Foro DINASTÍAS | La Realeza a Través de los Siglos.

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 Asunto: Re: BIANCA CAPELLO
NotaPublicado: 12 Sep 2011 20:35 
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Registrado: 17 Feb 2008 20:47
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Hubo unas horas cargaditas de tensión...¿eh?...hasta que Pietro Elmi consiguió llevar al niño a la alcoba en la que se encontraba Bianca con Giovanna Santi. Rápidamente se mandó a buscar a Francesco, que apareció con varios de sus cortesanos para mostrarse eufórico ante la llegada de ese hijo. Ilegítimo, pero varón: suficiente motivo para que su pecho se inflamase de puro orgullo de casta. Fue Francesco quien determinó que el crío se llamaría Antonio. No era un nombre mediceo, pero él atribuía ese natalicio a una intervención favorable de san Antonio y quiso reconocerlo llamando Antonio al pequeño habido de Bianca, que, supongo yo, sonreiría trémulamente, fingiendo estar fatigadísima a cuenta de un largoooo parto.

La verdaderamente fatigada tenía que ser Madonna Lucía, la madre biológica de ese niño a quien Bianca, con la inestimable cooperación de Giovanna Santi y Pietro Elmi, había conseguido de momento hacer pasar por un retoño de los Médici. Hay bastantes retazos de esa densa y pegajosa niebla que solemos denominar leyenda negra en torno a Bianca Cappello. Más tarde, cuando esa historia tan enrevesada surgió, lo hizó en forma de una miríada de rumores a cada cual más truculento. Se supone que al menos dos mujeres habían parido niñas...y para que nunca pudiesen traicionar ni siquiera accidentalmente el secreto de que Giovanna Santi las había mantenido confinadas en espera de que proporcionasen un bebé adoptivo a una supuesta patricia que ya no podía soportar la infertilidad, se las habría ahogado en las aguas del río Arno. Se supone, claro.

El destino de Madonna Lucía fue, aparentemente, algo mejor, por la simple razón de que ella había triunfado al poner en el mundo un varón. En realidad, si uno lo piensa fríamente, no tiene demasiado sentido que se hubiese matado a las madres de las niñas descartadas a causa de su sexo pero que se mantuviese viva a la madre biológica del niño que, en adelante, Bianca querría presentar como un vástago de los Médici en Florencia. Una indiscreción, incluso completamente accidental, no buscada ni deseada, de Lucía podía servir para que los adversarios y enemigos de Bianca atasen cabos en torno a una figura bien conocida del entorno de la veneciana: Giovanna Santi. Sin embargo, igual que se supone que se ahogó en las aguas del Arno a las madres de las niñas, se supone que a Madonna Lucía, todavía hecha una piltrafa por la secuencia de nueve meses de embarazo y complicado alumbramiento, se la sacó apresuradamente, a la mañana siguiente del parto, de la casa en la que se la había mantenido, en la Vía de la Forca.

El mismo médico que se había ocupado de "su asunto", de apellido Gazzi, fue el encargado de llevarla de Florencia a Bologna. Son ciudades cercanas, pero tampoco puede decirse que se preparase una cómoda litera para trasladar a aquella pobre mujer a la que le dolía todo el cuerpo y que se sentía destrozada anímicamente por haber cedido a su bebé. Aunque se le había prometido anteriormente que la patricia que adoptaría a la criatura pensaba tenerla a ella consigo en calidad de ama de leche, lo que le permitiría mantenerse cerca del niño y vivir razonablemente bien, Lucía debía empezar a comprender que la habían engañado. Gazzi colocó a Lucía, bajo nombre supuesto, en calidad de niñera en el palazzo boloñés del conde Pepoli, cuya esposa acababa de tener descendencia. Transcurrirían largos meses, por lo visto, antes de que Gazzi, que de modo inesperado había enfermado y se hallaba en peligro de muerte, mandó buscar a Lucía para confesarle a ésta todo el entramado en torno al natalicio de su hijo. Gazzi albergaba intensos temores acerca del futuro de Lucía: le imploró que tomase medidas para protegerse de Bianca Cappello, entre ellas la de no retornar jamás a Florencia.

