Foro DINASTÍAS | La Realeza a Través de los Siglos.

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 Asunto: Re: ANTONIA, INFANTA (fürstin Hohenzollern-Sigmaringen).
NotaPublicado: 02 May 2010 10:30 
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Aquí María, aún agradablemente llenita y de buen ver...

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Y ahora una imagen de María, con treinta y cuatro años de edad, en la que parece mucho mayor debido al extraordinario volumen que había adquirido...

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Pero, sin duda, María vivió con absoluta entrega su condición de madre. Se tomó sincero interés en definir una primorosa educación para sus hijos, pero también en promover una atmósfera familiar en la que todos se sintiesen plenamente integrados y desarrollasen profundos vínculos afectivos. Cuando María falleció de sobreparto el 15 de noviembre de 1853, pocos meses antes de cumplir los treinta y cinco años, el mayor de sus hijos, Pedro, tenía dieciséis años. Pedro, un muchacho reflexivo y serio, incluso solemne, hizo el más auténtico elogio a su madre al afirmar que, por mérito de ella, había en el mundo por primera vez en siglos una generación de infantes e infantas de la casa de Braganza que no sólo eran hermanos sino que vivían una auténtica unión fraternal. Ellos, los hijos de aquella mujer, se querían demasiado para rivalizar unos con otros o para acabar envueltos en querellas.

Con las tribulaciones político-sociales que atravesaba Portugal, María había experimentado con frecuencia ramalazos de melancólica tristeza pensando en la tarea que le aguardaba a su hijo Pedro. En cierta ocasión, había asegurado: "¡Un trono! Menuda herencia que le dejo a mi Pedro". La frase resume claramente los temores y aprensiones de María. Ocupar un trono implicaba afrontar cara a cara situaciones extremadamente complicadas. Lo único que podía proporcionar a Pedro eran un entorno doméstico que favoreciese el desarrollo de sus mejores cualidades y una formación exhaustiva. María no escatimó en absoluto. El vizconde de Carreira fue designado ayo del niño, con la encomienda de dirigir su educación. En un primer momento, se seleccionó una especie de gobernanta y maestra, mujer capaz de conjugar la afectuosa solicitud con la firmeza: se llamaba Carolina Mishisch. Con diez años de edad, Pedro había pasado de manos de Carolina Mishisch a las del erudito Martins Bastos. Martins Bastos era un forofo de los clásicos latinos: inculcó en el chiquillo una extraordinaria fascinación por la gramática latina y por los autores latinos. Poco a poco, Pedro mostró interés también por otras materias. Había heredado la fascinación por la música de su abuelo Pedro IV. También había heredado la fascinación por las ciencias naturales y la botánica tanto de su abuela materna Leopoldina como de su padre, Fernando de Saxe-Coburg. Pedro emprendió a temprana edad la tarea de coleccionar insectos y conchas marinas. Albergaba la ilusión de crear un museo para albergar sus colecciones.

Por lo general, los preceptores coincidían en que Pedro era un alumno extraordinariamente atento y aplicado. Se le sometía a frecuentes exámenes, orales y escritos. Siempre que María podía asistir a esos exámenes orales, insistía en hacerlo y en formar parte del tribunal de evaluación. Ella tenía por costumbre mostrarse especialmente crítica y dar las notas más bajas. Si alguien le preguntaba, afirmaba que bajo ningún concepto deseaba que su hijo cayese de lleno en la tentación de la auto-complacencia ni tuviese una imagen demasiado elevada de sí mismo. ¿Ya dominaba el latín?¿Ya declamaba con fluidez las obras de Virgilio y Tito Livio? ¡Pues que empezase con el griego!, decidió María. Se trataba de seguir retándole, para que exprimiese al máximo su cerebro. Un nuevo profesor de gran prestigio en el ámbito de los estudios clásicos, Antonio José Viale, llegó al Palacio de las Neccesidades en el verano de 1850. Y Pedro siguió progresando adecuadamente.

