Foro DINASTÍAS | La Realeza a Través de los Siglos.

Nuevo tema Responder al tema  [ 212 mensajes ]  Ir a página Anterior  1 ... 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9 ... 18  Siguiente
Autor Mensaje
 Asunto: Re: ANTONIA, INFANTA (fürstin Hohenzollern-Sigmaringen).
NotaPublicado: 30 Abr 2010 18:28 
Desconectado
Madre Fundadora
Avatar de Usuario

Registrado: 17 Feb 2008 20:47
Mensajes: 18226
Mensaje especial para Micmic: tanto dar vueltas por el foro, podrías reparar en este tema de este subforo, jajaja.

(grin)

Y tras este guiño a nuestra portuguesa favorita, que ya podría coaligarse con Amelie, nuestra brasileña favorita, para enmendarme la plana en todos los errores o impresiones no demasiado acertadas que pueda verter acerca de SU historia, sigamos adelante ;)

Simplificando mucho...porque ya veo que a Antonia no llegamos, jajaja. En 1831, Pedro había comprendido que si quería que su María fuese de manera efectiva la reina de Portugal, tendría que encargarse él mismo de solventar el hecho de que Miguel se había apoderado del trono. Así que legó Brasil, su imperio, a Pedro II, el hijo varón que había tenido con Leopoldina. Pedro I es un monarca inusual, en ese sentido; en su mente, la mayor de su retoños debía reinar en Lisboa y al menor le tocaba reinar en Río; estaba dispuesto a renunciar él mismo a los derechos para que los ejerciesen los dos hermanos. En Pedro I nunca tuvieron cabida los ciumes, los celos, hacia María II o Pedro II. Respecto al niño Pedro, siempre había afirmado, en tono de saludable orgullo paternal, que su hijo le sacaba una enorme ventaja porque era un brasileño por nacimiento. Confiaba plenamente en que los brasileños rodearían de una muralla protectora construída a base de lealtad inquebrantable a Pedro II.

Pedro, el ya ex emperador de Brasil, se dirigió a Europa con su esposa Amelie, que estaba esperando el primer hijo de ambos en esa etapa, y con su hija María, la reinecita de Portugal. En Río quedaban el niño Pedro II a cargo de su fiel gobernanta Mariana, así como las otras hermanas del chiquillo: Januária, Paula Mariana y Francisca Carolina. Por supuesto, en el momento en que abandonaron Brasil, Pedro ignoraba que jamás volvería a ver a los hijos que dejaba en Río. La propia Amelie tardaría cuarenta años de nada en encontrarse de nuevo con su hijastro Pedro II, que la consideraba su mamá. Si lo hubiesen intuído siquiera, probablemente les hubiea resultado psicológicamente devastador cruzar el océano en dirección a Europa. No obstante, Pedro había tomado una decisión y Amelie se ajustaba a la pauta marcada por su marido con una firmeza que recordaba la adhesión de su propia madre, Augusta Amelia, a su padre, el finado Eugène de Beauharnais. Claro que en Amelie había una compensación: al pisar de nuevo suelo europeo, podría tener ocasiones de abrazar nuevamente a su madre y a sus hermanos, incluyendo a Augusto, quien había abandonado Brasil para retornar a Baviera unos meses antes.

Con Pedro, Amelie y María viajaba una pareja singular (aparte del inevitable elenco de personas de sus respectivas casas). La pareja la conformaba la menor de las hermanas de Pedro, la infanta Ana de Jesús, con su marido, el marqués de Loulé. No me apetece embrollar en exceso este tema, jajaja, pero, francamente, no puedo resistir la tentación de dedicarle un poco de terreno a la infanta Ana de Jesús, porque es una figura ciertamente romántica...

¿Me permitís el caprichito?

:whistling:


Arriba
 Perfil  
 
 Asunto: Re: ANTONIA, INFANTA (fürstin Hohenzollern-Sigmaringen).
NotaPublicado: 30 Abr 2010 19:20 
Desconectado
Madre Fundadora
Avatar de Usuario

Registrado: 17 Feb 2008 20:47
Mensajes: 18226
Esta muchacha...

Imagen

...es la infanta Ana de Jesús María de Braganza. Se trataba de la benjamina de la casa en su generación, la menor de los hijos de Joao VI con Carlota Joaquina. Nadie llegaría a calificarla de hermosa, pero era sin duda la más agraciada de las chicas que había puesto en el mundo Carlota Joaquina.

Las hermanas eran, por orden de mayor a menor: María Teresa, princesa da Beira; María Isabel; María Francisca; Isabel María; María da Assunçao y Ana de Jesús. Ya sabemos que tres de ellas (María Teresa, María Isabel y María Francisca) tuvieron sus propios papeles a representar en la historia de España. Isabel María fue la designada regente del reino de Portugal por Joao VI en el lecho de muerte, porque el hombre no se fiaba ni un pelo de que su inminente viuda, Carlota Joaquina, respetase el orden sucesorio; temía que ésta conspirase en perjuicio de Pedro y a beneficio de Miguel, exilado en Viena en la época. María da Assunçao y Ana de Jesús eran las pequeñas. En ese curioso entramado de relaciones familiares, resultó que María da Assunçao fue la más ardorosa partidaria de la entronización de su hermano Miguel, su favorito, en tanto que Ana de Jesús apostaba por Pedro.

La existencia de Ana tomó un sesgo muy diferente del previsto en el año 1826, cuando aún reinaba su padre, Joao VI. A sus veinte años, todavía estaba soltera y no había aún en perspectiva ningún matrimonio de Estado. A diferencia de las hermanas inmediatamente anteriores en edad -Isabel María, la futura regenta, y María da Assunçao- ella no estaba, sin embargo, dispuesta a vivir en un cuidadoso celibato. No se reprimió en absoluto cuando experimentó una repentina atracción por Nuno José Severo de Mendonça Rolim de Moura Barreto, a la sazón marqués de Loulé. Nuno marqués de Loulé pasaba por ser el aristócrata mejor plantado y más guapo de la corte portuguesa; pertenecía a una familia de rancio abolengo, incluso conectada con los Braganza por vía ilegítima, pero no era miembro de la realeza, obviamente; además, se interesaba vivamente por la política y se sentía liberal, lo que le situaba en el bando contrario a aquel príncipe Miguel encorajinado por la reina Carlota Joaquina. El romance de Nuno marqués de Loulé con la infanta Ana de Jesús María no fue meramente platónico: enseguida se convirtió en una relación plena, no sólo afectiva, sino física. En aquellos tiempos, el riesgo de embarazos ni buscados ni deseados era elevadísimo, por supuesto. Ana de Jesús María enseguida se encontró con que esperaba un hijo de Loulé.

