Foro DINASTÍAS | La Realeza a Través de los Siglos.

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 Asunto: Re: BIANCA CAPELLO
NotaPublicado: 29 Ago 2011 21:14 
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Chicos, podemos incluír en el tour otra de las encantadoras villas mediceas:
la de Cerreto Guidi.

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Va a cobrar importancia ahora mismo ;)

Al llegar la noticia de la muerte de Dianora a Florencia, la única que se quedó profundamente conmocionada fue su prima, Isabella de Medici, la duquesa de Bracciano.

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Quien, con absoluta seguridad, sólo se atrevería a expresar todo su horror ante la única de sus damas en quien sentía que podía depositar confianza: donna Lucrezia Frescobaldi. Personalmente, desearía saber qué palabras y qué silencios se intercambiaron entre la duquesa de Bracciano y Madonna Frescobaldi en esa ocasión. Pero lo cierto es que Isabella tuvo que dominarse a sí misma para acudir, con el resto de familiares y deudos, a las exequias fúnebres de Dianora en San Lorenzo. Se recordará que, oficialmente, había muerto porque la ruptura de una aorta había dejado sin latidos el corazón. Os podéis figurar que había que mantener la charada acudiendo, con aspecto compuesto pero expresión suficientemente dolorida, a los funerales de aquella mujer que se había muerto demasiado pronto y dejando en el mundo un niño demasiado pequeño.

Se dió la circunstancia -ohhhhh- de que Paolo Orsini, el marido de Isabella, estaba en Florencia. Recordad lo que se comentó en su momento...esa boda había sido arreglada cuando Isabella era muy joven, por su padre, Cósimo I, quien, plenamente consciente ya de lo mucho que dolía perder a una hija amada, insistió ante su futuro yerno Orsini en que la muchacha seguiría residiendo en Florencia. Orsini debió considerarlo un golpe a su orgullo masculino, pues quedaba claro que su potestad legal sobre su mujer se vería severamente restringida al vivir ella en completa independencia y en un territorio dónde el padre de Isabella ocupaba la posición de Gran Duque. Pero Cósimo I no era hombre a quien echarle un pulso. Y Orsini había cedido, claro, aunque esa circunstancia marcaría desde el inicio su vida conyugal. La convivencia siempre fue irregular: Isabella seguía desempeñando su rol de hermosa luminaria de la corte medicea, lo cual halagaba su propio ego, en tanto que Orsini prefería establecerse en Roma y viajar a Florencia cuando le apeteciese. En los primeros años de unión, los embarazos de Isabella, que parecían milagrosas concepciones, concluían en abortos. Tardó en tener sus tres hijos, de los que prosperarían dos; y para cuando tuvo al último, único varón, ya toda Florencia afirmaba que Isabella mantenía una apasionada relación sentimental con Troilo, un guapo mozo perteneciente a una rama menor de la la familia Orsini. Y aunque Paolo, en Roma, bebía los vientos por la exótica Vittoria Accoramboni, hija de una distinguida familia de la Ciudad Eterna que la habían casado con un tal Félix Peretti cuyo único mérito era tener por tío a un cardenal, el cardenal Montalto, de quien se creía que podría llegar a Papa...tomo aliento aquí: aunque Paolo bebiese los vientos por esta Vittoria Accoramboni...no por eso dejaba de irritarle profundamente que sus enemigos le lanzasen a la cara chanzas sobre la predilección de Isabella por el guapo primo Troilo Orsini.

Al final, siempre era una cuestión de HONOR. Honor entendido no cómo una cualidad derivada de la capacidad de una persona, independientemente de su sexo, para ser consecuente consigo misma, cuidando la coherencia entre sus palabras y sus hechos, no desmintiendo con su conducta los principios expresados, manteniéndose firme en sus lealtades, etc. Aquí hablamos de otro honor, vinculado con la fama o la reputación. La fama de un hombre podía ser atacada a través de la reputación no del todo limpia de su esposa legítima. La indiscreción de la esposa era el auténtico problema, porque colocaba al marido en la nada gratificante posición de un cornudo a los ojos del público. Paolo había estado resintiéndose durante largo tiempo...y es probable que, finalmente, obtuviese la comprensión, tácita o expresa, de su cuñado el gran duque Francesco.

