Foro DINASTÍAS | La Realeza a Través de los Siglos.

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 Asunto: Re: ANTONIA, INFANTA (fürstin Hohenzollern-Sigmaringen).
NotaPublicado: 01 May 2010 16:54 
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Minnie, el tema me está encantando, por que desconocía muchas cosas (prácticamente para mi Augusto de Leuchtenberg era dos cifras-nacimiento y muerte).

Pero hay una duda en el tema "elección Fernando". Efectivamente, era el sobrino de Leopoldo de Bélgica, pero en Inglaterra aún reinaba Guillermo IV, Victoria era heredera presunta y Alberto un pequeño príncipe alemán. No acabo de entender las razones del Gobierno inglés, teniendo en cuenta que la Coburgo dominante en Londres entonces, la Duquesa de Kent, no era precisamente la "mejor amiga" de Guillermo IV.

De todas formas, recuerda mucho el tema de los matrimonios españoles :)

Bravo, Minnie! :yay:


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 Asunto: Re: ANTONIA, INFANTA (fürstin Hohenzollern-Sigmaringen).
NotaPublicado: 01 May 2010 21:16 
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Mi querido Riccardo, temo que nadie va a calibrar la importancia de tu mensaje, porque he editado el mío previo para evitar un ridículo histórico :-p Teniendo en cuenta que en dís previos me he permitido poner a caldo a los guionistas de Los Tudor, el monumental gazapo cometido justificaría que me encerrasen en la Torre a perpetuidad, jajajaja.

Lo cierto es que ha sido una formidable metedura de pata. Pensando en la conjunción María-Ferdinando, mi mente se situó en el año 1846, una etapa particularmente convulsa en la historia del reinado de la pareja. Me refiero al levantamiento de los septembristas, después de que hubiese caído por los suelos el período dictatorial de Costa Cabral y María, empecinada en dar su apoyo a los conservadores, hubiese confiado la formación de un nuevo gobierno a Saldanha. Hubo una auténtica revuelta en Portugal en 1847. María recurrió enseguida a Victoria y Albert. Victoria trató de presionar a su premier de entonces, Lord Palmerston, para ayudar de modo efectivo a los primos portugueses, que estaban siendo duramente cuestionados por diversos motivos, entre ellos el papel que representaba un tal Dietz, consejero aúlico de Ferdinand al estilo del barón Stockmar para Albert. Un embrollo considerable, vamos.

En fín, que con mi mente en ese período, hice una asociación de fechas absolutamente incorrecta, adelanté el reinado de Victoria, adelanté la formación del tandem Victoria-Albert y derivé de ahí el apoyo inglés a la boda Saxe-Coburg de María. Lo dicho: para encerrarme a la perpetuidad en la Torre, jajajaja.

Ahora me pongo a repasar notas como una condenada para rehacer esa parte del relato de forma correcta.


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 Asunto: Re: ANTONIA, INFANTA (fürstin Hohenzollern-Sigmaringen).
NotaPublicado: 01 May 2010 21:46 
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Minnie, con todo lo que tienes en la cabeza (Saldanha, septembristas (para mi algo similar a los decembristas rusos), Loulé, países...simplemente lo que ha pasado te humaniza:)

Ten en cuenta que yo te seguía por las fechas porque es en el único sitio en que me sentía seguro.

El tema es fascinante, desconocidísimo, y lo estás llevando maravillosamente, como siempre. :bravo: :bravo: :bravo:

(y no me edito porque ya quedaría incomprensible el intercambio ;) )


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 Asunto: Re: ANTONIA, INFANTA (fürstin Hohenzollern-Sigmaringen).
NotaPublicado: 01 May 2010 22:07 
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Minnie bravo :bravo: :bravo:
Sobre´Pedro I ....Sí, es verdad. Su educación fue negligenciada a tal punto que en sus cartas se pueden encontrar errores gramaticales terribles en portugues.
Sobre Amélie....Cuando llegó a Rio de Janeiro encantó a todos....pero luego empezarón a criticarla. Amélie intentó poner un poco de orden en la corte, adoptar un minimo de protocolo y como habían personas de varias nacionalidades , pensó que seria mucho mas facil si todos se comunicasen en francés. Y ahí empezaron los problemas. Decian que si la fallecida Leopoldina, una archiduquesa de Austria, nunca se había importado con ese tipo de cosa, quien era ella, una "princesa de mentira" para imponer algo? Se le sacó en cara sus origenes pero a los pocos ella consiguió imponerse y logró recuperar el afecto la mayoria.
Después de la prematura muerte de Augusto, según algunas versiones, pensó en casar a Maria con el menor de sus hermanoos, Maximiliano, pero falló en sus intentos.


