Foro DINASTÍAS | La Realeza a Través de los Siglos.

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 Asunto: Re: ANTONIA, INFANTA (fürstin Hohenzollern-Sigmaringen).
NotaPublicado: 08 May 2010 08:22 
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Venga, os tienen fascinadas Amelie y María Amelia, jajaja. Así que pondré otra foto de Amelie de Leuchtenberg ;)

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Está fantástica la dama.
(love)


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 Asunto: Re: ANTONIA, INFANTA (fürstin Hohenzollern-Sigmaringen).
NotaPublicado: 08 May 2010 08:44 
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Volviendo a Antonia...

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...os podéis figurar que la corte lisboeta se transformó en un espacio dominado por la pesadumbre en el verano de 1859. Los últimos desvelos de la joven Stephanie/Estefánia, antes de morir, se habían centrado en dos personas concretas: su esposo y su madre, a la que había estado profundamente unida. Rogó a los que la rodeaban que velasen por su marido ("Coidade ó meu Pedro") y encargó específicamente a la ex emperatriz Amelie que transmitiese a su madre, Josephine de Baden, el mensaje de que había sido feliz en Portugal. En realidad, Stephanie/Estefánia había sido dichosa entre los portugueses, aunque le sorprendiese la falta de dignidad auténtica o aunque no le convenciesen ni el clima ni los paisajes. Pero eso quedaba olvidado en aquellos instantes. Seguramente, Stephanie/Estefánia quería ahorrarle a su madre preocupaciones innecesarias, ya que no estaba en su mano evitarle el dolor que íba a causarle con su prematura desaparición.

Para Antonia hubiese sido más fácil afrontar el fallecimiento de su cuñada de haber podido compartir la añoranza anticipada y la pena con su hermana María Ana. Pero ya sabemos que María Ana estaba en Dresde con su esposo, Georg de Sajonia. Georg no figuraba entre los favoritos de la familia real portuguesa, todo hay que decirlo. A Pedro le había sentado como una patada en las narices que Georg, en los días previos a la boda con María Ana, se hubiese interesado vivamente por saber qué posición ocuparían los hijos que podrían llegar a nacer de su enlace en la línea sucesoria de los Braganza. Dado que Pedro estaba entonces -felizmente- casado con Stephanie, era de suponer que llegarían a crear una amplia familia con el tiempo; pero incluso si eso no ocurría, el monarca tenía nada menos que cuatro hermanos varones: Luís, Joao, Fernando y Augusto. Considerando la abundancia de potenciales herederos, Pedro encontró de un lamentable mal gusto la pregunta formulada por Georg. La relación entre los inminentes cuñados había quedado lastrada por ese episodio. Para Antonia, dada su juventud, lo que inclinaba la balanza en contra de Georg era tener conciencia de que él no se tomaba gran trabajo para empatizar con María Ana. María Ana no había encontrado en Dresde miel sobre hojuelas, precisamente; las diferencias de carácter, de talante e incluso de visiones del mundo que les circundaba con respecto a su marido le impedirían sentirse cómoda y satisfecha.


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 Asunto: Re: ANTONIA, INFANTA (fürstin Hohenzollern-Sigmaringen).
NotaPublicado: 08 May 2010 08:53 
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minnie, como siempre fantastico, tu relato, y ni que hablar de las imagenes y aportes del resto de la tropa, sigo leyendo aun estoy en la pagina 5, espero terminar esta noche asi quedo al dia :ooops: :ooops:

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 Asunto: Re: ANTONIA, INFANTA (fürstin Hohenzollern-Sigmaringen).
NotaPublicado: 08 May 2010 21:05 
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Ánimo, cheque, chequelete, que tienes que pillarnos ;)

Estaba pensando que es curioso cómo determinó Stephanie/Estefánia la vida de su joven cuñada Antonia. Cuando Stephanie/Estefánia había llegado a Lisboa, aún casada solamente por poderes con Pedro, lo hizo escoltada por su hermano mayor, Leopold. En aquella época, Leopold tenía veintitrés años y era un hombre físicamente muy atractivo, además de manifestar un carácter accesible y afable. Pedro le apreció de manera instantánea, pero también hizo buenas migas con Luis, duque de Porto. El resto de hermanos Braganza le veían con simpatía. Y en cuanto a Antonia, enseguida pensó que era un príncipe de magníficas hechuras.

