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 Asunto: Re: ATHENAÏS DE MONTESPAN
NotaPublicado: 17 Dic 2019 13:26 
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El verdadero "peligro" para Athenaïs procedía de un hecho muy simple: Luís XIV estaba ya saturado de su presencia en su vida. Aquella mujer que había sido tradicionalmente el objetivo a cobrar por el partido devoto, que veía en ella el símbolo evidente de la decadencia moral del rey que se extendía en círculos concéntricos a tod la corte, había sido reemplazada ya en el corazón de Luís XIV. Y éste había caído enamorado de una dama absolutamente contrapuesta, por su rigor moral y su conducta siempre decorosa: la viuda Madame Scarron, posteriormente famosa como Madame de Maintenon.

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Retratos varios de Maintenon.


Françoise madame Scarron poseía inteligencia y cultura, una buena combinación que la hizo progresar en la corte. Había cuidado como instutriz a los hijos de Bonne de Pons, la marquesa de Heudicourt, y ésta misma se la había recomendado a Athenaïs de Montespan, que ya había conocido a la viuda Scarron y había apreciado su viveza de ingenio, dado que ambas frecuentaban el salón del mariscal de Albret. Como ya se ha comentado en su momento, madame Scarron se convirtió en la guardiana de los hijos del rey Luís que Athenaïs iba pariendo con certera regularidad. Madame Scarron y los niños permanecían relativamente apartados de la corte, en Vaugirard, y se daba la circunstancia de que Luís visitaba a los pequeños con mayor asiduidad que la propia Athenaïs.

Según madame de Caylus, en principio el rey recelaba de Madame Scarron por la "superioridad intelectual" de ésta. Temía hallarse frente a una sabionda pretenciosa, por la fama de cultivada que rodeaba a Madame Scarron. Pero Françoise amaba sinceramente a los niños que tenía a su cargo (algo que se notaba a simple vista) y se mostraba ante el rey como una gobernanta dotada de un sentido común extraordinario. Esa tranquilidad, esa mesura, esa discreción personal aunada a esa sensatez que solía brillar por su ausencia, atrajeron por completo el interés de Luís XIV. Es bastante seguro que él nunca hubiese encontrado en su camino una mujer así, que no quería destacar ni ser celebrada por su belleza o su atractivo, sino que, simplemente, vivía según unos principios morales y sin apartarse de su propia conciencia.

Hacia 1680, madame Scarron había metamorfoseado en Madame de Maintenon, adquiriendo ese nombre por haberse hecho, gracias a una generosa donación de Luís XIV, con unas tierras que así se denominaban. La gran estima en que Luís tenía a Françoise se hizo evidente cuando el monarca quiso que la gobernanta de sus hijos pasase a ser segunda "dame de autours" de María Ana Cristina Victoria, la princesa recién "importada" para convertirse en esposa del Delfín Luís. Tras la reina María Teresa, no había en la corte mujer con una posición equivalente a la de la flamante Delfina, que, por supuesto, adelantaba en privilegios a Liselotte, la esposa de Monsieur.

En ese contexto en que el rey demuestra ya una clara admiración por la templanza y la continencia moral de Madame de Maintenon, se acentúa su desvinculación emocional y afectiva de Madame de Montespan. Athenaïs le ha saturado y los enemigos de ella, particularmente el partido devoto, saben que es más vulnerable que nunca a cualquier ataque de envergadura. Cuando en una corte sobre la cual se ha cernido toda la paranoia colectiva derivada del "Asunto de los venenos" se sabe que Marie Marguerite Monvoisin ha implicado a Claude de Vin y a través de ella a Madame de Montespan, no son pocos los que vaticinan que ese escándalo supondrá el coup de grace, el golpe de gracia, para la amante oficial de Luís XIV.

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Nuestra Athenaïs como Diana Cazadora.