Esa misma actitud que asumía con Pedro, la hacía extensible al resto. Por medio Portugal, circulaba una leyenda concerniente a la reina María y al segundo de sus hijos, el príncipe Luis. María disfrutaba mucho paseando en carruajes descubiertos e incluso cubriendo algunos tramos a pie con los niños por las calles de Lisboa. Le gustaba que los portugueses la viesen con los niños, que asumiesen que ella era una madre y que esos chicos encarnaban el futuro de la dinastía. En cierta ocasión, durante uno de los paseos de María con Luís, un niño se acercó raudo a abrazar y besar al principito. Se trataba de un niño vestido con gran sencillez, de aspecto inequívocamente humilde. Luís se apartó, instintivamente, para eludir el abrazo y el beso. María reaccionó de inmediato, arreándole una colleja a Luís para que el pueblo viese que ella sabía reprender a sus hijos cuando no se comportaban adecuadamente y haciéndole corresponder a la espontánea muestra de afecto del otro chiquillo. Esa historia, por supuesto, circuló de boca en boca. Probaba que la soberana no quería hijos malcriados, consentidos, caprichosos, echados a perder.

A posteriori, los hijos e hijas de María recordarían numerosos episodios en los que la madre les guiaba con tiento, pero también instantes de gran alegría, que generalmente estaban asociados a tardes practicando el arte de la jardinería en el parque del Palacio das Neccesidades o a excursiones a otras residencias reales, incluyendo el hermoso castelo da Pena que había empezado a edificarse en 1846.


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 Asunto: Re: ANTONIA, INFANTA (fürstin Hohenzollern-Sigmaringen).
NotaPublicado: 02 May 2010 23:05 
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Minnie, antes de que sigas, dejo un par de imagenes:
Maria II y Fernando

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Por cierto, me imagino la pareja que harían, ella bastante obesa y él bien delgado, que lo fue hasta su vejez.


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 Asunto: Re: ANTONIA, INFANTA (fürstin Hohenzollern-Sigmaringen).
NotaPublicado: 02 May 2010 23:18 
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¡Qué bueno ese retrato de Fernando! Está...muy Coburgo, desde luego. María tuvo suerte con sus maridos, los dos eran atractivos y tenían una buena cabeza encima de los hombros aparte de sensibilidad artística. Por ese lado, no puede quejarse...


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 Asunto: Re: ANTONIA, INFANTA (fürstin Hohenzollern-Sigmaringen).
NotaPublicado: 02 May 2010 23:24 
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Desde luego, comparándola con su vecina Isabel II, María fue mucho más afortunada a nivel padres y maridos:)


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 Asunto: Re: ANTONIA, INFANTA (fürstin Hohenzollern-Sigmaringen).
NotaPublicado: 03 May 2010 04:43 
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Algunas gravuras y litografias de Maria II, la reina menina:

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 Asunto: Re: ANTONIA, INFANTA (fürstin Hohenzollern-Sigmaringen).
NotaPublicado: 03 May 2010 19:58 
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Así me gusta, Micmic...¡¡que arrimes un poquito el hombro!! ;) Ya sabes que a mí me encantaría que este subforo de Portugal cobrase nuevos bríos. Pienso que Portugal tiene una historia apasionante. A los Braganza les pasa como a nuestros Borbones...en los foros internacionales, no resultan tan "cool" como los Romanov, los Habsburgo o los Windsor. Pero precisamente por eso, pienso que nosotros les debemos una especial atención. Quizá haya portugueses que lleguen a encontrar este sitio...y se animen a echar una manita.

Creo que, más o menos, hemos obtenido un bosquejo de lo que representó la pareja María-Fernando. Un elemento llamativo, por supuesto, fue la conexión familiar con Inglaterra a raíz del advenimiento al trono de Victoria I. Si os acordáis, María, aún niña, había pasado varios meses en Inglaterra durante el reinado de George IV, siendo lord Wellington el premier de turno. Los políticos dominantes en la escena política británica de aquel entonces, con Wellington a la cabeza, no habían querido apoyarla en su pretensión al trono porque acababa de encaramarse encima Miguel I, que parecía, tal vez, un candidato con mayor posibilidades de éxito. No obstante, la familia real británica sí había cumplimentado a María, a pesar de que ella juzgó muy humillante su etapa inglesa debido a la falta de un respaldo efectivo. George IV había sido amable. William duque de Clarence, el futuro William IV, también se había mostrado cortés, por no mencionar a su bondadosa esposa Adelaide. Y María había tenido ocasión de compartir algunos momentos deliciosos con Alexandrina Victoria de Kent, una "princesa a la espera". Alexandrina Victoria vivía en un entorno demasiado limitado, con unos confines firmemente establecidos por su madre, la duquesa viuda Victoria de Kent, bastante paranoica acerca de que sus familiares políticos pudiesen actuar contra los intereses de la chiquilla para favorecer los de un primo de ésta (George de Cambridge) que hubiese sido el heredero en caso de malograrse su prima. En fín, en resumidas cuentas, los fuertes recelos, las sospechas constantes, de Victoria de Kent, provocaron escenas lamentables en la familia y mantuvieron a su hija Alexandrina Victoria en un triste aislamiento. Así que las reuniones de Alexandrina Victoria con María habían sido motivo de gran alegría para ambas. Años después, María aún recordaba el orgullo con el que Alexandrina Victoria le había mostrado su colección de muñecas, pulcramente ataviadas con trajes de época.