La forma en que obró Paolo señala de forma acusatoria al gran duque Francesco. Éste, que había consentido el ataque de su hermano Pietro a Dianora para lavar el honor mancillado de la familia, estaría ahora dispuesto a permitir que Paolo lavase a la vez el baldón que representaba Isabella, especialmente para los Orsini pero, de rebote, también para los Médici. Sólo contando con eso, se puede entender la actuación de Paolo Orsini, que, el mismo día en que habían cumplido con el deber de acudir al entierro de Dianora en San Lorenzo, hizo saber que pensaba escapar de la atmósfera sofocante de Florencia para irse de caza a la bonita villa de Cerreto Guidi. Sorpresivamente, invitó a Isabella a que le acompañase a Cerreto Guidi, sugiriendo que un poco de práctica cinegética en la campiña toscana la ayudaría a eludir su pena.

Se supone que de modo instintivo Isabella quiso rechazar la invitación, pero que, en una fracción de segundo, comprendió que aquello NO era una invitación, sino un requerimiento más o menos disimulado. Y estaban en Toscana, en territorio Médici, por lo que si Paolo se atrevía a llevarla fuera de la ciudad de Florencia, a la villa de Cerreto Guidi, debía ser algo pactado de antemano con los parientes masculinos de Isabella. Orsini no se atrevería a incomodarla, molestarla, violentarla o causarle cualquier tipo de daño a Isabella sin contar con la aprobación de Francesco y Ferdinando. Pietro, el perturbado Pietro que había matado a Dianora, no contaba gran cosa, pero Francesco y Ferdinando eran hombres a los que Orsini no tomaría nunca a la ligera. Por tanto, convencida de que su suerte, fuese cuál fuese, estaba echada, Isabella aceptó acompañar a Paolo a Cerreto Guidi.

E Isabella no volvería viva a Florencia. Murió el 16 de julio de 1576, exactamente seis días después que su prima y cuñada Dianora. Oficialmente, había fallecido de un ataque cerebral, una fulminante apoplejía. Pero nadie se creía ya en Florencia esa extraña secuencia de muertes femeninas en las villas mediceas. A finales de ese mismo mes de julio, por ejemplo, el avispado embajador de los Este de Ferrara ante los Medici de Florencia, Ercole Cortile, redactó para su señor, Alfonso II (de quien se suponía tiempo atrás había envenenado después de dos años de insatisfactorio matrimonio a Lucrezia, hermana de Isabella y prima favorita de Dianora...), un informe esclarecedor. Ercole Cortile hablaba sin tapujos de sendos asesinatos; habían eliminado a Dianora y también a Isabella, en una jugada cuidadosamente planificada. Los detalles de la muerte de Isabella se deben básicamente a los rumores que recogió y trató de contrastar Ercole Cortile. Se supone que Paolo la estranguló con un cordón de seda rosa, cuando ella se encontraba en el dormitorio; pero en una versión alternativa, Paolo entró en la alcoba, se sentó en una silla y empezó a entretenerla con una cháchara intrascendente, mientras de debajo de la cama, armado con uno de los collares de piel de los perros, salía un hombre contratado por Orsini para estrangular a Isabella. Se escoja una versión o la otra -hay que admitir que la del cordón de seda rosa suena más elegante...- el resultado final es el mismo: la muerte de Isabella. Troilo Orsini, su amante, debió enterarse rápidamente y fue lo bastante espabilado para escapar en dirección a Francia, dónde solicitó protección a la reina Catherine de Medici (quien se la brindó).


