Foro DINASTÍAS | La Realeza a Través de los Siglos.

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 Asunto: Re: BIANCA CAPELLO
NotaPublicado: 29 Ago 2011 12:25 
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Durante el primer año tras su ascenso, Francesco demostró que podía ejercer su autoridad con una frialdad implacable. Aquí hemos visto a un Francesco decidido a ensalzar más que nunca a su amante Bianca, pero había otro Francesco, y no me refiero exclusivamente al que condenaba a vivir en un triste aislamiento a su esposa austríaca Johanna. Muerto su padre Cósimo, por ejemplo, Francesco tardó nada y menos en quitarse de enmedio a Camilla Martelli. Ya habíamos puesto un retrato de ella, pero recientemente he visto otro, obra de Allori, que refleja la hermosura de la dama:

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Camilla, tras su casamiento morganático con Cósimo, había mostrado excesivo gusto por el lujo -lo que había hecho que se la considerase en general tan dada a la ostentación que caía de lleno en la vulgaridad- pero, por lo demás, se había mantenido en un discreto segundo plano. Quizá se daba cuenta de que ni su boda ni el hecho de tener una hija de su mediceo marido la ponía a salvo del enojo de los parientes de él cuando se quedase viuda. No obstante, Francesco guardaba en su interior un evidente deseo de borrar de la escena florentina a Camilla. En cuanto falleció Cósimo, fue bruscamente separada de su pequeña hija Virginia; a la fuerza, se la condujo al convento delle Murate. En esa época, ella tenía veintinueve años; aparte de la angustia que le hubiese provocado que la privasen de Virginia, de seis añitos, se sintió torturada ante la idea de verse obligada a quedar en un covento "purgando sus pecados" hasta la hora de su muerte.

Se puede apreciar que Francesco no era NADA empático. Cósimo había querido a Camilla no menos de lo que él estimaba a su veneciana Bianca. Más aún, Cósimo había cohabitado con Camilla cuando llevaba tiempo muerta su legítima esposa y madre de sus hijos, Eleonora di Toledo; el hallarse libre de vínculos, ulteriormente, había permitido a Cósimo desposar a Camilla, librando del estigma de la bastardía a la hija común de ambos, Virginia. Se mire como se mire, la posición de Camilla era bastante más "decente" que la que ocupaba Bianca Capello. Pero Francesco trató a Camilla, en un momento en que todavía no se había descompuesto en el sarcófago el cadáver de Cósimo, igual que a una especie de barragana escandalosa a la que hubiese que forzar a décadas de penitencia en seclusión. Lo curioso es que, entre tanto, hemos visto que colmaba de atenciones a Bianca, cuya posición de amante la hacía doblemente vulnerable en caso de que algo le ocurriese a Francesco.

Y a Francesco bien podía sobrevenirle alguna desgracia. En su primer año de gobierno, sus espías tuvieron a bien informarle de un amplio complot cuyo objetivo consistía en asesinarle. El complot debía haber sido de cierta envergadura, pues en él se habían implicado, por lo visto, miembros de algunas de las más célebres familias florentinas: los Machiavelli y los Capponi, los Pucci y los Ridolfi. Por lo visto, los envueltos en la conjura, llegado un punto, se asustaron de sus propias sombras y decidieron detener el curso de la trama; pero los espías habían estado atentos e informaron de todo a Francesco. A éste debió sobrevenirle un acceso de rabia que casi al instante cristalizó en una fría determinación. Algunos de los conspiradores habían podido huír de la ciudad al presentir que se les estaban marcando los pasos, pero otros se habían quedado; fueron detenidos, aprisionados y sentenciados a muerte. Decidido a dejar claro que no se andaría con melindres, Francesco no sólo castigó a aquellos hombres, sino que pasó factura a las familias de las que procedían: hubo una serie de confiscaciones de tierras que dejaron honda impresión entre los ciudadanos.


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 Asunto: Re: BIANCA CAPELLO
NotaPublicado: 29 Ago 2011 12:58 
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Retratos de Bianca

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 Asunto: Re: BIANCA CAPELLO
NotaPublicado: 29 Ago 2011 12:59 
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Gorje San escribió:
Muy bonito el retrato de Francesco, ¿sabes quien es el pintor?

A la pobre duquesa de Bracciano no le quedaba mucho para su tragedia, pobrecilla. Menuda familia, el único que llevo una vida mas apacible-al menos hasta donde yo sé- es Ferdinando.


