Foro DINASTÍAS | La Realeza a Través de los Siglos.

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 Asunto: Re: BIANCA CAPELLO
NotaPublicado: 24 Ago 2010 03:09 
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micmic escribió:
Otra fantástica pintura de Lavinia Fontana, llamada "Cinque donne con cane e papagallo", y que si cree retratar Bianca Capello al centro

(basta, ya la he diminuido 5 veces y todavia no aparece...uffa...mañana la redimensiono de nuevo :ufff: )

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Si parece Tilda Swinton!!!
Micmic, me encanta este cuadro :thumbup:

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"Buscad la Belleza, es la única protesta que
merece la pena en este asqueroso mundo"
(R. Trecet)


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 Asunto: Re: BIANCA CAPELLO
NotaPublicado: 28 Ago 2010 09:46 
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¡Qué interesantes las aportaciones! Gracias, Mic. A mí me pasa lo mismo que a Vandal, me he quedado impresionada con el cuadro de las cinco damas obra de Lavinia Fontana. Creo haberlo visto alguna vez en tamaño muyyyy reducido, por lo que no lo aprecié del modo en que se merece. Además, ignoraba por completo que se especula con que la dama principal pueda ser Bianca Capello.

Yo creo que hay que intentar al menos "meterse en la piel" de los personajes. En ese sentido, siempre me fascina releer cualquier obra de Zweig, porque él hace un esfuerzo constante por ubicar a sus personajes dentro del entramado de circunstancias que les rodeaban y de tratar de averigüar cuáles podían ser sus motivaciones para seguir uno u otro curso de acción. Por supuesto, no es nada fácil y existe un margen de error importante a la hora de interpretar desde una época muy posterior lo que pudo pensar o sentir una persona al ir desbrozándose camino, pero hay que intentarlo, jajajaja.

Por ejemplo, estábamos con Pietro. En mi opinión, ese florentino proveniente de una familia bastante sencilla y convencional salió "aventurero". Se le encauzó para que siguiese exactamente los pasos del tío paterno que trabajaba para los Salviati: en teoría debería haberse ajustado escrupulosamente a las pautas sociales y haber obtenido una existencia prácticamente similar a la de cualquier empleado de banca de su tiempo, sin hechos relevantes que le sacasen nunca del anonimato. Pero la seducción de la patricia y heredera veneciana Bianca Capello supuso una absoluta ruptura con esa pauta, en el sentido de que la reacción de la familia de ella, que acudió a buscar amparo a los órganos judiciales de la Sereníssima, le hizo famoso en toda Italia. Le colgó la etiqueta de "ese sinvergüenza redomado que ha sacado de casa de los padres a una bella joven todavía en los quince años". Quedó a merced de los cazadores de recompensas, que sabían que cobrarían un dineral si le enviaban cautivo o cadáver a los venecianos. La historia dió un giro con el encuentro de Bianca con Francesco de Médici, que tuvo su orígen en la curiosidad del príncipe por la veneciana que estaba causando tanto alboroto. La infatuación de Francesco con Bianca alteró las cosas sustancialmente. Ella, que seguramente se había caído del guindo respecto a Pietro, aprovechó su oportunidad para consolidarse socialmente a través de Francesco. Pero Pietro consintió encantado, dado que también sacaba ventajas de la relación de Francesco con Bianca. Y mi impresión es que al salir tan bien parado del episodio rapto veneciano, Pietro "se creció". Se vió a sí mismo como una criatura mimada por la diosa Fortuna, alguien que podía hacer lo que quisiera y tomar de la vida lo que se le antojase sin que se le pidiesen cuentas por ello mientras gozase de la protección medicea. No consideró que esa protección medicea era altamente dudosa y por tanto altamente volátil. A fín de cuentas, Francesco se aseguraba de que Bianca sería una casada sin marido efectivo pagándole a Pietro a cambio de que éste renunciase a ejercer sus prerrogativas conyugales. Pero eso no significaba que Pietro no fuese un inconveniente, una rémora constante en la existencia de Bianca. A ojos de Francesco, seguramente sobraba en el escenario aquel personaje al que no tenía nada que agradecerle excepto que hubiese llevado a Bianca de Venecia a Florencia y que hubiese aceptado el papel de cornudo bien remunerado.

