Foro DINASTÍAS | La Realeza a Través de los Siglos.

Nuevo tema Responder al tema  [ 45 mensajes ]  Ir a página Anterior  1, 2, 3, 4  Siguiente
Autor Mensaje
 Asunto: Re: ANA DE CLEVES Y CATHERINE HOWARD
NotaPublicado: 02 Abr 2019 14:38 
Desconectado
Madre Fundadora
Avatar de Usuario

Registrado: 17 Feb 2008 21:47
Mensajes: 17500
Vamos a hacer un salto hacia atrás. Porque sí, para darle vidilla al tema, para hacerlo aún más enrevesado y entretenido (grin)

Mirad estas dos imágenes:

Imagen

En Los Tudor, una Catherine Howard interpretada por Tamzin Mechant disfruta de un elegante picnic flanqueada por Jane, lady Rochford, viuda de Jorge Bolena y por Joan Bulmer.

Imagen

Detalle de la escena anterior, en el que destaca la figura de Joan Bulmer, interpretada por Catherine Steadman.


Así que vamos a detener nuestro interés en una mujer: Joan Bulmer. Como os he indicado, en Los Tudor la representaban tal que así:

Imagen


Joan era aproximadamente una año menor que Catherine Howard. Había nacido como Joan Acworth, hija de George Acworth y su esposa Margaret Wilberforce, y como Joan Acworth había entrado a formar parte del amplio círculo de damiselas que prestaban servicio a Agnes Tilney, duquesa viuda de Norfolk. Por supuesto, de aquellos días ofreciendo sus más esmeradas atenciones tanto en Chesworth House como en la imponente Lambeth, Joan Acworth había tenido ocasión de tratarse constantemente con la joven Catherine Howard. Luego, más tarde, Joan se había casado con William Bulmer, un respetable propietario de tierras en Yorkshire.

Cuando Enrique VIII se había librado rápidamente de la princesa Ana de Cleves para casarse en un abrir y cerrar de ojos con la "sin igual" Catherine Howard, Joan Bulmer se había enterado del extraordinario ascenso a la cúspide de esta a través de uno de los caballeros de la duquesa de Norfolk, sir George Seaford. Catherine había "llamado" a la corte a antiguas amigas de Lambeth, como Margaret Morton, Katherine Tilney y Agnes Restwold. Seguramente, ni se le había pasado por el recuerdo Joan Acworth, convertida en la señora Bulmer: ésta carecía de un brillante árbol genealógico y de notables conexiones familiares, y si bien su casamiento podía recibir la consideración de adecuado, desde luego no había proporcionado ningún ascenso social.

Puesto que Joan se aburría de lo lindo en su casa en el campo y poseía ambición suficiente para visualizarse a sí misma en la corte Tudor, no demoró en tomar pluma y papel y redactar una larga carta dirigida a Catherine. En apariencia, la carta era una solicitud presentada con la mayor humildad y absoluta deferencia; sin embargo, el tono "sugería" que Joan, si lograse acomodo en la corte similar al obtenido por otras amigas de los viejos tiempos, mantendría una discreción que quizá no mantuviese de verse frustrada en sus expectativas. Desde luego, Catherine captó el mensaje sin ningún género de duda. Todos los puestos en su casa se hallaban cubiertos, pero, por suerte, la joven Mary Norris (hija de aquel Henry Norris que había pasado de ser uno de los favoritos de Enrique VIII a verse acusado de cometer adulterio con Ana Bolena y ejecutado por ese falso motivo) estaba a punto de casarse con sir George Carew. Mary Norris salió de la escena en el momento justo para ofrecerle una entrada más que triunfal a Joan Bulmer.

El episodio Bulmer refleja cuán vulnerable era Catherine. Tenía un pasado, algo de lo que su abuelastra Agnes era consciente al menos en parte, aunque su tío Norfolk, tan ufano con su nueva posición predominante en la corte, permanecía en completa ignorancia. Y aquí es dónde "me gana" Catherine.

Trato de no "proyectar" mi mentalidad propia de nuestra sociedad en esta época hacia el pasado, pero reconozco que, en ocasiones, se me hace difícil. A mis ojos, Catherine, la frívola y hedonista quinta reina de Enrique, surge como una jovencita que había sido en parte víctima de abuso sexual temprano y en parte corrompida gracias a una atmósfera general bastante licenciosa en la casa de la duquesa viuda de Norfolk.

Porque el asunto hundía sus raíces en el año 1536, en la mansión de Chesworth, Horsham, Surrey. Echando cuentas, nos sale que Catherine rondaba en los trece años de edad, acababa de adentrarse en su etapa púber. Su profesor de música, Henry Mannox, no se limitó a guiarla para que interpretase con gracia cualquier melodía al laúd o con el virginal, sino que se embarcó en un juego de seducción en el que, a sus treinta y seis años cumplidos, no cabe duda que llevaba las de ganar. Quizá porque se trataba de una "nieta" de su patrona la duquesa de Norfolk, Mannox parece haber respectado técnicamente la virginidad de Catherine, pero entre ambos hubo tocamientos de naturaleza claramente sexual que pusieron fin de manera irrevocable a la "inocencia" de la muchacha. Por lo visto, la duquesa Agnes, tal vez advertida de que algo impropio sucedía entre ambos, sorprendió a ambos en una posición comprometida y no dudó el golpear con fuerza en las orejas a Catherine.

Pero el episodio Mannox, que hoy en día consideraríamos un claro ejemplo de abuso sexual debido a la considerable diferencia de edad entre la alumna y su maestro de música, acabó marcando un antes y un después en la vida de Catherine Howard. Mucho más "despierta" en términos sexuales, la joven no parece haber tardado en embarcarse en una relación que enseguida trascendió el ámbito de unos besos y toqueteos con uno de los secretarios de la duquesa Agnes, Francis Dereham.