No, no lo recuerdo, Gorje, pero puedo intentar averiguarlo. Sé que el de Ferdinand es de Scipione Pulzone, pero el de Francesco o el de Pietro o incluso el de mi querida Isabella...no puedo atribuír la autoría.


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 Asunto: Re: BIANCA CAPELLO
NotaPublicado: 29 Ago 2011 13:12 
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Otros retratos de Bianca Capello:

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 Asunto: Re: BIANCA CAPELLO
NotaPublicado: 29 Ago 2011 13:18 
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Minnie, según lo que he averiguado el de Francesco es de Giovanni Bizelli, y el de Pietro, de Bronzino, del de Isabella lo unico que encuentro que es de escuela Italiana.

Te dejo los enlaces de los dos retratos (Francesco y Pietro) para que compruebes las adjudicaciones.

Francesco.

http://www.altesses.eu/max.php?image=5ffb0c288f


Y Pietro: http://www.altesses.eu/max.php?image=879cf499a3


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 Asunto: Re: BIANCA CAPELLO
NotaPublicado: 29 Ago 2011 14:21 
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¡Gracias, Gorje! Compruebo que la misma página tiene unos retratos que a mí me vienen estupendamente para ilustrar ahora el relato...

Son de Pietro...

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...y de su prima a la vez que esposa, Dianora:

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 Asunto: Re: BIANCA CAPELLO
NotaPublicado: 29 Ago 2011 16:23 
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El verano de 1576 resultaría ser particularmente trágico para los Médici de Florencia. Bastaron quince días, los primeros quince días de un cálido e incluso podría decirse que tórrido mes de julio, para mermar significativamente el elenco de princesas vinculadas a la casa ducal.

El drama se cernió, primeramente, sobre una muchacha a la que hemos conocido en la pág 3: Dianora.

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Recordad que la sobrina carnal de Eleonora di Toledo recibió el nombre en honor de esta gran dama renacentista, aunque siempre se la denominaría Dianora para marcar una diferencia con respecto a la tía. El padre de Dianora, don Garzía, había aceptado con gusto, tras la muerte de su esposa Vittoria, que la niña creciese en la corte medicea bajo el amparo de los Grandes Duques de Toscana. Eso ya lo hemos visto. Ya hemos visto que Dianora, de niña, seguía igual que un perrito faldero a su prima Lucrezia de Medici. Cuando Lucrezia se marchó, cuando se quedó sin la presencia luminosa de Lucrezia, Dianora se volvió de modo natural hacia su otra prima: Isabella, la que sería más tarde duquesa de Bracciano.

Hemos visto, asimismo, que el gran duque Cósimo, ya viudo de su Eleonora, consideraba tan deprimente la perspectiva de perder a la sobrinita Dianora por tener que enviarla a casarse con algún potentado de excelente estirpe con quien conviniese una alianza que, finalmente, decidió casarla "dentro de la familia". Cósimo aún disponía de un hijo soltero que, además, era tan turbulento y disipado que causaba serios quebraderos de cabeza: Pietro. Aunque Pietro aborrecía la perspectiva de casarse con su prima, a la que motejaba con irónico desdén "la Toledana", esa boda fue la más celebrada por los Medici a instancias de Cósimo. El padre de la chica le había asegurado una dote no menor que la de una gran princesa (véase de nuevo pag 3 para detalles) y el tío suegro de la joven contribuyó asegurando a la nueva pareja una serie de residencias con propiedades anexas que les convertía en poderosos -y riquísimos- terratenientes.

Hay otra versión, bastante menos inocente, acerca de porqué Cósimo casó a Dianora con Pietro. Conste que la menciono con cierto escrúpulo, porque solamente la he visto reflejada en un libro, concretamente "The Tragedies of the Medici", obra de Egcumbe Staley. Staley presenta a Cósimo como un hombre de fuertes pulsiones sexuales, que llega a formar una especie de haren en Villa Castello incluso antes de la muerte de su mujer. En la perspectiva de Staley, la joven Eleonora degli Albrizzi no habría sido nada excepto una más de las muchas muchachas de buena familia que Cósimo utilizó para su gusto, aunque ella, por su belleza o por sus atractivos, logró mantener el interés de él durante años, proporcionando incluso dos hijos ilegítimos. Tras Eleonora, Camilla Martelli enseguida se destacó sobre el resto de amantes de Cósimo.

En esta atmósfera verdaderamente licenciosa y de notable promiscuidad en la que Staley sitúa una relación casi incestuosa entre Cósimo y la bonita Dianora. La relación habría conducido nada menos que a un embarazo indeseado, momento en el que Cósimo, supuestamente, habría tomado la decisión de casar a Dianora con Pietro, que ni estaba en condiciones de rechazar la boda ni lo estaría más tarde para quejarse de que su padre le hubiese endosado "mercancía usada" ni "un hijo putativo que en realidad era medio hermano".