La aventura de Pietro con Cassandra Ricci de Borghiani, a la que algunos apodaban la Sirena de Florencia porque hombre al que atraía hombre que acababa perdiendo la vida, situó a Pietro frente a un claro peligro que él no veía o no quería ver. Algunos autores sugieren que Francesco -quizá con un punto de cinismo...- advirtió sin embargo a Pietro Buonaventuri de que se exponía en exceso, pero Buonaventuri siguió frecuentando la alcoba de Cassandra y, peor aún, sus visitas no guardaban ni un ápice de discreción. El modo en que Pietro Buonaventuri se ufanaba de sus conquistas amorosas enardecía todavía más a los Ricci, aquellos orgullosos parientes de Cassandra.

En la noche del 27 de agosto de 1572, Pietro abandonó acompañado por dos de sus sirvientes de confianza la residencia de Cassandra después de uno de sus encuentros para retornar a su propio palazzo de la Via Maggio. Cuando avanzaban resueltos hacia el puente de la Santa Trinita para cruzar el río Arno, se vieron repentinamente cercados por un grupo de doce hombres convenientemente envueltos en capas y que portaban armas. Fue una avalancha la que se cernió sobre Pietro y sus sirvientes: uno de éstos recibió casi al instante heridas letales, mientras que otro lograba huír de manera poco menos que milagrosa. El propio Pietro trató de hacer frente a sus atacantes y de encontrar una vía de escape cuando ya estaba herido: de alguna manera pudo cruzar el puente y aproximarse a la Via Maggio perseguido por los asaltantes. No obstante, le dieron caza y le remataron. Al final, Pietro quedó tendido en el suelo adoquinado, con veinticinco estocadas en el cuerpo, algunas de ellas mortales de necesidad. Los mismos que le habían atacado se encargaron, por cierto, de regresar sobre los pasos del difunto para adentrarse en la casa de Cassandra de Borghiani, sorprenderla en sus aposentos y asesinarla salvajemente. Los Ricci, por lo visto, habían decidido que se habían cansado de matar amantes de la viuda Borghiani y preferían asegurarse de que Cassandra no tuviese ocasión de seguir deshonrándose -por tanto deshonrándoles...- en el futuro.

Bianca debió enterarse de la muerte de Pietro con la madrugada...y experimentó temor suficiente para dirigirse apresuradamente al Palazzo Pitti a pedir protección así como un castigo inmediato para los asesinos de su marido, encabezados, al parecer, por Roberto Ricci. En realidad, hay muchas posibilidades de que Bianca supiese que Francesco ni siquiera estaba en el Palazzo Pitti para poder recibirla y escuchar sus demandas, pues el príncipe se había ído a visitar Pratolino unos días atrás, seguramente no sin habérselo comunicado a su amada. Por tanto, es probable que esa aparición de Bianca en el Palazzo Pitti en el papel de viuda conmocionada y reivindicativa de justicia para el esposo muerto estuviese cuidadosamente calculada para tratar de conseguir cierta simpatía de los florentinos hacia ella. El asunto es que Francesco retornó de Pratolino al día siguiente y se mostró muy solícito hacia Bianca, pero a pesar de que aseguró que los asesinos recibirían su merecido, éstos se las apañaron para abandonar la ciudad y el gran ducado, viajando hasta cruzar la frontera con Francia. Los florentinos sacaron la conclusión de que Francesco y Bianca "habían hecho el paripé": ni a ella le afectaba realmente el asesinato de Pietro ni Francesco tenía ganas de cobrarse la sangre vertida con más sangre derramada, en ese caso de los Ricci. Bianca se había quedado libre de cualquier vínculo, era una viuda que, eventualmente, podría casarse de nuevo si así le placía. Se dice que en ese momento fue cuando Francesco le dijo que lo único que podía hacer, aparte de seguir brindándole su amor y generosa protección, era elevarla al rango de su consorte en cuanto tuviese ocasión de hacerlo. De ahí se deduce que ya sólo había un obstáculo en el camino al altar de Francesco y Bianca: Johanna de Austria.