Dereham también era mayor que Catherine: alrededor de siete años. En Lambeth, la gran mansión norteña de la duquesa de Norfolk, Francis, hijo de John Dereham, un caballero de aquellas tierras, y de su esposa Isabella Paynell, ocupaba una posición de secretario y en la época en que puso sus ojos en Catherine, estaba (oh casualidad) envuelto en una relación íntima nada menos que con Joan Acworth, la misma que con el tiempo se convertiría en Joan Bulmer. Dado que Joan había sido amante de Dereham, estaba perfectamente al tanto del momento en el que él la había dejado de lado para emparejarse con Catherine Howard. Joan no se quedó lamentando su suerte, sino que enseguida se sumergió de lleno en un idilio con Edward Waldegrave. Así que llegó un instante en que Derehem y Waldegrave se colaban noche a noche en la alcoba que compartían Catherine y Joan; cada una de las parejas se acopabla en uno de los lechos. Es posible que Catherine y Francis estuviesen seriamente involucrados el uno con el otro: se denominaban el uno al otro "esposo" y "esposa", lo que sugiere un compromiso en firme sellado por la plena unión sexual; y a tal punto llegaba la relación, que cuando la duquesa Agnes, avisada por el muy celoso Henry Mannox, se enteró de lo que sucedía en su casa y montó en cólera, despachando rápidamente a Dereham rumbo a Irlanda, éste encontró la mera de dejar en depósito a Catherine todos sus ahorros, la suma de cien libras. Que un caballero confiase su dinero a una dama subraya esa impresión de que ambos se veían a sí mismos "casados a ojos de Dios".

Era una Catherine no virgen la que llegó a la corte revestida, según se diría luego, de una falsa apariencia de honestidad, para convertirse en dama de la reina Ana de Cleves, a la cual no tardaría en suplantar. Para el momento en que Enrique se fijó en ella, quizá ella hubiese deseado que el monarca tuviese exactamente el aspecto y la personalidad arrolladora de Thomas de Culpeper, hombre de moda en la corte Tudor. Pero Enrique era el rey, ni más ni menos que el rey, y ella aprovechó su oportunidad de pasar a ser la reina, situada incluso por encima de su abuelastra la duquesa viuda de Norfolk.

Ese "pasado" estaba ahí, oculto entre bambalinas. Catherine podía pensar que lo había conjurado de alguna forma colocando entre sus damas incluso a la mismísima Joan Bulmer y, más tarde, concediendo también un puesto en la corte a un Francis Dereham retornado de Irlanda. Pero podía haber "otras Joan Bulmer", y de hecho las había. Una tal Mary Lassells, convertida por matrimonio en Mary Hall, antaño camarera de la duquesa Agnes, estaba, como poco, tan al corriente de lo acontecido entre los muros de Lambeth como Joan Bulmer. Mary Lasells Hall no había seguido la vía Bulmer, es decir, no había usado sus conocimientos para chantajear a Catherine Howard. Pero albergaba su propia dosis de resentimiento porque Catherine Howard no se había tomado siquiera el menor interés en "comprar su buena voluntad" del modo en que había comprado la buena voluntad del resto.

Y a todo esto había que añadir los avances en la relación con Thomas Culpeper durante aquella expedición al norte, con encuentros "secretos" en lugares como Lincoln y Pontefract. Por mucho que lady Rochford o Katherine Tilney encubriesen las visitas nocturnas de Culpeper a Catherine, ese tipo de relación clandestina a la que, de salir a la luz, íba a ser prácticamente imposible ofrecerle una explicación inocente, estaba siendo una especie de barril repleto de pólvora sobre la que todos ellos estaban sentados. Pero el final, cuando llegó, llegó, en principio, desde otro frente: cuando John Lasells, un ferviente reformista harto de esa etapa de preeminencia cortesana del partido católico encabezado por Norfolk y Gardiner, escuchó de labios de su hermana Mary Hall un relato pormenorizado de la vida "de incontinencia y viciosa en extremo" que había llevado la adolescente Catherine Howard en la casa de la duquesa viuda Agnes. A John Lasells (o Lascelles) ni su conciencia ni su convenencia le impulsaron a guardar silencio. Tardó lo mínimo imprescindible en acudir al encuentro del obispo de Canterbury, Thomas Cranmer, quien, conjuntamente con el ejecutado Cromwell, podía considerarse cabeza natural del partido reformista.

Thomas Cranmer...

Imagen


...fue inmediatamente consciente de que aquello era material "de alto voltaje". Si Catherine y Francis Dereham habían constituído un matrimonio de hecho a causa de las mutuas promesas intercambiadas y de la consumación sexual, ella no había estado en libertad de casarse con el rey Enrique VIII. Por lo que contaba Lasells, la vinculación de Catherine con Francis era algo muy real y fácil de demostrar; no se caía en el terreno de la ambigüedad como se había caído, antañó, en lo tocante a Ana Bolena y Henry Percy, el heredero del condado de Northumberland.

Aquel asunto turbó profundamente el ánimo de Cranmer. Enrique y Catherine habían retornado desde el Norte a ritmo tranquilo durante el mes de octubre, con escalas en Kettleby, Collyweston y Ampthill, antes de alcanzar Windsor el día 26. En Windsor, Enrique se llevó dos sofocones: en primer lugar, fue informado de que había muerto su hermana Margarita, la reina escocesa, en Methven; y en segundo lugar se le contó que su hijito de cuatro años, el príncipe Edward, había contraído unas elevadas fiebres que se resistían a abandonar el delicado cuerpo del niño. Esto puso a Enrique contra las cuerdas de su propia mortalidad (de los hijos de sus padres que habían alcanzado edad adulta solamente quedaba él) y de la fragilidad de su sucesión por vía masculina (las esperanzas descansaban por entero en Edward). Así que Enrique no estaba lo que se dice animoso y sosegado cuando se desplazó junto a Catherine a Hampton Court para conmemorar allí el All Souls Day, el día de Todos los Santos y Fieles Difuntos, al arrancar noviembre. En cualquier caso, todos eran conscientes de que ese Enrique que envejecía y se mostraba claramente abatido seguía embelesado con su esposa Howard.


Arriba
 Perfil  
 
 Asunto: Re: ANA DE CLEVES Y CATHERINE HOWARD
NotaPublicado: 02 Abr 2019 16:35 
Conectado
Avatar de Usuario

Registrado: 22 Abr 2015 18:57
Mensajes: 15066
Ubicación: España
:cool:

_________________
Si encontráis algún hilo con imágenes alojadas en TinyPic, por favor, avisad. A final de año desaparecerán.


Arriba
 Perfil  
 
 Asunto: Re: ANA DE CLEVES Y CATHERINE HOWARD
NotaPublicado: 02 Abr 2019 16:51 
Desconectado
Madre Fundadora
Avatar de Usuario

Registrado: 17 Feb 2008 21:47
Mensajes: 17500
Imagen

Imagen

Retratos de Catherine Howard.