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 Asunto: Re: BIANCA CAPELLO
NotaPublicado: 29 Ago 2011 21:32 
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Un retrato que me ha dejado impresionada por su belleza. Procede del círculo de seguidores de Alessandro Allori y representa a Johanna, Gran Duquesa de Toscana:

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Aquel mes de julio tuvo que ser demoledor, psicológicamente, para Johanna. Ella parece haber lamentado, con genuína desazón, las muertes no naturales de sus dos parientas, Isabella y Dianora. A resultas de aquellas muertes, las únicas princesas que quedaban en la casa de Médici eran ella misma y sus hijas: Eleonora, Anna y María. Johanna no disimuló su angustia. En una de sus visitas al Palazzo Vecchio, Francesco la encontró tan pálida y desmadejada, tan balbuceante y llorosa, que, irritado, la amenazó con proporcionarle el mismo trato que habían obtenido de la vida Isabella y Dianora. La amenaza de Francesco era una pérfida baladronada, pero dejó a Johanna temblando de pura aprensión durante semanas.

Bianca había tenido más trato con Isabella y Dianora: de hecho, no había pasado tanto tiempo desde que las habían llamado las Tres Gracias de Florencia. Pero Bianca parece haber reaccionado con exquisita frialdad a aquella secuencia de crímenes de honor dentro del círculo de la familia Médici. De hecho, el gran duque Francesco decretó que todas las posesiones mundanas de su difunta hermana Isabella debían subastarse, para, con el dinero recaudado, saldar las deudas que había dejado por vivir como se suponía que debía hacerlo una gran princesa. La subasta fue extremadamente animada, pues muchas damas poderosas deseaban hacerse con el magnífico guardarropa de la muerta, pero lo que llamaría la atención de cualquiera fue la desenvoltura con la que pujó Bianca Capello por la finísima ropa interior de Isabella de Medici.

Es probable que Bianca quisiese aprovechar para darle un toque de sublime refinamiento al ajuar de su hija Pellegrina. Ya sabemos que Francesco había auspiciado, en 1575, el compromiso de Pellegrina con el conde Ulises Bentivoglio, natural de Bologna. La fecha de la boda se había fijado para enero de 1577 y Bianca tenía toda la intención de viajar con Pellegrina a Bologna, para supervisar el acomodo de su única hija en la residencia de los Bentivoglio. En cualquier caso, el gesto de Bianca de pujar con alegría por la lencería de Isabella de Medici no la deja precisamente en buen lugar.


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 Asunto: Re: BIANCA CAPELLO
NotaPublicado: 29 Ago 2011 22:04 
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Que triste final para Dianora y Isabelle, que injusta era la sociedad de antaño, con que diferencia se medían las acciones de hombres y mujeres respecto a lo moral. Ellos la mayoría eran asiduos adúlteros, incluso obsesos sexuales, y eran adorados, ensalzados. En cambio la mujer que cometiera el menor desliz, inocente, si lo comparamos con los de sus respectivos, lo pagaban muy caro, casi siempre la muerte, y muchas de ellas inocentes. En esa mentalidad la virtud solo se hospedaba en la mujer.




Yo también me quedé sorprendido con ese bello retrato de Johanna ( otra que me inspira gran tristeza). De todas formas, no la encuentro fea en otros retratos, incluso me parece más bella que sus hijas Eleonora y María.


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 Asunto: Re: BIANCA CAPELLO
NotaPublicado: 29 Ago 2011 22:49 
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Coincido en la apreciación, Gorje.

Debo confesar que mientras trataba de distanciarme de mí misma a la hora de relatar las muertes de Dianora y de Isabella, en realidad hervía de indignación, jajaja. Echo sapos y culebras por la boca, si soy sincera. Porque tiene bemoles, oigan, bemoles, que el gran duque Francesco, el cardinal Ferdinando y Pietro se creyesen en pleno derecho -¡el pleno derecho!- a sentenciar a muerte a sus parientas de sexo femenino porque ellas -¡ellas!- eran el baldón de la vergüenza y el deshonor de los Médici. Es que tiene mérito tanta desfachatez...Francesco con su aventura de larga duración, absolutamente pública, con Bianca Cappello, a quien los florentinos consideraban una puttana veneziana y Pietro con su larga serie de orgías...pero es que incluso el cardenal Ferdinando, el cardenal Ferdinando, tenía por amante a Clelia Farnese, hija del cardenal Alessandro Farnese, que era una delicada belleza a la que habían casado con el anciano Giovanni Giorgio Cesarini. Y, claro, como Cesarini era un vejete decrépito en una época en que no se había invitado la viagra, debía parecer excusa más que pluscuamperfecta para ser, siendo hija de un cardenal y sobrina de un Papa, la amante de otro cardenal. Ole con Clelia. Que sí, era muy guapa:

