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 Asunto: Augusta de Baviera
NotaPublicado: 13 Nov 2017 17:22 
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Estoy interesa sobre la vida Augusta de Baviera , fue hija de Maximiliano I de Baviera y Augusta Guillermina de Hesse-Darmstadt . ¿ Tuvo un matrimonio feliz ? ¿ Cómo era su relación con sus padres , hermanos y sus hijos ? ;)


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 Asunto: Re: Augusta de Baviera
NotaPublicado: 08 Abr 2019 16:34 
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Caray, rise23...¡¡cuánto lamento no haber visto hasta el día de hoy el tema!! Augusta Amalia de Baviera, después duquesa de Leuchtenberg, es de esos personajes encantadores a los que siempre apetece prestar siquiera un poquito de atención.


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Supongo que sabes que su nombre completo venía siendo Augusta Amalia Ludovika Georgia y que nació en Estrasburgo el 21 de junio de 1788. Por entonces, su padre, Maximiliano Jose, uno de los hijos del conde palatino Frederick Michael de Zweibrücken-Birkenfeld (ya difunto) y de la desgraciada María Francisca de Sulzbach (caída en desgracia tiempo atrás porque no sólo se había limitado a ser infiel, sino que se había escapado con su amante, un simple actor...), era simplemente conde de Rappolstein desde 1776 y servía como oficial en el Corps d´Alsace, de Francia, desde 1777. Maximiliano José se había casado, cuando llegó la hora de hacerlo, con una princesa bonita y delicada: Augusta Wilhelmine de Hesse-Darmstadt. Aquí va retrato de Augusta Wilhelmine:

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A diferencia de su marido, Max, que había crecido con el peso de la ausencia de una madre tachada de escandalosa, Augusta Wilhelmina había sido criada por una madre inteligente, ilustrada, creativa, de temperamento cálido y afable, a la que se sentía profundamente unida. Por eso, a Augusta Wilhelmine le costó lo suyo adaptarse a la vida en Estrasburgo, al lado de un Max que, por su rango y su disposición, no tardó en ascender al rango de general mayor de división. Max y su esposa visitaron en algunas ocasiones París, haciéndose presentes en la corte de Louis XVI y Marie Antoinette. A Marie Antoinette le cayó en gracia Augusta Wilhelmine y ambas intercambiaron, en adelante, correspondencia. Por otra parte, durante los años en Estrasburgo, Max, un tipo bastante hospitalario, acogió con frecuencia en su casa a un aristócrata austríaco, Klemens von Metternich. Eso generó un vínculo de simpatía que resultaría de no poca importancia en un tiempo futuro.

Augusta Wilhelmina dió a luz su primer hijo, Ludwig, en el Hôtel des Deux-Ponts de Estrasburgo el 25 de agosto de 1786. Al niño se le llamó Ludwig, versión alemana de Louis, en honor a su padrino honorífico, el rey Louis XVI. Nuestra chica, Augusta Amalia, nacería en el mismo lugar el 21 de junio de 1788. Como se puede apreciar, estos dos hijos mayores de Max y Augusta nacieron justo antes del estallido de la Revolución Francesa, un acontecimiento crucial para la familia. En 1789, se produjo un alzamiento revolucionario por parte de los miembros del regimiento en el que prestaba servicios Max; éste, sin perder tiempo, huyó con su esposa y sus dos pequeños hijos a casa de los suegros, en Darmstadt. Una mansión adecuada a su categoría, preparada en Mannheim, acogió durante los siguientes cinco años a la pareja y los niños, que tuvieron en ese período la suerte de convivir a menudo con la abuela materna, la princesa de Hesse-Darmstadt, nacida condesa Maria Louise Albertine de Leiningen-Dagsburg-Falkenburg. Para entonces, Max había abandonado, naturalmente, el servicio de las armas para Francia y se había integrado en el alto mando del ejército imperial de Austria. Charlotte Augusta, la tercera hija de la pareja, nació precisamente en Mannheim el 8 de febrero de 1792.