En ese período, había "en el horizonte" un proyecto nupcial que concernía a Leopold. En la corte de los Saboya, en Turín, el gran estratega político conde de Cavour había considerado que les convendría, para tratar de mejorar relaciones con la corte de los Hohenzollern en Berlín, casar a una de sus princesas, María Clothilde, con un príncipe prusiano, de rama católica. Por tanto, la idea de Cavour consistía en enlazar a Leopold con María Clothilde. Aquello le rondó por la cabeza incluso después de que Napoleón III de Francia, el más firme apoyo a las pretensiones de unificación italiana bajo la égida de los Saboya, expresó la conveniencia de que María Clothilde contrajese nupcias con su primo -y en esa etapa todavía potencial heredero- el príncipe Napoléon Joseph Charles Paul Bonaparte, conocido por el sobrenombre de Plon-Plon.

A Cavour, en realidad, le gustaba más imaginar un casamiento de Clothilde con Leopold en vez de con Plon-Plon. Pero las conveniencias derivadas del momento histórico acabaron inclinando la balanza ligeramente a favor de Plon-Plon. Fue mala suerte para María Clothilde, que sin duda hubiera encontrado en Leopold un esposo cien mil veces mejor predispuesto a tratarla con consideración y respeto de las que halló en Plon-Plon (individuo francamente antipático, todo hay que decirlo). La boda de María Clothilde con Plon-Plon se celebró en enero de 1859. Leopold seguía soltero y sin compromiso cuando en julio de 1859 se produjo el fallecimiento de su hermana Stephanie/Estefánia.

El contrato nupcial de Pedro y Stephanie/Estefánia había incorporado una cláusula según la cual en el caso de que ella falleciese sin descendientes, su viudo retornaría a lo Hohenzollern-Sigmaringen los bienes que la muchacha había llevado consigo a raíz de la boda. Dicho de otra forma: había que devolver el trousseau, que, en la época, ya sabemos que no consistía sólo en ropa, calzado, complementos u objetos de tocador, sino que incluía alhajas, menaje de hogar, etc. Pedro era un hombre que cumplía sus compromisos. Después de haber dado honrosísima sepultura a su querida mujer, se ocupó de que las pertenencias de Stephanie/Estefánia se embalasen cuidadosamente para ser remitidas a los Hohenzollern-Sigmaringen. La presteza de Pedro causó una excelente impresión en sus parientes Hohenzollern-Sigmaringen. Si ese tipo de cláusulas solían figurar en las capitulaciones que se firmaban antes de las bodas, era para evitar problemas posteriores, pero, aún así, los problemas surgían no porque los eventuales viudos no hiciesen caso de lo estipulado, sino porque muchos a lo largo de los siglos se habían puesto de lo más remolones en ese punto de la devolución del trousseau. Que Pedro hubiese actuado con semejante celeridad le dejaba en excelente lugar; se consideró una delicadeza hacia la difunta y hacia los padres/hermanos de la difunta, pero, especialmente, hacia la madre, Josephine de Baden. A esas alturas, Josephine recibió asimismo el recado que Stephanie/Estefánia le había dejado a Amelie de Leuchtenberg: la muchacha aseguraba que sus días más felices los había vivido junto a su Pedro en Portugal. Conmocionados por la pérdida y conmovidos por ese testimonio, los Hohenzollern-Sigmaringen insistieron en retornar las pertenencias de Stephanie/Estefánia a Pedro. Un gesto inusual.

Las noticias de que Pedro no hallaba consuelo se expandieron rápidamente por Europa. Seguía siendo el joven rey de Portugal; un hombre de veintidós años, presumiblemente en el apogeo de su virilidad, es decir, con ciertas necesidades, aparte de la evidente de engendrar una siguiente generación de Braganzas. Lo lógico hubiera sido que se hubiese acortado el período de luto riguroso, que el duelo tuviese un fín con una segunda boda amañada. Pero Pedro había declarado que no tenía interés en buscarse otra mujer, que no pensaba tirar en esa dirección. Añoraba terriblemente a su efímera consorte: consagraba todas sus energías al trabajo y se permitía pocas distracciones -todas ellas perfectamente decorosas, por otro lado-.