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Pero el caso es que se suponía que el delito cometido por Dianora o por Isabella no era tanto sus infidelidades como el hecho de que esas infidelidades en que ambas incurrían servirían para que los adversarios y/o enemigos hiciesen mofa/befa de las casas Médici y Orsini. Y eso tiene su guasa, porque...¿¿acaso no restaban prestigio a los Médici todos los chuscos epigramas que se hacían acerca de Bianca Capello??¿¿No estaba media Roma inundada de epigramas burlescos acerca de la relación de Ferdinando con Clelia Farnese?? Había uno particularmente hiriente... "Il medico cavalca la mula del Farnese"...indicando que el médico o mediceo -Ferdinand- cabalgaba sobre la bastarda (el sustantivo mula se usaba con frecuencia en referencia a las hijas bastardas) de Farnese. Eso también le hacía daño a los Médici. Pero ellos nunca pagaban el precio de sus excesos, claro...

Y no sigo, que me enciendo con el temita, jejejeje.


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 Asunto: Re: BIANCA CAPELLO
NotaPublicado: 29 Ago 2011 23:28 
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Volviendo a Bianca...

...lo cierto es que en aquel mes de agosto de 1576, mientras los Médici parecían abonarse con gran entusiasmo a la práctica del uxoricidio, la Capello, aparte de pujar por la lencería de una de las muertas quizá pensando en el ajuar de su hija Pellegrina Buonaventuri, estaba desarrollando una ficción extraordinaria, en torno a un embarazo falso que debía proporcionar un hijo varón putativo al gran duque Francesco.

Esto es lo que faltaba para rematar la historia, admitidlo ;)

Bianca había sido una jovencita de magnífica figura, pero, con el paso de los años, había empezado a ganar volumen. Una progresiva hidropesía, es decir una formidable acumulación de líquidos en una época en que ni se llevaba la mesoterapia, ni la presoterapia ni la cavitación...bueno, en serio ya, una progresiva hidropesía estaba haciendo estragos en su silueta. Sin embargo, eso mismo debió darle la idea maestra de su vida: fingir un embarazo mientras otra mujer, cuidadosamente seleccionada, recluída en un lugar completamente aislado del mundo, bajo absoluta vigilancia de los sirvientes más adictos de la Capello, avanzase en un embarazo auténtico. El parto verdadero habría que sincronizarlo con un parto falso, para hacer pasar el bebé de la mujer anónima por un varón engendrado por Francesco en el útero de Bianca.

Era una apuesta tremendamente arriesgada, pero podía resultar también tremendamente ventajosa. Bianca sabía demasiado bien que la mayor frustración de Francesco era que su esposa Johanna, con la que seguía cohabitando por puro sentido del deber, sólo había podido dar a luz, en el curso de ocho años, a seis hijas (de las que tres se habían malogrado). Seis hijas eran suficiente para llevar a un príncipe necesitado de herederos varones a una profunda decepción ribeteada de enojo. A ojos de Francesco, Johanna había resultado un auténtico fiasco: tanto concebir y tanto parir para no dar un único niño, aunque fuese enclenque, aunque tuviese naturaleza enfermiza, pero siquiera...un niño. Si Francesco toleraba y fingía respetar la presencia de Johanna eso se debía, evidentemente, a que se trataba de una Habsburgo. Ella era la hermana del emperador Maximilian II.