Aunque Catherine se había casado con Enrique en Oatlands, Hampton Court había sido el escenario de su proclamación oficial como (quinta) reina. Lo que sin duda nadie pudo imaginar, entonces, es que Hampton Court se convertiría unos meses después en el escenario de su fulminante caída en desgracia.

El mismo 2 de noviembre, el rey debía presidir una misa en la que Cranmer no era el oficiante. Ese instante en que el rey acudía a su oficio religioso, con el semblante grave, fue el elegido por Cranmer para deslizar en manos de su señor un documento en el que constaba el relato de los testimonios que le habían ofrecido John Lascells y Mary Hall. Porque Cranmer era un hombre cauto: después de escuchar a John Lascells, había querido interrogar personalmente a Mary Hall, fuente primaria en vez de fuente secundaria de aquellas viejas historias acaecidas en Lambeth. Mary Hall resultó serena y convincente en sus explicaciones a Cranmer. Explicó que ella se había enterado, a través de la doncella Dorothy Barwike, de la relación inapropiada entre Catherine y el profesor de música Henry Mannox; sobre aquel asunto, lo que podía aportar era más bien poco. Sin embargo, sí había estado al corriente, al igual que "casi todos", de la vinculación posterior de Catherine y Francis Dereham. Cranmer, a esas alturas, seguía dudoso y angustiado, según confió a sir Thomas Wriothesley y a sir Anthony Browne. En última instancia, nadie se decidía a "asestarle al rey el duro golpe" de contarle que su rosa sin espinas había tenido una existencia "tan licenciosa". A la postre, a Cranmer le empujaron a consignar todo por escrito y entregar dicho escrito al rey, en un momento oportuno, el canciller Audley y el destacado conde de Hertford.

El rey quedó en shock. Antaño, la lista de terribles acusaciones pergueñadas contra Ana Bolena le habían hecho bien poco efecto, seguramente porque todo atufaba a asunto prefabricado con esmero para librarle a él de una esposa que ya no amaba y que le resultaba bastante fastidiosa a medida que crecía su inclinación por la Seymour. Pero en ese momento, Enrique estaba loco de amor y pasión por Catherine Howard. La mera posibilidad de que ella le hubiese "ocultado" un pasado tan ajetreado le provocaba una pesadumbre y una agitación inmensas. Exigió a Cranmer una cuidadosa y privada investigación, ya que no quería bajo ningún pretexto ser llevado a una fatídica decisión por una sarta de calumnias. Aquello debía estudiarse de manera seria y minuciosa y sin que se le diese ninguna trascendencia, por no causar daños irreparables a posteriori si la reina resultaba ser, como él tanto deseaba, inocente víctima de insidias ajenas.

Hubo, obviamente, una serie de detenciones. Francis Dereham fue inmediatamente puesto bajo arresto y conducido a la Torre de Londres. También Henry Mannox, el profesor de música, fue privado de libertad. Varias azafatas se vieron sometidas al fuego de una serie de interrogatorios cruzados: Katherine Tilney, Malena Tilney, Margaret Benet, Alice Restwold y Joan Bulmer íban a tener mucho que contar, con el miedo embargándolas de cabeza a pies; también se íba a cuestionar a las mujeres Howard, hermanas y cuñadas de Catherine, así como a algunos caballeros que antaño habían dependido de la casa de Norfolk en Lambeth, como Edward Waldegrave, Robert Damporte y William Ashby.

Mientras progresaba la investigación, por supuesto Enrique había abandonado Hampton Court sin despedirse de Catherine. Informado de que su hijito Edward se sobreponía a sus fiebres, algo que le proporcionó considerable alivio, se trasladó al castillo de Winchester, en Southwark. Allí, en pocos días, los miembros de su Consejo tuvieron que presentar sus conclusiones: la reina había sido incontinente no solamente ANTES de su matrimonio, sino también DESPUÉS de su matrimonio. Porque la información había fluído en una vertiginosa espiral: Mannox se había excusado en que él nunca había accedido carnalmente a la joven Catherine, sino en que el corruptor innegable de ésta había sido Francis Dereham, mientras que Francis Dereham, tratando de evitar mayores torturas que las padecidas, aseguró que él hacía tiempo que había sido desplazado en la privanza de la reina a favor de Thomas Culpeper, aunque admitía que antaño había existido un precontrato entre él y la soberana. Lo que surgió a partir de ahí fue una relación pormenorizada de los encuentros privados de la reina y Culpeper, auspiciados por lady Rochford y conocidos o quizá intuídos por el resto de damas de su círculo.

Catherine y lady Rochford, precisamente, permanecían ya bajo una suerte de "arresto domiciliario" en Hampton Court mientras el rey Enrique, en Winchester, daba rienda suelta a una cólera abrasiva, pidiendo a gritos una espada porque él mismo quería atravesar con su filo el cuerpo de aquella que tanto le había engañado. Ni novia virgen, ni esposa fiel: un desengaño completo y absoluto. De la rabia, Enrique pasó a un llanto convulso que resultó aún más duro de presenciar a sus consejeros. El dolor de Enrique era tan obvio que hizo temer que cayese en una lastimosa postración o, peor aún, en la locura.

Es fácil suponer que tanto Catherine como Jane Rochford debían sentirse al borde de un abrupto precipicio. Era poco predecible que Catherine lograse mantener a raya sus nervios: de hecho, enseguida dió muestras de verdadera histeria. Lo que llama más la atención -al menos, en lo que a mí se refiere- es que lady Rochford, una "experta en reinas caídas", perdiese también la cabeza por entero mientras la interrogaba Thomas Seymour, conde de Hertford (cuya dureza sin duda fue notable). Una carta de puño y letra de Catherine dirigida a Culpeper había sido descubierta en el interín, agravando, y de qué modo, la situación. El colapso mental de lady Rochford fue tan obvio que se la puso bajo custodia de sir John Russell y la esposa de éste, Anne, en la mansión de ambos en el Strand, atendida por doctores del rey.

El 7 de noviembre, Cranmer acudió a entrevistarse con Catherine, que, hasta entonces, sólo había aceptado "haber flirteado" (un pasatiempo muy cortesano) con Culpeper. El obispo no era un hombre desalmado: se quedó sinceramente impresionado al constatar el "desmoronamiento" emocional y psíquico de la joven sobrina de Norfolk. Catherine no tenía muchas luces; más bien al contrario, era corta de entendederas y le faltaba a su lado alguien que la asesorase con cierta dosis de astucia. Su mejor carta hubiese sido admitir el precontrato con Dereham y plegarse a la voluntad del rey. A fín de cuentas, el precontrato con Dereham implicaba que su enlace posterior con Enrique había sido inválido desde el principio, pero a la vez ese hecho le exoneraba de haber cometido adulterio contra la Gracia del Rey. En todo caso, habría cometido adulterio contra Dereham, lo cual, en realidad, les traía sin cuidado a los miembros del Consejo. Quizá eso pudiese llevarla a ser despojada de un rango que nunca debería haber ostentado, alejada de la corte, condenada al ostracismo; pero había una posibilidad, siquiera una, de salvar la vida.

