Foro DINASTÍAS | La Realeza a Través de los Siglos.

Nuevo tema Responder al tema  [ 45 mensajes ]  Ir a página Anterior  1, 2, 3, 4  Siguiente
Autor Mensaje
 Asunto: Re: ANA DE CLEVES Y CATHERINE HOWARD
NotaPublicado: 27 Mar 2019 15:39 
Desconectado
Madre Fundadora
Avatar de Usuario

Registrado: 17 Feb 2008 21:47
Mensajes: 17500
Clara escribió:
Leyéndote, hiciste que me entrara el gusanillo, así que acabo de terminar el tercer episodio de "Los secretos de las seis esposas" de Lucy Worsley. :-D



Jajajajaja. Entonces, Clara, este tema ya ha aportado su pequeño grano de arena a la tarea de tratar con afecto a las seis esposas. A todas ellas. Que a mí lo que más me costó fue llegar al punto de empatizar con todas ellas y de simpatizar con todas ellas. Bastante tuvieron con Enrique.


Arriba
 Perfil  
 
 Asunto: Re: ANA DE CLEVES Y CATHERINE HOWARD
NotaPublicado: 27 Mar 2019 16:16 
Desconectado
Madre Fundadora
Avatar de Usuario

Registrado: 17 Feb 2008 21:47
Mensajes: 17500
Imagen

Joss Stone en el papel de Ana de Cleves, en Los Tudor.


En ese punto concreto de nuestro relato, coincido plenamente con la apreciación de Fraser respecto a que la absoluta inocencia en materia sexual de Ana de Cleves constituyó su mejor escudo frente a una realidad bastante escabrosa. Ana, la que había llegado con la firme voluntad de complacer en su nuevo papel y en su nuevo país, dócil y afable con todos, probablemente no atisbaba aún el menor indicio de que las cosas se habían torcido. Ella podía considerar, y seguramente consideraba, desconcertante e incluso un tanto impropio aquel primer encuentro con el rey disfrazado en Rochester; pero a sus ojos, Enrique se había portado con mayestático decoro en el curso de su recepción oficial en la corte, así como de todo el entramado de festejos que había rodeado el casamiento de ambos. Que en la noche de bodas "no pasase nada" no constituyó ningún sobresalto ni generó ninguna aprensión en Ana, sencillamente porque ella no esperaba que pasase nada excepto que su marido le desease buenas noches antes de dormirse en la cama (con un cabecero repleto de tallas eróticas que no debía comprender).

Aparentemente, Enrique y Ana durmieron en el mismo lecho por espacio de cuatro meses. Enrique, a tenor de sus declaraciones, había hecho intento de sobreponerse a la repugnancia carnal que le causaba Ana durante las primeras cuatro noches, pero sin conseguirlo nunca: luego atestiguaría que nunca había llegado siquiera a "quitarse el camisón" porque sus escrúpulos habían anulado por entero sus instintos masculinos. Pero Ana nunca fue consciente de que esa situación representaba un verdadero desastre.

El 11 de enero había presidido un torneo junto a su esposo/no esposo habíendose librado ya de sus ropajes germánicos, que tan mala impresión general habían causado porque no resultaban nada favorecedores. Para la ocasión, se había vestido ya a la inglesa e incluso se había puesto una caperuza a la francesa (siguiendo ahí más el estilo Bolena que el estilo Seymour, las cosas como son). Con sus ropas a la inglesa y sus caperuzas a la francesa, demostró una enorme voluntad de aprender inglés, consiguiéndolo en corto plazo de tiempo (despojarse del acento teutón costaría un poco más, evidentemente). Ya era quizá tarde para que aprendiese a cantar y a tocar instrumentos musicales, pero reveló interés y gusto para la música, contratando incluso a varios miembros del clan Bassano, judíos a la vez que venecianos acogidos en Inglaterra con gran favor de Cromwell.

Ana tenía una corte de damas a su alrededor, por supuesto. De todas sus doncellas germánicas, solo le habían permitido quedarse a dos, llamadas Katherine y Gertrude, pero enseguida hizo migas con varias damas inglesas. Entre ellas estaban Winifred lady Egdecombe y la condesa de Rutland, Eleanor Paston, esposa de su chambelán; pero también -oh sorpresa- Jane Parker, lady Rochford, la viuda de Jorge Bolena. Las confidencias de Ana a lady Eleanor Paston y a lady Jane Parker revelan a las claras que seguía siendo "una blanca paloma". Cuando Ana relataba que el rey le deseaba antes de dormir las buenas noches con un beso y con un beso le deseaba buenos días al levantarse temprano, la condesa de Rutland debió sentir un escalofrío recorriendo toda su espina dorsal. No tuvo más remedio que informarla: "Señora, debe haber más o pasará mucho tiempo antes de que tengamos un duque de York, que es lo que más desea este reino". Porque, claro, las esperanzas de sucesión masculina descansaban enteramente en un niñito bastante frágil, el legado de Jane Seymour. Eduardo residía con su corte a la sazón en el castillo de Havering, rodeado de atenciones y cuidados extremos; pero resultaba peligroso confiar en la pervivencia por línea masculina del linaje Tudor tomando en cuenta solamente a Eduardo. Un "duque de York" constituía la principal misión de Ana. Eso sí: a ver cómo proveía ella "un duque de York" si el rey Enrique no tenía a bien copular con su "yegua de Flandes".