Bianca había visto a su Francesco prometiéndole que si Johanna dejase de existir, si él se viese libre de su vínculo conyugal puramente interdinástico, gustoso haría que la veneciana dejase de ser su barragana para convertirla en su esposa. En esa posibilidad se cifraban todas las ilusiones de Bianca, sus más preciados anhelos. Hacia 1575, tras la consolidación en el poder de Francesco, Bianca debió evaluar su situación fríamente...y debió llegar a la conclusión de que presentarle a su amante un hijo varón, justo lo que él más deseaba en el mundo, quizá le animase a "hacer desaparecer a Johanna", el único obstáculo a un segundo matrimonio, esta vez con Bianca. Incluso si no se llegaba a tanto, ese hijo varón reforzaría notablemente la vinculación de Bianca con Francesco. Y ella sentía esa necesidad: los años estaban pasando y si bien Francesco seguía considerándola el latido de su corazón, ella ya no era siempre, invariablemente, la única mujer que le atraía. Francesco acababa, por ejemplo, de sostener una aventura con la dama Violante Ghinucci; no había sido un simple lance erótico, sino algo más serio que había hecho crepitar la atmósfera florentina de cotilleos, porque la mujer, una belleza, era sobrina de Camilla Martelli, la viuda de Cósimo a quien el hijo de éste había encerrado sin contemplaciones en un convento. Aunque la Cappello prefirió no darse por enterada del tema Violante Ghinucci, le había provocado sudores fríos. Le había recordado que estaba en una posición a la que había llegado únicamente por sus encantos y de la que podían privarla fácilmente los encantos de otra más joven que tuviese la audacia de, por ejemplo, darle hijos a Francesco (los Médici tenían a gala comportarse de forma extremadamente protectora también con sus bastardos).

Que Bianca lograse embarazarse no era algo a lo que apostar ni un florín: el historial obstétrico de ella era sorprendentemente limitado, pues habiendo huído a los quince años de la morada veneciana de los Capello para emprender una convivencia con el florentino Pietro Bonaventuri, sólo había concebido y alumbrado una niña, Pellegrina, antes de que se hubiese cumplido un año de la famosa escapada. Dicho de otra forma: de los diecisiéis a los veintisiete años, Bianca no había vuelto a dar pruebas de fertilidad, pese a haber compartido lecho varios años con Pietro y posteriormente con Francesco de Médici. Eso sugiere, al menos, la posibilidade de que la capacidad generatriz de Bianca se haya visto afectada por un primer embarazo/parto que hayan podido presentar serias dificultades. Aunque se trate de una especulación, parece obvio que Bianca, en 1575, no tenía esperanza alguna de lograr un bebé por sí misma, pero su paulatina hidropesía debió inspirarle la idea de fingir un embarazo que le permitiese hacer pasar por suyo el hijo de otra mujer.


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 Asunto: Re: BIANCA CAPELLO
NotaPublicado: 30 Ago 2011 21:32 
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Era un plan tremendamente complicado. Bianca se percataba de que, a esas alturas, nadie esperaba que ella anunciase una gravidez, por lo que debería realizar una formidable interpretación de su papel para evitar que los recelos o las dudas surgiesen no ya en Francesco, que la amaba y estaba predispuesto a su favor, sino en el resto de los Médici (en particular el avezado cardinal Ferdinando), los miembros de la corte medicea y los florentinos en general. Paralelamente, el asunto tenía un trasfondo que requería la intervención de algunas personas cercanas a Bianca. Ella no podía apañárselas sola, sino que necesitaba el concurso de al menos dos miembros de su círculo inmediato. Había que encontrar no una sino varias mujeres encinta, para quienes sus respectivos embarazos supusiesen un riesgo tan grande de verse socialmente estigmatizadas que estuviesen encantadas de que alguien les proporcionase un confinamiento apacible, buena atención durante los alumbramientos y, después, un espacio en el que reponerse, con mucho dinero para retribuírlas por haber cedido a sus retoños. El motivo por el que hacían falta varias mujeres es que no se podía estar seguro nunca de que un parto fuese a salir bien (muchos ofrecían tales dificultades que las criaturas morían en el proceso de emerger del cuerpo materno) e incluso aunque saliesen bien, había un irritante porcentaje de probabilidades de que se obtuviesen NIÑAS. Bianca no quería para nada una niña -Francesco ya había visto surgir seis princesas del vientre de Johanna-, sino que demandaba, imperiosa, UN NIÑO.