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 Asunto: Re: ANTONIA, INFANTA (fürstin Hohenzollern-Sigmaringen).
NotaPublicado: 01 May 2010 23:01 
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Jajajaja. Riccardo, eres más majo que las pesetas ;)

En cualquier caso, Ferdinand Saxe-Coburg-Gotha, de la rama Koháry de la familia alemana, sí fue un candidato promovido desde Bélgica pero rápidamente apoyado por Inglaterra. El quid de la cuestión es un hombre de notable talla política y gran ambición personal: Leopold I, rey de Bélgica desde 1831.

Cuando Bélgica había optado por segregarse del reino de los Países Bajos para conformar una nación independiente, había surgido una importante marejada política a escala continental. Obviamente, el rey de los Países Bajos, Willem II de Orange, casado con la gran duquesa rusa Anna Paulovna, no se tomó a bien que los belgas le hiciesen un corte de mangas; insistía en que se trataba de una indigna sublevación y en que la sometería por las buenas o por las malas. Pero las potencias estaban más o menos de acuerdo en que surgiese la nación belga y en que se consolidase como una monarquía, con una dinastía propia. Había que encontrarles un rey que agradase a todas las naciones que debatían el futuro belga. Al menos, un rey que suscitase un mínimo consenso, que ninguno de los interesados rechazase de plano.

Se llevaría el gato al agua Leopold de Saxe-Coburg-Gotha. Oriundo de uno de aquellos pequeños ducados germánicos, pertenecía a un linaje no particularmente destacado dentro del amplísimo repertorio de familias principescas. Pero la madre de Leopold, nacida condesa, convertida en princesa por matrimonio, era una mujer considerablemente astuta y ambiciosa. Supo moverse con gran habilidad entre los intrincados vericuetos políticos de la época, un conocimiento que transfirió a sus hijos y, en particular, al que juzgaba más brillante de todos ellos: Leopold. El gran golpe de Leopold había sido casarse con Charlotte Augusta, princesa de Gales, única hija y heredera legítima del rey George IV de Inglaterra en su desastroso matrimonio con Caroline de Brünswick. Leopold y Charlotte, establecidos en el delicioso palacete de Claremont, en Surrey, conformaron una pareja extraordinariamente romántica; los dos parecían genuínamente embelesados el uno con el otro, lo que reforzó la notable popularidad de la princesa de Gales. Los británicos depositaban enormes esperanzas en ese tándem Leopold-Charlotte Augusta. Por eso fue un mazazo colosal que Charlotte Augusta muriese después de un primer parto tremendamente duro, prolongadísimo y plagado de dificultades, que produjo un varón de enorme tamaño pero sin un hálito de vida. El duelo de los británicos fue excepcionalmente intenso.

Los ingleses tuvieron a bien rodear de un sincero aprecio a Leopold, el desconsolado viudo. El acuerdo prenupcial, bendecido en el Parlamento, permitía que Leopold siguiese disfrutando de la propiedad de Claremont y de una renta anual sencillamente magnífica. Pero lo importante era que los ingleses le tributaban su aprecio. Recordaban que había sido un marido devoto y fiel para la malograda Charlotte Augusta. Que el padre de la finada Charlotte Augusta, George IV, apenas soportase a su yerno Leopold, suponía una ventaja adicional para Leopold. A esas alturas, George IV no gozaba de excesivo cariño entre sus súbditos, así que les gustaba tocarle las hannoverianas narices manifestando simpatía por el yerno indeseado, Leopold.

De otros temas, recordaréis que la muerte de Charlotte Augusta originó la "gran carrera matrimonial" en Inglaterra. George IV se había quedado sin heredero directo. Sus hermanos aún solteros -de hecho solterones recalcitrantes...- fueron presionados inmediatamente por el mismísimo Parlamento, aparte de por el rey George IV. Debían renunciar a sus amantes de décadas para casarse con princesas protestantes y procrear una generación de potenciales herederos de la dinastía hannoveriana. El futuro dependía de esos enlaces.