Cuando esto aconteció, don Joao había muerto. Isabel María había asumido el díficil papel de regente a la espera de que se presentase en Portugal don Pedro, que estaba en Brasil. Miguel reclamaba la corona para sí mismo desde su exilio en Viena. La viuda Carlota Joaquina cifraba sus expectativas en Miguel, no en Pedro. La familia estaba dividida en esa confrontación por un trono. Es evidente que la preñez de Ana de Jesús María representó un conflicto adicional. Carlota Joaquina parece haber sido la más pragmática: ya que su hija pequeña estaba encinta y se empecinaba en que quería casarse con el padre de la criatura en curso, era mejor resolver esa boda lo antes posible. Había un problema: en su condición de infanta portuguesa, Ana de Jesús María necesitaba el permiso otorgado por el rey. En ese interín, se postulaban para reyes Pedro y Miguel, pero ninguno de ellos estaba a mano. Finalmente, Carlota Joaquina decidió que no se podía demorar más el casamiento de Ana con Loulé: habría una ceremonia privada, sumamente discreta, en el Palacio de Ajuda. Fue el 5 de diciembre de 1827, sólo VEINTIDÓS DÍAS antes de que Ana de Jesús diese a luz a una niña que se llamaría Ana Carlota.

El escándalo fue mayúsculo, claro. Ana de Jesús había roto por completo las normas. Se había casado con un hombre que no pertenecía a la realeza, un simple aristócrata. Se había casado sin la preceptiva venia real. Y se había casado tan preñada que cuando los embajadores extranjeros, finalmente advertidos de esa unión tan sorprendente, acudieron al cabo de días a presentar sus parabienes, no pudieron ver a la reciente esposa de Loulé puesto que ella se encontraba ocupada dando a luz en otra habitación.

Entretenido el culebrón...¿eh?.

Pues bien: al hacerse Miguel con el poder, Loulé optó por exiliarse. Él era liberal, no soportaba a los miguelistas, tan rotundamente absolutistas, aún embebidos con el concepto de monarquía de orígen divino y poder sin restricciones para el soberano. Ana de Jesús se largó con su marido a Francia. Estuvieron en París hasta que se les ocurrió que debían cruzar el océano en dirección a Brasil, dónde estaban Pedro y la hija de Pedro, María, a quien éste había cedido los derechos a la corona de Portugal. Para Ana de Jesús, su sobrina María era la legítima soberana de Portugal y su hermano Miguel un usurpador, creencia que compartía con Loulé.

Al decidirse Pedro a embarcarse hacia Europa para facilitar él mismo el acceso de su hija María al trono que le correspondía, enseguida quedó claro que no sólo le acompañaría Amelie. Los marqueses de Loulé fueron inmediatamente agregados a la expedición.


Arriba
 Perfil  
 
 Asunto: Re: ANTONIA, INFANTA (fürstin Hohenzollern-Sigmaringen).
NotaPublicado: 30 Abr 2010 19:45 
Desconectado
Madre Fundadora
Avatar de Usuario

Registrado: 17 Feb 2008 20:47
Mensajes: 18226
Tenemos dos fragatas.

En una fragata, la HMS Volage, de pabellón británico, se acomodó Pedro con Amelie, así como sus respectivos séquitos. Considerando la gravidez de Amelie, no podía faltar un médico cuidadosamente elegido por el propio ex emperador. Era un brasileño autóctono, no por adopción; un brasileño mulato que respondía al nombre de Joao Fernandes Tavares.

En la fragata La Seine, de pabellón francés, se instaló María, con un séquito encabezado por su fiel Leonor da Cámara y con los marqueses de Loulé.

Por razones de seguridad, la Volage zarpó varios días antes que La Seine. La Volage emprendió su travesía en el amanecer del 13 de abril de 1831, mientras La Seine permanecía aún una semana fondeada en el puerto de Río de Janeiro. En caso de que os preguntéis qué quiero decir con lo de "razones de seguridad"...bien, cabía la posibilidad de que Miguel, desde Lisboa, enviase navíos de guerra portugueses al encuentro de esa flotilla en aguas del Atlántico, para tratar de frustrar la singladura en dirección a Francia de su hermano y de su sobrina. No llegó a suceder, pero el pensamiento de que eso podía haber ocurrido, derivó en que los dos barcos no formasen un pack indivisible.

Fue un viaje apacible. Sólo en el caso de la Volage, que se había adelantado a La Seine, hubo que sobrellevar la experiencia de una formidable tormenta en pleno océano. Pedro se quedó literalmente fascinado con aquel fenómeno metereológico, pero Amelie, en su delicada situación, bastante había tenido con aguantar el mareo producido por el natural bamboleo del barco entre las olas; la tempestad hizo que la mar se pusiese muy brava, la fragata parecía en peligro de ser engullida a las profundidades y la ex emperatriz, recluída en su camarote, se creía morir de tan descompuesta como estaba. Cuando alcanzaron refugio en el puerto de Faial, en las Azores, Amelie debió dar gracias a Dios un millón de veces.

De Faial continuaron hasta Falmouth, en Inglaterra. Pero no íban a permanecer en suelo inglés: quizá Pedro recordaba aún vívidamente la poca predisposición que unos añitos antes habían mostrado los británicos hacia la niña María. Siguieron ruta a Cherbourg, en Francia. Partidarios de Pedro, llegados de Londres y de Lisboa, le aguardaban en Cherbourg, dónde los franceses le proporcionaron un magnífico recibimiento, con guardia de honor y cañonazos de rigor. Amelie estaba encantada, porque veía llegar el día de seguir viaje a Munich, dónde la esperaba con natural ansiedad su madre, Augusta Amalia.

Más tarde, María se reunió con Pedro y Amelie en París. Residirían en el Chateau Meudon, en los aledaños de la capital francesa. Allí, Pedro movía sus hilos; el consejo de regencia que él había nombrado en su momento para su hija había eludido los años de apogeo miguelista estableciéndose en una de las islas Azores, Terceira; desde allí, eximios personajes se habían dirigido a Londres y a París para trabajar a favor de la reina niña. En París, concretamente, representaba su rol a la perfección el general Joao Carlos Saldanha, un protegido del gran Lafayette. Saldanha se movía cual pez en el agua en los círculos de los liberales portugueses exiliados, pero también de los liberales españoles exiliados. Con la aparición en escena de Pedro, Saldanha redobló sus esfuerzos para obtener financiación privada. Recuperar un trono que te han usurpado nunca ha sido baratito, seamos sinceros. No obstante, otros destacados partidarios de don Pedro advertían que, a la postre, el principal soporte para conseguir sus propósitos debían hallarlo en Londres, no en París. Londres constituía una piedra clave para sostener el futuro reinado efectivo de María II.