Es evidente que Ana debió ir tomando conciencia de ello a medida que sus damas, mujeres experimentadas, le informaban acerca de cuál era el curso "normal" de las cosas entre las sábanas de una cama de matrimonio. Es posible que Ana se sintiese bastante escandalizada, en principio. Quizá, para sus adentros, experimentase más repugnancia que Enrique, que, por mucho que se quejase de la constitución física nada grata a su vista de la reina importada de tierras alemanas, estaba lejos de ser un Adonis. En esa época, Enrique ya se había convertido en una grotesta caricatura del "príncipe más apuesto de su tiempo" que había sido en la época de su casamiento con la (difunta) Catalina de Aragón. Si en el cielo hay espacio para la ironía, Catalina de Aragón bien podría hacer uso de ella.

Por supuesto, Eleanor condesa de Rutland tenía sus propias razones para asustarse ante aquella situación "anómala". Su marido era el chambelán de la reina y ella dama destacada de la cámara de la reina: los dos, conjuntamente, ocupaban posiciones de privilegio en una casa, la casa de la reina, integrada por nada menos que ciento veintiséis personas. Esas 126 personas, que se habían sentido pagadas de sí mismas con la entrada ceremonial de la flamante soberana en Westminter el 4 de febrero, debían confiar en que la posición de ella mejorase en el momento en que se la coronase, lo cual podía coincidir, quizá, con el embarazo o nacimiento de un "duque de York". Pero las expectativas de las 126 personas estaban al albur de un matrimonio no consumado -con el riesgo, inherente, de que un rey cada vez más insatisfecho y frustrado encontrase "distracción" en una mujer que sí le gustase lo suficiente para recordarle que era un hombre "todavía con empuje viril".


Arriba
 Perfil  
 
 Asunto: Re: ANA DE CLEVES Y CATHERINE HOWARD
NotaPublicado: 27 Mar 2019 17:01 
Desconectado
Madre Fundadora
Avatar de Usuario

Registrado: 17 Feb 2008 21:47
Mensajes: 17500
Imagen

Catherine Howard.


Entre las 126 personas que giraban en órbita en torno a la reina Ana de Cleves, figuraba una mocita nacida hacia 1520 del matrimonio entre lord Edmund Howard y Jocasta (Joyce) Culpeper, viuda de Ralph Leigh.

Joyce Culpeper se había casado en primeras nupcias con el caballero Ralph Leigh, que venía siendo hermano menor de su padrastro Sir John Leigh. La madre de Joyce, Isabel, viuda de sir Ralph Culpeper y con tres hijos Cupeper colgados de su faldas (Thomas, la propia Joyce y Margaret), se había casado con Sir John Leigh y se había establecido junto a éste en Surrey, teniendo de él dos un hijo y una hija más. Joyce, su chica Culpeper, se casó, con un hermano de su padrastro y tío carnal de sus medio hermanos, una bonita manera de general árboles genealógicos embrollados. Junto a Ralph Leigh, Joyce Culpeper tuvo dos hijos varones -John y Ralph- y dos hijas de sexo femenino -Joyce y Margaret, llamadas así por ella misma y por la hermana de ella, otra forma de confundir a todos con todos-. Viuda de Ralph Leigh, Joyce se casaría con lord Edmund Howard, tercer hijo de Thomas Howard duque de Norfolk y la primera esposa de éste, Elizabeth Tilney. Con Edmund Howard, Joyce Culpeper tuvo tres hijos (Henry, Charles y George) y tres hijas (Margaret, nuestra Catherine y Mary).

Que Edmund Howard perteneciese al muy poderoso clan de los Howard no le hacía rico. Al contrario, era casi pobre, pues lo (poco) de lo que disponía apenas le permitía sostenerse a sí mismo y a su familia con el decoro debido a su apellido y a su linaje. Se quejaba de no tener lo que hubiese requerido su posición social y de no podérselo ganar por no hacer deshonor a su casa. Una situación, a todas luces, bastante penosa para la pareja Edmund y Joyce.