Dos sirvientes de Bianca fueron los seleccionados para ocuparse del aspecto práctico, la logística del asunto. Se trataba de Giovanna Santi y de Pietro Elmi, ambos de mediana edad. Giovanna llevaba años ejerciendo el papel de una especie de ama de llaves en la casa de Bianca; nada se hacía o deshacía en el ámbito doméstico de la veneciana sin que estuviese al tanto Giovanna Santi. Pietro Elmi, por su parte, se encargaba de hacer los recados que se le encomendasen con escrupulosa puntillosidad. Los dos parecían firmes en su adhesión a Bianca; al menos hasta entonces, habían servido a su señora teniendo el cuidado de ajustarse milimétricamente a los designios de ella y de no hacer ni decir nada ante terceros que pudiese causarle ni un levísimo incomodo.

Por las fechas, hacia principios de 1756, Giovanna Santi debió encargarse de localizar a algunas damas que estuviesen "en apuros". Ya hemos dicho que no valía cualquier mujer: se querían mujeres de origen relativamente acomodado, de familia respetable, quizá viudas de las que todos sus parientes esperaban que se mantuviesen castas hasta que se les arreglase un nuevo matrimonio ventajoso y que, no obstante su voluntad de cumplir con la convención social, habían cometido un desliz con resultado de embarazo no deseado. Con un perfil tan claro, Giovanna parece haber descubierto tres mujeres que fueron llevadas por Pietro Elmi a residencias cuidadosamente escogidas, en las que estarían celosamente custodiadas, en las que se las mantendría rodeadas de atenciones hasta que diesen a luz. Ninguna de ellas sabía que eran varias las que compartían idéntica situación, cada una de ellas tuvo que sentirse única y especial, agradecida porque la fortuna o la providencia habían cruzado en su camino a Giovanna Santi.

Como es lógico, no conocemos las identidades y las historias al detalle de aquellas tres mujeres. Sólo nos han llegado datos referentes a la única de las tres que dió a luz UN NIÑO el 29 de agosto de 1576. Por lo visto, se llamaba Lucía y era una viuda que se había enamorado de un caballero que, para lograr acceder a su cama, se había deshecho en promesas de un futuro común para los dos. Algo da a entender que al quedarse ella encinta, el caballero se echó atrás: lo único que ofreció fue intermediar para casarla con uno de los sirvientes de su casa. Lucía debió quedarse profundamente abatida. No quería rebajarse a esa boda que se le ofrecía. No sabía a quién acudir en su desgracia. Giovanna surgió como una buena amiga, que le proponía tener al bebé para satisfacer un anhelo maternal insatisfecho de una verdadera patricia, una mujer influyente y rica; esa mujer amaría a la criatura no menos que si lo hubiese concebido y parido ella misma; además, tendría en tanta estima a la madre biológica que quizá la acogería en su palazzo para que ejerciese de nodriza del retoño. Era una oferta que Lucía no podía rechazar. Su honor, su reputación, quedarían a salvo; no tendría que consentir que el padre de su hijo la entregase a un hombre de rango inferior al de él mismo; una patricia haría pasar por propio al vástago, pero ella podría estar convenientemente cerca, cuidándolo, protegiéndolo. A ojos de Lucía, las cosas cuadraron.


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 Asunto: Re: BIANCA CAPELLO
NotaPublicado: 30 Ago 2011 21:55 
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Por eso, querida Minnie, me indigno cuando oigo esa frase "el mundo ha sido injusto con las mujeres". No, los hombres han sido injustos con las mujeres!!!

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La expresión suprema de la belleza es la sencillez.
Alberto Durero.


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 Asunto: Re: BIANCA CAPELLO
NotaPublicado: 30 Ago 2011 22:26 
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Iselen escribió:
Por eso, querida Minnie, me indigno cuando oigo esa frase "el mundo ha sido injusto con las mujeres". No, los hombres han sido injustos con las mujeres!!!