Arriba
 Perfil  
 
 Asunto: Re: ANTONIA, INFANTA (fürstin Hohenzollern-Sigmaringen).
NotaPublicado: 30 Abr 2010 21:24 
Desconectado
Madre Fundadora
Avatar de Usuario

Registrado: 17 Feb 2008 20:47
Mensajes: 18226
No íba a ser fácil, aparte de que era una empresa cara. Hubo instantes de evidente tensión, que se cobraron su tributo en la salud de Pedro.

modo de ejemplo: Amelie se puso de parto en París, el 30 de noviembre de 1831. Aparte de la muy natural preocupación de Pedro acerca de si Amelie saldría bien parada del alumbramiento, resultaba que había surgido cierta inquietud política en torno a ese natalicio en el Brasil.

Los brasileños tenían un emperador, Pedro II, de SEIS AÑOS de edad. Por demás, no sólo era un niño, sino un niño con sus problemas de salud: acababa de superar una primera infancia plagada de virulentos accesos de fiebre con convulsiones. Podía malograrse antes de la pubertad o en la adolescencia. Y aún en el caso de que superase esas etapas en las que las tasas de mortalidad eran muy elevadas, resultaba que faltaban años y años antes de que se pudiese pensar siquiera en buscarle una esposa de rango adecuado para que ambos asegurasen el relevo generacional.

Si Pedro II moría prematuramente...¿quien le sucedería?.

Brasil no impedía el acceso al trono de las mujeres, pero otorgaba prevalencia a los hombres. Si Amelie ponía en el mundo un hijo varón, ese bebé se convertiría, automáticamente, en el presumible heredero de su medio hermano de seis años, el emperador Pedro II. Obviamente, a los brasileños les parecía muy enojosa la idea de que ese eventual príncipe heredero fuese a nacer no en territorio brasileño, sino en la capital francesa.

Quizá para Pedro fuese un alivio que el médico mulato de la ex emperatriz hiciese saber que doña Amelie había tenido no un hijo, sino una hija. Centrándonos sólo en su descendencia legítima, don Pedro contaba con cuatro hijas: María, Januária, Paula Mariana y Francisca Carolina. La nueva infanta, que se llamaría María Amelia Augusta Eugénia Josefina Luísa Teodolinda Heloísa Francisca Xavier de Paula Micaela Gabriela Rafaela Gonzaga, acortado en María Amelia, ocuparía una posición escasamente destacada en la línea sucesoria.

La llegada de María Amelia fue la excusa perfecta para que Pedro congregase a todos los brasileños residentes en París a un banquete en Chateau Meudon, porque, por añadidura, se daba el caso de que al día siguiente cumpliría siete años en Río el emperador Pedro II. Pedro presidió la mesa solo, pues Amelie se hallaba, lógicamente, en cama. Hubo brindis por el emperador Pedro II, pero, en especial, por María Amelia y, después, por las princesas Januária, Paula Mariana y Francisca Carolina, que habían permanecido en Río con su hermanito Pedro II. Entre tanto cruce de brindis, Pedro debió sucumbir finalmente al nerviosismo que había acumulado en su interior en los meses precedentes: se sintió mareado y hubo de abandonar la sala para irse a su alcoba. Por la mañana, aún se lamentaba amargamente de que padecía náuseas y de que, si intentaba levantarse del lecho, le acometían accesos de vértigo: aún así, hubo de extraer fuerzas de flaqueza, porque el rey Orléans, Louis Philippe, había anunciado que les visitaría con su esposa, la reina Amelie, así como varios de sus hijos. Después de cumplir sus obligaciones de anfitrión, Pedro regresó a la cama. Hasta pasados cinco días no tuvo arrestos para levantarse. Cuando se levantó, se dirigió a las Tuilleries de París, a devolver la visita a los reyes de Francia.

El 11 de diciembre, Pedro estaba otra vez metido hasta las cejas en asuntos políticos. Los créditos obtenidos le habían permitido iniciar un reclutamiento de soldados mercenarios en Inglaterra, mientras que ya disponía de una serie de buques de guerra, con sus correspondientes tripulaciones, fondeados en Belle Isle. Londres había mostrado ciertas reticencias iniciales, pero, a la postre, habían determinado no ponerle objecciones e incluso ofrecerle apoyo. Los buques trasladarían a los mercenarios británicos de Belle Isle a las Azores: allí aguardaban soldados portugueses, tropas que habían jurado defender una monarquía constitucional y liberal encarnada en la reina María II.

Pedro mismo les acompañaría: en eso, nunca tuvo dudas. El 25 de enero de 1832, se despidió cariñosamente de Amelie, todavía no enteramente repuesta del parto. También besó a la pequeña María Amelia, así como, de manera especialmente calurosa, a sus hijas María, la reina de Portugal, e Isabel María, duquesa de Goiás.

Aquí os he sorprendido...¡lo sé!.

:tongue:

Quizá os acordéis de que Isabel María, la hija de Pedro con Domitília, había tenido que abandonar el recinto del palacio de Boa Vista en vísperas de la llegada de Amelie a Brasil. Los Leuchtenberg habían sido meridianamente claros: Amelie sería una madrastra amorosa y protectora hacia los hijos legítimos de Pedro, los huérfanos de Leopoldina, pero por nada del mundo aceptarían la presencia en palacio de los bastardos de sus favoritas. Así que, apesadumbrado, Pedro había tenido que ordenar que llevasen a la duquesita de Goiás a Niteroi. Allí había permanecido hasta que, en noviembre de 1829, había embarcado en Río de Janeiro en dirección a Brest, en la Normandía. De Brest había viajado a París. Un distinguido brasileño residente en la capital francesa, José Marcelino Gonçalves, se había ocupado de inscribir a la chiquilla en el prestigioso colegio del Sacré Coeur. Desde luego, íba a recibir una educación esmerada, acorde con el tratamiento de Alteza que tiempo antes le había otorgado su imperial padre.

El caso es que, al llegar a París Pedro, Amelie y María en noviembre de 1831, el ex emperador sintió el deseo de ver a su hija Isabel María duquesa de Goiás. Ya había cumplido siete años...y se trataba de una niña encantadora, de aspecto delicado y naturaleza sensible. Para don Pedro, que no habréis olvidado que era un excelente músico, capaz de componer y de interpretar partituras en una amplia variedad de instrumentos, fue un motivo de regocijo el talento como pianista de la muchachita. Pedro confiaba en que Amelie no podría negarse, en adelante, a la presencia de esa muñeca. A fín de cuentas, Amelie ya había demostrado, con los hijos de Leopoldina, que ella era una de esas personas adultas dotadas de una extraordinaria facilidad para establecer relaciones cálidas y afectuosas con los niños. Amelie, efectivamente, se enterneció con Isabel María. Y ella se encargó de que María da Gloria pudiese, por fín, tratarse con naturalidad con su medio hermana Isabel María. Las dos congeniaron mucho mejor, y mucho más rápido, de lo que hubiera podido suponerse.