Hubiese sido muy afortunado que Athenaïs se hubiese limitado a contactar con La Voisin para solicitar únicamente unos horóscopos, unas profecías halagadoras y quizá unos filtros amorosos allá en los albores de su relación con el monarca. Pero la historia que se fue desplegando era, sin duda, mucho más colorista y espeluznante para Luís XIV, que, consciente de que aquello representaba un verdadero salto cualitativo en el escándalo, ordenó retirar de la competencia de la Cámara Ardiente las pesquisas relativas a la implicación de Madame de Montespan (al fín y al cabo ella era amante oficial y madre de hijos reales legitimados por letras patentes).

Esa decisión de Luís impide reconstruír con exactitud todas las declaraciones que confluyeron en la figura de Athenaïs. Es probable que ésta hubiese recurrido con especial fervor a la brujería y el satanismo en los momentos en que sintió peligrar su posición junto a Luís, específicamente con motivo de la aparición en la esfera íntima del soberano de sus rivales sucesivas, Isabelle de Loudres y Angelique de Fontanges. Se había llegado al punto, según parece, de ordenar misas negras, oficiadas con Athenaïs tendida desnuda sobre el altar y que habían incluído sacrificio ritual de un bebé. Y, peor aún, habían circulado venenos, en el caso concreto quizá de Angelique de Fontanges. Por añadidura, quizá se había planteado en alguna ocasión la posibilidad de "deshacerse" de la reina María Teresa, para que un viudo Luís pudiese quedar en libertad de hacer su esposa a Montespan.

La propia Montespan probablemente nunca supo todo lo que se le había "achacado" en el curso de aquella larga serie de declaraciones de los diversos implicados que intentaban salvarse a la desesperada. Sólo se hizo evidente que Luís marcaba distancias con ella de forma implacable y definitiva cuando se la conminó a mudarse a nuevos aposentos en la planta primera del palacio de Versailles: aquello suponía perder categoría sí o sí. En paralelo a su descenso, se verificaba el ascenso de la virtuosa Madame de Maintenon, lo que Athenaïs, en su fuero interno, hubo de vivir como una terrible humillación.


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 Asunto: Re: ATHENAÏS DE MONTESPAN
NotaPublicado: 17 Dic 2019 14:06 
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El 4 de agosto de 1680, nuestra Athenaïs...

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...había escrito en una carta bastante melancólica a su amiga la duquesa de Noailles que "no tenía corazón para nada", en el sentido de que estaba ya postrada por el oscuro desarrollo de los acontecimientos y aguardando sin resistencia alguna a que se consumase su destino. Por supuesto, cabe que barajemos la posibilidad de que Athenaïs fuese bastante inocente, al menos en lo que se refiere a las peores acusaciones. Una cosa es pagar, quizá, por un bonito horóscopo y un brebaje afrodisíaco, por ejemplo, y otra ser la oferente de misas satánicas y comprar venenos. Pero independientemente del porcentaje de verdad y mentiras que pudiese haber tras todas aquellas historias, Athenaïs estaba de capa caída ya en 1680. Colbert, que se había apoyado en ella durante mucho tiempo, acababa de comprometer a la menor de las hijas nacidas de su matrimonio con Marie Charron, una muchacha llamada Anne, con el hijo del duque y la duquesa de Vivonne, hermano y cuñada respectivamente de nuestra Athenaïs. Louis Victor de Rochechouart, el sobrino de Athenaïs, seguía siendo un buen partido para Anne Colbert, pero Colbert mismo, un zorro viejo, se daba cuenta de que no había escogido el mejor de los momentos para ligar su suerte a la de la amante oficial del rey Luís XIV. Eso sí: había que hacer de necesidad virtud y proteger, en la medida de lo posible, a Athenaïs de Montespan. Meses después, en febrero de 1681, Colbert buscaría por su cuenta los servicios de un formidable abogado, Duplessis, para que se ocupase de la defensa de los intereses de Athenaïs de Montespan.