La historia que describe Staley puede formar parte -y de hecho yo me inclino a creer que forma parte...- de la leyenda negra medicea. No he encontrado referencias consistentes, siquiera medianamente documentadas, para barajar el incesto de Cósimo con Dianora. La marcada predilección de Cósimo por Dianora es algo cierto, pero, generalmente, se atribuye al afecto casi paternal de él hacia esa criatura que había crecido junto a sus propias hijas, bajo su propio techo. Desde luego, la versión de Staley de que Dianora, en su noche de bodas, habría arrojado a la cara de Pietro, igual que un balde de agua sucia, la noticia de que había sido amante del padre de él y estaba embarazada del padre de él, justificaría en gran medida la posterior actitud odiosa del marido respecto a la mujer. Pero en realidad la cuestión seguramente era más simple: Pietro, un príncipe que nadaba en la abundancia y disponía de todo el tiempo del mundo para dedicarse a sus placeres, había cobrado un especial interés por vivir encadenando partidas de caza con auténticas orgías; no le había apetecido casarse, lo había hecho obligado y no estaba en absoluto dispuesto a variar su modo de vida por respeto a su prima, ahora consorte.

Los florentinos, en general, compadecían a Dianora. Supuestamente, la muchacha lo tenía todo a su favor: belleza, elegancia, cultura, refinamiento, rango, riqueza, privilegios. Pero el hecho de que tuviese que soportar a un marido tan envilecido por los excesos de la carne que incluso a los más que tolerantes florentinos les causaba rechazo, hacía de ella una figura conmovedora. Por lo que parece, todas las mujeres de la casa medicea en esa época coincidente con la desaparición de Cósimo y el ascenso de Francesco movían a piedad: Camilla Martelli encerrada en el convento delle Murate, Johanna languideciendo con sus hijos en el Palazzo Vecchio, Isabella duquesa de Bracciano, Dianora di Toledo.

Lo que los florentinos no dudaban es que la preciosa Dianora, tan malcasada, encontraría el amor en otro hombre -siguiendo la estela de su prima Isabella de Bracciano, quien todos sabían que era infiel a su marido Orsini nada menos que con un guapo primo de éste-. Staley recoge en su libro, ya citado, una historia según la cual en 1575, Francesco tuvo que tomar medidas cuando, de forma casual, descubrió que su prima y cuñada, Dianora, se había dejado enredar en una aventura sentimental con Alessandro Gaci. Alessandro Gaci era, desde la perspectiva de Francesco, un perfecto "don nadie": poco tiempo antes había accedido, en calidad de simple cadete, a la guardia ducal, gracias a la recomendación ejercida en su favor por su propio padre, el capitán Francesco Gaci. El idilio de Dianora con Alessandro Gaci merecía un rápido castigo, en opinión de Francesco: el mozo enamorado fue despojado de su uniforme para ingresar a la fuerza en el monasterio de Camaldoli, mientras que la adúltera Medici habría recibido una seria advertencia de que le convenía mantenerse casta.

Otros autores no mencionan ese romance efímero con Alessandro Gaci. Sin embargo, todos recogen la infatuación de Dianora con el cortesano Bernardino Antinori. Antinori era uno de esos hombres que debían resultar extraordinariamente atractivos: caballero de San Stefano, héroe de la gran batalla de Lepanto, sabía moverse con desenvoltura en la renacentista corte florentina, descollando por su talento poético. Los versos encendidos de Antinori hacia Dianora pudieron ser el puente que permitió cruzar desde la orilla de lo platónico hacia la orilla de lo carnal.

Las cosas empezaron a torcerse con un evento que, en principio, no guardaba ninguna relación con la vida cortesana -y el idilio mediceo clandestino- del cavaliere Antinori. Existen dos teorías al respecto, por cierto: en una de ellas, Antinori hirió de gravedad, causándole la muerte, a su gran amigo Francesco de Ginori mientras ambos practicaban un juego bastante popular en la corte medicea, el Calcio, en presencia de damas de alto rango que incluían a Dianora; en la otra, Antinori y Ginori, que solían estar a partir un piñón, mantuvieron sin embargo una noche una disputa que se les fue de las manos en un estrecho pasaje cercano al palazzo Strozzi, atacando Ginori a Antinori y matando Antinori a Ginori de manera accidental al tratar de repeler el ataque. Convencido de que podía justificarse y salir indemne, Antinori se entregó rápidamente a las autoridades. Eso produjo una impresión favorable de él, de modo que simplemente se le ordenó mantenerse confinado en la residencia de su familia hasta que el duque Francesco se pronunciase respecto a cuál debería ser el castigo.