Pero Catherine se tiraba piedras a su tejado sin ser siquiera consciente de ello. Insistía en que Mannox había abusado de ella, y que a Francis Dereham nunca se había dado por propia voluntad, sino que él la había tomado por fuerza. Se aferraba, tercamente, a la versión de la historia que menos favor podía hacerle y a Cranmer toda aquella escena debió hacérsele francamente dura. En otro aspecto, al rey quizá no le apeteciese ya valorar como algo a favor de Catherine el dichoso precontrato: estaba más ofendido que nunca tras el descubrimiento de que la reina, durante la expedición de ambos al Norte, se había entretenido con Culpeper. Así que, en conjunto, era un embrollo muy lastimoso. El 13 de noviembre, Cranmer reunió a los miembros de la casa de la reina presentes en Hampton Court para indicarles que quedaba disuelta; la única dama que se libraba de ser enviada fuera, fue Anne Basset, con quien se quiso tener ese detalle porque su padrastro, Arthur lord Lisle, se hallaba a la sazón encarcelado.

Catherine misma íba a ser alejada de Hampton Court el 14 de noviembre, enviada al antiguo priorato de Syon, del que previamente habían retirado a su anterior residente por fuerza, lady Margaret Douglas. Lady Margaret Douglas había sido llevada a Kenninghall, en Norfolk, a dónde también fue llevada, tras la disolución de la casa de la reina, lady María Howard, viudad del duque de Richmond.

Así que Syon estaba a disposición de Catherine y del reducido grupo de damas que la acompañaron. Los encargados de escoltarlas hasta el antiguo priorato fueron Charles Brandon, duque de Suffolk; William Fitzwilliam, primer conde de Southampton, en su condición de Lord del Sello y Robert Radcliffe, conde de Sussex y Lord Gran Chambelán. Entre las damas que la acompañaban, estaba su medio hermana Isabella Legh, lady Baynton, y Anne Parr, Lady Herbert, que hasta entonces había estado a cargo de las joyas de la reina. En Syon, obviamente, Catherine no necesitaría ricos trajes ni alhajas y de hecho las alhajas habían sido confiscadas por Thomas Seymour: el tiempo de bailar se había acabado, como se le dijo con rudeza quizá innecesaria.


Arriba
 Perfil  
 
 Asunto: Re: ANA DE CLEVES Y CATHERINE HOWARD
NotaPublicado: 02 Abr 2019 17:22 
Desconectado
Avatar de Usuario

Registrado: 16 Mar 2011 20:52
Mensajes: 449
¡Qué manera tan trepidante de relatar el tema! :bravo: :bravo: :bravo: :bravo: :bravo: :bravo:


Arriba
 Perfil  
 
 Asunto: Re: ANA DE CLEVES Y CATHERINE HOWARD
NotaPublicado: 03 Abr 2019 10:24 
Desconectado
Madre Fundadora
Avatar de Usuario

Registrado: 17 Feb 2008 21:47
Mensajes: 17500
¡Gracias, marquesa! Es un tema trepidante porque estamos refiriéndonos a un período de la "extensa carrera matrimonial" de Enrique en el que todo sucedía muy de prisa. Ana de Cleves fue reina únicamente por espacio de 5 meses, en tanto que Catherine Howard apenas se mantuvo en el cargo durante 15 meses. Desde la caída de Catherine hasta el fatal desenlace pasaron solo 2 meses. Todo progresaba a una velocidad extraordinaria, máxime en un tiempo en que las comunicaciones eran, por regla general, lentas incluso para los monarcas que disponían de más recursos para enviar noticias de un lado a otro. Por eso, media Europa, por no decir Europa entera, vivía, en lo tocante a la vida conyugal del rey de Inglaterra, en un constante sobresalto y no poca estupefacción.

:-)

“First, the King’s pleasure is, that the Queen, with convenient diligence, remove to the house of Syon, there to remain, till the matter be further ordred, in the state of a Queen, furnished moderately, as her life and conditions have deserved..." Era gusto del rey que la casa de Catherine en Syon fuese tan modesta como el (mal) comportamiento de ella merecía. Sir Edward Baynton fue el encargado del asunto, que debió resultarle especialmente penoso. Porque sir Edward Baynton, que había servido como vice chambelán a las reinas Ana Bolena, Jane Seymour y Ana de Cleves, tenía un vínculo familiar cercano con Catherine Howard: estaba casado con Isabella Legh, lady Baynton, medio hermana de la reina por compartir ambas la misma madre, Joyce Culpeper. Nicholas Heath, obispo de Rochester, fue también enviado a Syon, para que se ocupase del "cuidado de las almas" en aquel apartado lugar.

El 22 de noviembre, Catherine fue privada por el Consejo del título de reina y dos días más tarde fue acusada pública y formalmente de haber llevado "una vida abominable, baja, carnal, voluptuosa y viciosa, como una prostituta con diversas personas" pero, eso sí, "manteniendo la apariencia exterior de la castidad y la honestidad". Eso había engañado al rey, llevándole a enaltecer mediante matrimonio a semejante mujer, que, posteriormente, todavía se había atrevido a manifestar gran favor a Dereham y a "incitar a la relación carnal" a Culpeper. Una mujer con un comportamiento así suponía un gran riesgo para el linaje Tudor: de no haber sido descubierta a tiempo, hubiese podido endosarle algún que otro bastardo a un monarca que jamás había albergado la menor sospecha acerca de la concupiscencia de ella.