No hizo falta mucho, porque en julio de 1682, ya para salvar definitivamente al coste que fuese a Athenaïs, Luís mandó disolver la Chambre Ardente. Los principales acusadores de la Montespan salieron muy bien parados, lo que significa que habían acertado en la estrategia de apuntar hacia una dama tan encumbrada que al rey no le quedase otro remedio que echar tierra sobre el asunto más pronto que tarde. Marie Marguerite Monvoisin, por ejemplo, fue encarcelada en Belle-Isle-en-Mer, un destino no muy bonito pero infinitamente mejor que el de su madre; Louis de Vanens fue encerrado en el castillo de San Andrés, en Salins, mientras que otros íban a dar con sus huesos al castillo de Salces. Para entonces, por supuesto; Claude, la dama de Athenaïs, llevaba tiempo confinada en Tours. Pero Athenaïs misma había salido relativamente bien parada, por mucho que lamentase la pérdida de su posición.

La reina María Teresa se sintió muy extática ante la caída de Athenaïs. Declaró, en un arrebato de felicidad, que Dios había elevado a Madame de Maintenon para devolverle a ella el corazón del rey Luís -y, efectivamente, movido por la virtuosa Maintenon, el rey Luís parecía tratar con la mayor delicadeza a su esposa, ajada y enferma. Maintenon era tan querida al "partido devoto" que incluso desde la distancia el Papa Inocencio XI le presentaba sus respetos. Existía una absoluta contraposición entre lo que había significado Athenaïs y lo que significaba Françoise. Una no puede dejar de pensar que quizá Athenaïs lamentaba, a esas alturas, haber renunciado, en su día, a ser una Francisquita, su primer nombre de pila.

El 26 de mayo de 1683, el rey Luís y la reina María Teresa, con gran cortejo, salieron de Versalles en dirección a Borgoña y Alsacia, lugares en los que el monarca tenía acantonadas las tropas a las que deseaba pasar revista. Durante el viaje, María Teresa enfermó y su físico, Fagon, que la acompañaba en el séquito, optó por sangrarla, un método muy en boga. Las sangrías debilitaron considerablemente a la buena mujer, que apenas aguantó cuatro días en el mundo. Su muerte fue sentida por su primo y esposo Luís XIV: a pesar de todo, no podía dejar de llorar (era un sentimental) la pérdida de tan digna consorte.

La repentina viudedad de Luís hizo primera dama de la corte a la nuera de éste, la Delfina, que tenía una salud bastante delicada y por tal motivo apenas lograba atender una parte ínfima de sus deberes de representación en la corte de Francia. Para entonces, Athenaïs sabía que la viudedad de Luís NO íba a aprovecharle a ella, pero lo que de verdad le preocupaba -le quitaba el sueño...- era que SÏ le aprovechase a la encumbrada Madame de Maintenon. El duque de Luynes revelaría, a posteriori, que Athenaïs de Montespan le había indicado que sería preciso buscarle una nueva consorte apropiada a su rango a Luís XIV, ya que, de lo contrario, se corría el peligro de que el rey hiciese "un mal matrimonio". Y, efectivamente, ese peligro se corría, porque el rey, lo bastante vigoroso aún para necesitar una compañera, estaba infatuado con Maintenon y Maintenon era demasiado decente para representar un papel de amante oficial en vez de otro de discreta esposa en la sombra.


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 Asunto: Re: ATHENAÏS DE MONTESPAN
NotaPublicado: 17 Dic 2019 15:18 
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Luís XIV se casó en sus apartamentos privados con Madame de Maintenon en la noche del 9 al 10 de octubre de 1683, aunque no existe ningún documento oficial que acredite aquel enlace. El padre La Chaise, el confesor de Luís, habría oficiado una misa, pero la bendición nupcial probablemente corrió a cargo de Harlay de Chanvallon, el arzobispo de París. En calidad de testigos, nada menos que Louvois y Montchevreuil. También se contó con la presencia del muy estimado valet de chambre de Luís: tenía un apellido tan poético como Bontemps.