Así que María, nuestra María, se quedó en París a cargo de su madrastra Amelie, en compañía de sus medio hermanas Isabel María y María Amalia. Aunque en los meses siguientes en Chateau Meudon se respiraba una atmósfera de desasosiego porque Pedro estaba en las Azores preparándose para entrar en guerra con Miguel, no cabe duda de que, en gran medida, Amelie consiguió que las niñas María e Isabel María (María Amalia, todavía bebé, permanecía ajena a todo...) obtuviesen de ella el apoyo emocional suficiente para encarar la situación.

No voy a embarullar el relato con una extensa descripción de la campaña bélica. Resumiendo a lo estrictamente necesario: Pedro estuvo muy ocupado en las Azores durante varios meses, desarrollando una intensa actividad política mientras sus tropas conformaban un grupo homogéneo, con un entrenamiento durísimo que les puso a todos al mismo nivel. Un hecho destacado fue la abolición de la esclavitud en las Azores. Pedro nunca había entendido la esclavitud, encontraba absolutamente inhumana y cruel esa degradación de seres humanos por el mero hecho de tener distinto color de piel. En Brasil, no obstante, no se había atrevido a decretar el fín de la esclavitud, pues se hubiese puesto en contra a toda la oligarquía que le había apoyado en el proceso de independencia respecto a Portugal y en la constitución del Imperio. Pero en las Azores, dió rienda suelta a sus sentimientos, aparte de que el hecho tenía un claro valor político: estaba clamando a los cuatro vientos que no sólo quería para los portugueses una monarquía constitucional, sino una monarquía constitucional de sesgo liberal. Poco a poco, su ejército alcanzó el grado necesario de competencia bélica. En Lisboa, Miguel tenía razones para preocuparse: había concentrado casi todo su ejército en los alrededores de la capital, pero hubo de situar rápidamente una fuerza considerable en Porto, porque enseguida se percibió que el desembarco de Pedro con sus tropas se verificaría en esa ciudad lusa. Tenía sentido, pues en Porto los constitucionalistas formaban un sector de población numeroso, y, aunque hubiese trece mil soldados, muchos de ellos estaban predispuestos a cambiar de bando en cuanto Pedro apareciese en escena procedente de las Azores. Efectivamente, Pedro realizó una entrada triunfal en Porto. Pudo instalarse en un tiempo récord, lanzando un Manifiesto a los portugueses en el que les conminaba a agruparse en torno a las banderas de la legítima reina, ofreciéndoles a cambio: "paz, reconciliación y libertad".

Pedro no estaba únicamente para dirigir las operaciones; también quería inspirar a los suyos exhibiendo un notable coraje en los campos de batalla. La guerra civil no fue breve y -como suele ocurrir de manera particularmente acusada en esa clase de enfrentamiento- estuvo plagada de episodios de gran dureza. A decir verdad, no se entró en la fase decisiva hasta la primavera de 1834. Inglaterra y Francia ya se habían posicionado claramente a favor de María, en tanto que la España de la reinecita Isabel II, sujeta a la regencia de su madre María Cristina, se mostró dispuesta a enviar tropas en ayuda de Pedro porque, a fín de cuentas, había que ser solidarios. Isabel, en España, era cuestionada por su tío Carlos María Isidro, pretendiente legitimista y tradicionalista a ultranza. Había un notable paralelismo con la situación de María, cuyo padre debía defender sus derechos a la corona frente a un tío de la niña, igualmente legitimista y tradicionalista a ultranza. Eran dos conceptos de la monarquía y de la estructura social que estaban colisionando.

La batalla de Asseiceira inclinó la balanza definitivamente a favor de Pedro. El 26 de mayo de 1834, la suerte estaba echada, de modo que los liberales petrinos y los absolutistas miguelinos se vieron las caras en la pequeña ciudad de Évoramonte para firmar una convención. Miguel se resignaba a ceder la corona y a salir hacia el exilio, pero, a cambio, los liberales se comprometían a que recibiría una generosa pensión anual, garantizando, asimismo, que ninguno de los que habían apoyado a aquel efímero soberano sufrirían persecución ni represalias. Los liberales no cargarían contra los absolutistas, no habría vencedores cebándose en los vencidos, pero Miguel pagaría la factura por haber roto los viejos compromisos con Pedro. Tuvo que ser muy duro para Miguel entregar formalmente las joyas de la corona antes de embarcarse en el puerto de Sines el 1 de junio de 1834. Un navío le llevó a Génova, desde dónde iría a Roma para ser recibido en el Vaticano; más tarde, decidiría instalarse en Austria.


Arriba
 Perfil  
 
 Asunto: Re: ANTONIA, INFANTA (fürstin Hohenzollern-Sigmaringen).
NotaPublicado: 30 Abr 2010 22:07 
Desconectado
Madre Fundadora
Avatar de Usuario

Registrado: 17 Feb 2008 20:47
Mensajes: 18226
María II tenía su corona, su cetro y su trono. Por fín.

Para ser completamente honestos, Miguel enseguida se arrepintió de haber aceptado la Concesión de Évoramonte. Afirmó que la había firmado "bajo coacción", lo que equivalía a negarle cualquier validez. Desde Lisboa, no se hizo esperar la respuesta: ya que se ponía cazurro en ese punto, se le suspendía la recepción de la considerable dotación económica anual que se había estipulado para él. Que se buscase la vida, vamos, porque no le íban a dar ni un duro. Con el tiempo, Miguel se resignaría a pasar toda su existencia entre Austria y Alemania, dónde se casó con una bonita y piadosa princesa, Adelaide de Löwenstein-Wertheim-Rosenberg, con la que tendría seis hijas y un hijo.

No obstante, a lo sustancial: Pedro había triunfado sobre Miguel. María II tenía su cetro, su corona y su trono, bajo la regencia de su propio padre, que usaba el título de Duque de Braganza. La reinecita podía viajar a Lisboa desde París, con Amelie y María Amelia (Isabel María duquesa de Goiás se quedaba en el Sacré Coeur para completar su formación). Pero el regocijo fue de corta duración, porque esos años plagados de dificultades habían minado peligrosamente la salud de Pedro, aquejado ya de una tuberculosis que progresaba día a día.