Thomas Culpeper, en la Torre, y Jane vizcondesa Rochester albergada en el Strand, no podían esperar ya nada bueno -aunque ella seguía dando muestras diarias de que había entrado de lleno en el terreno de la sinrazón-. El 14 de noviembre, coincidiendo con el traslado a Syon de Catherine, se había procedido a realizar un detalladísimo inventario de todas las pertenencias y posesiones de ambos. En el caso de Culpeper, por ejemplo, se había inventariado cuanto poseía, incluyendo sus objetos materiales, las rentas derivadas de sus oficios, y tanto sus muy numerosas propiedades (que incluían un antiguo monasterio en Kent) como las rentas derivadas de la explotación de las tierras. Eso marcaba el camino para una confiscación que cuánto poseía, en su mayor parte por gracia del rey en los años precedentes. Enseguida se supo que el Guildhall de Londres íba a ser escenario del juicio al cual se someterían tanto Francis Dereham como Thomas Culpeper, y no cabía duda del resultado de aquel juicio: a ambos se les sentenciaría a morir por su traición.


Arriba
 Perfil  
 
 Asunto: Re: ANA DE CLEVES Y CATHERINE HOWARD
NotaPublicado: 03 Abr 2019 15:31 
Desconectado
Madre Fundadora
Avatar de Usuario

Registrado: 17 Feb 2008 21:47
Mensajes: 17500
Enrique VIII había retornado a Hampton Court una vez que a Catherine se la habían llevado desde aquel palacio a Syon. Es digno de mención que, entre tanto, nuestra querida Ana de Cleves, sorprendida como cualquier otro por el curso de los acontecimientos, se había establecido en Richmond, relativamente cerca de Hampton Court, por si se la reclamaba en la corte. Esto tenía su sentido, porque durante los meses que había durado el matrimonio de Enrique con Catherine, periódicamente se habían esparcido rumores según los cuales el muy maduro rey estaba a punto de saturarse de la insustancial sobrina de Norfolk e inclinado a retornar a su lado a su esposa de Cleves, la princesa alemana. Al fín y al cabo, Ana de Claves había demostrado una notable dignidad en su conducta y había llegado a adaptarse a su nuevo país a la vez que se ganaba el aprecio de todos. Pero en Richmond, Ana de Cleves solamente recibió la visita de un emisario de Enrique que le solicitaba la devolución de cierto anillo que ella había recibido, a modo de obsequio, de la ahora prisionera Catherine Howard.

Ana tenía más razones que cualquiera para asistir con interés al desarrollo de acontecimientos...y desde luego en el círculo que la rodeaba se generó una gran cantidad de rumores. Tanto Chapuys, el embajador imperial, como Marillac, el embajador francés, tomaron nota, para sus informes, de que la "hermana del Rey" parecía encantada con la expectativa de volver a ser "la esposa del Rey", pero ninguno menciona ninguna frase concreta de Ana que abone esa teoría. Otra cosa era que las damas de Ana soltasen la lengua a paseo, llegando a ponerse en situaciones un tanto apuradas. Por lo visto, una de esas damas, Jane Ratsey, había afirmado quizá ante la joven Katherine Basset, una de las famosas hijas de lady Lisle, que "Dios estaba trabajando a Su manera para hacer a la Dama de Cleves reina de nuevo". A partir de frases tan imprudentes quizá surgieron historias delirantes como una según la cual Enrique estaba siendo muy asiduo con lady Ana de Cleves y que, de hecho, por fín había existido intimidad entre ambos meses atrás, habiéndose producido el nacimiento de un hijo "de tapadillo". La historia era absurda a más no poder, claro, pero las historias absurdas a más no poder a veces requieren su propia investigación. Jane Ratsey y su compañera Dorothy Wingfield fueron interrogadas de nuevo...seriamente. Y otra dama de Ana, Frances Lilgrave, llegaría a estar en prisión tres días.

Pero todo esto, por supuesto, era menos serio que lo que estaban afrontando el resto de personajes de nuestra historia. Culpeper y Dereham habían sido condenados a una muerte atroz, que incluía destripamiento y castración mientras aún estuviesen conscientes, antes de pasar por la horca. En el caso de Culpeper, Enrique ejerció la gracia de conmutarle esa muerte bárbara por una "simple decapitación" en el patíbulo erigido en Tyburn el 10 de diciembre, pero Francis Dereham, de origen más humilde, sin un pasado vínculo afectivo con el rey, pasó por una salvaje ordalía. Las cabezas de ambos, tras la muerte, se clavaron en picas que fueron a colocarse en el Puente de Londres. Allí estuvieron, para espanto general, durante al menos cinco años.

Para entonces, a finales de diciembre, el clan de los Howard se enfrentó al hecho de ser conducidos en calidad de prisioneros a la Torre. El delito que se les imputaba a todos era "ocultamiento de traición", es decir, no habían delatado la falta de castidad y honestidad de Catherine. La anciana duquesa viuda Agnes se puso frenética y trató de zafarme aludiendo a su penosa salud; pero si eso no le había valido de nada en su día a una princesa Plantagenet como Margarita condesa de Salisbury, tampoco le íba a valer a una Agnes Tilney. Charles Howard había sido expulsado de la cámara privada, y se arrestó a lord Willian Howard así como a la esposa de éste, Margaret Gamage. Anne, esposa de Henry Howard, y Katherine Howard, por matrimonio condesa de Bridgewater, también se vieron en prisión. Sólo el duque de Norfolk pareció librarse de la cólera real, pero tuvo el buen sentido de enviarle una carta muy rastrera abominando a su parentela y de retirarse de la corte, a sus propiedades norteñas. Gardiner también se había ído de la corte, claro.

Las fiestas de Navidad y Año Nuevo de 1542, celebradas en Greenwich, fueron bastante lúgubres. Enrique, muy canoso, parecía haber envejecido muchos años se golpe con el semblante demacrado y afligido. Marillac le describió como "triste y poco inclinado a los banquetes y las damas". Chapuys coincidió con Marillac: estaba "triste, pensativo y suspirante". En enero, el Parlamento reunido, para reconciliar al rey con la vida, aprobó un Acta por el que declaraba traición que una mujer no casta se casase con el rey sin confesarle primeramente su pasado. Chapuys comentó, con un sarcasmo corrosivo, que era de suponer que las damas, en adelante, prefiriesen no atraer ninguna clase de atención por parte del rey, no fuera a ser que, tras ganarse una corona de reina consorte, se las acusase de no haber sido ni castas ni sinceras. Pero el 29 de enero de 1542, el día en que el Parlamento introdujo el Acta de Proscripción que llevaría a la muerte por decapitación a la ex reina Catherine Howard, Enrique había recuperado el humor. Cuando menos, lo había recuperado en apariencia, pues presidió una cena de damas, compartiendo mesa con veintiséis afortunadas, y durante el lance, se le vió cumplimentar con entusiamo a la esposa separada de Wyatt, Jane Haute, y a la pizpireta Anne Basset, su protegida.