El tema del "cambiazo" era, obviamente, una bomba de relojería que podía estallar debajo de los pies de Bianca Cappello. Aunque en teoría hubiesen sido eliminadas las madres de las niñas descartadas y alejada la madre del niño acogido en el círculo mediceo, Bianca hubiera tenido que ser una absoluta y perfecta ilusa para no temer que se produjesen murmuraciones. Había personas implicadas y uno nunca puede confiar al cien por cien en que nadie se vaya de la lengua. Lógicamente, los florentinos se dedicaban con afán a cotillear acerca del parto cuasi milagroso de la amante de Francesco, aquella Cappello que ahora presentaba al mundo un hijo Médici; parece ser que un cuñado de Pietro Elmi, criado de una de las más destacadas familias florentinas, se permitió en su entorno comentarios sugerentes en torno a los ricos obsequios que su pariente había recibido de Bianca por haber prestado un servicio que había requerido gran templanza y discreción, en tanto que Giovanna Santi tampoco debió mantenerse ajena al juego de las insinuaciones veladas. La verdad era que, en ese momento, Santi y Elmi tenían a su señora Bianca Cappello en sus manos.

En ese contexto, Bianca decidió que le convenía mantener una apariencia de absoluta complacencia con la vida que acababa de sorprenderla con un bello hijo, pero cuando el mes de septiembre dió paso al de octubre, debió resultarle especialmente complicado, porque debió enterarse de que Johanna, la esposa de Francesco, estaba nuevamente encinta. Ahora que Bianca, teóricamente, le había dado un hijo de sexo masculino saludable, Francesco se creció lo bastante para mostrase todavía más desabrido de lo habitual con la pobre Johanna, a quien advirtió de que confiaba en que ni se le ocurriese echar al mundo OTRA niña. Bastante humillante había sido para Johanna la larga serie de festejos con que Francesco había recibido al bastardo Antonio de Médici, como para, además, tener que afrontar ahora esa constante presión. Pero el caso es que el nuevo embarazo de Johanna concitó las esperanzas de los florentinos de que su princesa, de buen linaje imperial, frustrase con un hijo legítimo todas las expectativas que la veneciana pudiese haber depositado en aquel sospechoso niño de agosto.

En ese sofocón otoñal, a Bianca le cuadró estupendamente que su hija Pellegrina Buonaventuri tuviese ya que abandonar Florencia para irse a Bologna, a convertirse en la esposa del que era desde hacía un tiempo su prometido, el conde Ulises Bentivoglio de Manzoli. La boda se había fijado para finales de enero de 1577, pero Pellegrina debía viajar con anterioridad, con un séquito y un ajuar dignos de su persona. Bianca tomó la decisión de interpretar el papel de madre amantísima de Pellegrina, a quien en la corte medicea solían denominar en tono zalamero "La bella Bianchina", acompañándola a Bologna, en un viaje con tanta fanfarria y acompañamiento que se decidieron a hacerlo en tres jornadas, tres, para causar la adecuada admiración entre los toscanos que veían transitar el cortejo de la futura condesa Bentivoglio de Manzoli.


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 Asunto: Re: BIANCA CAPELLO
NotaPublicado: 12 Sep 2011 21:19 
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Johanna:

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Aquí un nuevo retrato de Johanna, que, de repente, ya veis que ha conseguido incrementar su cuota de protagonismo con un nuevo embarazo ;)

Johanna había nacido en enero de 1547. Por tanto, en el otoño de 1576, estaba camino de cumplir los treinta años de edad y ya había hecho progresar anteriormente seis embarazos, que habían derivado en el nacimiento de seis princesas: Eleonora, Romola, Anna, Isabella, Lucrezia y María. No había sido nada fácil para Johanna esa sucesión de embarazos con sus correspondientes partos; sufría una notable escoliosis y cada uno de los alumbramientos parece haberle sido tremendamente duro, salvándose de morir en alguno de ellos casi milagrosamente. Pero, además, Johanna había sentido en lo más hondo la pérdida posterior de varias de sus hijas. Romola había muerto antes de cumplir un mes, Isabella había muerto antes de cumplir un año y Lucrezia había muerto antes de cumplir dos años. Eso había acrecentado la natural tendencia a la melancolía y la depresión de Johanna.