En esos días en que Antinori estuvo encerrado, Dianora debió perder por completo el dominio de sus nervios; no pudiendo apaciguarse de ninguna manera, empezó a dar paseos constantes alrededor de la casa en la que permanecía su amado, con la vana ilusión de poder descubrirle a través de alguna ventana, quizá de intercambiar una mirada o unas palabras. Ahí no había, desde luego, ni un ápice de prudencia, menos aún de ese instinto de auto-preservación que suele acompañar a los seres humanos en el tránsito por el mundo.

En principio, Francesco no deseaba mostrarse implacable con Bernardino. Se trataba de un cavaliere de buena reputación, un militar con magnífica hoja de servicios y un cortesano apreciado por los Medici. Si había dado un mal paso, lo había hecho o jugando o para defenderse a sí mismo en el curso de una disputa. Esa clase de episodios, que denotaban exceso de temperamento y sangre caliente en las venas, podían comprenderse. Pero, obviamente, algún castigo había que establecer para un homicidio. Francesco determinó que Bernardino Antinori se exiliase en la mediterránea isla de Elba.

Desde la isla de Elba, Antinori no pudo o no quiso reprimir el deseo de mantenerse en contacto epistolar con Dianora. Las cartas podían cubrir la distancia física establecida entre ambos por las fatídicas circunstancias; siempre podían pagar generosamente mensajeros que cubriesen la ruta de Elba a Florencia y de Florencia a Elba. Las cartas, después, eran introducidas en los aposentos palaciegos que ocupaba Dianora por un miembro de la guardia, Filippo Antinori, hermano de Bernardino. Es probable que Filippo Antinori se descuidase en algún momento, porque algunas de las misivas fueron leídas, al parecer, por otro miembro de la casa ducal, el capitán Giulio Gaccini. Gaccini debió considerar que le beneficiaba hacer que las misivas fuesen del conocimiento del gran duque Francesco, a fín de cuentas señor omnipotente de todos ellos.

No está muy claro si la carta o las cartas interceptadas eran material de alta graduación sólo porque dejaban clara la intimidad de la relación de Antinori con Dianora o si contenían algo más que pudiese ofender al gran duque Francesco...por ejemplo, alguna sugerencia de Antinori en el sentido de que estaba tratando con miembros de notables clanes florentinos para que estos buscasen la forma de revertir su exilio en Elba. Hay autores que indican que, peor aún que el hecho de que hubiese una correspondencia amorosa, fue que Antinori pretendía usar sus conexiones para acortar su condena, algo que contrarió profundamente al gran duque Francesco. Al final, Francesco ordenó que Bernardino Antinori fuese llevado de vuelta a Florencia y encerrado en las mazmorras de Bargello. No tuvo tiempo a hacerse a la idea de que estaba realmente encerrado en el tenebroso Bargello, pues a la noche siguiente un fraile irrumpió en su celda, le despertó con cierta brusquedad y le indicó que debía aligerar su conciencia mediante una adecuada confesión, porque moriría en menos de una hora. Bernardino Antinori fue estrangulado aquel 20 de junio de 1576.

Se dice que fue Francesco mismo quien informó a su prima y cuñada Dianora de la ejecución sumaria de Antinori. De ser cierto que previamente al episodio Bernardino Antinori se había producido el episodio Alessandro Gaci, el hecho de que Francesco quisiese comunicar la noticia a Dianora era una clara advertencia de que la princesa de la casa Medici había excedido los límites. Una mujer podía poner el riesgo su virtud -¿qué era la virtud?- pero debía cuidar su reputación, en particular siendo sobrina carnal de Eleonora di Toledo, esposa de Pietro di Medici y madre de Cosimino, que en ese momento era el pequeño heredero de los Medici.

Dianora debió quedar emocionalmente devastada. Sus días debían ser una mezcla de remordimiento y dolor por la pérdida, pero de noche tenía que absorverla el temor, el paralizante temor entreverado de angustia por lo que pudiera sobrevenir. Por lo visto, se sintió morir cuando recibió una orden de su marido, Pietro, en el sentido de que debía reunirse con él de inmediato en una de sus villas de la campiña...Caffagiuolo.