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 Asunto: Re: BIANCA CAPELLO
NotaPublicado: 29 Ago 2010 10:10 
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Hay autores que le confieren a esa escena un toque impresionante, explicitando que Francesco le prometió a Bianca "delante de una imagen sagrada" que la tomaría por esposa cuando no sólo ella sino también él fuese libre de contraer nupcias. La verdad es que siempre me he imaginado a Francesco con aire solemne, a Bianca tratando de no reventar de pura ansiedad y, en el siguiente plano de mi recreación mental, aparece el príncipe ofreciéndole a su amada veneciana una sarta de perlas, jajaja, porque a él le gustaba cubrirla de alhajas y ella mostraba predilección hacia las perlas ;) Pero esto último es mi propia fantasía, claro...

El caso es que la muerte de Pietro podía inquietar, y no poco, a Johanna de Austria:

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¡Pobre mujer! La encuentro muy digna de compasión. Siendo una Habsburgo, prácticamente desde la cuna le habían hecho tomar conciencia de la extraordinaria relevancia de la estirpe a la cual pertenecía. Johanna se sintió en cierto modo "degradada" cuando su hermano el emperador Maximilian la envió a casarse con el Médici heredero del gran ducado de Toscana. Hasta entonces, los Médici nunca habían "estado a la altura" de los Habsburgo: de hecho, cuando en su juventud Cósimo I, el padre de Francesco, había albergado la esperanza de contraer algún vínculo por afinidad con los imperiales Habsburgo, había aspirado "solamente" a una hija natural del emperador Carlos V, Margarita. Reconocida por el padre, educada por las tías, pero, en resumidas cuentas, una hija natural, no una archiduquesa ni una infanta. Para Francesco se había solicitado una auténtica archiduquesa, que llevaba en las venas la sangre de los Habsburgo mezclada con la de los Jagellon. A Johanna no le hizo gracia verse en esa tesitura.

Precisamente por lo que ella representaba, Cósimo la había recibido con grandes muestras de solicitud y se había esforzado por rodearla de atenciones. Pero Cósimo era el único que la trataba con deferencia, mientras que la hija de éste, Isabella duquesa de Bracciano, intentaba también mantener una relación amable con la cuñada austríaca. Francesco nunca puso ni pizca de interés en Johanna, su actitud hacia ella se basaba en visitarla en el lecho para hacerle hijos con la esperanza de obtener de una dichosa vez un varón que garantizase la sucesión medicea. La llegada de varias hijas sucesivas ensombreció todavía más el carácter de por sí bastante sombrío de Francesco. En cuanto a la propia Johanna, se sabe que quería a sus hijas, pero debía resultarle frustrante atravesar aquella ordalía de partos y embarazos concatenados sin conseguir proporcionar el varón que todos esperaban. Johanna, en cierto modo, arrastraba su existencia como el cautivo que se remueve de un lado a otro arrastrando sus cadenas. Para colmo, al desaparecer Pietro Buonaventuri, el que había llegado a ser chambelán de Francesco por el mero hecho de sostener en buena posición a Bianca Capello en la corte medicea, el príncipe empezó a tributar mayores pruebas de su amor a la veneciana. A Johanna le parecía una constante afrenta, una humillación privada y pública. El consuelo de Johanna debía ser que los florentinos NO apreciaban a Bianca Capello, en quien veían a una intrigante ambiciosa. Pero, paralelamente, los mismos florentinos TAMPOCO querían a Johanna, que era demasiado fría y altanera según su percepción, aparte de que había llegado a ellos con "la tara" de no producir más que niñas.

Recordemos que el 1572, año de la muerte de Pietro Buonaventuri, que tanto dió que hablar en Florencia y fuera de Florencia, Johanna acababa de tener a su quinta hija, Lucrezia. Francesco no había tratado de disimular su absoluta decepción con esa quinta princesa medicea. El rumor de la promesa formulada supuestamente por Francesco a Bianca flotaba por la ciudad entre las neblinas que se elevaban desde las aguas del río Arno y es probable que llegase a oídos de Johanna. Ésta debió considerar que era una auténtica lástima que no hubiese prosperado un proyecto que había existido años antes de casar a Francesco con Elisabet de Suecia, una hija del rey Gustav V Vasa con su segunda mujer, una simple aristócrata llamada Margareta Eriksdotter Leijonhuvfud. Si Francesco se hubiese desposado con Elisabet de Suecia, Johanna pensaba que hubiera podido permanecer en la corte imperial, quizá a la espera de otro casamiento que la rebajase menos y que quizá le hubiese brindado mayores posibilidades de estar razonablemente satisfecha con su destino. Pero Elisabet de Suecia se había librado de acabar en la corte medicea y Johanna de Austria tenía que resignarse a que su posición sería siempre penosa...aunque un hijo varón, sin duda, le serviría de refuerzo a todos los efectos.