Leopold jugó su papel en ese delicioso vodevil. Apostó por uno de los hermanos de George IV, el duque de Kent. Y le orientó en dirección a una de las hermanas de Leopold, Victoria de Saxe-Coburg. Era la viuda de un príncipe de Leiningen, de quien le habían quedado dos hijos pequeños, un niño y una niña. No se trataba, por tanto, de una muchachita virginal cuya fertilidad fuese una incógnita a despejar, sino de una mujer hecha y derecha que había probado su capacidad no sólo para concebir, sino para llevar a feliz desenlace sus gestaciones. Que Victoria se convirtiese en la flamante duquesa de Kent reforzó la implicación inglesa de Leopold, en particular a raíz de que ella diese a luz a una niña llamada Alexandrina Victoria.

Hacia 1830, Leopold era un hombre estupendamente situado. Seguía ejerciendo una considerable influencia en su hermana Victoria de Kent, lo que le convertía en una presencia asidua en el palacio de Kensington. Eso le permitía representar un papel destacado en la vida de Alexandrina Victoria, destinada a convertirse en un futuro no lejano en reina de Inglaterra. Porque a George IV le sucedió su hermano William IV, casado con la adorable Adelaide de Saxe-Meiningen, que había tenido varias niñas muertas en la tierna infancia. Cuando falleciese William, la falta de descendencia de Adelaide haría que el trono perteneciese a la sobrinita Kent. Leopold ya se imaginaba desarrollando entre bambalinas un rol destacado en el reinado de Victoria. Simultáneamente, él seguía con gran interés la evolución de los hijos de sus hermanos, Ernest I duque de Saxe-Coburg y Ferdinand, que se había casado con la riquísima princesa húngara Antonia de Koháry, transformándose, merced a esa boda, en uno de los más destacados magnates de Centroeuropa. Leopold hacía combinaciones mentales acerca del eventual futuro matrimonio de su sobrina Victoria desde que ella era una criatura. Los hijos de Ernest I, Ernest y Albert, eran sus candidatos preferidos.

Resumiendo: en el año 1831, George IV se había muerto y William IV era el rey, con Victoria de heredera y Leopold soñando en Claremont con que, en su momento, sabría manejar la situación para que la que íba a reinar se casase con uno de los primos de Coburg. Y ahí aparece Bélgica, una nación nueva que necesitaba un rey. Candidatos había, por supuesto. Uno de los más destacados era Louis duque de Nemours, segundo hijo varón del rey Louis Philippe de Francia. A Inglaterra no le interesaba en absoluto que un hijo del rey de Francia se convirtiese en rey de Bélgica, tratándose de dos países limítrofes. Había que presentar un candidato más apropiado para los intereses británicos. George IV se hubiera enrabietado al punto de roer el suelo con los dientes si hubiese tenido que favorecer en ese sentido a su yerno Leopold. William IV, en cambio, no detestaba con tal fervor a Leopold, aunque su mujer, Adelaide, tenía serias reservas hacia éste. Pero lo sustancial era que el primer ministro Lord Palmerston apreciaba y admiraba a Leopold. Lord Palmerston inclinó la balanza enseguida.

Al ascender al trono de Bélgica, Leopold I contó con el respaldo de Lord Palmerston para afrontar la guerra con Holanda, pues Willem II, el Orange al que los belgas habían mandado a preparar gauffres, no estaba por la labor de aceptar mano sobre mano esa evolución de los acontecimientos. Asimismo, Leopold I tuvo la inteligencia de ganarse la simpatía de Francia solicitando a Louis Philippe la mano de la mayor de las hijas de éste, la princesa Louise Marie, rubia y cándida. En un lapso de tiempo relativamente muy corto, Leopold se afianzó en el trono belga asesorado por su consejero aúlico, el barón Stockmar, a quien llamaba "mon soutien et mon ami". Pero la ambición de Leopold no estaba colmada, más bien al contrario. Ahora que él había llegado a ser rey de los belgas, estaba decidido a seguir trabajando para que otros miembros de su casa de orígen se colocasen en distintos países europeos. Victoria, la chiquilla de los Kent, era su mayor esperanza de futuro, pues sería la soberana de una gran potencia. Pero había que proveer también para el resto de sobrinos, dejando de momento al margen a los hijos de Ernest, a quienes guardaba para ofrecérselos a Victoria cuando fuese menester.