Sí, el doble rasero moral es una clamorosa injusticia que convenía a los hombres ;)

Para mí, lo dramático es que las que, valiéndose de una situación de cierto privilegio, trataban de obtener más control sobre sus vidas, trazarse su camino y buscar cierto grado de realización personal, pagaban un alto precio. Eran siempre las controvertidas, las vilipendiadas y estimagtizadas, porque no encajaban en el rígido corsé de prejuicios acerca de la condición femenina.


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 Asunto: Re: BIANCA CAPELLO
NotaPublicado: 30 Ago 2011 22:54 
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Por tanto, enlazando todas las historias, tenemos que, en julio de 1576, dos mujeres son víctimas de uxoricidio a la medicea: Dianora e Isabella, primas y cuñadas entre sí. Dianora ha dejado un niño, de delicada constitución y frágil salud, llamado Cosimino, que, a falta de hijos varones nacidos del matrimonio entre Francesco y Johanna, es el presumible heredero de la casa de Médici, dado que la sucesión se verifica por línea masculina. Isabella ha dejado una hija, la pequeña Nora, diminutivo aplicable a Francesca Eleonora, que debía tener alrededor de seis años, y un niño, Virginio, de tres años. No cuentan en el "haber" de la casa de Médici, sino en el de la casa Orsini; no obstante, se sabe que al menos Virginio fue llevado al Palazzo Pitti.

Simultáneamente, Bianca ha hecho prosperar la ficción de su embarazo. La Bianca que puja por la lencería de Isabella, obviamente, no puede pensar en utilizar ella misma esa ropa interior de extraordinaria finura, porque está considerablemente voluminosa. Es hidropesía, pero ella la ha combinado con un rápido engorde, a fín de que, entre lo uno y lo otro, pueda transmitir la impresión, remarcando el ancho abdomen, de que está embarazada. Se supone que su bebé nacerá en cualquier momento, pocos meses antes de la fecha fijada para la boda de su hija Pellegrina.

Bianca comparte una característica con las embarazadas "de verdad": no tiene ni idea acerca de cuándo se va a producir el parto. Pero en esa etapa última de gestación falsa, cuidadosamente sincronizada con la verdadera de una viuda llamada Lucía, ha extremado sus precauciones. Intenta pasar mucho tiempo confinada en su residencia, pretextando que no se encuentra bien para no dar acceso a visitas. Incluso a Pellegrina, su hija, la rehúye, pues teme delatarse en presencia de su hija. La tensión emocional de Bianca seguramente alcanzó cotas notables en cada encuentro con el embelesado Francesco, otro al que debe engañar...en distancias cortas. Para colmo, Francesco ha insistido en que en el trance la atenderá el principal físico de su casa, Pietro Cappelli, y, más aún, se empecina en que él estará junto a Bianca, sosteniéndole tiernamente la mano o enjuagándole el sudor de la frente, mientras ella dé a luz a su retoño, el fruto de su amor.

Esta actitud devota de Francesco seguramente supuso una presión brutal sobre la psique de Bianca, pero una vez había llegado hasta dónde había llegado, tenía que sostenerla y no enmendarla, aparte de procurar agudizar al máximo su ingenio en el instante crucial. Íba a disponer de poco tiempo para amañar las cosas. El 29 de agosto, por la mañana, Madonna Lucía dió a luz en la casita en la que había pasado meses, en la florentina Vía de La Forca. Giovanna estuvo al corriente de ese alumbramiento y en cuanto se cercioró de que había una varoncito aparentemente saludable, corrió a avisar a Bianca. Bianca se encontraba en su residencia de la Via Maggio pero enseguida empieza a juzgar la necesidad de fingir un creciente malestar y trasladarse rápidamente a sus Jardines de Rucellai, que constiuyen mejor escenario para su propósito. El problema radica en que Francesco no se despega de su lado...y ha ordenado al físico Cappelli que les espere en Rucellai.