La ausencia de un niño se había hecho notar más en 1572 porque Isabella duquesa de Bracciano había dado a luz a uno, Virginio Orsini. A esas alturas, los florentinos se preguntaban, no sin ironía, si Virginio era un Orsini por haberle engendrado el esposo de Isabella, Paolo Giordano, o por haberle engendrado el pariente de éste amado por la duquesa, Troilo. Los mismos rumores se habían cernido sobre las dos niñas que Isabella había conseguido dar a luz en los años inmediatamente anteriores, Eleonora, llamada Nora, e Isabella, muerta a los pocos meses de nacer, precisamente cuando la madre se disponía ya a alumbrar a Virginio. Cósimo I de Médici, que ya sabemos que bebía los vientos por su hija Isabella, era un hombre perfectamente informado de que su hija duquesa de Bracciano vivía ejerciendo una excesiva libertad respecto a su condición de mujer (mal)casada. Cósimo I de Médici era zorro viejo...y percibía el peligro. Intentó poner sobre aviso a Isabella, repitiéndole con frecuencia la frase: "Yo no viviré para siempre". Con ello quería decirle que mientras él permaneciese en el mundo, ella gozaría de la invulnerabilidad que le ofrecía el ser la hija favorita del gran duque de Toscana; nadie en el entorno se atrevería a pedirle cuentas a Isabella por temor hacia Cósimo. Pero en cuanto Cósimo faltase...las cosas podían cambiar y mucho. Francesco no estaba nada satisfecho con el hecho de que se cuestionase la virtud de su hermana Isabella. Eso era un baldón sobre el honor de los Médici, desde su perspectiva.


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 Asunto: Re: BIANCA CAPELLO
NotaPublicado: 29 Ago 2010 21:43 
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Otro personaje femenino había cobrado relevancia en el entorno Médici desde 1571. Se trataba de la segunda Eleonora di Toledo, a quien, para diferenciarla de su tía homónima, aplicaremos el diminutivo que ya le dieron muchos coetáneos suyos: Dianora.

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Ya la habíamos mencionado, pero comprendo que estos temas con superabundancia de personajes pueden ser liosos, jajaja, así que, para que nadie tenga que retroceder a buscar la referencia a Dianora, nos refrescamos la memoria. A raíz de la boda de Cósimo I de Médici con la primera Eleonora di Toledo, los parientes de ella gozaron de las ventajas derivadas de esa conexión con la corte ducal de Toscana. Eleonora di Toledo mantenía vínculos estrechos con sus hermanos, entre ellos don García, italianizado en don Garzía, Álvarez de Toledo. Don Garzía, por lo tanto, se benefició situándose gracias a su cuñado Cósimo en el papel de guardián de las estratégicas fortalezas de Valdichiana, allá por el año 1553; la esposa de éste, Vittoria d´Ascanio Colonna, dió a luz en Florencia a una niña a la que, de forma bastante natural, se decidió bautizar con el nombre de Eleonora, si bien se la llamaría afectuosamente Dianora.

Al cabo de pocos meses, completada su tarea en Valdichiana, Garzía tuvo que retornar a Nápoles, dónde los Toledo cumplían un papel esencial por designación de Carlos V. Llevó consigo a su esposa Vittoria, pero ambos consideraron que el viaje de Florencia a Nápoles sería demasiado penoso para una criatura que aún no había cumplido un año de edad, de modo que dejaron a Dianora a cargo de la tía Eleonora di Toledo. Puesto que Vittoria d´Ascanio Colonna enfermó y murió prematuramente en un breve lapso de tiempo, el afligido don Garzía consideró que Dianora estaría perfectamente atendida en el Palazzo Pitti de Florencia. La pequeña se integró en el círculo Médici como si fuese "una de ellos". Enseguida mostró una fuerte inclinación hacia su prima Lucrezia, que le sacaba ocho años de edad; a todos les hacía gracia ver que la chiquitina Dianora aparecía siempre adherida a las faldas de Lucrezia. Cuando Lucrezia se casó, Dianora tenía apenas cinco años...y se quedó tremendamente afectada por la marcha de la prima. Pero lo peor fue que antes de que Dianora cumpliese nueve años, murió su tía Eleonora di Toledo. Dianora no se sintió menos huérfana que la hija que sobrevivió a Eleonora di Toledo, Isabella duquesa de Bracciano.