Arriba
 Perfil  
 
 Asunto: Re: ANA DE CLEVES Y CATHERINE HOWARD
NotaPublicado: 03 Abr 2019 16:09 
Desconectado
Avatar de Usuario

Registrado: 25 Jul 2009 08:22
Mensajes: 1343
Ubicación: Buenos Aires, Argentina
Entretenido como siempre, lo que me suele pasar al leer tus tópicos, es que aún sabiendo como termina la historia, siempre tengo esperanza de que los personajes tomen decisiones correctas al final... me llevas a ese nivel. =D> =D> =D>

Catherine, lo que llama mucho la atención, es que aún bajo tortura, Culpepper jamás confesó haber copulado con Catherine, pero sí aclaró que no por falta de ganas, sino porque la reina no lo permitió. ¿Falta de tiempo quizá? Otra cosa que siempre me llamó la atención, es la falta de embarazos de Catherine. Sobre esto he leído muchas teorías:
a) que se habría dañado su capacidad reproductiva con métodos rudimentarios de contracepción, se metían incluso una piedra en la cavidad vaginal para proteger el cérvix, o simplemente era estéril por otras razones.
b) Enrique ya era impotente a esa altura, realmente a duras penas se podía mover, me cuesta creer que pudiera llevar a cabo todo el acto.

Por lo demás, la carrera matrimonial de este hombre siempre me ha generado una mezcla de fascinación/sorpresa, y mucho asco. Ha pasado a la historia por ser uno de los crápulas más grandes que haya existido. :thumbdown:

_________________
"Ma fin est mon commencement, et mon commencement ma fin".


Arriba
 Perfil  
 
 Asunto: Re: ANA DE CLEVES Y CATHERINE HOWARD
NotaPublicado: 03 Abr 2019 16:20 
Desconectado
Madre Fundadora
Avatar de Usuario

Registrado: 17 Feb 2008 21:47
Mensajes: 17500
Imagen

Tamzin Merchant como una Catherine Howard ya caída en desgracia.


Mientras se hallaba en Syon, con el paso de los días y las semanas, la frenética desesperación de Catherine había cedido lugar a una especie de persistente melancolía, un lánguido abatimiento. Ella, que había sido la criatura más mimada por el rey, había creído, en su inmadurez o por su simpleza, que podía combinar la vida regalada propia de una reina consorte con la búsqueda de los placeres debidos a su extrema juventud. Se había equivocado de medio a medio y allí estaba, privada de todo: de su título, de sus lujos, de sus diversiones. Pero tenía cierta esperanza de salir con vida, aunque tuviese que pasar años en una aburrida reclusión para purgar sus pecados a ojos del rey. A pesar de la ejecución de Dereham y de Culpeper, así como del cautiverio de la inmensa mayoría del clan Howard, mantenía algunas ilusiones en ese sentido...o eso parece, a tenor de la reacción puramente histérica cuando se le comunicó el 10 de febrero que sería conducida de inmediato, en una barcaza, desde Syon a la Torre de Londres.

Lloró, convulsionó, gritó. Hubo que arrastrarla prácticamente hasta la barca, que remontó el río pasando bajo el Puente de Londres, desde el cual observaban, clavadas en sus picas, las caras con expresión agónica de Dereham y Culpeper. En esas circunstancias, el colapso emocional de Catherine y su acceso de pánico son absolutamente humanos -y muy comprensibles para cualquiera. Estaba siguiendo los pasos de su prima hermana, Ana Bolena. Ana, de carácter más fuerte, de personalidad más rotunda y firme, también se había derrumbado en el trayecto hacia la Torre; pero, en honor a la gran resistencia de la Bolena, cabe señalar que en ella debía pesar aún mucho el hecho de hallarse convaleciente de un aborto en circunstancias altamente dramáticas, así como el recuerdo de que dejaba huérfana de madre a una niña de dos años. Catherine contaba con la desventaja de su extrema juventud. Apenas se hallaba en el apogeo de su vida...y ya le tocaba afrontar una muerte no natural, una ejecución pública.

Jane, vizcondesa Rochford...

Imagen

Jane Bolena, vizcondesa Rochford, interpretada por Jessica Raine en Wolf Hall.


...había sido conducida a la Torre el día anterior, después de varias semanas tratando de recuperarse de su "insania mental" en la casa de sir John Russell en el Strand. La insania de Jane puede haber sido verdadera...o un simple acceso de pánico ante su situación exagerada hasta el límite para salvar el pescuezo, ya que las leyes del país prohibían sentenciar a muerte a los que adolecían de insania. Pero, entre tanto, Enrique VIII estaba tan rabioso en lo que concernía a Jane vizcondesa Rochford que exigió una modificación de dicha ley que permitiese llevarla al cadalso sí o sí. Quizá sabiéndose condenada a muerte sin remedio, Jane pareció recobrar cierto sosiego de espíritu y cierta contención.

El 12 de febrero se les exhortó a prepararse para morir sin ningún peso en sus conciencias. Esas horas previas al dramático desenlace de sus existencias tuvieron que ser emocionalmente extenuantes, ya que al día siguiente ambas parecían adolecer de cierta debilidad que trataban de dominar como buenamente podían mientras caminaban hacia el cadalso. El miedo se reflejaba en los ojos de Catherine y su voz era apenas un frágil susurro mientras reconocía morir justamente por sus faltas y cumplimentaba a su señor el rey desde lo alto del estrado de madera. Pero aunque luego los rumores entre los londinenses asegurarían que había dicho que hubiese preferido morir siendo esposa de Culpeper, ninguno de los testigos directos mencionan una frase tan sensacional como ésa. Catherine bastante tenía con pagar con su decapitación una naturaleza coqueta y ligera, que Jane Rochford había manipulado alegremente.

Imagen

Lynne Frederick, como Catherine Howard en el cadalso.


Un hacha segó la vida de Catherine en Tower Green, el mismo sitio en el que unos seis años atrá había sido decapitada Ana Bolena. El tocón de madera cubierto de su sangre fue luego utilizado para dar muerte a Jane Rochford, que también se mostró contrita, piadosa y exhortó a todos a rezar por la preservación del rey. Esto es algo que a mí, personalmente, nunca deja de fascinarme: perdido ya todo, sin nada por perder ya, seguían pronunciando palabras laudatorias y buenos deseos para Enrique.