Los años habían pasado. María se había casado en segundas nupcias con Fernando, un primo hermano de aquella Alexandrina Victoria que, después, se transformaría en Victoria I. Para rematar la faena, ajustándose a los designios del tío Leopold de Bélgica, Victoria I se enamoró apasionadamente de Albert de Saxe-Coburg-Gotha, que era su primo carnal, sí, pero, a la vez, otro primo carnal de Fernando. Fernando gozaba del afecto y la estima tanto de Victoria como de Albert.

Así se explica, por ejemplo, la presencia en la Royal Collection de numerosos retratos de los hijos de María y Fernando. Para nuestro caso, lo que nos interesa es esta bonita miniatura realizada por Guglielmo Fajia:

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La preciosa niña rubia es Antonia. Sí, Antonia, la protagonista de nuestro tema. Tenía que acabar centrando el relato...¿no? Pues ya está, aquí la tenemos.

Recordad que Antonia nació en el Palacio das Neccesidades de Lisboa el 17 de febrero de 1845. Venía a ser la sexta criatura concebida y alumbrada por María en su segundo matrimonio con Fernando, pero, de los cinco vástagos anteriores, quedaban con vida cuatro cuando apareció en escena nuestra Antonia. Lo que ella se encontró fue con tres hermanos varones y una hermana. Pedro, el mayor, tenía entonces ocho añitos. Luis, duque de Porto, tenía siete años. Joao, duque de Beja, tenía tres años. La infanta María Ana contaba dos años de edad.

Antonia frisaba en los diecisiete meses en la época del nacimiento de su siguiente hermano, Fernando. Para cuando se agregó a la nursery el infante Augusto, resulta que a Antonia le faltaban apenas tres meses para alcanzar su tercer cumpleaños. Los últimos partos de doña María produjeron bebés muertos nada más nacer.

Poco antes, he querido reflejar, a partir de los hijos mayores, Pedro y Luis, una visión de María II en su papel de madre. Hemos podido comprobar que María se tomaba muy a pecho la educación de sus hijos. En su condición de reina, forzosamente tenía que entregar sus retoños a un sistema puramente palaciego en el que confluían nodrizas, ayas, gobernantas, preceptores, et. Pero ella estaba al corriente. Insistía en estar al corriente, de hecho. No deseaba que se le escapase ni un detalle concerniente a la formación de los niños. Y, simultáneamente, hemos observado que se dedicaba a imbuír en sus hijos el sentimiento de formar parte de un grupo. Para María, figuraba entre sus prioridades que sus hijos forjasen relaciones basadas en el afecto, sólidas, perdurables.

La propia María había sufrido en sus carnes lo que significaba pertenecer a una familia dividida. En la generación anterior, la de su padre y sus tíos, se habían producido graves disensiones, con el telón de fondo de una lucha a brazo partido por el trono. Ella misma había perdido de vista demasiado pronto a sus hermanos. Había estado ausente de Brasil durante una larga temporada, coincidiendo con la etapa en que la habían mandado "a completar su período educacional" en Viena pero que había derivado en que se había tenido que aguantar con una estancia penosa en Inglaterra porque su tío y prometido esposo le había usurpado el trono, previsiblemente en connivencia con la corte austríaca. Cuando María había retornado a Brasil, en su condición de "Reina de Portugal" le habían preparado una casa propia, una mansión cercana a la Quinta da Boa Vista que enseguida fue denominada Palacete da Rainha. Por supuesto, veía a sus hermanas y a su hermano, pero ya no compartía el mismo techo con ellos. Y, por añadidura, María había partido hacia Francia a finales de 1831, con su padre, Pedro, dispuesto a conquistarle el reino usurpado, y con su madrastra, embarazada en aquel entonces. Los hermanos de María se habían quedado en Río. La imagen que tenía María guardada en la memoria correspondía a una Januária de nueve años, una Paula Mariana de ocho años y una Francisca Carolina de siete años, aparte de un Pedro de seis añitos. Paula Mariana se había muerto prematuramente en 1833, con diez años. María no asistió al crecimiento de Januária, de Francisca Carolina ni de Pedro. Obviamente, los vínculos se diluían con la separación y la enorme distancia física entre ellos.