En términos generales, podía decirse que 1576 había sido un año pésimo para ella. Las muertes de sus cuñadas Dianora e Isabella con un escaso margen de días entre ambos uxoricidios habían ejercido un enorme impacto en Johanna. Ni la bella e ingeniosa Isabella ni la bonita y retozona Dianora parecen haber sentido ninguna predisposición a ofrecer refuerzo emocional a aquella Johanna constantemente descuidada por Francesco; de hecho, Isabella y Dianora habían buscado, más bien, la compañía de Bianca Cappello, por mantener contento a Francesco, primero heredero de la dinastía, después gran duque. Pero Johanna parece haber lamentado genuínamente las muertes de Isabella y Dianora, por mucho que ambas hubiesen sido tan diferentes de ella misma. Luego, para rematar las cosas, se había producido aquel natalicio del hijo de Francesco con Bianca. Algo que ratificaba, de hecho, la humillación constante en que Francesco mantenía a Johanna.

Luego, el 12 de octubre de 1576, cuando Johanna estaba en los albores de un séptimo embarazo, falleció en Regensburg el emperador Maximiliano II de Habsburgo. Maximiliano estaba preparándose en esa época para liderar a sus ejércitos en una invasión de Polonia, que deseaba arrebatarle al recientemente entronizado Stefan Báthory. Pero acabó postrado en el lecho en Regensburg y, de manera bastante coherente con sus prolongadas simpatías hacia el luteranismo, se negó a recibir los últimos sacramentos de la iglesia católica antes de morir. Se desconoce si esos detalles le fueron comunicados a su hermana la gran duquesa Johanna de Toscana en Florencia, pero, desde luego, ella experimentó desasosiego e inquietud por la desaparición de Maximiliano II. El trono imperial sería heredado por un hijo de éste, Rudolf, coronado como Rudolf II. Pero Rudolf, un hombre de aspecto un tanto oscuro, apasionado de la química y la alquimia, de la astrología y la nigromancia, no era precisamente demasiado equilibrado mentalmente; y, al margen de esos rasgos de carácter, era de suponer que pondría menos empeño en favorecer a Johanna: Maximiliano, sin duda, se había preocupado más por sus hermanas de lo que se preocuparía Rudolf por las hermanas del difunto padre.

De alguna forma, la Providencia o el Destino debieron llegar a la conclusión de que Johanna merecía recibir alguna alegría. El 20 de mayo de 1577, tras una verdadera tortura física, consiguió dar a luz a su séptimo retoño, que, para variar, fue un niño. La corte medicea estalló de puro júbilo en cuanto se propagó la noticia de que había un bebé de sexo masculino, hijo legítimo del gran duque con su gran duquesa. Incluso Francesco se mostró exultante cuando le mostraron a aquel trocito de humanidad, carne de su carne y sangre de su sangre, a quien se decidiría llamar Filippo para "hacerle la pelota" al rey Felipe II de España (que, no lo olvidemos, era sobrino del emperador Ferdinand, por tanto primo hermano de Johanna; además, María, una de las hermanas de Felipe II, había sido la esposa de Maximiliano, hermano de Johanna, formando nuevos parentescos entre aquellos endogámicos Habsburgo...).