Cósimo I adoraba a su sobrina Dianora...e Isabella duquesa de Bracciano se tomó sincero interés en supervisar la educación de la muchacha. Así que Dianora siguió siendo "una más entre los Médici". Nadie en el Palazzo Pitti podía hacerse a la idea de que algún día Dianora contrajese matrimonio y se largase de Florencia. Estaba claro, no obstante, que tendría que casarse...y ventajosamente, porque su padre, don Garzía, había prosperado. Había sido virrey de Cataluña antes de reemplazar a su progenitor en el papel de virrey de Nápoles, aparte de haberse distinguido en la famosa batalla de Lepanto frente a la armada turca, por lo que gozaba de la alta estima del rey Felipe II.

La solución debió surgir de forma lógica en la cabeza de Cósimo I de Médici. El menor de sus hijos varones, Pietro, apenas un año menor que Dianora, era una fuente constante de preocupación para los Médici. La desaparición temprana de Eleonora di Toledo le había dejado sin la presencia materna con ocho años; probablemente, ella hubiese logrado atemperarle y encauzarle, pero, sin esa referencia emocional, siendo el menor de la casa, había crecido acostumbrado a hacer lo que le daba la real gana, a imponer su voluntad y a no refrenarse ante nada. Era temperamental, turbulento y demasiado inclinado a una vida de puro libertinaje. A Cósimo le pareció, quizá, que una boda con la hermosa y vivaz prima Dianora asentaría a Pietro, para quien tenía en mente una carrera diplomática a pesar del mal carácter de éste. Empezó a planificarse el enlace en 1568...y se llevaría a efecto en 1571, después de que el padre de Dianora, don Garzía, hubiese otorgado a la hija una dote formidable, de cuarenta mil ducados de oro. Cósimo no quiso quedarse atrás con respecto a don Garzía: deseaba otorgar un patrimonio significativo a su hijo Pietro, para beneficio de éste y de la sobrina por la que bebía los vientos incluso antes de que ella fuese a transformarse asimismo en su nuera. Por voluntad de Cósimo, Pietro y Dianora tendrían como residencia principal el palazzo Medici ubicado en la Vía Larga de Florencia, pero, además, dispondrían de un extenso surtido de villas, con las correspondientes propiedades de gran tamaño que generaban magníficas rentas anuales, en Careggi, Trebbio, Castagnola, Fiesole, Livorno, etc, etc. Vamos, que Pietro se convertía en un latifundista de aúpa para que no le faltasen caudalosos ingresos con lo que sostener su casa tras la boda con Dianora.

Ni siquiera la patente buena voluntad de Cósimo y don Garzía podía garantizar no obstante la felicidad conyugal de Dianora. Pietro consideró que le estaban obligando a desposar a su prima, a quien llamaba, despectivamente, "la Toledana". Por su gusto, hubiese permanecido soltero, encadenando breves relaciones con mujeres a las que sus coetáneos atribuían menos moral que a cualquier gata callejera. Pietro tenía, visto lo visto, preferencia por las prostitutas, con las que la prácticas sexuales no debían ser precisamente convencionales. La boda con "la Toledana" fue una imposición a la que respondió tratando a su mujer con tanta rudeza que Florencia entera se quedó seriamente impresionada. En principio, Dianora, tan guapa y tan rutilante cuando montaba a caballo, inspiró sincera compasión en la corte medicea y entre los florentinos por tener que soportar las actitudes desdeñosas, despóticas y violentas de Pietro de Médici.


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 Asunto: Re: BIANCA CAPELLO
NotaPublicado: 29 Ago 2010 22:07 
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Enlazando con todo lo anterior, para ir viendo el mosaico que integran todas esas teselitas...

...a partir de 1572, cuando en Florencia se hablaba de Las Tres Gracias de los Médici, se referían a Isabella duquesa de Bracciano, a Dianora di Toledo y a Bianca Capello. Las tres tenían en común el poseer simultáneamente belleza y vivacidad, es decir, la capacidad de desenvolverse con especial soltura en una atmósfera claramente renacentista. En las sombras, permanecían dos mujeres: Johanna de Austria, la esposa de Francesco, y Camilla Martelli, que, bien a su pesar, no podía representar el papel de primera dama pese a haberse convertido en esposa de Cósimo.