Tenía más contacto con su medio hermana María Amelia, la hija de su madrastra y efímera cuñada Amelie. Pero la diferencia de edad establecía la pauta de la relación. María Amelia era una niñita entretenida en jugar a las muñecas cuando su medio hermana María ya estaba viuda de Augusto de Leuchtenberg o casándose en segundas nupcias con Fernando de Saxe-Coburg-Gotha. Cuando María dió a luz a Pedro, su primogénito, María Amelia se convirtió en tía con apenas seis años de edad. Evidentemente, María Amelia íba a estar más cercana a sus sobrinos.

Con esos antecedentes, se entiende fácilmente el empecinamiento de María en que sus retoños creciesen compartiendo el mismo espacio y las mismas experiencias, para que se forjasen lazos de unión duraderos. Y, en ese aspecto, hay que reconocer que triunfó plenamente.


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 Asunto: Re: ANTONIA, INFANTA (fürstin Hohenzollern-Sigmaringen).
NotaPublicado: 03 May 2010 20:50 
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Las dos niñas, María Ana y Antonia, ocupaban una posición especial en el grupo familiar. Habían nacido de forma consecutiva, con tres hermanos precediéndolas y dos hermanos siguiéndolas. Era quizá inevitable que los hermanos mayores -Pedro, Luis y Joao- ejerciesen sus papeles con particular entusiasmo en lo que atañía a las dos niñitas. Por otro lado, los dos hermanos menores -Fernando y Augusto- observarían la clásica actitud de unos niñitos que buscan la afectuosa protección de las hermanas que les anteceden.

María Ana había heredado más rasgos físicos de la madre; podía creerse que se trataba de una versión en miniatura de María. Enseguida demostró que su carácter se asemejaba sorprendentemente al de Pedro. Al igual que Pedro, María Ana hacía gala de una naturaleza tranquila y apacible, un tanto introvertida y reflexiva. En Antonia, sin embargo, existía una mezcla curiosa de genes maternos y paternos. Siempre habría en ella un notable aire a los Coburgo, lo que llevó a que, en una etapa posterior, cuando la tuvo delante, la reina Victoria experimentase un pellizco en el corazón porque "Antoinette" le recordaba a una hermana de Fernando, Victoria de Saxe-Coburg, por matrimonio duquesa de Nemours. La duquesa de Nemours había sido la prima predilecta de Victoria, su amiga y confidente; la muerte prematura de esa mujer había causado una honda pesadumbre en la soberana inglesa. Que la reina Victoria relacionase a "Antoinette" con la fallecida duquesa de Nemours implica que la infanta portuguesa poseía rasgos, gestos y maneras típicamente Coburgo.

Pero, en sus primeros años, la cualidad que hacía destacar a Antonia era la alegría. María Ana -siguiendo la estela de Pedro...- podía ser muy seria e incluso un tanto solemne, cavilosa o melancólica dependiendo del momento. Antonia, en cambio, llevaba una sonrisa permanentemente dibujada en los labios. Se la veía vivaz, animosa y divertida. Pedro consideraba que Antonia era el torbellino de la casa y Luis, sencillamente, la adoraba, sentimiento claramente retribuído por la niña, que le consideraba su favorito entre todos.