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 Asunto: Re: BIANCA CAPELLO
NotaPublicado: 12 Sep 2011 21:46 
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Bianca TODAVÍA estaba en Bologna cuando Johanna dió a luz al principito Filippo. Podría especularse acerca de las razones por las cuales la veneciana prolongó tanto su estadía en Bologna con la hija Pellegrina, recién casada con el conde Ulises. A Bianca, desde luego, le había cuadrado acompañar a Pellegrina a Bologna, porque así eludía Florencia en una época en que los rumores en torno a su "parto milagroso" se añadían a la expectación por un nuevo embarazo de la esposa de Francesco. Se decía que el cardenal Ferdinando, el hermano de Francesco, seguía muy de cerca el curso de los acontecimientos; no acababa de creerse aquella historia del sorprendente advenimiento de Antonio de Médici, el bastardo, y, como todos, estaba en ascuas a causa de la gravidez de Johanna, cuya salud tan extraordinariamente perjudicada en los años anteriores hacía temer que pudiese morir en un séptimo parto que tenía trazas de poder proveer una séptima niña -algo que, sin duda, Bianca Cappello utilizaría en su beneficio-.

Al quedarse en Bologna, Bianca conseguía varios objetivos. En primer lugar, se hacía desear por Francesco; él tendría tiempo de añorar su presencia, de echarla de menos, lo que vendría bien en esa época inmediatamente posterior al romance del gran duque con la muy atractiva Violante Ghinucci (un episodio, recuérdese, que había puesto a la veneciana tan nerviosa, que la había decidido a urdir la trama del falso embarazo con hijo varón putativo para consolidar su posición). En segundo lugar, estaría lejos mientras se difuminaban los cotilleos sobre el nacimiento de Antonio, algo que estaba sujeto a investigación por parte de Ferdinando y, de rebote, parece que por parte de Francesco, que no quería que le tomasen por tonto. En tercer lugar, estaba fuera de Florencia por si algo malo le sucediese a Johanna. Con el historial médico de Johanna, bien podía ocurrir que el séptimo parto se cobrase su vida para dejar en el mundo, a lo sumo, otra niña. Y si Johanna moría, a Bianca le venía de perlas no estar cerca. Así nadie la acusaría de hacer el papel de buítre, revoloteando encima del cadáver todavía tibio de la gran duquesa mientras aguardaba a que Francesco cumpliese la palabra que le había dado tiempo atrás de desposarla en cuanto quedase viudo.

Lo que es cierto es que Bianca parece haberse mostrado literalmente conmocionada al enterarse de que Johanna había parido UN HIJO y, a mayores, había sobrevivido al complicado alumbramiento. Una vez más, la austríaca sacaba a relucir una gran fortaleza, una notable capacidad de resistencia. Las noticias que llegaban desde Florencia debieron sacudir de lo lindo a Bianca Cappello: en la corte se habían vuelto locos de alegría y los florentinos, en conjunto, no se cansaban de celebrar el triunfo de SU gran duquesa. Johanna, aquella triste figura, objeto de conmiseración y lástima para los florentinos durante años, era, de repente, la receptora de todas las felicitaciones. Incluso Francesco, que preparaba un magnífico ceremonial para el bautizo de Filippo, se mostarba de repente afable y atento con la convaleciente pero satisfecha Johanna. Esa clase de noticias, desde luego, tenían que fastidiar a Bianca. En particular, la llegada de Filippo hacía que pareciese una estúpida baladronada suya frente al destino aquella farsa rocambolesca con el pequeño Antonio de Médici de protagonista. Para Bianca, en esa tesitura, tenía que resultar francamente desagradable la presencia en su entorno de Giovanna Santi y Pietro Elmi, a quienes, lógicamente, había insistido en llevar consigo a Bologna.

Se dice que Bianca evitó cuidadosamente viajar a Florencia para presenciar el bautizo solemnísimo de Filippo de Médici, la esperanza de la casa de Médici. Algunos autores sugieren que envió, en representación, a su hija Pellegrina, a quien Francesco tenía un enorme cariño. Entre tanto, Bianca, en Bologna, centraba su atención en atender a su hermano, que había decidido visitarla...