Aunque esta historia de embarazos falsos desprende una evidente sordidez, una -yo misma- no puede dejar de admirar el talento interpretativo de Bianca en tales circunstancias. Para cuando llegan a Rucellai, no obstante, el físico Cappelli, un hombre con notable experiencia y una sagacidad incrementada por ese conocimiento acumulado a lo largo de años, se da cuenta de que los signos de dolor de Bianca no le convencen en absoluto. Hay algo allí que le atufa a falsedad. Pero Cappelli ha llegado a ser el físico más apreciado por los duques Médici no sólo por su capacidad profesional, sino también -no menos relevante- por su actitud profundamente cortesana. Sabe lo que le conviene. Lo que le conviene es sugerir que el parto seguramente vendrá lento y recomendar que, entre tanto, lo mejor que puede hacer Madonna Bianca es confinarse en una alcoba fresca, en penumbra, con la buena compañía de, por ejemplo, Giovanna Santi. Entre tanto, Bianca sugiere a Francesco que vaya al Palazzo Pitti para presidir la cena, según la costumbre diaria. Si regresa a Rucellai tras la cena, parece que aún llegara muy a tiempo de compartir la ordalía de ella.

En teoría, se aprovechó la ausencia de Francesco para introducir al bebé de Madonna Lucía en la cama de Madonna Bianca, que estaba asistida por Giovanna. El encargado de llevar el niño a Rucellai fue, obviamente, Pietro Elmi. Hay incluso una versión extremadamente pintoresca acerca del modo en que Pietro Elmi llevó el rorro a la alcoba de Bianca Capello: se supone que lo hizo habiendo colocado ese pedacito de humanidad en el interior de una hermosa mandolina, que se ofrecía por si la parturienta deseaba que una de sus damas le entretuviese esas horas decisivas con música.


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 Asunto: Re: BIANCA CAPELLO
NotaPublicado: 12 Sep 2011 02:17 
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Excelente como siempre Minnie :bravo: Lo he leído de corrido, por favor continua, estoy con la intriga de si Bianca pudo hacer pasar como propio a ese niño, la verdad el asunto está de culebrón telenovelero.


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 Asunto: Re: BIANCA CAPELLO
NotaPublicado: 12 Sep 2011 04:39 
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Gorje San escribió:
Que triste final para Dianora y Isabelle, que injusta era la sociedad de antaño, con que diferencia se medían las acciones de hombres y mujeres respecto a lo moral. Ellos la mayoría eran asiduos adúlteros, incluso obsesos sexuales, y eran adorados, ensalzados. En cambio la mujer que cometiera el menor desliz, inocente, si lo comparamos con los de sus respectivos, lo pagaban muy caro, casi siempre la muerte, y muchas de ellas inocentes. En esa mentalidad la virtud solo se hospedaba en la mujer.

Minnie escribió:
Iselen escribió:
Por eso, querida Minnie, me indigno cuando oigo esa frase "el mundo ha sido injusto con las mujeres". No, los hombres han sido injustos con las mujeres!!!

Sí, el doble rasero moral es una clamorosa injusticia que convenía a los hombres ;)

Para mí, lo dramático es que las que, valiéndose de una situación de cierto privilegio, trataban de obtener más control sobre sus vidas, trazarse su camino y buscar cierto grado de realización personal, pagaban un alto precio. Eran siempre las controvertidas, las vilipendiadas y estimagtizadas, porque no encajaban en el rígido corsé de prejuicios acerca de la condición femenina.

Pues yo creo que sin el decidido apoyo de las propias mujeres los hombres no habrían podido someterlas durante tantos siglos. Sin duda los hombres han sido injustos con las mujeres, pero yo creo que las propias mujeres también lo han sido con sus iguales incluso en ocasiones en las que, por su situación de privilegio, les hubiera resultado fácil cambiar las cosas a su favor y no lo hicieron por la razón que fuere... Naturalmente estoy generalizando, hubo y hay de todo, como en botica...

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"Buscad la Belleza, es la única protesta que
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(R. Trecet)


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 Asunto: Re: BIANCA CAPELLO
NotaPublicado: 12 Sep 2011 04:44 
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Por cierto, Minnie, ¡¡¡QUEREMOS MÁS, QUEREMOS MÁS!!! no dejes mucho tiempo al crío dentro de la mandolina, por favor, continúa!!! :yay: :yay: :yay:

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"Buscad la Belleza, es la única protesta que
merece la pena en este asqueroso mundo"
(R. Trecet)


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