Comprensiblemente, el primer gran golpe para Antonia, lo mismo que para sus hermanos y su hermana, provino de la muerte de María a raíz del undécimo parto. Durante la ordalía que condujo al nacimiento de un niño bautizado apresuradamente con el nombre de Eugenio para que no muriese sin cristianar, María había tenido consigo, constantemente, a su querida madrastra Amelie y a su camarera mayor, Eugenia Mauricia Tomasia de Almeida, duquesa de Ficalho. Las dos percibieron, enseguida, que el parto había destrozado por entero a María. Los médicos que la rodeaban no podían detener la profusa hemorragia. Llegó un momento en que la reina pidió amablemente, a los facultativos que la atendían, que le dijesen si había una mínima posibilidad de salir adelante; el ligerísimo titubeo de éstos le dejó meridianamente claro que estaba sentenciada. Ella se lo tomó con naturalidad: muchas veces le habían advertido de que jugaba a la ruleta rusa con sus sucesivos embarazos. En cambio, Amelie lloraba amargamente y la duquesa de Ficalho estaba devastada.

Para el rey consorte Fernando, que también se había situado junto al lecho en el que agonizaba su esposa, era un momento trágico. Fernando había asimilado una pauta en la que compartía el trono con su mujer...y aceptaba la regencia cada vez que ella debía confinarse para completar un embarazo con el posterior trabajo de parto y convalecencia. Pero no era un hombre a quien le atrajese particularmente ese papel de regente. Se limitaba a cumplir con su deber. La perspectiva de quedarse sin María y de tener que tutelar a Pedro, todavía de dieciséis años, le hacía sudar copiosamente.

Pedro estaba -naturalmente...- asustado. Íba a encontrarse ocupando un trono mucho antes de lo que se había figurado. Todavía no había concluído su formación y carecía de experiencia práctica. Por su forma de ser, había desarrollado un poderoso sentimiento de hiperresponsabilidad, lo que hacía que la simple idea de que quizá no llevase adecuadamente las riendas de la nación por su juventud y candidez le provocase ardor de estómago.

Luís, Joao, María Ana y Antonia sufrían. Sufrian ante la certeza de quedarse sin madre, una madre exigente pero cariñosa y atenta. Sufrían ante la inminente soledad de su padre. Sufrían por lo que se le venía encima al "pobre Pedro". Y sufrían por los niños, Fernando y Augusto, que se quedarían huérfanos en corta edad. No es cuestión de establecer un ranking de sufrimiento, pero tal vez se llevaba la palma María Ana. Al ser la mayor de las muchachas -dieciocho meses de ventaja le sacaba a su hermana- se veía convirtiéndose en la figura femenina de la familia. Eso sí: tendría a Amelie. Pero Amelie, que residía con María Amelia en el Palacio das Janelas Verdes, se ausentaba con cierta asiduidad para pasar extensas temporadas con sus parientes en Baviera.

Es obvio, por tanto, que hay un punto de inflexión en la muerte de María. En los años siguientes, la familia estaría expuesta a una serie de transformaciones más que significativas para el desarrollo de Antonia...


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 Asunto: Re: ANTONIA, INFANTA (fürstin Hohenzollern-Sigmaringen).
NotaPublicado: 03 May 2010 21:59 
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Pedro V, nuevo rey de Portugal en sucesión de su madre, María II:

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No sé a vosotros, pero a mí me produce una enorme ternura. No creo que llegar a ser rey a una edad temprana sea ninguna bicoca, en especial si te han educado con sumo cuidado, para que tengas claro clarinete que los privilegios llevan aparejados muchos deberes y, además, un sentimiento de responsabilidad histórica, hacia tu linaje, tu dinastía y tu nación. Pedro era un chico serio, formal y extraordinariamente responsable. Son magníficas cualidades para un monarca, desde luego, pero cuando las circunstancias te obligan a ocupar el puesto demasiado pronto, pienso -opinión mía- que esos rasgos de carácter tan encomiables hacen que te pese enormemente encima de los hombros y de la conciencia el miedo a no estar a la altura. Fijaos en que Pedro parece siempre envuelto en un aura de profunda reserva y de una madurez precoz, con lo que eso conlleva.

Aquí una imagen de María Ana, que también me da pena. A los diez años, convertirte en "la mujercita" de la familia implica asumir una carga que no cuadra con tu edad. María Ana guardaba una profunda semejanza con Pedro. Manifestaba tanto buen tino en sus juicios, tanta sensatez y prudencia, que transmitía la impresión de ser mayor de lo que era. Que sus hermanos pequeños la atendiesen con respeto, es hasta comprensible, pero llama la atención que también se dejasen guiar por sus reflexiones sus hermanos MAYORES. En la foto se aprecia una intensa melancolía:

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Y aquí os traigo una foto de Antonia. Las páginas 1-2-3 y 4 de este tema ya están repletas de imágenes de la infanta en distintas etapas de su vida, por lo que no es fácil añadir material nuevo, jajaja. Pero esta foto es particularmente emotiva. Muestra a una chiquilla de luto, pero amagando una sonrisa. Cuando sonreía debía ponerse muy bonita.

