienes absolutamente absorto con esta historia.

No te pediré que la continúes, tan solo que no la olvides... :ooops:


No la olvido ;) Es bastante difícil echar fuera de la mente a Bianca una vez que se ha instalado allí arrastrando su historia igual que si se tratase de un manto ribeteado de armiños ;)

Además, me había quedado en un momento de gran emoción y suspense, jejeje. Johanna acababa de morir, lo que liberaba de sus votos matrimoniales a Francesco. La mujer que acababa de fallecer tenía apenas treinta y un años, en tanto que el hombre que quedaba viudo lo hacía a los treinta y siete años. Creo que está de más explicar que todo el mundo esperaba que un viudo de treinta y siete años tomase segunda esposa en cuanto fuese posible hacerlo por haber concluído el período de duelo establecido por las convenciones sociales. Esto era doblemente cierto en el caso de los viudos que ostentaban un título real o gran ducal, en especial cuando solamente tenían un hijo varón. Filippino era el heredero de Francesco, pero un heredero de constitución frágil que todavía no había superado los peligros de las numerosas enfermedades infantiles. En esa tesitura, los florentinos entenderían que Francesco tardase poco tiempo en contraer nuevas nupcias.

Pero eso, precisamente eso, tenía que ser algo inquietante a ojos de Bianca. Se aseguraba que, unos años atrás, Francesco le había prometido hacerla su legítima esposa en el caso de que pereciese Johanna de Austria. A partir de ahí, y a pesar de las circunstancias un tanto peculiares que habían rodeado "el parto" de Bianca de un niño llamado Antonio, Francesco nunca había dado muestras de flaquear en su amor hacia Madonna Capello. Pero, claro...ahora se había llegado a un instante crucial, en el que Bianca debería descubrir si el siempre evidente amor de Francesco era lo bastante aguerrido para que él decidiese materializar su vieja promesa de elevarla desde la posición de amante pública a la de esposa. Lo más práctico, en realidad, hubiera sido que Francesco, un Médici, buscase casarse con una princesa procedente de alguna gran familia con la que conviniese estrechar lazos, manteniendo -si acaso- a Bianca en el rol de "eterna favorita".

La zozobra de Bianca debió ser notable, porque casi de inmediato solicitó el apoyo de su hermano Vettore Capello. Hasta entonces, Vettore se había beneficiado de ser el único hermano de la amante del duque de Toscana. Lógicamente, más beneficio obtendría en ser el único hermano de una nueva flamante duquesa de Toscana. Si Bianca ocupaba el sitial en el que habían estado anteriormente Johanna de Austria y Eleonora di Toledo, se podría considerar un triunfo para los Capello. Vettore estuvo dispuesto a "batirse el cobre" en favor de su hermana Bianca. Eso sí: era un "batirse el cobre" en el que no estaría solo.


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 Asunto: Re: BIANCA CAPELLO
NotaPublicado: 10 Nov 2011 19:57 
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Registrado: 17 Feb 2008 21:47
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Recordatorio: estamos en el año 1578.
:-)

Cuatro años atrás, el hasta entonces obispo de Pistoia había sido elevado al rango de arzobispo de Florencia. Ese dignatario de la Iglesia en franco ascenso debió sentirse especialmente honrado, porque se trataba de un Médici. Su nombre de pila era Alessandro Ottaviano. Por supuesto, en 1578 se percibía que se encontraba en una magnífica situación para seguir escalando posiciones: era casi seguro que algún día llegase a formar parte del cuerpo de cardenales. Por aquello de dejarlo todo clarito...llegó a ser más que cardenal. En 1605, acabaría convirtiéndose en Papa, con el nombre de León XI.

:-)

Pero...vuelta a 1578. Alessandro Ottaviano de Médici era hijo de Ottaviano de Médici y de Francesca Salviati, a su vez hija de Jacopo Salviati con Lucrezia de Médici. Como se puede apreciar, Alessandro Ottaviano no sólo había recibido sangre Médici por vía paterna, sino también por vía materna. De hecho, aunque Ottaviano de Médici había tratado de servir bien a su dinastía, la realmente sustancial había sido Francesca Salviati en cuanto que hermana de María Salviati, casada con Giovanni dalle Bande Nere. Un hijo de María con Giovanni había sido el gran duque Cósimo I, el padre de Francesco. Para centrarnos: la abuela paterna de Francesco había sido hermana mayor de la madre de Alessandro Ottaviano, el cardenal de Florencia a partir de 1574.

Alessandro Ottaviano prestó su oído complaciente a las palabras de Vettore Capello. Éste le aseguró que la República de Venecia, como tal, estaba más que decidida a apostar a favor de Bianca Capello, su hermana. Para que Francesco pudiese casarse con Bianca Capello sin que saltase a la palestra el asunto del menor rango de la mujer, la Sereníssima estaría incluso dispuesta a nombrarla, con absoluta solemnidad, Hija de la República de Venecia.