El avezado Leopold captó al vuelo la oportunidad que representaba Portugal cuando tuvo conocimiento de que la reina adolescente María II había perdido a los dos meses de su boda el marido que le habían designado, Augusto de Leuchtenberg. Era evidente que los portugueses no le permitirían ser viuda durante demasiado tiempo. Habría prisas por casarla de nuevo. Enseguida se habló de dos príncipes franceses: Louis duque de Nemours o su hermano François príncipe de Joinville. Esos candidatos destacaban sobre otros eventuales maridos: el archiduque austríaco Albrecht o el príncipe saboyano Eugenio de Carignano. Evidentemente, Leopold sabía que en Inglaterra no hacía ni pizca de gracia que Louis Philippe estuviese promoviendo a su hijo Nemours o a su hijo Joinville. La tradicional influencia inglesa en Portugal podía verse seriamente menoscabada si empezaba a meter cuña Francia. Aunque Leopold era por entonces yerno de Louis Philippe, cuñado de Nemours y de Joinville, terció sugiriendo a Lord Palmerston -aún premier- que tuviese en cuenta a uno de sus sobrinos Saxe-Coburg-Gotha de la rama Koháry: Ferdinand. Ferdinand contaba diecinueve años, la edad perfecta para desposar a una viuda de dieciséis. Era un mozo de considerable apostura, inteligente, cultivado, con talento artístico y marcadamente liberal.

Cuando el conde de Lavradio, de visita en Londres precisamente para hablar francamente con Lord Palmerston del apuro en el que se hallaba buscando un marido aceptable para María II, se encontró con el premier, éste le mencionó enseguida a Ferdinand de Saxe-Coburg-Gotha. Lavradio aceptó rápidamente esa alternativa ofrecida por Leopold I de Bélgica. No tardó en pasarse por Bruselas, dónde se le sumó Stockmar, el consejero aúlico de Leopold.

Juntos, Lavradio y Stockmar tomaron el camino a Coburg, a vencer las cautelas del padre de Ferdinand, también llamado Ferdinand, un tipo mesurado en extremo y absolutamente circunspecto que no hubiera apostado ni un penique por la estabilidad del trono portugués, razón por la cual no estaba por la labor de mandar a su hijo a ese lejano país europeo. Lavradio tuvo que ser persistente, asegurando que Ferdinand, al casarse con María, se elevaría al rango de infante de Portugal, con el título de duque de Braganza; pero cuando tuviesen el primer hijo común, se transformaría en rey consorte de Portugal. Simultáneamente, Lavradio había asegurado que Ferdinand recibiría exactamente los mismos cargos que se habían conferido al difunto Augusto de Leuchtenberg. Al igual que Augusto, Ferdinand tendría un escaño en la Cámara Alta, desde dónde podría intervenir en la vida política, y, desde luego, el bastón de comandante en jefe del ejército. A Ferdinand padre le pareció estupendo...siempre y cuando Inglaterra GARANTIZASE el cumplimiento de eas cláusulas.

Arreglado el asunto, Ferdinand hijo fue convocado de inmediato a Bruselas. El tío Leopold era plenamente consciente de la importancia de preparar para semejante papel a Ferdinand, un chico de excelentes cualidades, pero completamente inexperto. Durante días y días, Leopold dedicó una considerable cantidad de tiempo a aleccionar a Ferdinand. En principio, el chico íba a llevar consigo a Lisboa a su maduro preceptor alemán, Dietz; pero Leopold insistió en que también le acompañaría un hombre que sería para Ferdinand un nuevo Stockmar: se llamaba Sylvain van de Weyer. En realidad, esas provisiones denotan la arrogancia de Leopold I. Estaba seguro de que su sobrino sabría manejarse perfectamente en un país que le era completamente ajeno, con una historia reciente extremadamente convulsa, siempre que siguiese al pie de la letra sus instrucciones (remitidas en profusas cartas) y los dictados de van de Weyer (un belga que sabía tanto de los portugueses como de los rituales de cortejo y apareamiento de los koalas australianos, o sea, nada).