Pedro murió en la misma cama y en la misma alcoba en la que le había parido su madre, Carlota Joaquina. Ocurrió en el palacio de Queluz, residencia real preferida por Carlota Joaquina al punto de que los portugeses la habían motejado "A arpía de Queluz". Amelie y María estaban con él en el instante en que aquella tuberculosis le robó la vida, con apenas treinta y seis años, el 24 de septiembre de 1834.

A nivel puramente privado, era un auténtico varapalo psicológico para María y para Amelie. La hija adoraba al padre; le había adorado desde el inicio de su existencia y máxime en esa fase en que él había consumido sus reservas de energía peleando para devolverle a ella un reino. En cuanto a la esposa, había sido más que razonablemente feliz con el marido y, por añadidura, era particularmente doloroso pensar que la única hija que habían tenido en común se quedaba huérfana de padre antes de haber cumplido los tres años.

A nivel político, era una complicación. Pedro, introducido de lleno en su papel de Duque de Braganza, hubiera sido un regente hábil, competente y, sobre todo, completamente fiable, durante la minoría de edad de María. La muerte de Pedro introducía un elemento de incertidumbre. Y sería aprovechada por los miguelistas: para un buen número de ellos, el hecho de que Miguel hubiese manifestado que no admitía lo pactado en Évoramonte sirvió de impulso a la creación de guerrillas en el Algarve y en parte del Alentejo. Estuvieron peleando durante cuatro añitos.


Arriba
 Perfil  
 
 Asunto: Re: ANTONIA, INFANTA (fürstin Hohenzollern-Sigmaringen).
NotaPublicado: 30 Abr 2010 22:49 
Desconectado
Avatar de Usuario

Registrado: 11 Sep 2009 20:51
Mensajes: 1093
Que personaje más complejo has dibujado, Minnie, del que yo sabía muy poco. Hombre audaz, buen padre de todos sus hijos, nada celoso de ellos, buen marido y buen amante....pero el episodio de Leopoldina le deja tan mal...desde luego un prodigio de claroscuros magistralmente explicado...Esperemos ahora a Maria y Antonia!


Arriba
 Perfil  
 
 Asunto: Re: ANTONIA, INFANTA (fürstin Hohenzollern-Sigmaringen).
NotaPublicado: 01 May 2010 00:03 
Desconectado
Avatar de Usuario

Registrado: 25 Nov 2008 18:19
Mensajes: 1267
Ubicación: Argentina
Minnie, te sigo! Coincido con Riccardo en eso de que casi no sabía nada de Pedro IV, solo lo mal que se había portado con Leopoldina, era algo así como un personaje unidimensional. Ahora le he conocido más facetas, y me ha empezado a caer un poquito mejor...
Espero con ansías que sigas con Maria da Gloria para llegar a Antonia ;)


Arriba
 Perfil  
 
 Asunto: Re: ANTONIA, INFANTA (fürstin Hohenzollern-Sigmaringen).
NotaPublicado: 01 May 2010 08:44 
Desconectado
Madre Fundadora
Avatar de Usuario

Registrado: 17 Feb 2008 20:47
Mensajes: 18226
Pues, chicos...yo aún no sé qué impresión me produce Pedro. Por ejemplo, su período como emperador de Brasil es bastante controvertido. En principio, Pedro encarnaba un marcado liberalismo, pero, a medida que consolidaba su posición en Río, su fortísimo carácter le hizo ir echando a un lado esa concepción liberal para adoptar formas un tanto autocráticas. A fín de cuentas, la herencia genética y el entorno familiar tienen su peso: Joao VI pertenecía a la tipología "viva-el-despotismo-ilustrado", en tanto que Carlota Joaquina ya nos ha quedado claro que creía firmemente en la monarquía absolutista. Pedro llegó a hacerse notablemente impopular en Brasil, aunque a eso también contribuyó el que se le considerase más interesado en sostener sus enredos amorosos que en asuntos de gran calado político-social; muchos veían en él a un pelele de las mujeres, especialmente de su Domitília. Más adelante, es cierto que Pedro enarboló de nuevo la bandera del liberalismo, con el propósito de confrontar a su hermano Miguel, legitimista a ultranza, y vencer en esa pugna por el trono de Portugal que acabaría ocupando María II.

Creo que Pedro es un tipo complejo. Poseía una mente afilada e inquisitiva, pero su educación fue un ejemplo de perfecta negligencia por parte de sus padres. Con su hermano Miguel, a quien en la infancia estuvo muy unido, se escapaba de sus preceptores para marcharse a las caballerizas reales o a dar vueltas sin rumbo fijo por las calles de la capital brasileña. Pedro era impulsivo y temerario: no dudaba en querer participar en la doma de caballos salvajes, a pesar de que eso suponía asumir un serio peligro. Le gustaba exhibir coraje y bravura, si bien habría que señalar que su salud no le acompañaba de manera constante: con cierta regularidad, a partir de los trece años, se manifestaron en él crisis de epilepsia. La agitación interior, el nerviosismo y el afán de perpetuo movimiento, contribuían a esos episodios de vértigos seguidos de convulsiones. Su actividad era constante: se levantaba hacia las seis de la madrugada, invariablemente. Dedicaba mucho tiempo a actividades físicas, la práctica de la gimnasia y de la equitación, pero también a actividades manuales, desde tallar madera a aprender mecánica, mientras que, por otro lado, dió rienda suelta a una pasmosa inclinación hacia la música y la literatura.

Yendo a sus relaciones...no tengo claro su papel respecto a su padre, Joao. Hay historiadores que sugieren que cuando Joao volvió a Portugal desde Brasil dejando a su querido Pedro en la calidad de regente en Río de Janeiro, ya sabía lo que íba a ocurrir. Tenía claro que la colonia había adquirido una potente fibra social y pujanza económica, lo que la llevaría a seguir el ritmo de los tiempos en un proceso acelerado de emancipación respecto a la metrópoli. No es que a Joao le gustase, pero tenía en mente que Pedro podía, llegado el caso, ponerse al frente de ese movimiento independentista para evitar que triunfase en una vertiente republicana en vez de monárquica. Es algo que no me gusta valorar porque no dispongo de suficientes elementos de juicio. Aparentemente, a Joao le dolió mucho que Pedro no le obedeciese, se situase a la cabeza del bando independentista y se proclamase primer emperador; pero, sorprendentemente, Joao siguió juzgando a Pedro el heredero de Portugal y los Algarves, con lo que mantenía la ilusión de que brasileños y portugueses volviesen a estar unidos al compartir a un mismo soberano, un rey-emperador.