Nuestra Catherine Howard enseguida tuvo que tomar conciencia de que era una Howard, aunque una Howard sin un penique. De lo que no ha quedado constancia, para la posteridad, es de lo que pensó, si pensó algo, respecto al ascenso y caída de su prima Ana Bolena. Porque Ana Bolena era su prima...y prima hermana, dado que Edmund, su padre, se contaba entre los hermanos de Elizabeth Howard, la madre de Ana, María y Jorge Bolena. Catherine ya era una adolescente cuando decapitaron a Ana, tras su sensacional juicio por adúltera e incestuosa. Enrique ni había hecho mínimo disimulo de su alegría y se había apresurado en casarse con Jane Seymour, quien, por cierto, también era prima de Catherine (Ana Bolena, Jane Seymour y Catherine Howard compartían una bisabuela común: Elizabeth Cheney. Ana y Catherine descendían de Elizabeth Cheney a través de la abuela común Elizabeth Tilney, mientras que Jane Seymour había descendido de Elizabeth Cheney a través de una hermana de Elizabeth Tilney, Anne Say).

El caso es que Catherine enseguida abandonó el domicilio de sus padres para recibir una crianza acorde a su rango. Ocurría que su abuelo paterno, el segundo duque de Norfolk, tras enviudar de Elizabeth Tilney, se había casado con una prima de la difunta, Agnes Tilney. Agnes Tilney, madrastra de Edmund Howard, se había convertido, con el tiempo, en la duquesa viuda de Norfolk. Tanto en su formidable Norfolk House, ubicada en Lambeth, como en su Chesworth House, ubicada en Horsham, Sussex, Agnes Tilney acogía bajo su patrocinio, siguiendo las costumbres de la nobleza de esa época, un amplio número de jóvenes de ambos sexos. Resultaba muy natural que Edmund y Joyce pusiesen a Catherine al cuidado de Agnes Tilney, duquesa viuda de Norfolk: con las credenciales de haberse criado bajo su tutela, resultaba altamente probable llegar a colocarla, a su debido tiempo, en la corte real.

Y así fue, naturalmente. En el momento en el que nos encontramos de nuestra historia, Catherine era una joven dama de servicio de la reina Ana de Cleves. Cuando digo joven, quiero decir verdaderamente joven: frisaba en los dieciséis años, lo que la hacía treinta y tres años menor que el rey Enrique VIII. Catherine ha quedado en gran medida caracterizada como una muchacha alegre, frívola, un poco atolondrada, amiga del jolgorio, predispuesta a la diversión. Pero si pensamos en su edad, es perfectamente comprensible esa actitud "ligera", que, por otra parte, no sólo se le achacaba a ella (la señorita Anne Basset, hija de lady Lisle, fue también tomada por una cabeza de chorlito dada a los juegos cortesanos y a los bailes interminables).

Era bajita, de pequeña estatura. Catalina de Aragón había sido baja, aunque agradablemente rechoncha. Catherine Howard parece haber sido baja y espigada, una chiquilla de fina silueta. Le gustaba vestir a la francesa -al estilo de su prima Ana Bolena- y disfrutar de la existencia cortesana. Y en algún momento concreto, quizá por hallarse en perpetuo movimiento y constantemente retozona, atrajo la atención del rey.

Lo que parece evidente es que se produjo un auténtico "coup de foudre". De manera inmediata, al instante, Enrique se enamoró apasionadamente de Catherine Howard.


Arriba
 Perfil  
 
 Asunto: Re: ANA DE CLEVES Y CATHERINE HOWARD
NotaPublicado: 28 Mar 2019 14:33 
Desconectado
Avatar de Usuario

Registrado: 25 Jul 2009 08:22
Mensajes: 1339
Ubicación: Buenos Aires, Argentina
Un placer leerte, Minnie. Como siempre. :)

_________________
"Ma fin est mon commencement, et mon commencement ma fin".


Arriba
 Perfil  
 
 Asunto: Re: ANA DE CLEVES Y CATHERINE HOWARD
NotaPublicado: 28 Mar 2019 15:01 
Desconectado
Madre Fundadora
Avatar de Usuario

Registrado: 17 Feb 2008 21:47
Mensajes: 17500
Imagen

Tamzin Merchant caracterizada como Catherine Howard en la serie Los Tudor.


En apariencia, Catherine Howard cubría todos los parámetros educativos de una joven de su tiempo y estirpe. Sabía leer y escribir, aunque la escritura le resultaba trabajadosa y por tanto debía emplearse a fondo en semejante tarea; podía manejarse aceptablemente en francés y sabía tocar tanto el laud como el virginal. Bailaba con gracia, montaba a caballo con estilo y resumiendo en pocas palabras, resultaba muy apta para el papel de dama de corte. No había en ella aspiraciones intelectuales: en eso estaba lejos de una Catalina de Aragón o una Ana Bolena. Tampoco tenía la pasión por los hilados finos y la jardinería, aficiones si uno lo piensa bastante domésticas, de una Jane Seymour. Catherine era una muchacha simple. De hecho, lo que más me sorprende siempre es gran simpleza, su cortedad de miras, su falta de perspicacia o astucia. Pero, a decir verdad, esas cualidades tampoco debían constituír moneda común entre las damitas de la corte británica que se beneficiaban de formar parte del entourage de una reina absolutamente decidida a agradar a todos, tipo Ana de Cleves. En Ana de Cleves no había la extraordinaria ansia por sostener un estricto decoro y protocolo de Jane Seymour. Se vivía de forma más ligera y animosa si no se marcaban límites tan claros.