Completado el "entrenamiento" en Bruselas, Ferdinand viajó a París. Louis Philippe había retirado las candidaturas de sus hijos en cuanto su yerno Leopold había ofrecido un sobrino. Pero había que evitar que quedasen pequeños resquemores. Ferdinand cumplimentó adecuadamente a Louis Philippe, que le deseó suerte con bastante sinceridad. Luego, Ferdinand se dirigió -¡cómo no!- a Inglaterra.

Su tía Victoria, duquesa viuda de Kent, le recibió con alborozo. Su prima Victoria, princesa heredera, estaba encantada con él. El 29 de marzo de 1836, la princesa Victoria se explayó en una larga carta a su tío Leopold de Bélgica acerca del "beloved Ferdinand". No cabía duda, señalaba, de que el joven causaría una excelente impresión a los portugueses, por su sencillez y sus maneras agradabilísimas; los ingleses le habían elogiado con entusiasmo a cuenta de ese carácter complaciente y ella confiaba en que lo mismo sucedería con los portugueses. Finalizada la estancia en Inglaterra, Ferdinand embarcó rumbo a Lisboa: su boda con María estaba pevista para el día 8 de abril de 1836.


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 Asunto: Re: ANTONIA, INFANTA (fürstin Hohenzollern-Sigmaringen).
NotaPublicado: 01 May 2010 23:10 
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Un retrato de Ferdinand precisamente a los veinte años de edad, en la época de su boda portuguesa. Ya lamento yo no tenerlo en color...Pero se aprecian en él rasgos muy Coburgo, desde luego.

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 Asunto: Re: ANTONIA, INFANTA (fürstin Hohenzollern-Sigmaringen).
NotaPublicado: 01 May 2010 23:19 
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Te he hecho currar, pero anda que no te ha quedado lucido, Minnie ;)


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 Asunto: Re: ANTONIA, INFANTA (fürstin Hohenzollern-Sigmaringen).
NotaPublicado: 01 May 2010 23:21 
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Amélie escribió:
Minnie bravo :bravo: :bravo:
Sobre´Pedro I ....Sí, es verdad. Su educación fue negligenciada a tal punto que en sus cartas se pueden encontrar errores gramaticales terribles en portugues.
Sobre Amélie....Cuando llegó a Rio de Janeiro encantó a todos....pero luego empezarón a criticarla. Amélie intentó poner un poco de orden en la corte, adoptar un minimo de protocolo y como habían personas de varias nacionalidades , pensó que seria mucho mas facil si todos se comunicasen en francés. Y ahí empezaron los problemas. Decian que si la fallecida Leopoldina, una archiduquesa de Austria, nunca se había importado con ese tipo de cosa, quien era ella, una "princesa de mentira" para imponer algo? Se le sacó en cara sus origenes pero a los pocos ella consiguió imponerse y logró recuperar el afecto la mayoria.
Después de la prematura muerte de Augusto, según algunas versiones, pensó en casar a Maria con el menor de sus hermanoos, Maximiliano, pero falló en sus intentos.


¡Gracias por los valiosos apuntes, Amelie! No me extrañaría nada que Amelie quisiese llenar el vacío que había dejado Augusto con su hermano Maximilian, flamante duque de Leuchtenberg. Ahora que lo dices, se me ocurre que es probable que Amelie, al encargar tres autopsias independientes del cadáver de Augusto para que Fanny Maucomble enviase cartas prolijas en detalles acerca de la muerte del chico a la duquesa viuda de Leuchtenberg, estuviese ya preparando terreno. Obviamente, Amelie conocía bien a su madre, Augusta Amalia. Por si acaso Augusta Amalia se sentía perturbada por los rumores que circulaban acerca de que Augusto había muerto envenenado, convenía dejar bien establecido que esa rumorología carecía de fundamento. Así, Augusta Amalia hubiera estado dispuesta a enviar al único hijo varón que le quedaba vivo -Maximilian- a Lisboa, llegado el caso. Pero no se produjo esa circunstancia. Me imagino que los portugueses tampoco querrían repetirse tanto con los Leuchtenberg.