Siempre he pensado que lo verdaderamente curioso es que el destino de esas cinco mujeres dependía en gran medida de la presencia o desaparición de Cósimo I de Médici. Éste se había retirado de los asuntos de gobierno, a causa de su mala salud; vivía apaciblemente con su Camilla Martelli, mientras Francesco, que pretería a su esposa Johanna en favor de su amante Bianca, ejercía el papel de regente. Pero el hecho de que Cósimo I estuviese vivo a pesar de su evidente deterioro representaba una especie de "seguro" para su mujer morganática Camilla, para su hija Isabella y para sus nueras, Johanna y Dianora.

En 1573, un ictus de cierta envergadura tenía a Cósimo postrado, en una invalidez que a él debía provocarle una enorme frustración personal que ni siquiera podía expresar porque se había visto afectada su capacidad de habla. Pero no cabe duda de que debió alegrarle mucho la llegada al mundo del que sería único hijo de Pietro con Dianora: el bebé recibió el nombre de Cósimo, pero se le denominaría Cosimino para diferenciarlo del abuelo paterno. Cósimo quería a su nieto Virginio Orsini, pero éste, nacido de su hija Isabella, pertenecía a la casa Orsini aunque la madre fuese una Médici. En cambio, Cosimino aseguraba el relevo generacional entre los Médici en el caso de que Francesco siguiese sin engendrar un varón en su esposa Johanna, que ese año tuvo la sexta hija, María.

Al menos, Cósimo I se murió con esa satisfacción, el 21 de abril de 1574.


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 Asunto: Re: BIANCA CAPELLO
NotaPublicado: 20 Feb 2011 00:05 
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 Asunto: Re: BIANCA CAPELLO
NotaPublicado: 28 Ago 2011 21:51 
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Retomando el tema ;)

La muerte de Cósimo I suponía el inmediato ascenso a la cúspide del poder de Francesco, su sombrío hijo mayor. Y esto, desde luego, íba a incrementar la influencia y la riqueza acumuladas en los años precedentes por su amante Bianca Capello.

Después de que el marido de Bianca, Pietro Buonaventuri, hubiese muerto a resultas del famoso lance en el puente de la Santa Trinità, Francesco, todavía el heredero mediceo, ya había llegado a la conclusión de que no se podía garantizar de manera absoluta la seguridad de su querida en la vivienda que ella ocupaba por entonces en la Via Maggio. Para alegrar a Bianca, Francesco se había dejado una auténtica fortuna en adquirir la extensa propiedad denominada Jardines de Rucellai, en plena Vía della Scala. El único "pero" es que la mansión, tal como se encontraba acondicionada, no le parecía suficientemente refinada y lujosa para Bianca. Además, también requerían mejoras sustanciales los jardines. Así que, en realidad, mientras se preparaban en su honor los Jardines de Rucellai, Bianca hubo de seguir residiendo en la Via Maggio; y puesto que no se encontraba a gusto allí, hizo saber que en cuanto el verano se volviese tórrido pensaba marcharse a su bella propiedad de la campiña toscana: villa La Tana.

Aunque pueda parecer mentira, las tensiones ambientales se hacían sentir especialmente desde que la muerte de Cósimo habían elevado a Francesco al rango de cabeza del clan Médici, así como Gran Duque de Toscana. El emperador estaba tardando en cumplir con la formalidad de ratificar el título recien adquirido por Francesco, quizá una manera de castigar a éste por la odiosa negligencia que dispensaba a su legítima, Johanna de Austria, mientras que, a la vez, no se privaba de ensalzar a Bianca Capello. En esa atmósfera sobrecargada, se sabe que Bianca sufrió un desvanecimiento en público cuando asistía a una misa junto a Francesco en la iglesia de la Annunziata, en el verano de 1574. Ninguno de los presentes dejó de observar la repentina palidez en el semblante y el temor asomando en los ojos de Francesco. Bianca fue llevada en litera a su domicilio, instalada en su alcoba y visitada rápidamente por los físicos de confianza de Francesco. Por lo visto, hubo un proceso febril que se prolongó varios días; en la ciudad se rumoreó que estaba al borde de la muerte. Desde luego, la muy enfermiza y consumida por tanto parto Johanna de Austria debió combatir duramente contra la tentación de rogar a Dios que enviase al infierno a la concubina de su esposo en ese período.