Como la boda de Maintenon...

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...fue un acontecimiento clandestino, llevado a efecto con nocturnidad y alevosía, nada cambió en las costumbres de Luís XIV. El rey cenaba cada noche, invariablemente, en la mesa de su nuera la Delfina, que congregaba a su alrededor al resto de princesas de la sangre. Después de cenar, sobre las ocho de la tarde se dirigía a los aposentos de Madame de Maintenon, con quien conversaba amigablemente hasta que los relojes marcaban las diez. A esa hora, las diez de la noche, tributaba una visita, para desearle buena noche, a su ex amante oficial y madre de sus queridos hijos Athenaïs de Montespan.

Como se puede apreciar, todo era muy "conforme a los gustos del rey". Madame de Maintenon tenía que ejercer su influencia con mucho tiento: el mero hecho de que su matrimonio hubiese sido y se mantuviese secreto le privaba de una cuota de poder significativa, y la hacía tristemente dependiente de la benevolencia de un hombre, el rey, que había demostrado a lo largo de su vida que podía llegar a ser muy egoísta llegado el caso.

En ese contexto, se explica perfectamente que nuestra Athenaïs todavía consiguiese mantenerse en la corte durante dos años enteros. En el Año Nuevo de 1684, Athenaïs todavía se permitió el gesto de ofrecer al rey Luís publicamente, como regalo, un libro lujosamente encuadernado que contenía en su interior delicadas miniaturas, adornadas con pan de oro, de todas y cada una de las ciudades holandesas que Luís había conquistado en el ya lejano año de 1672. Racine y Boileau habían puesto su pluma al servicio de describir, en el tono más elegíaco posible, la toma de esas ciudades representadas con esmero por parte de Luís. Era un obsequio con un matiz claramente halagador para la vanidad masculina de Luís: le retrotraía a un tiempo en que él era más joven...y en que le habían sonreído los éxitos militares, uno tras otro. Eso nunca falla. Luis estaba tan contento que cuando a mediados de febrero Athenaïs organizó una fabulosa mascarada en sus salones, le ofreció con amabilidad a sus propios músicos de cámara para que la velada tuviese todavía mayor éxito. En esa época, Athenaïs acompañó varias veces a Luís a Marly, dónde se estaba construyendo una nueva residencia real.

1684 fue también el año en el que Athenaïs pudo utilizar sus últimos vestigios de poder cortesano para favorecer al mayor de sus hijos, Louis Antoine de Pardaillan de Gondrin, marqués de Antin. Recordaréis que Athenaïs había tenido dos retoños con Montespan: Marie Christine, muerta recién estrenada la adolescencia, y Louis Antoine. Los dos chicos se habían criado en Bonnefort, en la Gascuña, con una educación cuidadosamente supervisada por el abuelo y sobre todo la abuela paterna. En el caso de Louis Antoine, había tenido como preceptor a un clérigo, el abad Anselmo, de cuya capacidad pedagógica llegó a hacerse lenguas la mismísima madame de Sevigné.

Por supuesto, Athenaïs había tenido escasísimo contacto con su hijo Louis Antoine, porque ni ella era demasiado maternal ni las circunstancias, hay que reconocerlo, habían favorecido una mayor cercanía. Sin embargo, esto no significa que se despreocupase por completo del hijo que había parido en su matrimonio con Montespan. Después de un tiempo educándose con el abad Anselmo, el chiquillo había ingresado en el colegio de Louis el Grande y, tras concluír su etapa formativa, se le había otorgado el rango de subteniente en el regimiento del Rey. En esa época se le había presentado a Luís XIV, que, todo hay que decirlo, mostró cero interés por el hijo de Montespan. No obstante, Athenaïs siguió poniendo intención en que progresase y logró para él un cargo de "ménin" del Delfín, lo que suponía un sueldo anual de 2.000 écus, una suma bastante considerable.