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 Asunto: Re: ANTONIA, INFANTA (fürstin Hohenzollern-Sigmaringen).
NotaPublicado: 01 May 2010 23:26 
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RiccardoPercy escribió:
Te he hecho currar, pero anda que no te ha quedado lucido, Minnie ;)


¡Es lo bueno que tiene que te señalen los fallos garrafales! Permite recomponer las cosas adecuadamente, jajaja. A veces es malísima mi costumbre de escribir a toda velocidad sin revisar nombres, fechas y notas en mis fichitas. Me lanzo por la pendiente de cabeza. Raro que no me rompa la crisma más a menudo, jajajaja.

No sé si os lo he dicho, por cierto, pero es que...estoy enamorada de Leopold I de Bélgica. ¡Qué personaje, mon Dieu, qué personaje! No me extraña que acabasen motejándole el Néstor de los monarcas europeos.


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 Asunto: Re: ANTONIA, INFANTA (fürstin Hohenzollern-Sigmaringen).
NotaPublicado: 01 May 2010 23:42 
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Ferdinand llegó a Lisboa, dónde se le llamaría Fernando, claro.

María había permanecido envuelta en la bruma de la melancolía desde la muerte de Augusto. Su matrimonio con éste había sido de tan breve duración que sólo había producido instantes felices. Además, el prematuro y dramático desenlace siempre conduce a una idealización de los momentos compartidos. Augusto permanecía como un bellísimo recuerdo, un pellizco constante en el corazón. Pero María era muy joven: de hecho, cumplió diecisiete años un día antes de la llegada de Fernando a Lisboa. Con su edad, se presuponía que le sería fácil recomponerse y rehacer su vida sentimental en cuanto le pusiesen por delante un buen mozo. Fernando era un buen mozo, aparte de que llamase la atención de su prima inglesa la sencillez y la afabilidad de los que hacía gala. No cabe duda de que María se enamoró prácticamente de manera instantánea.

En lo que se refiere a Fernando, quizá sería exagerado atribuírle un auténtico amor hacia María. A María sólo se la consideró razonablemente bonita en su primerísima juventud, cuando llamaba la atención por su cabello rubio, sus ojos azules y su piel blanquísima. Ya a raíz de la boda con Augusto y de la subsiguiente viudedad, empezó a estropearse por su inclinación a comer más de la cuenta. Había heredado la tendencia a engordar de su madre, Leopoldina. Cualquiera podía hacerse la idea de que, en cuanto sumase tantos embarazos y partos como Leopoldina, emularía su obesidad. Por otro lado, el carácter de María no era necesariamente fácil de resistir. Podía mostrarse excesivamente orgullosa, rayando la altanería y la soberbia. Costaba moverla de sus posiciones, a las que se aferraba igual que a un clavo ardiendo. No le gustaba ni un ápice que tratasen de enmendarle la plana o que la contrariasen. La mezcla de la sangre de los Braganza y los Borbones con los Habsburgo-Lorena habían hecho una mujer demasiado consciente de sí misma. Con casi total seguridad, Fernando no hubiese elegido jamás a María...en el caso de haber tenido la opción de escoger por mero gusto a su mujer. Pero poco a poco, Fernando descubrió las cualidades de María. Porque las había, sin duda, entremezcladas con los defectos. Era una muchacha de sentimientos firmes y sólidos, afectuosa y leal. Ciertamente, Fernando llegó a querer a María. Se puede querer sin llegar al punto de amar. Y esa clase de sentimiento, ese apego perdurable, sirve de excelente base a muchos matrimonios.


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 Asunto: Re: ANTONIA, INFANTA (fürstin Hohenzollern-Sigmaringen).
NotaPublicado: 02 May 2010 08:45 
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Ya casi llegamos, muchachos...

:-p

Podría decirse que María y Fernando avanzaron hacia la madurez personal a partir de su matrimonio. En principio, no resultó fácil cumplir el papel que tenían asignado. Los portugueses estaban claramente posicionados en distintas facciones políticas; los avatares de su historia reciente les habían llevado a un constante enfrentamiento a cara de perro, con tensiones latentes que podían estallar fácilmente. A medida que he ído leyendo material acerca de ese período, me ha sorprendido el gran paralelismo que había en relación con la situación española en la misma época. Podríamos hablar de "alboroto general" a nivel ibérico ;)