En 1795, murió, sin descendencia legítima, el hermano mayor de Max, Charles II August Christian, duque de Zweibrücken. Charles había protagonizado un romance con la archiduquesa austríaca María Amalia, la octava hija de la gran emperatriz María Teresa, que se había visto frustrado porque a él se le consideró de rango inferior al que merecía semejante princesa y porque interesaba utilizarla para fraguar una alianza con los Borbones de Parma. El rechazado Charles se quedó con un resquemor de por vida hacia Austria; no se le pasó ni siquiera después de casarse, ya por razones prácticas y no sentimentales, con la princesa María Amalia de Sajonia. Los dos habían tenido un hijo varón, pero el niño había fallecido rondando los ocho años. Por eso, a la muerte de Charles, le sucedió su hermano Max. Pero el ducado de Zweibrücken estaba, por entonces, ocupado por fuerzas armadas de la Francia revolucionaria. A Max no le quedó otra que instalar a su familia en la ciudad de Münich, dónde nacería el principito Karl Theodor el 7 de julio de 1795.

A esas alturas, la salud de la esposa de Max, Augusta Wilhelmina, era bastante precaria. Llevaba tiempo aquejada de alguna dolencia pulmonar, que poco a poco minó sus fuerzas y la condujo a una muerte temprana, acaecida en Rohrbach el 30 de marzo de 1796. Por entonces, ella misma contaba treinta años; su primogénito Ludwig era un niño de diez años, nuestra Augusta Amalia era una niña de ocho años, Charlotte Augusta tenía cuatro años y el benjamín, Karl Theodor, frisaba en su primer año de vida.

Y este dato...la edad de los niños...íba a ser determinante cuando Max se casase en segundas nupcias. La elegida fue Caroline, princesa de Baden, nacida en 1776.

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Caroline de Baden.



Caroline de Baden, puesto negro sobre blanco, era VEINTE AÑOS (bueno, casi casi veintiún años) menor que Max y que su difunta antecesora. De hecho, a Caroline de Baden se la había considerado una novia ideal para Louis Antoine de Bourbon, Duque de Enghien, pero la familia de ella tuvo miedo de que tirar por ese camino molestase demasiado a la Francia revolucionaria y les metiese en un tremendo brete, en ese tiempo en que las tropas francesas campaban a sus anchas por territorios germánicos. Así que a Caroline, a quien se le había inculcado una noción muy romántica del duque de Enghien, se le urgió a abandonar cualquier expectativa en esa dirección y a aceptar con complacencia la boda con un viudo ya maduro y con nada menos que cuatro hijos. La única ventaja era que se había acordado que, pese al catolicismo de Max, Caroline podría conservar su religión evangélica.

Caroline enseguida demostraría ser una mujer de una pieza, firme y resuelta. Su hijastro mayor, Ludwig, la acogió con auténtica beligerancia y nuestra Augusta Amalia, que aún no había superado la muerte de la madre, se mostró bastante reacia por no decir "hostil". Sólo los pequeños, Charlotte Augusta y Karl Theodor, se encariñaron rápidamente con su madrastra. La propia Caroline enseguida demostró ser una mujer prolífica: tuvo la pena de alumbrar un hijo muerto, sin nombre, en 1799 y un niño bautizado Maximilian, en 1800, que fallecería en 1803; dió a luz sucesivamente dos parejas de gemelas, primero la conformada por las princesas Elisabeth y Amalie en noviembre de 1801, a continuación la integrada por las princesas María Anna y Sophia en enero de 1805. Tras esos dos pares de gemelas, Caroline aún pondría en el mundo dos princesas más: Ludovika, nacida en agosto de 1808, y Maximiliane, apodada Nin, nacida el 21 de julio de 1810.


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 Asunto: Re: Augusta de Baviera
NotaPublicado: 08 Abr 2019 16:51 
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A todo esto, las circunstancias personales de Max habían ído evolucionando poco a poco...y de qué manera. El 16 de febrero de 1799 fue nombrado Elector de Baviera, Conde Palatino del Rin y duque de Berg por extinción de la línea masculina de la casa de Sulzbach, a la que había pertenecido su controvertida madre. Apoyándose en el ilustrado y diplomáticamente muy hábil conde Maximiliano José de Montgelas, nuestro Max, Elector de Baviera, estableció un gobierno que se podría considerar liberal (en el mejor sentido del término) y benevolente. Luego, se convirtió en el principal aliado alemán de Napoleón, que había surgido en escena como una poderosa luminaria tras la caótica y devastadora etapa jacobita de la Revolución Francesa. El "buen rollito" de Max con Napoleón, por cierto, no le hacía particular gracia a Carolina de Baden, que se resintió por la tremenda ejecución, ordenada por el corso, del que había sido su prometido de juventud, el duque de Enghien (casado en secreto desde 1801 con Charlotte Louise de Rohan).