Catherine debió sentirse impresionada y halagada en su vanidad cuando el rey posó la mirada, y las intenciones, en su menuda pero grácil silueta. Recuérdese: Enrique le sacaba más de treinta años, lo cual significaba, ni más ni menos, que Catherine había nacido y crecido en el reinado de Enrique, un reinado peculiar porque el monarca había dejado de ser "únicamente" el monarca y se había revestido también de los atributos un tanto místicos de "cabeza suprema de la Iglesia de Inglaterra". Enrique tenía que resultar, por fuerza, una figura imponente para los jóvenes coetáneos de Catherine. Que él reparase de pronto en ella, una Howard pobretona con expectativas de futuro que no rebasaban una medianía según los estándares de su clase social, tuvo que hacerla sentir muy pagada de sí misma. Enseguida se hizo evidente que el rey "se había vuelto chocho" con aquella criatura tan joven y delicada: Catherine era unos cuatro años MENOR que lady María Tudor, la hija de Catalina de Aragón. Pero aquel no íba a ser exactamente un caso de viejo lascivo (que ahí sí podía encajarse a Enrique en gran medida) oteando con ansia a una cándida y casta Susana, porque en ese papel no encajaba, sin embargo, a pesar de las apariencias, Catherine Howard.

Catherine Howard podía ser jovencísima, pero tenía un pasado. Y su abuelastra Agnes, duquesa viuda de Norfolk, a la fuerza era conocedora al menos de algún episodio de ese pasado, que podía acabar irrumpiendo en el presente como una potencia destructora. Pero, evidentemente, cuando el rey Enrique se encaprichó de manera completa y absoluta de Catherine Howard, la duquesa Agnes, a su avanzada edad, no tuvo los arrestos necesarios para presentarse ante la Gracia del Rey y señalarle que quizá la "inocente" Catherine hubiese dejado atrás cualquier atisbo de inocencia años atrás. Tampoco era de esperar que Agnes duquesa de Norfolk echase paletadas de tierra encima de su casa y su linaje. El duque de Norfolk, por su parte, que había tenido que postrarse humildemente a los pies de Enrique tras la caída en desgracia de su sobrina Ana Bolena, encontró a ahora en su otra sobrina Catherine Howard un arma inesperada para acabar para siempre con Cromwell y para reforzar su propia figura en la esfera real. Los Howard volverían a hacer ostentación de grandeza si llegaba al trono una moza Howard. Catherine podía ser una cabeza de chorlito, una muchacha insustancial y absolutamente banal, pero...¿y qué más daba? No era la primera ni la única en la corte.

Imagen

La actriz Emily Blunt como Catherine Howard en Enrique VIII, serie de 2003.


A veces, adquirir mayores cotas de poder o afianzarse como el poder detrás del trono requiere jugadas arriesgadas. Cromwell había parecido todopoderoso en su momento, tras la caída de Ana Bolena, pero se encontraba en franco declive sólo porque había emparejado a la Gracia del Rey con otra Ana, Ana de Cleves, que repugnaba a Enrique.

Cromwell era consciente -zorro viejo...- de que se asomaba peligrosamente al abismo. Los "escrúpulos" del rey acerca de su esposa Ana habían adquirido una forma de expresión nueva cuando había solicitado que se indagase sobre la validez del precontrato matrimonial que la había unido en su día al joven François de Lorraine. Aquello recordaba mucho, muchísimo, la época en que Enrique había exhortado a investigar la validez del vínculo que él había contraído con Catalina de Aragón, viuda de su hermano Arturo príncipe de Gales. Mientras Cromwell trataba de maniobrar, a la desesperada, en aquel escenario tan incierto, había ocurrido lo peor: la entrada en escena de Catherine Howard, una "perfecta marioneta" en manos del duque de Norfolk. A Cromwell le había alcanzado de lleno aquel golpe del destino. En cierto modo, si uno lo piensa, había algo kármico en el hecho de que la irrupción de la pizpireta y divertida Catherine Howard pusiese directamente contra las cuerdas al hombre que había maquinado la destrucción de Ana Bolena.