Arriba
 Perfil  
 
 Asunto: Re: ANA DE CLEVES Y CATHERINE HOWARD
NotaPublicado: 03 Abr 2019 16:46 
Desconectado
Madre Fundadora
Avatar de Usuario

Registrado: 17 Feb 2008 21:47
Mensajes: 17500
Konradin escribió:
Entretenido como siempre, lo que me suele pasar al leer tus tópicos, es que aún sabiendo como termina la historia, siempre tengo esperanza de que los personajes tomen decisiones correctas al final... me llevas a ese nivel. =D> =D> =D>

Catherine, lo que llama mucho la atención, es que aún bajo tortura, Culpepper jamás confesó haber copulado con Catherine, pero sí aclaró que no por falta de ganas, sino porque la reina no lo permitió. ¿Falta de tiempo quizá? Otra cosa que siempre me llamó la atención, es la falta de embarazos de Catherine. Sobre esto he leído muchas teorías:
a) que se habría dañado su capacidad reproductiva con métodos rudimentarios de contracepción, se metían incluso una piedra en la cavidad vaginal para proteger el cérvix, o simplemente era estéril por otras razones.
b) Enrique ya era impotente a esa altura, realmente a duras penas se podía mover, me cuesta creer que pudiera llevar a cabo todo el acto.

Por lo demás, la carrera matrimonial de este hombre siempre me ha generado una mezcla de fascinación/sorpresa, y mucho asco. Ha pasado a la historia por ser uno de los crápulas más grandes que haya existido. :thumbdown:


A mí me gustaría, realmente me gustaría, saber cómo fue la vida sexual de Enrique y Catherine. Que él no dejase de manosearla en público, no significa que haya habido una vida sexual asidua y (al menos medianamente) satisfactoria. Respecto a Catherine sólo hubo una "alerta de posible embarazo", que quizá se tratase de un simple retraso en su menstruación o que quizá se malogró casi al instante. A saber.

Culpeper murió bajo "la presunción de adulterio", más que de adulterio en sí mismo. Todos los encuentros nocturnos clandestinos de Culpeper y Catherine no indican necesariamente que ambos llegasen a copular, pero es bastante probable que mantuviesen relaciones de otro tipo. Catherine tenía experiencia suficiente, gracias a su pasado con Mannox y Dereham; también Culpeper era un hombre de mundo. Catherine se presentó en gran medida como una víctima: Mannox la había corrompido a su pesar, Dereham había usado de ella imponiéndose por la fuerza, Culpeper nunca había tenido acceso a su cuerpo. Por supuesto, una parte de verdad puede haber en todo ello. Por ejemplo, a mí, con mi mentalidad, lo de Mannox me parece un claro abuso desde una posición de superioridad derivada de la edad y de su situación de profesor respecto a alumna. Lo de Dereham no lo tengo tan claro y quizá con Culpeper hubo mucho más de lo que hubiese aconsejado una elemental dosis de prudencia, pero menos que un flagrante adulterio. Lady Rochford, en cambio, sí se refirió explícitamente a adulterio y sus testimonios, combinados con los de Katherine Tilney, acabaron llevando a lo que llevaron.

En otro orden de cosas, me alegra de que disfrutes de estos personajes. Yo soy muy empática con las dos, con Ana de Cleves y con Catherine Howard, y en realidad lo que me gustaría es que esa empatía se contagie.


Arriba
 Perfil  
 
 Asunto: Re: ANA DE CLEVES Y CATHERINE HOWARD
NotaPublicado: 03 Abr 2019 19:00 
Desconectado
Avatar de Usuario

Registrado: 25 Jul 2009 08:22
Mensajes: 1343
Ubicación: Buenos Aires, Argentina
Me es muy fácil sentir empatía, y hasta cariño por Ana, Catherine por el contrario... no me genera mucho. Recuerdo que fue de las primeras historias de fantasmas históricos que leí, su espíritu corriendo por un pasillo de Hampton Court, buscando a un Enrique VIII esquivo que brinde su perdón, y salvación. Respecto a qué otro tipo de... relaciones tuvieron, o no, me reservo los comentarios. :ooops:

_________________
"Ma fin est mon commencement, et mon commencement ma fin".


Arriba
 Perfil  
 
 Asunto: Re: ANA DE CLEVES Y CATHERINE HOWARD
NotaPublicado: 04 Abr 2019 14:53 
Desconectado
Madre Fundadora
Avatar de Usuario

Registrado: 17 Feb 2008 21:47
Mensajes: 17500
Imagen

La actriz Bryony Roberts en el papel de Catherine Howard.


Konradin...a mí hubo una frase de lady Antonia Fraser, a propósito de Catherine, que me hizo experimentar una oleada de piedad hacia ella. Fraser, esa auténtica experta en el enrevesado entramado de relaciones de la corte Tudor, aseguraba que no pocas de las jóvenes damas de palacio se hubiesen encontrado tan comprometidas como Catherine en caso de que alguien hubiese revisado a fondo su vida privada desde la pubertad. Puede que Catherine muriese sin entender verdaderamente porqué debía morir: en lo que había ocurrido antes de su matrimonio, no se distinguía apenas del resto de muchachas tuteladas por la duquesa de Norfolk o conocidas por ella en su época cortesana; y en lo que se refería a lo acontecido tras su matrimonio, cabe señalar que ella nunca admitió el adulterio con Culpeper (si bien tal vez aquí se refería solamente con la palabra adulterio a la copulación en sí). Esto es, salvando todassss las distancias, como un debate acerca de si fue o no fue adulterio el "asunto impropio" entre Clinton y Lewinsky...¿no?.

Lo que a mí me hace encariñarme con Catherine es precisamente la repugnancia que me inspira el proceder de Enrique. No, Catherine no intentó acceder al rey a través de una galería de Hampton Court suplicando entre lágrimas que al menos la escuchase antes de repudiarla; pero bien puede ser que su espíritu siga vagando por Hampton Court preguntándose cómo se fraguó su repentina caída en desgracia, cómo de repente se encontró confinada en sus aposentos y alejada del rey que se había empecinado durante meses en idealizarla. Enrique, igual que había hecho en su día con Ana Bolena, hizo un cruz y raya. Cierto que aquí lloró más y se condolió más, pero lloraba y se condolía por sí mismo, porque parecía condenado a que verse ligado a esposas "mal condicionadas" o "corrompidas". A esas alturas, él sólo confiaba ya en el dulce y evanescente recuerdo de Jane Seymour. Pero es que Jane Seymour, pobre mujer, no había tenido tiempo de causarle ningún disgusto excepto el de su muerte postparto de un príncipe. Como para no conmoverse ante semejante destino...