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 Asunto: Re: ANTONIA, INFANTA (fürstin Hohenzollern-Sigmaringen).
NotaPublicado: 03 May 2010 22:35 
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Así me gusta, Micmic...¡¡que arrimes un poquito el hombro!! ;) Ya sabes que a mí me encantaría que este subforo de Portugal cobrase nuevos bríos. Pienso que Portugal tiene una historia apasionante. A los Braganza les pasa como a nuestros Borbones...en los foros internacionales, no resultan tan "cool" como los Romanov, los Habsburgo o los Windsor. Pero precisamente por eso, pienso que nosotros les debemos una especial atención. Quizá haya portugueses que lleguen a encontrar este sitio...y se animen a echar una manita.


Sabes, creo que la mayoria de los portugueses (al menos de cuantos son capazes de enumerar cronologicamente más de 10 reyes, porque también habrá algunos que se escaparian alegremente de las clases de história), incluso los niños, aprecia y conoce mejor la história de las dos primeras dinastias, la de Bourgogne y la de Avis (ou Aviz). Yo no soy excepción, de los Bragança sé muy poquito, así que no puedo prometer aportar nada escepto preguntas. :ooops: Y algunas imagenes.

De todos modos, puedo garantirte que el tercer parto de D.Maria II no duró 32 años, como dices. Como no soy experta en história bragantina, he consultado mi madre sobre el tema , así que estoy casí segura. :-D btw, no sé si has recibido um pm de hace unos dias...


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 Asunto: Re: ANTONIA, INFANTA (fürstin Hohenzollern-Sigmaringen).
NotaPublicado: 03 May 2010 22:42 
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Bueno...tratemos de sacar esto adelante.
:bravo:

Fernando tenía treinta y seis años cuando enviudó. En un primer momento, centró sus energías en ocuparse de la regencia y en guiar a Pedro, que debía empezar a situarse en el intrincado laberinto de la política portuguesa. La regencia de Fernando se prolongó desde el 15 de noviembre de 1853, fecha del deceso de su mujer, hasta el 16 de septiembre de 1855, día en el cual Pedro, declarado mayor de edad, fue aclamado en sesión plenaria de las Cortes. Por cierto que Pedro llegó a esa jornada de la mayor trascendencia en pésimas condiciones: había estado sufriendo durante dos meses los dolores que le ocasionaba un furúnculo en una pierna. Pero cuando Pedro fue aclamado finalmente, Fernando pudo sentir que había cumplido su deber escrupulosamente. El hijo había tenido tiempo de bregarse e incluso de empezar a meterse en el ajo con una serie de viajes por Europa. Había estado en Inglaterra, cariñosamente recibido por Victoria y Alberto. Ese mismo verano de 1855, había asistido a la Gran Exposición de París y había realizado una gira por Bélgica e Italia.

Fernando...

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...podía, finalmente, retirarse de escena, a una posición más contemplativa. Se había ganado el sobrenombre de Rey Artista, por su inclinación hacia todas las artes. Empezaba a disfrutar encadenando la asistencia a representaciones teatrales y a sesiones de ópera, sin olvidar sus partidas de caza. Lo cierto es que Fernando se volvió un tanto jaranero. Es entendible, por supuesto. Frisando en los cuarenta años, se podía suponer que le quedaban por delante décadas en la cómoda posición de padre del rey, con otros hijos menores que requerían su atención pero no a tiempo completo, lo que le permitía conjugar sus escasas obligaciones con un repertorio amplio de distracciones. Era a Pedro, en una curiosa inversión de los papeles, a quien le tocaba cuidar de la reputación de su padre. Se cuenta que el joven monarca llegaba a quedarse despierto hasta muy avanzada la madrugada para encargarse personalmente de abrirle las puertas a su augusto progenitor cuándo éste regresaba de sus entretenidas noches. Fernando no lo entendía: para abrir puertas, sobraban criados. Pero Pedro aludía que, haciéndose cargo él de abrir las puertas, se evitaba que los criados supiesen cuánto jaraneaba don Fernando, lo que hubiera dado pábulo a rumores que se esparcirían rápidamente. La anécdota, desde luego, refleja que a Pedro le importaba mucho que la familia conservase su buena imagen.