En fín: también eran tiempos para contemporizar, al menos hasta cierto punto, y eso Caroline tenía que entenderlo. Gracias a la intervención en su favor de Napoleón, en 1806 el buen Max se había convertido en el rey Maximiliano I José de Baviera y ella misma, Caroline, en reina de Baviera. No estaba nada mal el ascenso obtenido. Otra cosa fue el precio a pagar: la mayor de las hijas de Max, nuestra Augusta Amalia, que había estado prometida al príncipe Karl de Baden, hermano de su madrastra Caroline, tuvo que acceder a casarse con el hijastro de Napoleón, Eugen de Beauharnais, hijo del primer matrimonio de Josephine con el difunto Alexandre de Beauharnais.


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 Asunto: Re: Augusta de Baviera
NotaPublicado: 08 Abr 2019 16:53 
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Eugen de Beauharnais y Auguste Amalia:

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Y un retrato de la boda de ambos en Munich:

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 Asunto: Re: Augusta de Baviera
NotaPublicado: 08 Abr 2019 16:56 
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Diversos retratos de Augusta Amalia:

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Y uno de Eugen de Beauharnais:

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 Asunto: Re: Augusta de Baviera
NotaPublicado: 08 Abr 2019 17:19 
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A ver...a esas alturas, Augusta Amalia se llevaba bien, incluso bastante mejor que bien, con su madrastra Caroline, que hubiera debido ser su cuñada tras la boda con Karl de Baden, un mozo que le había entrado por el ojo a nuestra princesa bávara. Realmente, a esas alturas, sólo Ludwig, el primogénito de Max, sostenía una relación tensa, muy tensa, con Caroline. Augusta Amalia se había ído acercando a su madrastra durante su pubertad, Karl Theodor y Charlotte Augusta la adoraban y existía un vinculo afectuoso con las hijas que íba poniendo en el mundo Caroline, una tras otra, aunque, naturalmente, existía una notable diferencia de edades.

Por situarnos, que igual no os he situado bien: cuando en 1806 se "amaña" el matrimonio de Augusta Amalia, sus medio hermanas gemelas Elisabeth y Amalie tienen cinco años, en tanto que las gemelas María Anna y Sophia tienen un año. Ludovika aún no ha nacido (lo hará en 1808) y tampoco Nin (lo hará en 1810).

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Ludwig, hijo mayor de Max, retratado en 1807.


Fijaos que cuando nace Nin en 1810, su medio hermano mayor y heredero del flamante trono bávaro, Ludwig, tiene veinticuatro años de edad y ya se encuentra a punto de casarse con Therese de Sachsen-Hildburghausen.

Max era un padre de familia considerablemente afectuoso -y lo único que le hacía fruncir el entrecejo venía siendo la permanente hostilidad de Ludwig respecto a Caroline-. Cuando desde la corte de los Bonaparte se insistió en la idea de casar a Eugen, el tan querido hijastro de Napoleón, con una auténtica princesa, como Augusta Amalie, Max cogió pluma y papel y redactó para su hija una carta un tanto desgarradora. Le suplica que acepte ese enlace, porque un "no" suyo puede emponzoñar de manera inmediata y definitiva la relación con Napoleón. En el papel de amigo, Napoleón se muestra dadivoso, muy dadivoso. En el papel de enemigo, puede buscarles una rápida ruína. La carta de Max a Augusta Amalia la he leído en inglés, y no es cuestión de traducirla íntegra, pero apela directamente al corazón de su hija. Eso le preocupa a Max aún el doble que aplacar a la resentida reina Caroline -que maldita la gracia eso de que su hermano Karl se quede sin novia bávara para bailarle el agua a una Josephine de Beauharnais, una simple criolla con fama bastante dudosa-.


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 Asunto: Re: Augusta de Baviera
NotaPublicado: 08 Abr 2019 19:36 
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¡Que bien redactado!, da gusto leerlo. Gracias.


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 Asunto: Re: Augusta de Baviera
NotaPublicado: 09 Abr 2019 10:01 
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blanca escribió:
¡Que bien redactado!, da gusto leerlo. Gracias.


Muchas gracias, blanca...pero esto sí que no tiene mérito alguno. Hay temas que no te niego que llevan detrás montones de horas de lecturas y de tomar notas, por ejemplo los dedicados a las esposas del rey Enrique VIII. Pero esto en concreto...no. Simplemente, he visto ahora en 2019 ese post de rise23 interesándose por Augusta hace unos años que se quedó sin respuesta...¡¡y me ha dado una cosilla que ni te imaginas!!