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 Asunto: Re: BIANCA CAPELLO
NotaPublicado: 12 Sep 2011 21:59 
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Bianca Capello:

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 Asunto: Re: BIANCA CAPELLO
NotaPublicado: 13 Sep 2011 20:23 
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Por cierto, que sepáis que vivo en un sinvivir, porque he encontrado en varias páginas una versión en blanco y negro de un retrato de Bianca a los veinte años, obra, al parecer, de Tiziano. Y no hay forma de encontrarlo a todo color, que seguro que es una delicia. Aquí tenéis a la joven Bianca, cuando ya era la famosa veneciana que se había fugado con el florentino; una celebridad por su hermosura, lejos aún de los años en los que la hidropesía echaría a perder en buena medida su figura.

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En fín, estábamos con que Bianca permanecía en Bologna, en tanto que su hija Pellegrina, "La Bella Bianchina", la representaba admirablemente en la secuencia de festejos cortesanos que acompañaron la llegada al mundo de Filippo de Médici. Ese niño, a quien Francesco y Johanna enseguida llamaron cariñosamente Filippino, concitaba, a la sazón, todas las esperanzas de futuro de los Médici. Esto podía fastidiar a dos personas, obviamente: Bianca, que había aspirado a hacer valer en un futuro los derechos de su "hijo" bastardo Antonio, instrumento para que ella consolidase su posición; y el cardenal Ferdinando, presumible heredero de su hermano Francesco en tanto que éste careciese de hijos varones legítimos o legitimados. Ferdinando había estado "husmeando" en todos los cotilleos que circulaban en torno al nacimiento de Antonio, precisamente porque ese "hijo" de Bianca podía constituír un obstáculo en un futuro. Pero en realidad el obstáculo acabó siendo el retoño inesperado de Johanna: Filippino. Un bebé minúsculo, de aspecto delicado y frágil, pero un príncipe.

En Bologna, Bianca tenía consigo a su hermano, Vettore o Vittorio Capello. No sé si recordáis o no el arranque de esta historia, allá por la página 1. Justo dónde se presentaba a la protagonista del tema...

Fue en Venecia dónde nació Bianca Capello, hija de Bartolomeo Capello y de Pellegrina Morosini. Su llegada al mundo se produjo en algún momento de 1548, cuatro años después de que hubiesen contraído matrimonio Bartolomeo y Pellegrina. Estos tendrían también un hijo varón llamado Vittorio. Parece ser que Bartolomeo siempre otorgaría precedencia en sus afectos a Vittorio sobre Bianca, pero esto no resultaba, ciertamente, nada fuera de lo corriente, puesto que el varón, a cuenta precisamente de su sexo, garantizaba el relevo generacional de los Capello. No figuraban entre las familias de la aristocracia veneciana, pero sí habían cimentado una sólida reputación: Bartolomeo se tenía por un ciudadano ejemplar, lo que le permitió asumir cargos públicos de cierta significación a lo largo de su existencia.

Pellegrina Morosini murió mucho antes de lo esperado. Bartolomeo se convirtió en un viudo con dos retoños huérfanos de madre: de cualquier hombre en esa situación se esperaba que se buscase una segunda mujer en cuanto concluyese el año de luto. No se salió de la pauta establecida en ese sentido: hacia 1559, firmó un nuevo contrato nupcial con Lucrezia Grimani. Lucrezia aportaba unas valiosas conexiones familiares: su padre había sido Gerolamo Grimani, hermano del influyente cardenal Doménico Grimani. Gerolamo Grimani, casado con Elena Priuli, tuvo abundante prole, pero los más destacados serían Marco Grimani, que bajo los auspicios de su tío el cardenal Doménico Grimani emprendió una carrera eclesiástica que le llevaría a ser patriarca de Achilea, y Lucrezia Grimani, que contrajo nupcias en su juventud con Andrea Contarini. Andrea Contarini, de excelente linaje aristocrático, llegó a ser el sexagésimo Dogo de Venecia. Por tanto, Bartolomeo Capello demostró que sabía consolidarse en la escena pública veneciana al casarse con Lucrezia Grimani viuda de Contarini