Leopold de Hohenzollern-Sigmaringen tomó la decisión de visitar a su cuñado Pedro, coincidiendo con el retorno del trousseau de la pobre Stephanie/Estefánia al Palacio das Neccesidades. En noviembre de 1859, Leopold estaba de nuevo en Lisboa. Su presencia suscitó una general simpatía, en la corte y entre el pueblo. Se trataba del hermano de la "pobrecita reina" que llegaba a confortar al rey: era una figura que tocaba la fibra sensible a cualquiera que tuviese. La amistad de Pedro con Leopold se reafirmó en esa ocasión. Antonia parecía embelesada con Leopold. Y es probable que Pedro empezase a considerar seriamente la idea de un noviazgo entre la hermana que le quedaba soltera y el hermano mayor de su fallecida mujer. A Pedro NO le gustaba el Georg de María Ana, pero, definitivamente, estaría encantado de poder ofrecerle a Leopold la mano de Antonia.

Puesto que Leopold volvería a Portugal en 1860, el asunto pudo ir cuajando lentamente...


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 Asunto: Re: ANTONIA, INFANTA (fürstin Hohenzollern-Sigmaringen).
NotaPublicado: 08 May 2010 21:22 
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Leopold:
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Antonia:
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Podríamos decir que Leopold y Antonia tuvieron la suerte de cara. La boda previa de Pedro con Stephanie/Estefánia había derivado en un matrimonio feliz; breve, sí, pero eso hacía que perdurase un recuerdo todavía más hermoso de aquella convivencia truncada por la difteria. En ese marco, Leopold y Antonia pudieron conocerse en un entorno claramente doméstico, tratándose con naturalidad y desarrollando sus vínculos afectivos poco a poco. No eran dirigidos en ninguna dirección concreta, no había presiones ejercidas sobre ellos ni constantes interferencias ajenas. Cierto que Pedro deseaba ese noviazgo, pero era consciente de la importancia de dejar que las aguas fluyesen por su cauce, lentamente.

Ya fuera en Lisboa o en Sintra, Leopold y Antonia se relacionaban en un entorno que favorecía el romance. Él, diez años mayor que ella, no sólo se mostraba atento y caballeroso, sino que incluso exhibía una enorme dulzura hacia la muchacha, tan alegre por naturaleza. Finalmente, se alcanzó el compromiso en 1861, durante una nueva visita de Leopold, en esa ocasión acompañado por su hermano Karl.


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 Asunto: Re: ANTONIA, INFANTA (fürstin Hohenzollern-Sigmaringen).
NotaPublicado: 08 May 2010 21:27 
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Hay tantassss fotos de Antonia entre las páginas 1 y 4 que nos han quedado pocas para ahora, jajajaja.

La pareja:

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 Asunto: Re: ANTONIA, INFANTA (fürstin Hohenzollern-Sigmaringen).
NotaPublicado: 08 May 2010 22:17 
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Minnie :bravo:, cómo llevas el relato!!!! es que da gusto... tu estilo me recuerda bastante al de mi admiradísima Ana de Sagrera :thumbup: La verdad es que yo poco puedo aportar a este tema ya que apenas conozco a los protagonistas así que espero aprender mucho!!! (grin)

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 Asunto: Re: ANTONIA, INFANTA (fürstin Hohenzollern-Sigmaringen).
NotaPublicado: 09 May 2010 01:01 
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¡Minnie me has dejado azorada!Nunca entré en este hilo, y me lo he tragado de una;aunque no lo hayas desarrollado todo junto, igualmente mereces =D> aplausos por tus conocimientos y =D> por tu prosa y fiándote de tu memoria.Bueno ,estoy apabullada.Esto todavía sique verdad?Porque para llegar a Antonia como suegra de Missy falta un rato largo.No te enganches con un nuevo hilo por favor.No creo que sean muchos los que conocen la historia de Portugal a partir del XIX,nos queda bastante por aprender.