No pienso que Pedro haya sido un buen marido. Fue un buen marido para Amelie, sí, pero es que, cuando consiguió una novia princesa a pesar de su reputación manchada por las circunstancias que rodearon la muerte de su primera mujer, se había comprometido a observar todas las normas "de la decencia" en lo que atañía a la nueva esposa. Augusta Amalia de Baviera, duquesa de Leuchtenberg, le había apretado bien las clavijas a su inminente yerno. Con todo, Augusta Amalia no se fiaba por entero: ahí está la clave de que enviase con Amelie al hermano mayor de ésta, el duque Augusto de Leuchtenberg. Recordad que Augusto no fue a Brasil únicamente para entregar a su hermana, sino que se quedó en Río durante años. Sólo retornó a Baviera, porque su ducado de Leuchtenberg requería su presencia, después de cerciorarse de que Amelie estaba magníficamente posicionada en la vida de Pedro. Es bonito quedarse con esa imagen romántica de un Pedro creando la Orden Imperial de la Rosa en honor de Amelie: la insignia, una bonita rosa con pétalos esmaltados, se le ocurrió porque el vestido favorito de ella lucía rosas doradas primorosamente bordadas. Pero eso no debe llevar a que olvidemos el via crucis de Leopoldina.

Coincido en que sí fue un gran padre, para cada uno de sus hijos. Eso le hace muy interesante como personaje.


Arriba
 Perfil  
 
 Asunto: Re: ANTONIA, INFANTA (fürstin Hohenzollern-Sigmaringen).
NotaPublicado: 01 May 2010 09:09 
Desconectado
Madre Fundadora
Avatar de Usuario

Registrado: 17 Feb 2008 20:47
Mensajes: 18226
María:

Imagen

Cuando muere Pedro, a finales de 1834, María ha cumplido quince años y va camino de su decimosexto aniversario. Con su padre vivo, se hubiese podido tomar con cierta calma el arreglo de un matrimonio conveniente para ella, pero el fallecimiento de su progenitor, hacía más urgente proporcionarle un esposo capaz de afrontar con inteligencia y sensatez política un papel de primera magnitud en la historia portuguesa.

El propio Pedro había tenido clara la dirección a tomar. En su fuero interno, hacía años que había determinado que un marido apropiado para su María sería el hermano mayor de Amelie, Augusto duque de Leuchtenberg. Cuando Augusta Amalia de Baviera, duquesa viuda de Leuchtenberg, visitó a su hija Amelie y a su yerno Pedro en París, Pedro le confió que seguía creyendo que debía confiar el futuro de María en las manos de Augusto. Augusto ofrecía suficientes garantías a ojos de Pedro. Augusta Amalia y Amelie estaban de acuerdo, por supuesto.

En esa tesitura, a Amelie le sentó fatal que se entrometiese el rey Louis Philippe de Francia. Louis Philippe no tardó en concebir la idea de que podía rentabilizar su apoyo hacia las pretensiones del partido constitucionalista liberal portugués tratando de obtener un compromiso nupcial de la que estaba destinada a ser reina efectiva en Lisboa con uno de sus hijos varones. Louis Philippe pensaba, concretamente, en su cuarto vástago y segundo varón: Louis duque de Nemours. Cinco años mayor que María, Louis duque de Nemours era un joven oficial bastante espabilado y con una presencia notable. En 1825 se le había juzgado un candidato interesante para recibir la corona de la recien independizada Grecia, aunque esa mano la había ganado el príncipe Otto de Wittelsbach, en tanto que en 1831, había figurado entre los posibles receptores de la corona de la también recien conformada Bélgica, si bien esa mano la había ganado el príncipe Leopold de Saxe-Coburg-Gotha. Pero esos dos episodios reflejan que Louis Philippe depositaba muchas expectativas en su hijo Louis de Nemours, físicamente apuesto, mentalmente despejado, con una sólida formación civil y militar, liberal por convicción.

A María parece haberle gustado Louis de Nemours. De hecho, le gustó lo suficiente para poner nerviosita a su madrastra Amelie de Leuchtenberg. Amelie estaba muy vinculada al linaje de los Bonaparte: no hay que olvidar que su padre había sido Eugène, el querido y fiel hijastro de Napoleón Bonaparte, lo que significa, por si a alguien se le ha olvidado establecer la conexión, que se trataba de una nieta de la emperatriz inolvidable Josephine de Beauharnais. Tía paterna de Amelie era la ex reina Hortense de Holanda, a la sazón duquesa de Saint-Leu, lo que hacía de la mujer de Pedro una prima carnal de Louis Napoleón, el futuro emperador Napoleón III. Con ese trasfondo de parentescos, está claro que a Amelie NO le agradaban los Orléans. Y la perspectiva de que María se convirtiese en nuera de Louis Philippe de Orléans la alteraba bastante. Amelie y María estaban profundamente vinculadas a nivel afectivo, pero hubo una brecha abierta entre las dos en la época en que Louis Philippe trató de obtener la mano de María para su hijo Nemours.

Finalmente, la propuesta Nemours formulada por Louis Philippe quedó en agua de borrajas. La muerte inopinada de Pedro condujo a un casi inmediato compromiso oficial entre María, la soberana de quince años que acababa de perder a su padre y a su regente, con Augusto de Leuchtenberg, de veinticuatro años. Si uno lo piensa, María careció de tiempo para elaborar el duelo por Pedro. Las circunstancias políticas obligaban a avanzar hacia el futuro con mayor presteza. Las capitulaciones nupciales se firmaron en un tiempo récord: el 1 de diciembre de 1834, se llevó a efecto el matrimonio por poderes. La ceremonia nupcial propiamente dicha tendría lugar en la catedral de Lisboa el 26 de enero de 1835.


Arriba
 Perfil  
 
 Asunto: Re: ANTONIA, INFANTA (fürstin Hohenzollern-Sigmaringen).
NotaPublicado: 01 May 2010 10:18 
Desconectado
Madre Fundadora
Avatar de Usuario

Registrado: 17 Feb 2008 20:47
Mensajes: 18226
Augusto de Leuchtenberg, en un óleo firmado por Dury precisamente en el año 1835:

Imagen

Augusto llegó a Lisboa el domingo 25 de enero de 1835. Había viajado a bordo de una fragata inglesa, la Royal William; los británicos habían estado felizmente dispuestos a favorecer la boda entre María y Augusto porque el duque de Leuchtenberg les parecía un candidato pluscuamperfecto por comparación con el duque de Nemours, hijo del rey de Francia. Esa fragata Royal William remontó el curso del Tejo para alcanzar la rada lisboeta: en cuanto atracó, subió a bordo la duquesa viuda de Braganza, Amelie de Leuchtenberg, absolutamente radiante por la aparición en escena de su querido hermano Augusto. El marqués da Fronteira había escoltado a Amelie; luego, le tocó escoltar a Amelie y al propio Augusto en el paseo en carruaje hasta el Palacio das Neccesidades, que había sido elegido como residencia oficial por la reina María II porque le encantaban sus jardines, cuidados con esmero por Bonnard.