No diréis que no lo pongo fácil, jejeje. Cuando Bianca había huído de Venecia con el apuesto y temerario florentino Pietro Buonaventuri, no sólo había dejado a su padre Bartolomeo y a su detestada madrastra Lucrezia. También -más doloroso para ella- a su hermano Vittorio (Vettore) y a sus primos hermanos, Andrea y Giacomo Capello, que la habían mimado escándalosamente por ser la única fémina de la casa. La forma en que los Capello, por salvar el honor familiar, habían reacccionado a la seducción de Bianca, habían abierto, de manera comprensible, una brecha insalvable con la muchacha, ya establecida en Florencia en calidad de Signora Buonaventuri. Durante años, la distancia permaneció; después del escándalo que habían organizado en su día los Capello, reclamando la devolución de la fugitiva a Venecia y un castigo ejemplar para su seductor Buonaventuri, el asunto se había convertido en un viejo resquemor latente entre los venecianos y los florentinos. Pero, por supuesto, la prolongada relación de Bianca con Francesco de Médici había colocado a aquella mujer en una situación más ventajosa. Tras el ascenso de Francesco al rango de gran duque, se sabe que Bartolomeo Capello echó a un lado el orgullo herido del pasado para visitar a su hija Bianca en Florencia, en el verano de 1576. Eso sí: lo hizo de manera ultra discreta, para no incomodar a los venecianos a quienes antaño había recurrido para que condenasen el "rapto de su hija Bianca". Esa visita de Bartolomeo debió ser muy importante para Bianca; es probable que en el fondo de sí misma hubiese sentido la necesidad de reconciliarse con su progenitor no sólo para cubrir un vacío afectivo sino también para que por fín los suyos reconociesen, de manera tácita, que ella había superado ampliamente las expectativas que hubieran podido depositar en su día en que la belleza y encanto de la muchacha le permitirían situarse adecuadamente en el mundo. Cierto que ellos, los Capello, la habían imaginado casándose muy apropiadamente con el vástago de alguna familia patricia veneciana, y no transformándose en la amante oficial de un gran duque florentino. Pero el caso es que su presencia en la corte Médici junto a Francesco tenía suficiente relevancia social.

Para sellar su reconciliación con Bartolomeo, y quizá para que quedase claro quien era la que más riqueza e influencia tenía en el clan Capello, Bianca envió a su progenitor dinero suficiente para que éste pudiese adquirir un nuevo palazzo veneciano. El palazzo que había pertenecido durante generaciones a los Capello, en Ponte Sorto, era de menores dimensiones y ofrecía menor esplendor que aquel palazzo adquirido gracias al dinero de Bianca, en plena Piazza di San Marco alla Canonica. Además, Bianca pidió a su padre que adquiriese un edificio inmediato al palazzo, suficientemente amplio y elegante para servir de morada al hermano de ella: Vittorio, llamado Vettore en familia.

Vettore debió considerar que aquel era un excelente principio para seguir incrementando su patrimonio y su pecunio. De manera interesada, se dispuso a aprovechar la primera oportunidad favorable para reunirse con su hermana Bianca. Con esa idea clavada en la mente, a principios de 1577 se había desplazado a Bologna, para asistir a la boda de su sobrina Pellegrina con el conde Bentivoglio de Manzoli. Es curioso que aunque Bianca había adquirido suficiente experiencia acerca de las flaquezas y defectos más comúnes en los seres humanos, casi siempre dispuestos a arrimar el ascua a su sardina y/o a subirse al carro del vencedor, no parece haber percibido que su padre Bartolomeo y su hermano Vettore se estaban aprovechando de manera rampante de ella.

Entre unas cosas y otras, Bianca no decidió retornar a Florencia hasta el mes de octubre de 1577, lo que significaba que había estado ausente poco menos de un año de la ciudad emblemática de los Médici...