Arriba
 Perfil  
 
 Asunto: Re: ANA DE CLEVES Y CATHERINE HOWARD
NotaPublicado: 28 Mar 2019 15:02 
Desconectado
Madre Fundadora
Avatar de Usuario

Registrado: 17 Feb 2008 21:47
Mensajes: 17500
Konradin escribió:
Un placer leerte, Minnie. Como siempre. :)



Un placer encontrarte a tí aquí. Como siempre. >:D< >:D<

De Austeniana a Austeniano (wink)


Arriba
 Perfil  
 
 Asunto: Re: ANA DE CLEVES Y CATHERINE HOWARD
NotaPublicado: 28 Mar 2019 15:38 
Desconectado
Madre Fundadora
Avatar de Usuario

Registrado: 17 Feb 2008 21:47
Mensajes: 17500
Al llegar la Pascua de 1540, la "obsesión" del rey con la pequeña Catherine Howard ya se había convertido en la comidilla de cortesanos. Afortunadamente para ella, la reina Ana de Cleves parece haberse mantenido en la ignorancia acerca de todos los rumores que circulaban de sala en sala y de pasillo en pasillo, pero la buena muchacha alemana, que entretanto se afanaba por relacionarse en los mejores términos con tres hijastros de muy distintas edades, debía notar la falta de afluencia de damas y caballeros a sus aposentos -señal inequívoca de que nadie veía necesario en absoluto trabajarse el favor de la reina para adquirir por vía interpuesta el favor del rey-. Norfolk y Gardiner, los "jefes" de la facción conservadora y partido católico, ya conspiraban abiertamente para alentar el cortejo de Enrique a Catherine, sobrina del primero. La duquesa Agnes, por lo visto, no debía haber compartido ningún chisme acerca del pasado de la muchacha con Norfolk: sólo así se explica que el duque se mostrase insistente en resaltar "la pureza y honestidad" de Catherine, quizá para contrarrestar en la mente de Enrique VIII la imagen de posible "impureza y deshonestidad" que éste se había hecho de la cándida Ana de Cleves sólo porque le parecían flojos los pechos y el abdomen de ella.

Hacia el 17 de abril, Cromwell, que se encontraba en Londres negociando diversos asuntos con el Parlamento, fue "elevado". A pesarde que había sido obra suya el casamiento no consumado y frustrante de Enrique con Ana de Cleves, el rey le nombraba conde de Essex y Lord Gran Chambelán de Inglaterra. Pero, en paralelo, allá en Greenwich, Norfolk y Gardiner envenenaban a Enrique contra Cromwell. Y aprovechaban, como un viento a favor para ellos, la infatuación de Enrique con una Catherine que no dejaba de recibir obsequios del monarca, incluyendo valiosas alhajas. Cabe recordar que, en su día, Jane Seymour había sido deliberadamente modesta y había rechazado con conmovedores discursos algunos presentes de su admirador Enrique, aún casado con la Bolena. Pero Catherine Howard no estaba hecha de la pasta de Jane Seymour, ni de lejos. Ella aceptaba los regalos con franco entusiasmo y no dejaba de pavonearse.

El 1 de mayo era un día muy significativo en la corte británica, por tradición. Hubo justas, que presidieron desde la recién construída torre de entrada en Whitehall el rey Enrique y su reina Ana de Cleves. Hacía años que Enrique había dejado de participar en las justas, que tanto placer le habían proporcionado; pero estaba entusiasmado de ver cómo triunfaba uno de sus compañeros de francachelas favorito, un guapo y carismático mozo llamado Thomas Culpeper. Culpeper llevaba triunfando junto a Enrique desde 1537: en aquel año, figuras destacadas como lady Lisle ya le ofrecían regalos para así estar en buenos términos con el favorito de Su Majestad. Había recibido puestos honoríficos de relieve, como el de guardían del castillo de Penhurst, pero también valiosas propiedades en distintos condados...Kent y Essex, Gloucestershire y Wiltshire. Tenía un ramalazo conflictivo y violento: entre sus aventuras figuraba, en 1539, el haber perpetrado la violación bastante salvaje de la pobre esposa de un guardabosques. Enrique había recibido informes de ese episodio, que hubiese acarreado graves consecuencias a otro caballero pero que, en Culpeper, se tomó con pasmosa ligereza. Qué se le íba a hacer, si el muchacho era tan varonil que no lograba controlarse en ocasiones.

Adicionalmente, Culpeper era un pariente lejano, primo en séptimo grado, de Catherine Howard. Pero los dos no parecen haber tenido trato en ese momento histórico concreto, aunque, sin duda, Catherine, al igual que el resto de damas, aplaudiría con entusiasmo los lances de Thomas Culpeper en las justas de mayo. Cinco días duraron los festejos y se dieron por rematados con un fastuoso banquete en Durham House. Ana de Cleves presidió el banquete, igual que había presidido las justas, al lado de Enrique.