No tengo mucha esperanza de que rise23 lo vea...pero ojalá ocurriese. Si es así, le repito que bien que siento no haberlo encontrado con anterioridad...el foro es un árbol con muchísimas ramas ya y una está poco pendiente, en general.


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 Asunto: Re: Augusta de Baviera
NotaPublicado: 09 Abr 2019 14:10 
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Augusta:

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Cómo lo diría...En un sentido platónico, yo estoy un poco enamoriscada de Eugene/Eugen de Beauharnais (utilizo las dos grafías del nombre sin ser apenas consciente de ello, la verdad, aún siendo consciente de que, en correcto francés, tendríamos que referirnos a Eugène Rose de Beauharnais).

A Eugen le tocó nacer en un momento particularmente convulso de la historia de su país natal, Francia. En concreto, Josephine, su madre criolla, le puso en el mundo el 3 de septiembre de 1781. Se trataba del primer vástago concebido en un matrimonio conveniente pero no feliz con Alexandre de Beauharnais, el hijo heredero de François de Beauharnais, baron de Beauville y marqués de La Ferté-Beauharnais. Este François de Beauharnais, de vieja nobleza francesa pero nacido y enriquecido en La Martinica, tuvo por amante de larga duración a la encantadora Désirée Renaudin, nacida Désirée Tascher de la Pagerie. Fue Désirée quien "combinó" las cosas para que Alexandre, hijo y heredero de su amante François, desposase a Marie Josephe Rose Tascher de la Pagerie, sobrina de ella. Luego, con los años, muchos años después, Marie Josephe Rose, para su familia simplemente "Yeyette", alcanzaría fama mundial y perdurable con el nombre de Josephine de Beauharnais sólo porque al general Napoleón Bonaparte le resultaba mucho más fino y sofisticado el nombre Josephine. Aquí, para no liarnos a lo grande, la llamo siempre Josephine, incluso cuando me refiero a una época en que ni ella misma ni nadie de su entorno usaban ese nombre.

Josephine se casó con Alexandre...y no fueron una pareja bien avenida. Alexandre contemplaba con cierto desdén a aquella mocita criolla a la que había desposado simplemente porque la hermana de ella, Catherine-Désirée, primera elección de François de Beauharnais y de Désirée Renaudin, había muerto, de tuberculosis, con doce años. Ya que Catherine-Désirée había tenido semejante ocurrencia de irse del mundo prematuramente, Désirée Renaudin decidió que lo mismo le valía la siguiente sobrina en edad, Yeyette. Pero Alexandre tenía el mismo gusto por gastar el dinero a manos llenas en una vida francamente hedonista que en perseguir a otras damas más de su agrado. La fidelidad conyugal no entraba en sus planes en absoluto. Por cierto que lo que sí parece que hizo Alexandre fue encargar un retrato de Josephine, que os pongo ahora aunque se trate de una reproducción en pequeña escala porque tiene el encanto de ser, quizá, el retrato más temprano conocido de una mujer que en el futuro sería retratada docenas de veces:

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La joven Yeyette, una criolla aún tímida e insegura, no vió mejorar su posición tras dar a luz a Eugen, su primogénito, heredero del linaje Beauharnais. Al cabo de veinte meses, en abril de 1783, Josephine dió a luz una niña, que recibiría una bonita colección de nombres: Hortense Eugénie Cécile, cuya paternidad Alexandre no quería admitir en principio -y admitió solamente por fuerza. Las cosas, por entonces, estaban fatal ...ya no cabía siquiera un simple "mantener cierto disimulo" o un "guardemos las apariencias". Así que se produjo una separación, que llevaría a Josephine a ingresar como pensionada junto a sus niños en la notable abadía de Pentemont.

Como esta no es la historia de Josephine, no le voy a permitir "chupar cámara" (grin) Aquí nos basta con saber que Alexandre nutría en su interior disgusto creciente hacia Josephine, a la que debía sostener incluso después de la separación, y desapego hacia Hortense, la niña, pero que, por contra, manifestó interés en su hijo varón, Eugen. La carrera militar de Alexandre fue en ascenso en esos años, considerando que se había iniciado en el servicio de las armas dentro de la Primera Compañía de Mosqueteros en marzo de 1774, pasando a ostentar el rango de subteniente en el regimiento de infantería del Sarre en diciembre de 1778 y de capitán en la Caballería Real de Champagna en junio de 1784. A partir de ahí, subió como la espuma: en mayo de 1788 era segundo mayor en el 51 regimiento de infantería y en agosto de 1791 se convirtió en ayudante general de teniente coronel. Hacia 1792 era, primero, ayudante coronel general y con posterioridad mariscal de campo. Así siguió, coleccionando rangos militares con los que yo, personalmente, me hago un embrollo de mil demonios. Claro, era la etapa revolucionaria, dónde un hombre ilustrado y de talento podía progresar con mayor rapidez que en tiempos más plácidos (en los que sin duda también hubiese progresado, porque tenía muchas bazas a su favor, pero quizá a un ritmo ligeramente menos intenso). Éste es un retrato de Alexandre ya general del ejército revolucionario francés:

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Impone...¿eh? Tiene un rostro sombrío, pero excelentes hechuras y porte.

El niño Eugen, de manera natural, concibió una llamativa admiración hacia su padre. Alexandre estaba decidido a introducirle, lo antes posible, en la realidad histórica que les envolvía por entero. Por ejemplo, entre los años 1789 y 1790, Josephine se ausentó de Francia para instalarse un tiempo en la plantación de su familia en La Martinica junto con la petite Hortense. Eugen se quedó en París, con Alexandre. En ese momento concreto, Alexandre llevaba consigo a un sorprendido y fascinado Eugen a todas las sesiones de la Asamblea Constituyente de la nueva República. Eugen estaba presente -e inmerso en la atmósfera de euforia del momento- cuando su padre Alexandre fue elegido presidente de la Asamblea en 1791. Para entonces, los ascensos militares de Alexandre habían ido (lo hemos visto) en progresión, lo que le llevó a incorporarse a la movilización bélica cuando la Asamblea declaró la guerra a Francisco II de Austria (sobrino de María Antonieta). Entre las primeras decisiones de Alexandre figuró la de reclamar a su lado, en campaña, a Eugen, de once años. El chico repartía su tiempo entre el cuartel general establecido en la localidad de Wissembourg y un colegio en Estrasburgo.

Sabiendo todo esto, os podéis imaginar la conmoción que resultó para todos uno de aquellos bruscos giros de la rueda de la fortuna tan comúnes a la época que llevó a la detención del general Alexandre de Beauharnais. En realidad, el advenimiento de la Convención había sido un acontecimiento fatal para él, aunque en principio le habían puesto a cargo del ejército del Norte y posteriormente del ejército del Este. Se le atribuyó -un tanto injustamente- la pérdida de la ciudad de Majuncia. Quizá cansado de todo, Alexandre se largó a su feudo familiar, La Ferté-Beauharnais, en las inmediaciones de Romorartin. Allí tardaron nada y menos en arrestarle para que le juzgase un Tribunal Revolucionario en enero de 1794, que no dudó en condenarle por traición y enviarle a la bastante lúgubre prisión de Carmes. Allí se encontró a su gran amor de los años anteriores, Delphine de Custine, así como, al cabo de unas semanas, a su esposa separada y madre de sus hijos, Josephine, que se había enredado en una aventura un tanto agitada con el general Louis Lazare Hoche (casado con Adelaïde Dechaux, de quien tenía una única hija, Jenny Hoche).

Alexandre murió en la guillotina el 23 de julio de 1794, o, en la nomenclatura del momento histórico, el 5 de Thermidor del Año II de la Convención Nacional. En ese instante, Eugen cuenta trece años, edad suficiente para ser dolorosamente consciente de la situación. Y aquí surge una historia bastante conmovedora, porque no sólo refleja el amor y orgullo de Eugen respecto a Alexandre, sino también su propio sentido de la responsabilidad personal y familiar. Un cuadro muy bonito refleja al chiquillo Eugen junto a su madre Josephine tratando de evitar que los jacobinos le priven del sable de su padre Alexandre, que él considera "su" legado más preciado:

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Es cierto que Eugen le han pintado demasiado niño, sí, con ese pelo largo rubio para darle un aire angelical. Pero el cuadro es muy bonito. Tiempo después, Eugen tendría el arrojo suficiente para presentarse ante un general corso en franco ascenso a la gloria a fín de solicitar la restitución del sable de Alexandre de Beauharnais. A Napoleón, sin duda alguna, le impacta esa fidelidad al difunto padre y esa persistencia en su voluntad de recobrar lo que estima que le pertenece. El cuadro en el que Napoleón le devuelve el dichoso sable a Eugen también es famoso:

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Como se puede apreciar, Eugen sigue en plan "principito negro" de rubia cabellera, todo muy conmovedor.