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 Asunto: Re: BIANCA CAPELLO
NotaPublicado: 13 Sep 2011 21:16 
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Lo siento Minnie, he mirado en todos mis libros de Tiziano y recopilaciones del renacimiento y no aparece el cuadro de marras... En el catálogo de la Galería Uffizi que tengo tampoco aparece...

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 Asunto: Re: BIANCA CAPELLO
NotaPublicado: 13 Sep 2011 21:19 
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Iselen escribió:
Lo siento Minnie, he mirado en todos mis libros de Tiziano y recopilaciones del renacimiento y no aparece el cuadro de marras... En el catálogo de la Galería Uffizi que tengo tampoco aparece...


¡Gracias por intentarlo! Ya sabes lo que pasa con esas cosas...una se vuelve loca buscando y no encuentra, pero al cabo de meses o años, un día, sin buscar, de puritita casualidad, aparece en cualquier lugar inesperado lo que se buscaba tiempo atrás, jajaja. Esa es mi esperanza siempre: ¡me agarro a ello como un náufrago a la tabla dichosa!

;)


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 Asunto: Re: BIANCA CAPELLO
NotaPublicado: 13 Sep 2011 21:25 
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El problema con este hombre es que hizo mil y un retratos que están sin identificar, o que suponemos que son fulanita de tal pero vete a saber, y también cientos de retratos alegóricos, a lo mejor Bianca fue modelo de alguna Flora, quién sabe. Habría que encontrar un retrato fidedigno de ella e ir comparando rasgos. ¡Pero qué le costaría poner a cada uno su nombre y ahorrarnos un dolor de cabeza!

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 Asunto: Re: BIANCA CAPELLO
NotaPublicado: 13 Sep 2011 21:32 
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Este retrato de Bianca se puede comprar en All Posters

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 Asunto: Re: BIANCA CAPELLO
NotaPublicado: 13 Sep 2011 21:50 
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Por cierto, al ver los retratos he recordado que leí en algún sitio que en estos años las mujeres sufrían más por su vanidad que los mártires por su fe, según el mismísimo Petrarca. Como tratamiento para el cutis se colocaban por la noche tajadas se carne cruda de ternera remojada en leche. Se teñían el pelo, prefiriéndo ser rubias lo que en Venecia y Florencia significa castaño rojizo... y por las imágenes me da la impresión que Bianca era de estas. Se pulían las uñas, se enyesaban el rostro, las pestañas y hasta los dientes. Una dama veneciana se preparaba sus propios perfumes que coleccionaba en cajitas de plata. Y dado que alas frentes altas y despejadas eran consideradas muy hermosas las mujeres se arrancaban o depilaban el pelo con oropimente, cal, goma arábiga y huevos de hormiga :?

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 Asunto: Re: BIANCA CAPELLO
NotaPublicado: 13 Sep 2011 22:04 
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Yo ya me estaba preguntando como era posible la redondez de esa frente de este último retrato... me quedo atónita, jaja. He buscado el Tiziano también sin éxito pero he encontrado uno de Bronzino muy bonito que no habéis puesto..... Aunque ese día no se depiló la frente :roll:

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http://culturamugellana.wordpress.com/2 ... ei-medici/

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 Asunto: Re: BIANCA CAPELLO
NotaPublicado: 20 Sep 2011 21:22 
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Registrado: 25 Feb 2008 11:02
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y los niños que quedaron?? ellos tambien admitían ese doble rasero? supongo que cuando es tu esposa (que te la han endiñao, sin tu estar enamorado) el tema de salvar el honor se puede entender..buf, que terrible llegar a escribir esto!!. Pero cuando es tu madre? cuando te has despedido de ella, viendola que está en lagrimas yendo hacia algo terrible, imaginandose que va hacia su muerte. cuando esos hijos pierden a su madre por que no era lo suficientemente casta, ¿que relación mantienen luego con su padre? y sobre todo ¿como seguir perpetuando esa noción de la limpieza del honor?


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