Imagen

Rebeca Dyson Smith como Ana de Cleves en "Six wives with Lucy Worsley", guiño a nuestra Clara (happy)


Por supuesto, aunque todo el mundo estuviese al tanto del affaire Catherine Howard, nadie supuso que aquella era la última ocasión en que Ana de Cleves ocuparía el sitial reservado a la reina de Inglaterra. Ana fue trasladada al palacio de Richmond unas semanas después, el 24 de junio: se le explicó que la llevaban allí para protegerla de un nueva nueva plaga, para evitarle a toda costa cualquier peligro. Ella estaba contenta con ese curso de los acontecimientos: Richmond era, y le constaba, un lugar encantador, un plácido y alegre retiro. Pero el día 25 de junio, inesperadamente, una delegación de caballeros se presentó ante ella para infomarla, con pocos miramientos, de que se había establecido que su matrimonio con Enrique VIII era inválido.

Enrique VIII no había logrado establecer con claridad que se hubiese mantenido en el tiempo, sin la debida anulación, el precontrato que muchos años atrás había vinculado a Ana de Cleves con François de Lorraine. Se habían realizado muchas gestiones en territorio francés, con mayor o menor sutileza, por parte de un emisario especial británico, sir John Wallop, que disponía de acceso y buena relación con el cardenal de Lorena, tío de François de Lorraine. A Enrique VIII le hubiese venido de lujo que se hubiese encontrado cualquier indicio de que Ana seguía atada por un precontrato no disuelto adecuadamente al mozo lorenés, pero las cosas no sucedieron de esa manera. En cualquier caso, a Enrique se le señaló que una anulación de su matrimonio con Ana era perfectamente factible a causa de la "no consumación" del vínculo. A esas altura, en junio de 1540, Ana de Cleves, aunque siguiese siendo virgen, ya no vivía en la completa inopia en materia sexual: ella misma debió percatarse de que la no consumación la convertía en una esposa sólo de nombre. Por eso mismo, el que los delegados se presentasen para informarla directamente de que no se consideraba válido su matrimonio con Enrique tuvo que causarle una profunda impresión. Según los testimonios, Ana de Cleves cayó fulminada por un desvanecimiento.


Arriba
 Perfil  
 
 Asunto: Re: ANA DE CLEVES Y CATHERINE HOWARD
NotaPublicado: 28 Mar 2019 16:08 
Desconectado
Madre Fundadora
Avatar de Usuario

Registrado: 17 Feb 2008 21:47
Mensajes: 17500
Imagen

Ana de Cleves.


Imagen

Joss Stone como Ana de Cleves en Los Tudor.


Definitivamente, Ana de Cleves NO era tonta, y su conducta a partir de ese preciso instante en que la aplastan las sentencias emitidas por los delegados va a demostrarlo a las claras. Su mente funciona con suficiente lucidez, a pesar del golpe que acaba recibir, y demuestra tanto habilidad como reflejos en el manejo de la inesperada situación. Ya es plenamente consciente de que oponerse a la voluntad de Enrique o convertirse en un obstáculo en el camino de Enrique no reporta ninguna ventaja: Catalina de Aragón y Ana Bolena deben estar susurrándole cada una en un oído sus propias desventuras. La mejor baza de Ana de Cleves, una extranjera en Inglaterra que sin embargo le ha cogido gusto a su nuevo país y no desea en absoluto ser retornada a la corte de su hermano con el estigma de haber sido cruelmente desdeñada, reside en mostrarse sumisa y complaciente con la Gracia del Rey. ¿Quien es ella para cuestionar el buen juicio de Enrique, monarca, cabeza de la Iglesia en Inglaterra, etc? Si su matrimonio se declara inválido, no va a ser ella quien lo ponga en duda y, por descontado, está dispuesta no sólo a aceptar con mansedumbre lo que disponga Enrique, sino a comunicarle dicha buena avenencia a su hermano duque de Cleves. Los delegados obtienen de Ana una carta dirigida a Enrique en los mejores términos y, en nueva muestra de que se trata de una mujer inteligente, ella elige no firmarla ya con un "Ana la reina" que hubiese podido herir susceptibilidades, optando por firmarla con un sencillo y amable "Ana hija de Cleves".

Ana ha sido una brillante jugadora, considerando que carecía de cartas de valor en esa partida. Por sí misma, sin asesores expertos, sin consejeros de relieve, ha sabido pulsar la tecla adecuada para evitarse penurias y asegurarse un buen futuro. Porque Enrique, claro, se queda encantado, extasiado, con ese sometimiento absoluto de Ana de Cleves. Ojalá hubiese sido en su día tan "serena y razonable" Catalina de Aragón. Evidentemente, Catalina de Aragón era de otra pasta, había sido su esposa durante montones de años, le había parido varios hijos y había luchado, al final, no solamente por sí misma, sino por la legitimidad de su hija María. Ana de Cleves no tenía hijo ni hija por quien luchar: lo que tenía era un muy saludable instinto de supervivencia y el deseo de salir bien parada de semejante embrollo.