La primera situación espinosa derivó -¡cómo no!- de la asunción por parte de Fernando del cargo de comandante en jefe del ejército. Si la designación de Augusto había sido rápidamente contestada por un amplio sector de población, la de Fernando llevó a las mismas algaradas. Quizá sobrepasado por esa reacción, Fernando llegó a ofrecerle a María que le retirase el bastón de mariscal de campo colocado al frente de las tropas. Pero María persistió. Por un lado, le ofendía en su orgullo pensar siquiera en no cumplir alguna de las promesas que se habían efectuado a los Coburgo previamente a la boda. Y, por otro lado, su reciente enamoramiento la hacía reafirmarse todavía más en la idea de que el bastón le pertenecía a su marido. Pero el episodio refleja que Fernando no fue recibido con unánime satisfacción, ni mucho menos. Aparte, la mayoría de los portugueses, independientemente de su opinión respecto al consorte de la soberana, fuesen simpatizantes o no, sí coincidían en lamentar la presencia de alemanes y belgas en el entourage de Fernando. Que Fernando quisiese tener un médico alemán y un cocinero alemán...se podía asumir. Pero consejeros áulicos del tipo Dietz y van de Weyer despertaban un elevado grado de recelo.

Ese descontento fue a más en los años siguientes, cuando María permitió que manejase los hilos del gobierno António Bernardo da Costa Cabral, primer marqués de Tomar. Costa Cabral sucedió, en el cargo, al duque de Saldanha. En una fase anterior, resultaba que Costa Cabral había sido un ardiente septembrista, un liberal bastante radical en sus planteamientos, pero posteriormente fue "moderando" sus posiciones al punto de acabar siendo un fundador del partido cartista. Obviamente, la izquierda jamás le perdonó esa rápida evolución que le hizo participar en varios gabinetes sucesivos. La cosa se enconó en 1842, cuando dirigió un auténtico golpe de Estado conocido y aprobado por la reina María II. Costa Cabral acabó siendo el que mandaba, en una situación en la que se le consideraba, principalmente, un valido de la reina María II. Y los validos habían sido figuras casi inherentes a la formulación tradicional de la monarquía, en siglos pasados, pero no encajaban en un concepto de monarquía constitucional. De orígenes relativamente sencillos, había acumulado, por añadidura, una colosal fortuna en tiempo récord y se hacía patente que, junto a una escalada brutal de la corrupción, estaba muy en boga el nepotismo. Considerando que los portugueses vivían una etapa de penurias económicas, con una auténtica hambruna en la zona norte en el año 1846, era evidente que se daban todos los elementos para que estallase un conflicto -algo que también aguardaban ansiosos los miguelistas, partidarios del retorno de don Miguel-. Y así fue: acabó estallando a Patuleia, una guerra civil que asoló Portugal, con los cartistas enfrentados a una coalición absolutamente inconcebible de septembristas y miguelistas. A Patuleia fue el momento más crítico del reinado de María y Fernando. De hecho, fácilmente podría haber dado al traste con el reinado de María y Fernando. Éstos tuvieron que solicitar ayuda exterior (Leopold I de Bélgica acabó preguntándole a Lord Palmerston si Inglaterra aceptaría que él enviase fuerzas militares belgas a territorio portugués...toma ya) para solventar el bache. Los cartistas acabaron ganando la batalla decisiva, en junio de 1847. Sólo entonces María y Fernando pudieron respirar con una sensación de alivio.

Advertencia: ésta ha sido una versión muuuuuy resumida. Si nos metemos en serio en la historia de Portugal en el siglo XIX, vamos a descubrir todos que requiere tanto esfuerzo mental y consume tantas energías como realizar una aproximación a la historia de España en el siglo XIX. Pero quería que quedase claro, de entrada, que María y Fernando no tuvieron por delante a partir de su enlace un camino de rosas. Les había tocado una época compleja y bastante revuelta. Cierto que el instante más dramático coincidió con la Patuleia y que, a cambio, se salvaron de la oleada de revoluciones que barrió Europa en 1848. Pero Portugal era, en términos políticos, un país embebido en un constante enfrentamiento entre cartistas y septembristas, con los miguelistas al acecho. En términos sociales, la fractura era notable. La economía no íba bien, y a las hambrunas se sumaron, para rematar la faena, algunas epidemias de cólera morbo que provocaron estragos. Quiero que lo tengáis en cuenta para que no penséis que María y Fernando vivieron sobre una balsa de aceite, que es algo que se suele pensar automáticamente cuando se recuerda que esa fue la etapa en que se embellecieron los jardines del Palacio das Neccesidades y se construyó el muy germánico castelo da Pena en Sintra ;)