Ese título tenía prestigio precisamente porque la Sereníssima no tenía predisposición a concederlo. En realidad, hasta entonces sólo UNA VEZ había ocurrido que el Senado de la República de Venecia hubiese designado a una mujer como su Hija. La así ensalzada había sido Catarina Cornaro, que había tenido el mérito de casarse con Jaime II de Lusignan, rey de Chipre. A decir verdad, Jaime II de Lusignan se había hecho con la corona de Chipre usurpándosela a su propia medio hermana, Carlota I de Lusignan. El padre común de ambos, Jaime I de Lusignan, había tenído a Carlota dentro de un legítimo matrimonio con la princesa griega Elena Paleologa, mientras que Jaime había nacido de la relación extraconyugal de Jaime I de Lusignan con Marietta di Patrasso. Naturalmente, Carlota I recibió el título real a la muerte del padre. Pero el hermanastro bastardo se encargó de deponerla. Y se casó con la veneciana Catarina Cornaro, de una distinguida familia de patricios, para obtener el apoyo de la Sereníssima. La Sereníssima estaba tan contenta con el hecho de que Catarina Cornaro fuese a convertirse en reina de Chipre que le dió, primeramente, el título de Hija de la República de Venecia.

Sólo Catarina Cornaro...¡y ahora, en 1578, Vettore Capello aseguraba a Alessandro Ottaviano de Médici, arzobispo de Florencia, que Venecia estaba dispuesta a situar a Bianca Capella al mismo nivel! Al arzobispo le pareció que una boda entre Bianca y Francesco respondía a los intereses de la casa de Médici...y a los suyos propios, porque sumaría el apoyo veneciano en su carrera eclesiástica. Los hermanos Bardi, pertenecientes a una estirpe dedicada por entero a las finanzas, vieron que también resultaba un negocio prometedor darle soporte a Vettore Capello. Y un éxito incuestionable, tanto de Bianca como de Vettore, fue, finalmente, lograr la aquiescencia de Antonio Serguidi, señor de la fortaleza de San Gimignano, secretario personal de Francesco I de Médici. Serguidi ejercía una notable influencia en Francesco I de Médici. Si él hubiese puesto reparos al avance de Bianca Capello, es muy probable que ella hubiera permanecido en el rol de amante oficial durante décadas.

Pero el caso es que Vettore, actuando como un agente de Bianca, logró hacerse con tan valiosos apoyos.


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 Asunto: Re: BIANCA CAPELLO
NotaPublicado: 10 Nov 2011 20:31 
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Registrado: 17 Feb 2008 21:47
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Pese a todos los "cantos de sirena" que tenían por objetivo lograr que desposase a Bianca, Francesco se lo pensó más de una vez...e incluso me atrevería a decir que más de diez. El duque de Toscana tenía, naturalmente, un representante, o embajador, ante la Sereníssima. Enseguida le escribió para encomendarle una tarea bastante delicada: cerciorarse de que, efectivamente, el Senado estaba por la labor de nombrar Hija de la República a Bianca Capello. Entre tanto, también compuso junto a su secretario una carta dirigida a su protector Felipe II de España. Felipe II de España era el padrino de bautismo de Filippino, el único hijo varón que había dejado Johanna en el mundo. Francesco no dudó en confiarle a Felipe que, desdichadamente, Filippino era un niño aquejado por la hidrocefalia, que seguramente no sobreviviría a la primera infancia. La -previsible- muerte temprana de Filippino dejaría a Francesco sin un heredero legítimo. Necesitaba una esposa que asegurase la sucesión. En ese sentido, Francesco mencionaba una posible legitimación de Antonio, el niño que "había dado a luz" Bianca. Pero, además, daba a entender que se había nutrido en su interior la esperanza de que Bianca siguiese siendo fértil.

Eran argumentos más o menos consistentes para esgrimirlos frente al severo Felipe II, desde luego.

Con todo, Bianca debió pasar por momentos de incertidumbre e incluso de angustia a medida que se internaban en el año 1579. Hasta junio, Francesco no dirigió una misiva bastante formal al Dogo de Venecia. Ese título recaía, desde marzo de 1578, en el patricio Nicolò da Ponte, que había sucedido a Sebastiano Venier. Francesco le había saber cuánto valor tenía a sus ojos cualquier método para reforzar su alianza con Venecia; tanto, que estaba bien dispuesto a casarse con una veneciana que previamente fuese ensalzada por el Senado de la República. Sin duda, Bianca estaba perfectamente al tanto del contenido de la misiva que redactó Francesco a Nicolò da Ponte, porque ella misma, en su villa de Pratolino, se tomó el interés de escribir también una carta laudatoria al patricio que hacía el número ochenta y siete en la lista de Dogos de Venecia.

Tales cartas, faltaría más, no fueron llevadas a su destinatario por un correo "de los del montón". Francesco designó a Mario Sforza para que desempeñase el papel de "cartero". La cosa tenía su enjundia, porque Mario Sforza tenía el cargo de comandante supremo de las tropas del ducado de Toscana, tras años de muy brillante servicio prestado tanto a Cósimo como a Francesco. Ahora, le tocaba presentarse ante el Dogo para presentar unas cartas de las que dependía el que finalmente Francesco hiciese su gran duquesa de Bianca Capello.


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