Al casarse con Enrique, había recibido, en dote, un castillo significativo: Baynard. Enrique estaba más que dispuesto a comportarse con extrema generosidad y convertirla en la mujer más rica del país, otorgándole propiedades que le generarían unas rentas fabulosas año a año, aparte de darle el tratamiento de "su buena hermana", con precedencia sobre todas las damas de la corte excepto la propia esposa y las hijas del rey, ya existentes o aún por nacer. Lo único que tenía que hacer Ana era, aparte de aceptar la disolución matrimonial, enviar cartas redactadas al dictado a su hermano de Cleves, para que quedase constancia de que seguía siendo doncella y que ella misma estaba satisfecha con metamorfosearse en buena hermana del rey Enrique. Asimismo, Ana se comprometía a quedarse en Inglaterra, disfrutando de su nuevo apanage de residencias con bonitos parques; no se quería que pudiese irse al continente, a que su mera presencia recordase a todos la rocambolesca historia marital del rey Enrique VIII. Pero esto último, por supuesto, no constituía ningún sacrificio para Ana: de hecho, quedarse en Inglatera era lo que quería y se daba la circunstancia de que se quedaba en una situación extraordinaria, siendo dueña de sí misma y nadando en la abundancia, tratada con honor y respeto en cada visita a la corte, conservando la relación privilegiada con lady María, lady Elizabeth (ya su ojito derecho) y el principito Eduardo. Estaba dispuesta a entregar cuántas cartas le pidiesen para que los embajadores se las llevasen a Wilhelm -y ya se encargarían también esos emisarios en ofrecer vagas excusas a la madre, la duquesa María de Jülich-Berg, si esta se ponía quejicosa con el tema-.

El divorcio de Enrique coincidió en el tiempo con la caída en desgracia de Cromwell, que se ejecutó de manera sumamente gráfica y humillante cuando sus enemigos Norfolk y Southampton le comunicaron que se le despojaba de sus cargos y propiedades arráncandole ellos mismos con sus manos y gesto violento las insignias que llevaba encima. Cromwell se vió en prisión, enfrentado a un juicio sumario y consciente de que acabaría perdiendo la cabeza. Lo que quizás no anticipó Cromwell, pese a todo, fue que el mismo día en que a él le ejecutaban en la Torre de Londres, el 28 de julio, Enrique VIII se casaba, en el palacio de Oatlands, en plena campiña de Surrey, con la jovencísima Catherine Howard, a la que consideraba "su rosa sin espinas".


Arriba
 Perfil  
 
 Asunto: Re: ANA DE CLEVES Y CATHERINE HOWARD
NotaPublicado: 28 Mar 2019 16:54 
Desconectado
Madre Fundadora
Avatar de Usuario

Registrado: 17 Feb 2008 21:47
Mensajes: 17500
Imagen

La actriz Laureen MacQueen en el papel de Catherine Howard.


Imagen

Otras dos imágenes de Laureen MacQueen como Catherine Howard.


Ralph Morice, que era el meticuloso y eficiente secretario de Cranmer, lo resumió a las mil maravillas: "El afecto del rey estaba tan maravillosamente dedicado a esa dama, como nunca se supo que amara así a otra mujer". Por supuesto, en esto influían mucho las circunstancias: Enrique estaba próximo al medio siglo de vida, era un hombretón de rostro permanentemente hinchado y enrojecido, con una figura grotesca de tantos kilos como se había echado encima. Ya no tenía las fuerzas ni el ánimo para andar cortejando damas por la corte, ni pujanza para muchos enredos extraconyugales. Le bastaba con mostrarse completamente embelesado con su "pura y virginal" Catherine, aquella jovencísima "rosa sonrosada sin ninguna espina" que había prometido mostrarse siempre alegre en su presencia y retozona en la cama. El rey no era capaz de quitar las manos de encima de Catherine, ofreciendo una imagen un tanto turbadora de "viejo sátiro" a ojos de muchos cortesanos. Asimismo, todo le parecía poco para verla contenta: los regalos afluían constantemente a manos de Catherine. Por supuesto, los parientes directos de ella se vieron inmediatamente favorecidos con puestos de gran relieve. Eso ya había pasado con las familias de Ana Bolena y de Jane Seymour, claro; ahora simplemente la rueda de la fortuna había vuelto a girar a favor de los Howard. El hermano de Catherine llamado George se convirtió en miembro de la cámara privada del rey y, conjuntamente con su hermano Charles, recibió prebendas como un permiso para importar y lucrarse con la venta de mil toneladas de preciados vinos de la Gascuña, mientras que un cuñado de Catherine, sir Edward Baynton, recibía de regalo la destacada mansión de Semleigh. Cuando el duque de Norfolk le pidió a Catherine que mediase para que Enrique enviase a un tío de ella, William Howard, como embajador a Francia, porque él mismo no lograba el placet de Su Majestad, ella triunfó enseguida en la misión.