Una cuestión que empezaba a rondarles era la necesidad de que Pedro contrajese un matrimonio apropiado. En 1855, en su visita a Bruselas, dónde había rendido homenaje de cortesía a su tío abuelo Leopold I, Pedro se había quedado gratamente impresionado por la única hija de éste, la princesa Charlotte. Que a Pedro le gustase Charlotte sonó igual que música celestial a oídos de Leopold: ya se imaginaba a su hija convertida en reina de Portugal mediante un matrimonio de ésta con el primogénito de su sobrino Fernando. La noticia alcanzó rápidamente Inglaterra. La reina Victoria estaba encandilada ante semejante posibilidad. Pero a Charlotte no le atraía en absoluto Pedro. Por mucho que tratasen de orientarla en esa dirección, no permitió que la llevasen por dónde no quería ir.

La vía de recurrir al tradicional matrimonio ibérico no estaba abierta. España tenía escasez de infantas. Las únicas en las que se podía pensar hacia 1855 hubiesen sido las hermanas menores del rey consorte Francisco de Asís, la infanta María Cristina y la infanta Amalia del Pilar. Tanto la hija mayor de la reina titular Isabel II como la hija mayor de la infanta Luísa Fernanda, dos Isabelitas, eran niñas, una de siete años, la otra de cinco. Así que había que irse a la rama de don Francisco de Paula y doña Luísa Carlota para encontrar a María Cristina y a Amalia del Pilar. Ninguna de ellas le parecía aceptable a Pedro. María Cristina era llamaba ya "la infanta boba" y Amalia del Pilar era un taponcito, bajita, rechoncha, de voz muy ronca.

Así las cosas, Pedro le dió tiempo al tiempo. Algo acabaría surgiendo, por supuesto. Cuando surgió, fue a través de la voz de Albert, el marido de la reina Victoria. Él se permitió sugerir a una princesa prusiana, una Hohenzollern, pero de la rama católica de los Hohenzollern, los Hohenhollern-Sigmaringen. El jefe de esa rama, el príncipe Karl Anton, estaba casado con la princesa Josephine de Baden, una Beauharnais por vía materna. Habían tenido varios hijos, incluyendo dos féminas: Stephanie y Marie. Stephanie, así llamada en honor a la abuela materna Stephanie de Beauharnais, estaba en una edad más que apropiada. Se sabe que, en un primer instante, Pedro, que tenía conocimientos exhaustivos en materia de genealogía, puso pegas al hecho de que Stephanie de Hohenzollern-Sigmaringen tuviese ancestros Beauharnais, simple aristocracia menor francesa. Albert le señaló, puntilloso, que Amelie de Leuchtenberg, la ex emperatriz, era en realidad una Beauharnais: el padre de Amelie, Eugène, había sido primo de Stephanie de Beauharnais, la abuela de la eventual candidata. Ante ese argumento, Pedro ya no tenía nada que oponer.


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 Asunto: Re: ANTONIA, INFANTA (fürstin Hohenzollern-Sigmaringen).
NotaPublicado: 03 May 2010 22:45 
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micmic escribió:

De todos modos, puedo garantirte que el tercer parto de D.Maria II no duró 32 años, como dices. Como no soy experta en história bragantina, he consultado mi madre sobre el tema , así que estoy casí segura. :-D btw, no sé si has recibido um pm de hace unos dias...


¡Qué bichejita eres! Jajajaja.

Por supuesto que el tercer parto de María no duró 32 años. Duró 32 horas. Ha sido un miserable lapsus cálami, jajajaja.

Y -btw- sí lo he recibido. Tengo pendiente realizar esas pequeñas correcciones. Y se agradecen muchooooo los avisos de pequeños gazapos ;)


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 Asunto: Re: ANTONIA, INFANTA (fürstin Hohenzollern-Sigmaringen).
NotaPublicado: 03 May 2010 23:15 
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Y porque soy muy bruja, me vas a dejar poner otra gravura de Maria II, aunque ya estás muy adelante en la história... :-D ... solo esta vez, me gusta mucho la reina en este dibujo... :-)

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