A lo que yo quería ir, es a que tanto Eugen como su hermanita Hortense estuvieron desde un principio absolutamente bien predispuestos hacia el general corso Napoleón Bonaparte cuando éste empezó a requebrar a Josephine, sin duda creyéndola más joven y rica de lo que era :)) Los Bonaparte, el clan presidido de manera innegable por Madame Letizia Ramolino, siempre asistida por su medio hermano de madre el cardenal Joseph Fesch, no recibieron con gusto, sino con una mezcla de repugnancia y desprecio, a Josephine. Ellos habían esperado con agrado una boda de Napoleón con la joven burguesita de Marsella Désirée Clary, cuya hermana mayor, Julie, se había casado previamente con Joseph Bonaparte, el hermano mayor de Napoleón. No tenía ninguna gracia que de repente Napoleón se casase con una criolla viuda, de reputación bastante lamentable a causa de ciertas aventuras amorosas y ciertas amistades controvertidas. Para Eugen y Hortense no resultó fácil encajar entre los Bonaparte. Sin embargo, Eugen y Hortense, quienes sí amaban a su madre, habían congeniado al instante con Napoleón y gozaban de su benévola protección. Quizá lo más emotivo de esta historia de familia es que, con el transcurso del tiempo, Eugen de Beauharnais demostraría una honestidad, una integridad y una lealtad hacia Napoleón muy superiores a las exhibidas por la inmensa mayoría de los Bonaparte.


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 Asunto: Re: Augusta de Baviera
NotaPublicado: 09 Abr 2019 15:03 
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He resumido todo lo que he podido, ehhhh, para presentaros a Eugen, cuyas "Memoires", por cierto, son una delicia. Yo es que, repito, estoy enamoriscada de semejante buen mozo.

En 1796, Eugen partió hacia la -luego archiconocida- campaña militar en Italia con su flamante padrastro Napoleón Bonaparte. El 30 de junio de 1797, el mocito recibiría el preceptivo "brevet" haciendo de él subteniente auxiliar en primer regimiento de húsares, que tan monos íban con sus vistosos uniformes, y aide-de-champ, abreviemos ADC, de Napoleón Bonaparte. Eugen era consciente de que estaba en esa posición por ser vós quien sois y mostró, con los años, una dosis de sardónico humor al referirse a sí mismo en aquella tesitura, indicando que su contribución había sido proporcionar algunos informes desde primera línea de frente. O sea, escribir alguna parrafada cuya importancia podía relativizarse con esa positiva ironía que él usaba.

Pero si Eugen no quería tomarse demasiado en serio a sí mismo, sí se tomaba en serio su trabajo. Enseguida pudo demostrar implicación y capacidad, cuando después de la batalla de Campo Fornio fue enviado a las islas Jónicas. Retornó a Roma justo en uno de esos momentos marcados por un acontecimiento trágico: el asesinato del general Duphot. Léonard Mathurin Duphot, comprometido en matrimonio con Dèsirée Clary, cuñada de Joseph Bonaparte y ex novia de Napoleón Bonaparte, se hallaba precisamente en Roma, en la residencia ocupada por Joseph y su esposa Julie, para casarse; en esa tesitura, fue asesinado por soldados a sueldo del mismísimo Papa. Eugen, que estaba presente, hizo alarde de una sorprendente sangre fría y de mucha capacidad de reacción. La muerte de Duphot derivó en una formidable venganza napoleónica: la toma de Roma y por extensión la abolición, llevada a cabo por Napoleón, de los denominados Estados Pontificios.

La campaña italiana hizo de Napoleón una auténtica leyenda, pero cavó la fosa de su inicial enamoramiento respecto a Josephine, que, entre tanto, se había embarcado en una aventura sentimental con el atractivo húsar Hippolyte Charles, adscrito al general Leclerc. Hippolyte y Josephine se habían conocido en París y podríamos decir, por decirlo rápido, que no habían perdido el tiempo en progresar en su mutua atracción hacia una completa intimidad. Josephine tuvo las narices, cuando se pasó a Italia, de llevar consigo a Hippolyte. Joseph Bonaparte, por supuesto, estaba como que muy pendiente de todo aquel (sórdido) asunto, que le íba de perlas para menoscabar a su cuñada criolla. En realidad, Napoleón acabó enterándose del affaire Hippolyte, con bastante detalle, en marzo de 1798. Josephine buscó defenderse, presentándose como víctima de una orquestada serie de calumnias; pero la cosa se puso tan seria, que necesitó la asistencia de su hija Hortense, una chiquilla muy emocional, para tocarle la fibra sensible a Napoleón. Aunque el matrimonio se mantuvo -y se mantendría durante años- ese episodio marcaría un punto de inflexión entre los dos. A partir de ahí, Napoleón dejó de ser el que quería y Josephine la que se dejaba querer; poco a poco, los papeles entre ellos se invirtieron en gran medida, con notables altibajos en una relación en la que él ya no dudó en coleccionar aventuras galantes.