El encuentro de Augusto con María en el Palacio das Neccesidades fue considerablemente romántico, ésa es la verdad. María recordaba que había conocido a Augusto cuando ella tenía menos de diez años y él diecinueve años. Los dos habían compartido muchos momentos de apacible vida doméstica en Río de Janeiro, en la época inmediatamente posterior a la boda de don Pedro con Amelie. Ahora, Augusto y María podían sonreírse recordando, por ejemplo, un accidente que había sufrido un carruaje en el que ambos compartían espacio con Pedro y Amelie en diciembre de 1829, durante un trayecto desde la Quinta da Boa Vista en São Cristóvão hasta el Paço Imperial, en pleno Río de Janeiro. El carruaje había volcado de manera aparatosa en la Rua do Lavradio. Solamente Amelie salió completamente ilesa: María estaba plagadita de contusiones, Augusto se había roto el brazo derecho y don Pedro se había fracturado nada menos que dos costillas. Episodios como ése podían ser evocados por Augusto y María ante la mirada enternecida de Amelie. Otra que se enternecía al asistir a esas escenas era Fanny Maucomble, una mujer que antaño había sido la aya de los hijos de Augusta Amalia duquesa de Leuchtenberg. A esas alturas, Fanny Maucomble residía en Lisboa para ayudar a Amelie en la crianza de la pequeña hija de ésta, la princesa María Amalia. Por supuesto, para Fanny Maucomble fue muy emotivo asistir a la ceremonia nupcial en la catedral entre Augusto y María, celebrada al día siguiente de la llegada a Lisboa del duque de Leuchtenberg.

María elevó inmediatamente a Augusto a la dignidad de infante de Portugal. Se había establecido que recibiría el título y tratamiento de rey consorte cuando hubiesen tenido el primer hijo en común. Entre tanto, Augusto sería infante de Portugal, pero su papel no era meramente decorativo: podría tomar asiento en la Cámara Alta, dónde nada le impediría pronunciar discursos evidentemente políticos. Luego, en marzo de 1835, una Carta Real hizo de él comandante en jefe del Ejército, para que llenase el vacío que había quedado a la muerte de don Pedro. Por cierto que esa Carta Real firmada por María suscitó una airada protesta de los diputados radicales: estimaban que no se ajustaba a la constitución esa designación de Augusto para jefe supremo de las fuerzas armadas portuguesas. Se levantó tal polvareda que hubo que decidir que se debatiría el asuntito en las Cortes el 24 de marzo de 1835.

Al margen esos detalles, María era plenamente feliz con Augusto. Hay algo intensamente conmovedor en ese matrimonio, porque el marido había asumido una actitud caballerosamente protectora y atenta al máximo hacia esa muchacha que había sufrido tan recientemente la muerte del padre.

El domingo 22 de marzo de 1835, dos días antes de aquel 24 en el cual las Cortes tendrían que enzarzarse en un apasionado debate acerca del reciente nombramiento de Augusto firmado por María, el esposo de la reina no se encontraba bien. Llevaba dos días aquejado de un dolor de garganta, pero al principio no había dicho nada al respecto y luego lo mencionó de pasada, sin otorgarle ninguna importancia. Al llegar el domingo, persistían las molestias, pero se levantó temprano, según su costumbre. A las siete de la mañana estaba "pegando unos tiros" en el parque que rodeaba el palacio de Ajuda, pues la caza constituía uno de sus entretenimientos favoritos. No se demoró en exceso: antes de las diez de la mañana había vuelto al Palacio das Neccesidades porque le gustaba compartir el desayuno con María. Los dos disfrutaron de su desayuno antes de salir al exterior, subirse a un carruaje descubierto y dirigirse al denominado Campo Grande para presenciar una serie de rejoneos. En el cielo de un intenso azul, el sol brillaba con fuerza; las temperaturas se elevaron de repente, lo que, al cabo de una hora, acabó sofocando tanto a Augusto como María. Retornaron a palacio...para comer y luego jugar una partida de billar. Augusto había acostumbrado a María a jugar al billar, se divertían de lo lindo con esas partidas en la sobremesa.

A esas alturas, el malestar físico de Augusto se manifestó con crudeza. Sentía que le ardían la garganta y la frente; el acceso de fiebre le mareaba. María se puso muy nerviosa, aunque su esposo insistía en que se trataba de una laringitis sin trascendencia alguna. Enseguida acudieron Amelie y el valet de chambre de Augusto, el conde de Mejan. Augusto insistía en que no se llamasen médicos, porque lo suyo era leve y pasajero. Con todo, su hermana Amelie le obligó a meterse en cama. Ella misma, con ayuda del conde de Mejan, aplicó compresas impregnadas en mostaza a la frente calenturienta de Augusto. Fanny Maucomble trataba de apaciguar a María.

Para el martes, ya no quedaban dudas de que hacían falta médicos. Se convocó a un doctor inglés, Mr Billing, asistido por galenos franceses e incluso españoles, para que revisase detenidamente a Augusto. La garganta estaba terriblemente inflamada y la fiebre devoraba a aquel hombre joven, vigoroso. No se sabe exactamente qué dolencia había prendido en Augusto: algunos autores hablan de unas anginas no atendidas a tiempo, otros de una gripe asiática. En cualquier caso, el día 28, la gravedad de Augusto se hacía patente. Un sacerdote le suministró la Extrema Unción a mediodía, en presencia de la desesperada María y la desolada Amelie. Augusto extrajo fuerzas de flaqueza para hablar largamente con María, intentando confortarla y pidiéndole que se apoyase en Amelie. Luego, Augusto le diría al médico Mr Billing que sabía que se moría y que se moría tranquilo; sólo lamentaba no haber tenido tiempo de contribuír a la felicidad de María y a la prosperidad de Portugal. Su voz se apagó cuando perdió la conciencia. Estuvo agonizando durante dos horas. Y falleció.