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 Asunto: Re: ANTONIA, INFANTA (fürstin Hohenzollern-Sigmaringen).
NotaPublicado: 09 May 2010 08:25 
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Orly, eres un cielo, pero te he dicho ya alguna vez que doña Ana de Sagrera es mucha doña Ana de Sagrera. Le da, eso sí, un trato muy cuidadoso a sus personajes, pasando como de refilón por los episodios más controvertidos. Pero incluso eso me gusta, no da cuartel a la curiosidad morbosa ;)

Ali, aciertas en cuanto a que este hilo tiene muchoooo por contar todavía. Y es una historia apasionante, me tiene ciertamente enganchada. Así que lo único que lamento es no tener más conocimientos para compartirlos de los que tengo, que son muy básicos. Pero dándoles forma, por lo menos forman un conjunto mínimamente coherente.


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 Asunto: Re: ANTONIA, INFANTA (fürstin Hohenzollern-Sigmaringen).
NotaPublicado: 09 May 2010 08:28 
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Otra imagen de Leopold:

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 Asunto: Re: ANTONIA, INFANTA (fürstin Hohenzollern-Sigmaringen).
NotaPublicado: 09 May 2010 09:21 
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Pedro V se encargaría de ratificar con su firma el acuerdo prematrimonial de su hermana Antonia y Leopold. Por supuesto, para negociarlo cláusula a cláusula se habían designado plenipotenciarios. Los intereses de doña Antonia habían estado en manos del consejero de Estado portugués Antonio José de Avila, en tanto que S.M. el rey de Prusia -Wilhelm-, en concierto con el padre del novio el príncipe Karl Anton, quien a la sazón ejercía por cierto el papel de primer ministro en el gabinete prusiano, envió para representarles a ellos al barón Adalbert von Rosenberg. En una sala del Palacio das Neccesidades, a primeros de junio de 1861, Antonio José de Avila y Adalbert von Rosenberg fueron puliendo el texto de aquellas capitulaciones mientras se intercambiaban múltiples cortesías.

Lo entretenido de esos prolijos contratos es que cubrían todos los aspectos habidos y por haber. Se establecía que la ceremonia nupcial se celebraría en Lisboa, en un templo católico. También se establecía que, después de haber conmemorado el enlace adecuadamente, el rey portugués pondría a disposición de los recien casados navíos de la marina lusitana para que les condujesen hasta el puerto de Anvers. A Pedro le tocaba dotar a su hermana con una suma de "noventa contos de réis" (todavía estoy intentando adivinar a qué dinero correspondería en la actualidad...) y a entregarle un enxoval (trousseau) acorde con su categoría: para que no se pudiese dudar de esto, se haría entrega a los prusianos de un exhaustivo inventario. La infanta también se llevaría consigo la parte que le correspondía en la sucesión materna, es decir, su porción de la herencia de la difunta María II. La administración de los bienes heredados se realizaría a cargo de los señores designados por los Hohenzollern. Leopold habría de entregar a Antonia, en concepto de apanage, es decir, de dinero para gastos menudos de ella, la suma de seis mil taleros al año. En el caso de que Leopold muriese prematuramente, dejándola viuda, ella recibiría acomodo en un palacio de la familia de su marido, junto con una anualidad de veinte mil taleros. Asimismo, en esa circunstancia de una viudedad de Antonia, ella podría recuperar los bienes hereditarios constituídos en fideicomiso bajo administración; no sólo el capital le sería entregado, sino que recibiría un interés por ese capital en torno a un cinco por ciento.

Y había más disposiciones, para el caso de que muriese Antonia antes que Leopold, o para el caso de que, muertos alguno de ellos, hubiese hijos de su unión a los que proveer. No quedaba ningún cabo suelto en las disposiciones. Todo estaba perfectamente regulado en ese convenio.