Aunque Louis Antoine se quejaba de que, en conjunto, su madre no había hecho por él todo lo que hubiese cabido esperar, no estaba nada mal posicionado. Athenaïs cooperó con entusiasmo para que Louis Antoine pudiese casarse en 1684 con Julie Françoise de Crussol, Mademoiselle d´Uzés, una hija del duque Emmanuel d´Uzés y de la esposa de éste, Marie-Julie de Sainte-Maure, a su vez hija del duque de Montausier. Marie-Julie de Sainte-Maure, duquesa d´Uzés por matrimonio, había sido amiga cercana de Monsieur de Orléans y también de la propia Athenaïs de Montespan. No obstante, el duque d´Uzés en sí mismo no estaba muy conforme con que su hija Julie Françoise pasase a ser la nuera de Athenaïs y el asunto sólo se desbloqueó cuando el abuelo materno de la joven, Montausier, ofreció hacerse cargo él de la dote de su nieta. Adicionalmente, Athenaïs regaló a la pareja la suma de 2.000 écus y contribuyó con rico mobiliario para el nuevo hogar de su hijo y su nuera.

Cierto es, claro, que Athenaïs sólo tenía que "preocuparse" por favorecer a su hijo Montespan. Los hijos nacidos de su relación con el rey Luís tenían el mejor valedor: Su Majestad. Además, todos ellos habían crecido en el regazo de Madame de Maintenon, la flamante esposa secreta, con la cual les unía un vínculo profundo derivado de esa crianza.

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Nuestra Athenaïs y sus hijos "reales".


Cuando Athenaïs había caído ya en desgracia, los dos hijos que más tiempo permanecieron a su cargo fueron la segunda Mademoiselle de Blois y el conde de Toulouse, es decir, los de menor edad. Hay que pensar que el mayor, Louis Auguste, duque de Maine, nombrado con doce años gobernador de Languedoc, estaba destinado por el rey a desarrollar una carrera militar bajo la supervisión del mariscal de Luxemburgo, superada la fase de exilio en el campo de éste. El segundo hijo, el conde de Vexin, aquejado de mala salud, había muerto en 1683, con diez años de edad. Louise Françoise, Mademoiselle de Nantes, la mayor de las chicas, fue casada muy temprano, en 1685...

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Louise Françoise, hija de Athenaïs con el rey.


...con Louis III de Bourbon-Condé, duque de Borbón, duque de Montmorency. Oficialmente, Louise Françoise era hija del rey, sin que la letra patente de su legitimación se hubiese especificado la condición de madre biológica de Athenaïs. Esto hizo que se produjesen pocos encuentros públicos entre ambas, al menos hasta que la criatura de doce años hubo de casarse con el duque de Borbón en la capilla real de Versailles por orden de Luís XIV.

Para entonces, por tanto, Athenaïs sólo se ocupaba de Mademoiselle de Blois y del conde de Toulouse, ya que Mademoiselle de Tours, que había nacido entre Mademoiselle de Nantes y Mademoiselle de Blois, había muerto discretamente en 1681. Cuando Mademoiselle de Blois contrajo las perniciosas viruelas, hallándose en Fontainebleau, su estado llegó a ser verdaderamente grave, hasta el punto de que se daba casi por seguro un fatal desenlace. Athenaïs se ocupó de cuidar a su hija, a la que en realidad poco afecto le unía, mientras en Versailles el príncipe de Condé se afanaba para que el rey Luís, que quería sinceramente a la niña y estaba angustiado, no corriese al lecho de enfermedad, dónde hubiese podido contagiarse fácilmente.


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 Asunto: Re: ATHENAÏS DE MONTESPAN
NotaPublicado: 17 Dic 2019 15:43 
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La gran abadía real de Fontevraud, ubicada en la frontera entre el Poitou y Turenne, tenía como abadesa, desde el año 1670, a Marie-Madeleine de Rochechouart de Mortemart, hermana pequeña de Gabrielle de Thianges, Athenaïs de Montespan y Louis Victor duque de Vivonne.