Bianca se sobrepuso a las fiebres, pero por primera vez en su existencia había sentido el frío hálito de la muerte en su nuca. Se empeñó en dictar un testamento: naturalmente preocupada por el futuro de su única hija, Pellegrina Buonaventuri, disponía para la muchacha una fastuosa dote de diez mil florines de oro, mientras que a Francesco, su Gran Duque, le devolvía entre otras propiedades la magnífica villa de La Tana. Y precisamente en la villa La Tana no sólo se completaría la recuperación de Bianca, sino que se celebraría el hecho de que hubiese derrotado la enfermedad con un banquete en el que Francesco no escatimó ni un florín. Ninguno de los Medici tuvo ganas de hacerse notar por su ausencia. Isabella duquesa de Bracciano acudió, sorprendentemente, con su marido, Paolo Giordano Orsini, que estaba realizando una de sus rarísimas visitas a Florencia (quizá había creído oportuno acercarse por allí ese verano, para asegurar su posición junto a su cuñado Francesco una vez muerto el suegro Cósimo). Pietro llegó con Dianora. Incluso el cardenal Ferdinando, el hermano de Francesco que no lograba disimular su disgusto por la presencia de Bianca en la corte medicea, estuvo allí y exhibió una notable cortesía.

El siguiente detalle de Francesco hacia Bianca tuvo que ver con Pellegrina Buonaventuri. El hecho de que Bianca, en su reciente acceso febril, hubiese requerido con ansia hacer un testamento en el que la cláusula principal consistía en estipular una dote de diez mil florines de oro para Pellegrina, revelaba que era una madre preocupada por el futuro de aquella hija. Quizá Francesco deseó quitarle de encima a Bianca la presión psicológica derivada de la repentina conciencia de que, si ella moría, Pellegrina sería una huérfana absoluta, de padre y de madre, que no tendría siquiera un marido capaz de protegerla. En otoño, en cuanto Bianca y Pellegrina estuvieron ya establecidas no en el palazzo de la Via Maggio sino en los Jardines Rucellai, se anunció el compromiso de Pellegrina con un aristócrata de cierto renombre en Bologna: el conde Ulises Bentivoglio.


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 Asunto: Re: BIANCA CAPELLO
NotaPublicado: 28 Ago 2011 22:03 
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Minnie, millones de gracias por retomar este tema :bravo: :bravo: :bravo:

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 Asunto: Re: BIANCA CAPELLO
NotaPublicado: 28 Ago 2011 22:30 
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Vandal escribió:
Minnie, millones de gracias por retomar este tema :bravo: :bravo: :bravo:


Había que hacerlo, sobre todo porque está por venir lo mejor...
;)


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 Asunto: Re: BIANCA CAPELLO
NotaPublicado: 28 Ago 2011 23:00 
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Estamos preparados!
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 Asunto: Re: BIANCA CAPELLO
NotaPublicado: 29 Ago 2011 13:00 
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Unos retratos de los hermanos Medici.

Empezando por Francesco, el nuevo Ducca, tratandod de darse empaque con la armadura bruñida y un pintor dispuesto a otorgarle prestancia a su figura:

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Siguiendo con Ferdinando, el Cardenal, que parece bastante más atractivo que su hermano mayor:

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Y Pietro, el disipado, el licencioso, a tal punto que escandalizaba a unos florentinos que solían mostrarse curados de espanto:

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Para rematar, la única hermana que les quedaba a los tres varones: Isabella, duquesa de Bracciano.

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 Asunto: Re: BIANCA CAPELLO
NotaPublicado: 29 Ago 2011 13:16 
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Registrado: 27 Jul 2011 21:18
Mensajes: 1264
Ubicación: Manzanares, Señorío de Ciudad Real
Muy bonito el retrato de Francesco, ¿sabes quien es el pintor?

A la pobre duquesa de Bracciano no le quedaba mucho para su tragedia, pobrecilla. Menuda familia, el único que llevo una vida mas apacible-al menos hasta donde yo sé- es Ferdinando.


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