Arriba
 Perfil  
 
 Asunto: Re: ANA DE CLEVES Y CATHERINE HOWARD
NotaPublicado: 04 Abr 2019 15:34 
Desconectado
Madre Fundadora
Avatar de Usuario

Registrado: 17 Feb 2008 21:47
Mensajes: 17500
Imagen

Esposas.


Imagen

Ana de Cleves, Catherine Howard, Katherine Parr.


Hacia el mes de marzo de 1542, la corte británica parecía haber recuperado cierta apariencia de normalidad y animación. El rey Enrique, en esta ocasión, no mostraba predisposición a un nuevo matrimonio y ninguna gran familia con aspiraciones, ninguna facción deseosa de prevalecer, se atrevía, de momento, a promover su candidata al puesto de reina. A fín de cuentas, la mayoría de los Howard seguían en prisión y eso hacía recordar a todos los peligros derivados de aquella Acta Parlamentaria que íba a hacer que un clan entero hubiese de responder en caso de que el rey "fuese llevado" a contraer nupcias con una moza que no fuese enteramente casta. Cualquiera respondía con sus bienes y sus vida de la entera castidad de alguna joven hija, hijastra, hermana, prima o parienta cercana. En particular, con un eventual marido, Enrique, que parecía no saber distinguir por sí mismo en primera instancia: había puesto en duda la doncellez de Ana de Cleves (seguramente intacta) mientras que había creído un modelo de castidad a Catherine Howard (evidemente echada a perder a temprana edad).

Muchos seguían apostando a favor de Ana, la hija de Cleves. Estaba más bonita, gracias a que había ganado algo de peso (de hecho, se complacía con la buena mesa y los buenos vinos) y a que lucía ropas de excelente factura. Hablaba inglés, mostraba gusto por las fiestas y su avenencia con los hijos de Enrique podía considerarse completa. El duque Wilhelm, allá en Dusseldorf, confiaba en una restitución de su hermana y los rumores entre los embajadores tocaban invariablemente a Ana de Cleves.

Pero Enrique mismo prefirió conservarse soltero. A falta de una consorte, la mayor de sus hijas, lady María, presidía los eventos principales a su lado; también mostraba cariñosa inclinación a su hija menor, lady Elizabeth, notablemente precoz. Edward, el príncipe delicado, era por entonces objeto de un proyecto nupcial ambicioso por parte de Enrique: se daba la circunstancia de que el sobrino escocés de éste, el rey James V, había muerto justo después de enterarse de que su esposa francesa Marie de Guise había dado a luz una niña, bautizada con el nombre de Mary. Mary, la reinecita en la cuna de los escoceses, resultaba una auténtica tentación para Enrique Tudor. Si su hijo Edward se casase con la prima Mary, podía contarse con que la casa Tudor gobernaría conjuntamente sobre Inglaterra y Escocia. Por supuesto, los escoceses, conocedores de que pez grande siempre se come a pez chico, no estaban por la labor y la regente, Marie de Guise, buscó, astuta, una alianza estratégica con Francia, su país natal, a dónde enviaría en cuánto tuvo ocasión a la pequeña Mary.

Hasta principios de 1543, Enrique no puso su interés en una mujer. Ahora, la elegida íba a ser una mujer nacida en torno a 1512. Se llamaba Kateryn o Katherine, nombre que le había elegido su difunta madre, Maude, en honor a la que había sido su amada señora, Catalina de Aragón.

Aquí estamos ante una estirpe de damas de honor que ilustra pefectamente el modelo recurrente en la corte inglesa. Maude Green, de ilustre familia de Northamptonshire, se había convertido por casamiento en Maude Parr cuando entró al servicio de la reina Catalina de Aragón, por la que enseguida manifestó absoluta devoción. Catalina de Aragón, desde luego, se encariñó muchísimo con Maude Parr a lo largo de años: asumió el papel de la hija primogénita de su dama, bautizada Kateryn o Katherine. Parecía evidente que las chicas Parr, Katherine y Anne, tendrían buenos puestos en la corte, al igual que el único varón, William, homónimo del padre de los tres. De hecho, Anne Parr se convirtió con trece años en una de las doncellas de servicio de Catalina de Aragón, sirviendo después como dama de honor a Ana Bolena. Anne Parr enseguida se contagió del entusiasmo reformista de Ana Bolena, que mantendría en un futuro. Fue también dama de Jane Seymour, participó en el bautizo del principito Edward y en el cortejo fúnebre de la efímera soberana. Luego, sirvió con finura a Ana de Cleves y a la malhadada Catherine Howard.

Para entonces, Kateryn o Katherine, la hermana mayor de Anne Parr, por matrimonio lady Herbert, se había convertido a su vez en miembro de la casa de lady María. Lady María veía con afecto a Katherine, ya que se trataba de una hija de Maud Parr y ahijada de bautizo de Catalina de Aragón. Podía asumir, en esas circunstancias, que Katherine, lady Latimer, fuese no menos reformista que Anne, lady Herbert.

Lo sustancial en la vida de Katherine Parr era que hablamos de una mujer de treinta y un años. Como mínimo, era ocho años mayor que la difunta Catherine Howard. Pero lo sustancial, por supuesto, es que Katherine Parr, inteligente y firme de carácter, tenía tras de sí el aval de dos matrimonios en los que había demostrado honrar los votos intercambiados con sus sucesivos maridos, sir Edward Burgh y John Neville, tercer barón Latimer...


Arriba
 Perfil  
 


Mostrar mensajes previos:  Ordenar por  
Nuevo tema Responder al tema  [ 45 mensajes ]  Ir a página Anterior  1, 2, 3, 4  Siguiente


¿Quién está conectado?

Usuarios navegando por este Foro: No hay usuarios registrados visitando el Foro y 0 invitados


No puede abrir nuevos temas en este Foro
No puede responder a temas en este Foro
No puede editar sus mensajes en este Foro
No puede borrar sus mensajes en este Foro
No puede enviar adjuntos en este Foro

Buscar:
Saltar a:  



Style by phpBB3 styles, zdrowie zdrowie alveo
Powered by phpBB © 2000, 2002, 2005, 2007 phpBB Group
Base de datos de MODs
Traducción al español por Huan Manwë para phpbb-es.com
phpBB SEO
Crear Foro | Subir Foto | Condiciones de Uso | Política de privacidad | Denuncie el foro