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Marie-Madeleine se había ganado por sus propios méritos un extraordinario prestigio. Jovencita, antes aún de tomar los velos en 1664 en Notre-Dame-du-Bois, Marie-Madeleine había destacado por su formidable capacidad para el aprendizaje de lenguas vivas y muertas y su gusto por la filosofía. Era una mente preclara, una verdadera intelectual ajena a las tentaciones del mundo. Cuando en 1670 Luís la había hecho, pese a su juventud, abadesa de Fontevraud, nadie había tenido objecciones de ninguna clase.

Marie-Madeleine era piadosa y ecuánime, una mujer capaz de ejercer su papel al frente de la comunidad de benedictinas compaginándolo con su pasión por los idiomas. Había traducido del griego al francés los tres primeros libros de la Ilíada, por ejemplo, y también contribuyó, junto a Racine, a traducir El Banquete de Platón. Pese al transcurso de los años, no le aburría ni un ápice la vida abacial y resistió cualquier invitación a unirse a la corte. Tenía el respeto de todos: de Luís, de la reina María Teresa, de Madame de Maintenon. También el de su hermana Athenaïs, que, con los años, cada vez visitaba con mayor frecuencia a Marie-Madeleine en Fontevraud.

He aquí una cosa curiosa: la futura consuegra de Athenaïs, Marie-Julie de Sainte-Maure, se había distinguido también desde la pubertad por ser una criatura extremadamente juiciosa que devoraba con fruición el Antiguo y el Nuevo Testamento. Con ese bagaje, Marie-Julie, al entablar cierta amistad años después con Athenaïs de Montespan, amante oficial de Luís XIV, se había extrañado de que ésta, por muy hermana que fuese de Marie-Madeleine de Rochechouart, mostrase con frecuencia grandes escrúpulos religiosos. Athenaïs le había dicho que el hecho de que ella cometiese algún pecado, no significaba que todo en su vida fuese pecar. Por cierto que esa historia acerca de los escrúpulos religiosos de Athenaïs es una de las que me hacen dudar sobre toda la historia que la hacía participar en misas negras y rituales satánicos que incluían el sacrificio de lactantes.

El caso es que, con el tiempo, la religiosidad de Athenaïs fue aflorando de nuevo. Cuando en 1691 se hizo obvio que debía alejarse para siempre de la corte, no pareció lamentarlo, sino que buscó un hogar para ella no muy lejos de Fontevraud, a fín de estar lo más cerca posible de Marie-Madeleine y de una sobrina de ambas, Louise-Françoise hija de los duques de Vivonne, que también había optado por la vida de religiosa en la abadía que dirigía su respetabilísima tía.


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 Asunto: Re: ATHENAÏS DE MONTESPAN
NotaPublicado: 18 Dic 2019 10:12 
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Puede que sea norma "casi general" que a una amante real, llegado cierto momento en su vida, le queden básicamente los recuerdos de sus horas de gloria. Athenaïs podía recordar aquel verano mágico en Versailles, en los albores de su relación amorosa, cuando a Luís todas las fiestas le parecían pocas para que ella brillase en todo su esplendor y la corte girase alrededor de los dos, el rey Sol y su amada. Para desespero de Colbert, el carrusel de celebraciones, en aquel tiempo, había consumido la exhorbitante suma de ciento veinte mil libras. Conviene tener en cuenta que para cobrar ciento veinte mil libras, un oficial que tuviese ya rango suficiente como para dirigir un escuadrón real necesitaba nada menos que setenta años de servicio...algo imposible.