Fue demasiado inesperado. Amelie tomó la precaución de ordenar a tres médicos que, cada uno por su cuenta, realizasen la autopsia al cadáver de su hermano Augusto. El resultado de las autopsias fue transmitido a través de extensas misivas por Fanny Maucomble a la duquesa viuda de Leuchtenberg, Augusta Amalia. Fanny Maucomble también explicaba la razón de esas autopsias: nada más haberse producido el deceso repentino de Augusto, en Lisboa flotaron rumores de que el consorte de la joven soberana había sido asesinado. Se hablaba de venenos. Muchos atribuían ese fallecimiento al duque do Faial y futuro duque de Palmela, Pedro de Sousa Holstein, en el interín jefe de gobierno, a quien se atribuían serias reticencias acerca del papel que se pretendía asignar a Augusto de Leuchtenberg. El duque do Faial tenía una mansión elegantísima en el Loreto, en Lisboa, que fue cercada por una multitud hostil. Arrojaron muchas piedras contra la fachada, quebrando no pocas vidrieras, sólo porque se decía por ahí que quizá Faial estaba implicado en una trama para quitarse de enmedio al infante Augusto esposo de María; había quienes íban más lejos y aseguraban que lo había hecho porque le devoraba la ambición y había alentado el proyecto personal de forzar el casamiento de la viuda con uno de sus hijos. Todo aquel revuelo forzaría la caída del gabinete dirigido por Faial.

La gente no podía evitar una profunda compasión hacia María. Acababa de pasar medio año desde la muerte de don Pedro; María aún estaba reponiéndose de su dolor gracias en buena medida a la alegría que había aportado a su existencia Augusto. Era tremendo que Augusto la hubiese dejado viuda a los dos meses de la boda. La chica que estaba a punto de cumplir dieciséis años parecía destinada a acumular pesadumbres. Y había otro factor determinante. Debido a la brevedad de la vida conyugal de María con Augusto, no habían tenido descendencia. Por supuesto, había que esperar varias semanas para descartar un embarazo que hubiese dado a la corona un hijo póstumo de Augusto. Pero en cuanto estuviese claro que la reina no estaba grávida, poco tiempo se le podría conceder para que llorase a su difunto marido. Se hacía urgente buscarle un nuevo esposo.


Arriba
 Perfil  
 
 Asunto: Re: ANTONIA, INFANTA (fürstin Hohenzollern-Sigmaringen).
NotaPublicado: 01 May 2010 11:15 
Desconectado
Madre Fundadora
Avatar de Usuario

Registrado: 17 Feb 2008 20:47
Mensajes: 18226
Al conde de Lavradio -don Francisco de Almeida- le había correspondido la nada fácil tarea de aplicar mucho sentido común a la elección de nuevo consorte para María. Íba a ser la tercera boda de la chica de deiciséis años, si tenemos en cuenta que había estado casada con su tío Miguel, aunque el enlace se había anulado por parte de la Santa Sede en virtud de la no consumación de los esponsales. El tío Miguel nunca había sido un marido de hecho. Pero Augusto estaba aún recien enterrado cuando Lavradio tuvo que empezar a estrujarse las meninges.

No íban a faltar candidatos. Louis Philippe volvió a la carga desde París, sugiriendo de nuevo al duque Louis de Nemours o, alternativamente, a otro de sus hijos, el príncipe François de Joinville. En Inglaterra esa posibilidad creaba muy mal ambiente, no querían perder influencia en Portugal a favor de Francia. Amelie persistía en su escasa simpatía hacia los Orléans, asimismo. Otra opción era un archiduque de la dinastía Habsburgo-Lorena, Albrecht. A fín de cuentas, la propia María era una Habsburgo-Lorena por parte materna...hija de Leopoldina, nieta del emperador Francis I. Austria siempre había apoyado al tío Miguel, pero quizá un enlace entre María y Albrecht resolviese aquel problemilla a favor de María. Lavradio barajó también la carta de Eugenio de Saboya príncipe de Carignano.

Acabó resultando que surgió de repente un nuevo candidato: Ferdinand de Saxe-Coburg-Gotha y Koháry...

PD: Mensaje editado para evitar un ridículo histórico, jajaja. Véase intercambio posterior con RiccardoPercy ;)


Última edición por Minnie el 01 May 2010 20:09, editado 1 vez en total

Arriba
 Perfil  
 
 Asunto: Re: ANTONIA, INFANTA (fürstin Hohenzollern-Sigmaringen).
NotaPublicado: 01 May 2010 15:29 
Desconectado
Avatar de Usuario

Registrado: 19 Feb 2008 20:49
Mensajes: 1689
Querida Minnie,

Te voy a poner aqui lo que te habia respondido en otro tema. Yo siempre te sigo, en alvorozo y copiando todo freneticamente. Es verdad que no consigo acompañar tu velocidad pero mismo con retraso no me escapa nada. Ya aportar algo de útil es todo otro problema, creeme: lo unico que puedo presumir más que tu sobre los Bragança es que vivo al lado del Panteón de Real de S. Vicente. No me califica para nada más que ser cada vez más curiosa y interesada sobre estes personajes. A veces, mientras te leo, me surgen dudas o interrogaciones y voy a investigar. El resultado es siempre el mismo: tienes siempre la versión más completa y autorizada. Y además nadie escribe como tu. Eres la Cronista-Mor de Europa. =D>

De todos modos, creo que tengo algunas imagenes que pueden caber aqui, y esta noche trataré de buscarlas para poner un pequeniño granito. Vuelvo más tarde a tu relato porque ahora voy a un otro rincón de Lisboa relacionado con D. Maria, la Basílica da Estrela, o mejor en este caso al Jardim da Estrela, que por acaso está a pocos metros del lugar donde nací yo.

micmic escribió:
Minnie escribió:
Yo sólo voy a añadir una cosa...

Micmic, os estoy endilgando un culebrón que te mueres de guay en el subforo de Portugal, pero como el subforo de Portugal es el más ninguneado del foro, nadie se entera ni se quiere enterar, jajajajajaja.


Mi querida, no pienses que no he notado. Más, he visto tu subtil indirecta sobre aportaciones de gente de Portugal (grin) ... pero que quieres que te diga, si sabes muchisimo más que yo (y probablemente casí todos los lusos) sobre el tema? No me atrevo ni a respirar con medo de estropear tu narrativa. (love)


Arriba
 Perfil  
 


Mostrar mensajes previos:  Ordenar por  
Nuevo tema Responder al tema  [ 212 mensajes ]  Ir a página Anterior  1 ... 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9 ... 18  Siguiente


¿Quién está conectado?

Usuarios navegando por este Foro: No hay usuarios registrados visitando el Foro y 0 invitados


No puede abrir nuevos temas en este Foro
No puede responder a temas en este Foro
No puede editar sus mensajes en este Foro
No puede borrar sus mensajes en este Foro
No puede enviar adjuntos en este Foro

Buscar:
Saltar a:  



Style by phpBB3 styles, zdrowie zdrowie alveo
Powered by phpBB © 2000, 2002, 2005, 2007 phpBB Group
Base de datos de MODs
Traducción al español por Huan Manwë para phpbb-es.com
phpBB SEO
Crear Foro | Subir Foto | Condiciones de Uso | Política de privacidad | Denuncie el foro