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 Asunto: Re: ANTONIA, INFANTA (fürstin Hohenzollern-Sigmaringen).
NotaPublicado: 02 May 2010 09:42 
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Más o menos, tenemos una "pincelada" del reinado de María y Fernando. No vamos a profundizar, porque lo que nos interesaba era situarles a ambos, mostrar sus trayectorias y llegar a la fase en la que los dos crean una amplia familia. Porque de ahí es de dónde surge Antonia de Braganza, infanta de Portugal, en una época ulterior fürstin Hohenzollern-Sigmaringen.

:bravo:

Después de su boda con Fernando, María aún tardó más de medio año en concebir un vástago. No quedó encinta hasta principios de 1837. En el Palacio das Necessidades, el 16 de septiembre, dió a luz a un niño, que recibiría la habitual ristra de nombres: Pedro de Alcántara Maria Fernando Miguel Rafael Gonzaga Xavier João António Leopoldo Victor Francisco de Assis Júlio Amélio. Por supuesto, se le denominaría simplemente Pedro, en un claro homenaje que María tributaba a su padre.

Cuando el niño Pedro acababa de cumplir trece meses, en octubre de 1838, María puso en el mundo un segundo varón: Luis. Una niña, María, nació y murió casi inmediatamente en 1840. A mediados de marzo de 1842, se produjo el natalicio de un tercer varón: Joao. La primera infanta que íba a sobrevivir, María Ana, realizó su entrada en escena en julio de 1843. A María Ana la siguió otra fémina: Antonia, en febrero de 1845. Después nacerían, en 1846 y 1847 respectivamente, dos niños: Fernando y Augusto. María II todavía se embarazó y se puso de parto en tres ocasiones, pero esos tres hijos menores fueron criaturas efímeras, que pasaron por el mundo como un ligero soplo de brisa y a los que hubo que entregar rápidamente al panteón de infantes correspondiente: Leopoldo, nacido y muerto en 1849; María da Gloria, nacida y muerta en 1851 y Eugenio, nacido y muerto en 1853.

El historial obstétrico de María II es, por tanto, muy completito. En dieciséis años, obtenemos once embarazos con once partos. De esos once niños, se malograron cuatro y sobrevivieron siete. Lo llamativo es que María podría haberse evitado ese constante desgaste físico, porque, si lo pensamos fríamente, en los primeros ocho años de matrimonio, ya había conseguido tres varones (Pedro, Luis y Joao) y dos féminas (María Ana y Antonia). A no ser que se produjese una verdadera catástrofe, la sucesión estaba plenamente garantizada. Y los médicos habían advertido seriamente a María, en el sentido de que ir sumando embarazos significaba exponerse a morir en cualquiera de sus largos y difíciles alumbramientos. María no quiso acusar recibo de esa advertencia. Replicó, en tono firme:

-Se tiver que morrer, morro no meu posto.

La maternidad, por tanto, la veía como algo inherente a su condición de reina y de esposa. Estaba dispuesta a aceptar las zozobras de cada embarazo y el suplicio de cada alumbramiento, pero también la posibilidad de morir de parto o de sobreparto. Su puesto, desde su perspectiva, requería esa clase de compromiso absoluto, de sacrificio total.

Eso tiene su mérito procediendo de una mujer que -ya se ha indicado- no llevaba bien los embarazos y padeció alumbramientos durísimos. A modo de ejemplo: el tercer parto de María duró nada menos que treinta y dos años, con el consiguiente martirio para la madre y para la criaturita, que, cuando emergió a la luz, estaba al borde de la muerte. El cuarto parto fue más sencillo, pero el quinto parto, el de la infanta María Ana, resultó otra ordalía. Para entonces, con tal sucesión de hijos, María II había dejado de ser gorda para ser obesa; con completa falta de tacto, algunos de los que la vieron en esa época la compararon con una ballena. La cuestión es que esa obesidad le provocaba problemas de tensión arterial e insuficiencia cardíaca. A una persona con ese cuadro médico, seguir coleccionando partos en los que el más breve duró diez horas de nada, la sentenciaba a acabar muriendo. Y de hecho acabó muriendo a raíz del proceso de dar a luz a su hijo menor, Eugenio.


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