Athenaïs también podía evocar, por supuesto, aquel 10 de abril de 1674 en el que había visto cómo su predecesora y por tanto rival a batir, Louise de La Vallière, había entrado, para no volver a salir nunca de allí, en el convento de carmelitas del faubourg Saint-Jacques. Aquello constituía poco más que un "divertimento" en una corte que se preparaba en gran parte para acompañar al rey y a la reina en una gira por Auxerre. Únicamente una mujer, Mademoiselle de Montpensier, había abierto la boca para pronunciar una frase con mucho trasfondo que, quizá, había removido algo, un difuso temor, en el interior de nuestra Athenaïs. Mademoiselle de Montpensier, prima del rey Luís, había declarado: "Après tout, ce n´est pas la première pécheresse qui se convertit". Vamos: "Después de todo, no es la primera pecadora que se convierte". Le faltó añadir un rampante: "Y no será la última".

Después del "Asunto de los venenos" y coincidiendo con el auge de la Maintenon, Athenaïs había conseguido más que nada por los servicios prestados al alumbrar varios hijos legitimados mantenerse en la corte un tiempo. Un tiempo en el que había vivido espléndidamente, esperando a ver si se cumplía el irónico apunte cortesano sobre su rival: en un juego de palabras con su nuevo apellido Maintenon, había quienes, prediciendo que le íba a durar poco al monarca el antojo de una compañera tan honesta y pudibunda, decían que era simplemente "Madame de Maintenant". Pero la Maintenon se mantenía firmemente en su -equívoca- posición de esposa secreta cuando Athenaïs había alcanzado la convicción de que debía retirarse de la corte en la que un tiempo se la había considerado la reina sin título. Que se quedase la Maintenon con su gloria, tan dudosa que era recogida en sarcásticas composiciones en verso que circulaban de boca en boca:

D´amant il devient mari
Et fait ce qu´on doit à son âge
C´est du vieux soldat le destin
D´epouser sa vieille putain



Así que, en general, los últimos años de Athenaïs discurrieron de manera confortable, entre los recuerdos y una renovada piedad que sorprendía a propios y extraños por muy hermana que fuese de la admirada abadesa de Fontevraud.

El bonito château d´Oiron fue el refugio principal de esos años para Athenaïs. Por supuesto, nada que ver con la atmósfera resplandeciente de Clagny, ni de los palacios reales, desde Saint-Germain-en-Laye a Versailles pasando por Fontainebleau. Pero Oiron poseía buena estampa, estaba rodeado de bellos parajes y se situaba a una cómoda distancia en carruaje de Fontevraud. Aquello era lo que Athenaïs había buscado para su tiempo final, en el que multiplicó sus donaciones a obras caritativas, principalmente hospitales y hospicios, mientras mantenía su tradición personal de patrocinar escritores y artistas en general.

Las tristezas procedieron, mayormente, de las pérdidas de seres queridos. Athenaïs había abandonado la corte en 1691, y apenas dos años después, en 1693, murió la mayor de sus hermanas, Gabrielle de Thianges. En 1704, le tocó el turno a la hermana menor, Marie-Madeleine abadesa de Fontevraud (reemplazada en su puesto por su propia sobrina, hija de Vivonne). La desaparición de Gabrielle había representado un golpe emocional, pero la de Marie-Madeleine representó un auténtico drama íntimo para una Athenaïs que, casi frisando en los sesenta y cinco años, veía su propia salud tornarse cada día más frágil.

Athenaïs murió mientras tomaba las aguas, que tanto convenían a su salud, en Bourbon-l'Archambaul, el 27 de mayo de 1707. Sólo sus tres hijos menores engendrados por Luís -Mademoiselle de Tours, Mademoiselle de Blois y el conde de Toulouse- demostraron abiertamente una gran pesadumbre por la muerte de su madre, aunque Luís XIV tuvo el -feo- gesto de prohibirles a los tres lucir públicamente luto por Athenaïs.

Y así, queridos y queridas, acabó esta historia...


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 Asunto: Re: ATHENAÏS DE MONTESPAN
NotaPublicado: 18 Dic 2019 13:55 
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