Pero Josephine siguió avanzando en la vida en la posición de esposa de ese general Bonaparte que, tras la Campaña de Italia, se zambulló de lleno en la Campaña de Egipto. Ya sabéis, la de la famosa exhortación a sus soldados a la sombra de las milenarias pirámides. Sí, allí también estuvo Eugen, claro, que seguía en su puesto de valiente aide-de-champ o ADC. Participó en el asalto a Jaffa, recibió heridas aunque no de gravedad en San Juan de Acre y cumplió con una misión encomendada en la isla de Malta antes de comandar un grupo de tropas de vanguardia establecido provisionalmente en Suez. A la vuelta a París, Eugen había adquirido bastante experiencia, ya nadíe podría tomarle por un novato. El 9 de noviembre de 1799 acompañó a Napoleón a Saint Cloud y allí el 20 de noviembre fue nombrado capitán de los Chasseurs a caballo de la guardia consular, encargada de proteger al Primer Cónsul Bonaparte. En 1800, resumiendo mucho todo, Eugen regresó a Italia, y, a las órdenes del general Jean Baptiste Bessieres, se distinguió por su coraje en la batalla de Marengo. Nadie se atrevió a cuestionarle los galones de jefe de escuadrón. Napoleón estaba evidentemente orgulloso de su hijastro, y no solamente por lo mucho que le quería, sino porque le veía "madera de gran militar". Josefina recibió no pocas cartas en las que Napoleón se deshacía en elogios hacia el joven Eugen -y eso debía servirle a ella de lenitivo para la pesadumbre de no conseguir concebirle un hijo a Napoleón-.

A los veintidós años Eugen ya era coronel. A los veintitrés años, pudo presenciar cómo su padrastro dejaba de ser Primer Cónsul para coronarse nada menos que Emperador de los franceses, coronando él mismo a Josephine emperatriz. Las abejas doradas se convirtieron en el emblema heráldico de una nueva dinastía, de la que Eugen formaba parte: se le hizo coronel general de los Chasseurs de la nueva Garde Imperiale, así como príncipe de Francia. Al cabo de unos meses, pasó a ser también gran oficial de la Legión de Honor.

Los grandes planes de Napoleón para su elenco de príncipes y princesas de nuevo cuño, todos Beauharnais y Bonaparte en un momento inicial, incorporando poco a poco a varios de sus más apreciados mariscales de ejército, se concretaron, por lo tocante a Eugen, en el proyecto de casarle con una verdadera princesa, una con siglos de sangre azul en las venas. Y ahí fue cuando se puso la intención en nuestra Augusta Amalia de Baviera...


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 Asunto: Re: Augusta de Baviera
NotaPublicado: 09 Abr 2019 16:07 
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Josephine.


De Josephine se pueden decir muchas cosas, algunas buenas, otras regulares, pero nadie le cuestionó nunca su profundo amor y orgullo en lo relativo a sus hijos. Eugen y Hortense le eran muy queridos, lo bastante para incluír en su círculo cortesano incluso a una media hermana de ellos dos, Adèle (abreviatura de Marie-Adélaïde) que Alexandre había engendrado en una de sus aristocráticas amantes durante su casamiento con Josephine. Adèle era cinco años menor que Eugen y tres años menor que Hortense, y en 1804, generosamente dotada por obra y gracia de Josephine, se había convertido en Madame Lecomte al casarse con un capitán de infantería ascendido al rango de ayudante de campo del general Benoît Meunier, barón de Saint Clair.