Resueltos los aspectos prácticos de ese matrimonio, Pedro no podía limitarse a esperar a que llegase la efemérides. 1861 no había sido un año fácil para Portugal, de hecho se había iniciado bajo los peores auspicios a cuenta de unas lluvias torrenciales que provocaron graves inundaciones en varias provincias, con un número elevado de damnificados. Por tanto, Pedro había desplegado una gran actividad que no menguó en ese verano. En agosto, por ejemplo, pocas semanas antes del casorio de Antonia, mientras ésta se extasiaba con los preparativos de su traje de novia, Pedro, con su hermano Joao, realizó una visita oficial a Porto, deteniéndose también en una serie de poblaciones cercanas. Pero a principios de septiembre, la familia se permitió el lujo de reunirse para asistir al casamiento de Antonia con Leopold.


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 Asunto: Re: ANTONIA, INFANTA (fürstin Hohenzollern-Sigmaringen).
NotaPublicado: 09 May 2010 09:55 
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La capilla real del Palacio das Neccesidades fue engalanada con esmero para la boda de la infanta Antonia y Leopold, celebrada el 12 de septiembre. La novia, por descontado, ofrecía una imagen encantadora y el novio, con su uniforme de gala, estaba increíblemente apuesto. Los dos intercambiaron sus votos con aire serio, grave, incluso solemne; pero se hacía evidente, por las miradas que cruzaban, que esa boda tan apropiada y conveniente llevaba aparejado el hecho, nada usual, de que los contrayentes estaban sinceramente enamorados.

No podían demorar su marcha. Alexina Weber, la dama de honor de Antonia, hubo de dirigir apresuradamente el traslado de los baúles que contenían el equipaje y el ajuar de la nueva princesa Hohenzollern-Sigmaringen al buque que les llevaría lejos de Portugal. Antonia todavía no había encajado en su mente lo que eso significaba y, más aún, lo que eso implicaba. Mientras recibía las felicitaciones cariñosas de su padre y de sus hermanos, todavía podía confortarse en la idea de que Pedro había decidido que la pareja de recien casados marchase a bordo de la gran corveta Bartholomeu Dias. Era la misma corveta que había recogido antaño a Stephanie/Estefánia en Portsmouth, Inglaterra, para conducirla a Lisboa con su séquito. En 1858, el mando de dicha corveta se había asignado al infante don Luis, duque de Porto, presumible heredero del trono, que era un apasionado de la navegación y la oceanografía como ciencia. Don Luís, comandante de la Bartholomeu Dias, ya había llevado a su destino a su hermana María Ana después de la boda de ésta con aquel Georg de Sajonia que tan antipático resultaba a los Braganza. Ahora le correspondía hacer lo propio con Antonia y Leopold. Se decidió, de paso, agregar al infante Joao, duque de Beja, porque, tras dejar a los recien casados en Anvers, Luis y Joao tendrían ocasión de hacer una visita de cortesía en Inglaterra. Puesto que Luís era el hermano favorito de Antonia y un gran amigo de Leopold, la infanta se animaba de lo lindo imaginando los días de singladura entre Lisboa y Anvers.

Después, ya aguardaba el viaje hacia Berlín, dónde debía ser presentada a la familia prusiana. En octubre, Leopold y Antonia, con el resto de familia de él, tendrían que asistir a las solemnes ceremonias de coronación del rey Wilhelm y su consorte Augusta, en Koenigsberg. Wilhelm llevaba ocupando el trono varios meses, desde enero, en sucesión de su hermano Friedrich Wilhelm IV, que había fallecido sin haber tenido hijos con su esposa Elisabeth, la buena Elisa. Pero las ceremonias de coronación nunca eran inmediatas, se preparaban con demasiado mimo. Así que la coronación de Wilhelm y Augusta tocaba para octubre de 1861.

La marcha de Antonia causó una fuerte impresión en su padre y hermanos. Todos vieron zarpar la Bartholomeu Dias de la rada lisboeta tratando de mantener una perfecta compostura. Pero Pedro no tardó en declarar que, al marcharse Antonia, habían perdido la alegría de la casa, la única que sabía aligerar las penas e irradiar simpatía por cada poro de su piel. No soportaba el Palacio das Neccesidades con el vacío que había dejado Antonia, afirmó. Así que la familia se largo a pasar una temporada estival al palacio de Vila Viçosa, en el Alentejo...


Última edición por Minnie el 09 May 2010 21:18, editado 1 vez en total

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