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 Asunto: Re: BIANCA CAPELLO
NotaPublicado: 29 Ago 2011 16:36 
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Por los dioses, cómo sabéis tanto?

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 Asunto: Re: BIANCA CAPELLO
NotaPublicado: 29 Ago 2011 16:50 
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Villa medicea de Caffagi(u)olo:

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Todavía hoy, constituye un conjunto de gran belleza en Mugello, en plena campiña de la Toscana, que recibe numerosos visitantes. Podemos organizar una excursión a Caffagiolo...¿cómo lo véis?

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 Asunto: Re: BIANCA CAPELLO
NotaPublicado: 29 Ago 2011 17:24 
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El 10 de julio de 1576, cuando quizá empezaba a preguntarse si no se había asustado mucho más de lo necesario, Dianora recibió un mensaje redactado por Pietro en tono seco, tajante. Al recibo de aquel mensaje, debía abandonar Florencia, dejando a su hijo, Cosimino, allí. Pietro la esperaba en Villa Caggi(u)olo, situada a poco más de veintidós kilómetros de Florencia, en plena ruta que une esa increíble ciudad con Faenza.

Había algo particularmente ominoso en ese mensaje y era, sin duda, la referencia explícita a que Cosimino no debería acompañar a Dianora en el viaje a Villa Caggi(u)olo. Dianora sintió que el corazón se le subía a la garganta; se sabe que no pudo controlar sus temores y que se echó a llorar desesperadamente al despedirse de Cosimino, quien, seguramente, no entendería ese arrebato emocional de su elegante madre. Por lo visto, sólo dos damas de compañía y un reducido séquito de guardias acompañó a Dianora en su viaje a Mugello, que hubo que realizar a pleno galope y sin paradas. Algún autor indica que el trayecto, por lo general agradable, en plena campiña toscana, se hizo duro por la elevada temperatura, el sol que caía a plomo y el ritmo trepidante que se impusieron, con el fín de agradar a Pietro. Hay una anécdota, a veces repetida, según la cual un caballo no pudo aguantar esa cabalgada y colapsó. Se relata más bien como una especie de escena ominosa, que habría infundido pavor en la pobre Dianora.

Cuando llegaron a la villa medicea, estaba cayendo el sol. La casa ofrecía una estampa adecuadamente sombría, pues apenas se habían encendido algunas velas para iluminar el comedor en el que Pietro esperaba para compartir la cena con Dianora. Resulta bastante perturbador imaginando a Pietro y Dianora cenando en mutua compañía, él dirigiéndole torvas miradas y ella encogiéndose en la silla mientras intentaba pasar algún bocado con ayuda de un sorbo de vino. Es una escena que he recreado en mi mente en ocasiones y os juro que a mí me eriza la nuca. Por lo visto, finalizada la cena, Pietro se abalanzó sobre Dianora espada en mano. Y la ensartó en la espada, igual que se ensarta un sardina en un espetón. Alternativamente, se ha sugerido otra versión en la que, tras la cena, hubo baile y, después, la dama se retiró a su dormitorio a dormir; hallándose en el inicio de su sueño, la sorprendió una visita de Pietro, armado con un cordel con el que pudo ser entrangulada, no sin resistirse bravamente.

Pietro esperó unas horas antes de despachar un mensajero a su hermano Francesco. El hermano menor practicó una llamativa economía de palabras:

"La pasada tarde, a las seis, mi esposa sufrió una accidente y murió. Por lo tanto quede Su Alteza en paz y escribidme qué debo hacer y si debo o no acudir dónde os halléis. Vuestro humilde servidor y hermano, Don Pietro de Medici".

Esa versión del "accidente" fue transmitida por Francesco rápidamente en una misiva dirigida a su hermano común con Pietro, el cardinal Ferdinando. Ante la ciudad y para el mundo, se anunciaría que Dianora había expirado a causa de un fallo cardíaco producido por la ruptura de una aorta. Pero mientras se enterraba apresuradamente a Dianora en el mausoleo mediceo de San Lorenzo, en la ciudad todos se hacían lenguas acerca de un supuesto "crimen de honor" perpetrado por Pietro con el conocimiento previo y la tácita aceptación de sus hermanos, Francesco -el duque- y Ferdinando -el cardenal-.


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 Asunto: Re: BIANCA CAPELLO
NotaPublicado: 29 Ago 2011 17:50 
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Fascinante tema!!!! Me está encantando, Minnie!


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 Asunto: Re: BIANCA CAPELLO
NotaPublicado: 29 Ago 2011 19:28 
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Caffagiolo me apunto ;D

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