La idea de la boda bávara de Eugen resultaba, desde su perspectiva, un excelente emparejamiento. Nunca hubiese podido suponer que se le depararía al mozo una auténtica princesa. Las negociaciones de los enviados de Bonaparte con el reciente rey Maximiliano I José de Baviera fueron duras; desde el partido francés, se utilizó incluso como una medida de presión determinante sobre el monarca un rumor, hábimente creado y difundido, según el cual, en paralelo y en secreto, se estaba tratando de asegurar en la mismísima Viena a una archiduquesa imperial (los Habsburgo siempre disponían de varias...) para Eugen. Max se convenció de que aunque dinasticamente "sacrificaba" una princesa, aquello resultaba esencial para el sostenimiento de su reino y compartió su punto de vista con su muy reluctante esposa Caroline, así como con su enojado hijo heredero Ludwig. A Augusta Amalia, ya lo sabemos, su padre le hizo participe a través de una carta redactada el día de Navidad de 1805 un tanto desgarradora que les hacía falta que ella renunciase a su compromiso con Karl de Baden y accediese a intercambiar votos con Eugen de Beauharnais. Los Wittelsbach estaban, o creían estar, caminando sobre un fino alambre y bastaba un resoplido de enojo de Napoleón para tumbarles desde sus alturas al suelo.

El contrato se firmó el 3 de enero de 1806, exactamente once días antes de que tuviese lugar la boda en el palacio de Nymphenburg. Para entonces, Augusta, que había llorado mucho, había enviado una carta a Karl de Baden explicándole que con gran pena debía sacrificarse a sí misma al mandato de su padre y a la voluntad de su país. No había opciones de que ella eligiese, simplemente le tocaba "cumplir". A Eugen, que unos meses antes había recibido a modo de detalle la orden de Saint Hubert del entonces aún elector Max de Baviera, estaba en Milán, ejerciendo el papel de virrey por encargo de Napoleón, y se le exhortó a viajar urgentemente hacia Munich: también Napoleón y Josephine se dirigían hacia la capital bávara. Para animar a Eugen, Napoleón describía a Augusta Amalia como una "preciosa criatura" y le indicaba que él mismo podría convencerse observando un retrato miniatura de la novia engastado en una copa que se le enviaba. Josephine, nada más llegar a Munich, dónde compensaba con su encanto la fría cortesía de la reina Caroline, también se quedó impresionada por la gracia que emanaba de la figura de Augusta Amalia. Una de las damas de cámara de Josephine, Madame d´Avrillon, se deshizo en elogios acerca de Augusta Amalia: no solamente era guapa, sino que además poseía una naturaleza gentil y amable. Vamos, un modelo de dulzura.

Cuando Eugen llegó el 14 de enero, hecho un adefesio después del viaje a ritmo trepidante, le hicieron componerse adecuadamente antes de que se llevase a efecto su primer encuentro con la mujer a la que íba a hacer su esposa en breve. Probablemente, ni Eugen estaba preparado para que le gustase a simple vista Augusta Amalia, ni Augusta Amalia, reciente el disgusto de su forzada ruptura con Karl de Baden, estaba preparada para que le gustase a simple vista Eugen. Pero quizá lo que marcó definitivamente la escena fue la notable simpatía con la que Eugen se dirigió a Augusta Amalia: le explicó que él lamentaba mucho que ella se encontrase en la obligación de casarse con él, puesta entre la espada y la pared de las conveniencias políticas, y le dijo que si ella lo encontraba intolerable, por favor se lo hiciese saber con franqueza, puesto que estaba dispuesto a romper ese compromiso echándose a sí mismo todas las culpas y asumiendo él mismo todas las responsabilidades ante el emperador. Al menos, ésa es la versión circulante sobre el primer encuentro de ambos...y reconoceréis que es absolutamente preciosa. (Por alguna de esas absurdas razones -Konradin, debes leer esto...- Eugen y Augusta Amalia me recuerdan a Mr Darcy y Lizzie Bennet).

A partir de ahí, ni Eugen ni Augusta Amalia se quejaron de su suerte. Se casaron con la adecuada pompa y circunstancia, entre grandes fiestas que dejasen claro ante el mundo entero aquella nueva alianza imperial. El viaje de bodas consistió en el desplazamiento desde Munich, dónde quedaba toda la familia de origen de Augusta Amalia, hasta Milán, dónde íba a residir con Eugen, con una escala particularmente destacable en Venecia. Todos los que los veían indicaban que Augusta Amalia parecía "très éprise de son époux"...vamos, encantada era poco.

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Augusta Amalia.


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 Asunto: Re: Augusta de Baviera
NotaPublicado: 09 Abr 2019 19:25 
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Minnie escribió:
(...)
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Caroline de Baden.


La abuela de "Sissi" y Francisco José, por citar algunos, esta Sra. es la antepasada directa de los actuales reyes de Suecia y Bélgica, ¿no? También del último príncipe heredero italiano, los bávaros, obviamente, no sé si me falta alguno... :-/

Es maravilloso como te sacas tema de la galera así... de la nada.

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