Baynard, pocos meses atrás otorgado a Ana de Cleves, pasó a ser de Catalina, pero la de Cleves no lo echó en falta con todo el surtido de residencias y propiedades que se le habían asignado. Catalina era de pronto la señora de una casa que en gran medida heredó de su predecesora: allí estaba lady Margaret Douglas, la sobrina escocesa de Enrique, en un puesto de natural preeminencia, y bajo ella las duquesas viudas de Richmond (Mary Howard, hija de Norfolk) y de Norfolk (Agnes); la tía y a la vez tocaya de Catherine, convertida en condesa de Bridgewater; lady Margaret Howard; las hermanas de la propia Catherine, Margaret, por matrimonio lady Arundel, e Isabella Leigh, lady Baynton por matrimonio; Jane Parker lady Rochford, viuda de Jorge Bolena; Eleanor Paston lady Rutland, esposa del chambelán heredado de Ana de Cleves; lady Edgecombe; lady Catherine Latimer, nacida Parr. Eso en cuanto a damas, pero Catherine Howard, que cada día estrenaba un vestido nuevo con arrogante despreocupación, también tenía camareras en esa casa puesta a todo tren cuyo sostenimiento le íba a salir a Enrique por cuatro mil seiscientas libras (un pico) cada año. Varias de esas camareras eran Margaret Morton, Katherine Tilney y Agnes Restwold. Las tres tenían algo en común: habían crecido con Catherine bajo la tutela de Agnes duquesa de Norfolk. Las tres conocían perfectamente el pasado de Catherine. Y lo peor fue que, al cabo de unos meses, otra compañera de antaño, Joan Bulmer, decidida a obtener también una plaza de camarera que a ella no se le había otorgado, recurrió ni más ni menos que al chantaje para lograrla.

Porque ésa era la ironía del asunto. Enrique VIII, que había dudado de la virginidad de Ana de Cleves cuando sin duda alguna ella era una doncella intacta, había tomado como si fuese completamente doncella a aquella Catherine Howard que la virginidad la había perdido bastante tiempo atrás. De momento, nadie íba a osar turbar el ascenso vertiginoso de Catherine, con aquel lema personal tan propio de una esposa eternamente complaciente con su obeso marido: "Non autre volonté que la sienne", traducible por "Ninguna voluntad excepto la suya". Ese verano de 1540 calurosísimo en Inglaterra, Enrique hizo el esfuerzo de concederle a su alegre Catherine un viaje por Surrey y Berkshire. Fueron agasajados en Reading antes de seguir trayecto al norte, hacia Ewelme, Rycotte, Notley, Bukingham y Grafton. Luego el rey, sin Catherine, bajó hasta Ampthill, dónde contrajo malaria. El brote de malaria, del que se repuso, hizo tomar de nuevo conciencia a Enrique de la fragilidad de su salud. También debió darse cuenta de que su excesiva corpulencia, añadida a otros problemas que arrastraba desde hacía tiempo, no íban a beneficiarle en ese matrimonio apasionado con una casi adolescente, así que, nueva prueba de su amor hacia Catherine, en el otoño-invierno de 1540 se impuso a sí mismo un "régimen de vida saludable" que incluía levantarse entre las 5 y 6 de la madrugada, asistir a misa, salir a cazar hasta las diez de la mañana y ponerse a atender asuntos de estado habiendo reducido mucho la ingesta de alimentos y de vino.

A esas alturas, Marillac, el embajador francés, consideraba a Catherine "deliciosa", en tanto que Chapuys, el emisario imperial, era bastante más crítico. Cierto que Catherine, en teoría, era la marioneta de la facción conservadora y católica que encabezaban Norfolk y Cranmer, pero, por ejemplo, no había logrado entablar una buena relación con su hijastra María, cuatro años mayor que ella misma. Lady María no ocultaba su preferencia por Ana de Cleves -a fín de cuentas, una auténtica princesa real-, y eso llevaba a Catherine a quejarse con relativa frecuencia. Chapuys consideraba a Catherine tan imperiosa como obcecada, lo que significaba que le gustaba demasiado mandar y que no daba fácilmente su brazo a torcer. En realidad, se trataba de una criatura que había llegado mucho más arriba de lo que nunca hubiera podido imaginar y que, en su nueva posición, exhibía tanto desparpajo como falta de una buena cabeza encima de los hombros.


Arriba
 Perfil  
 
 Asunto: Re: ANA DE CLEVES Y CATHERINE HOWARD
NotaPublicado: 29 Mar 2019 14:17 
Desconectado
Madre Fundadora
Avatar de Usuario

Registrado: 17 Feb 2008 21:47
Mensajes: 17500
Ana de Cleves, la "buena hermana" postiza de Enrique VIII, vivía en relativa armonía con el desarrollo de los acontecimientos. Como ya se ha mencionado, aunque le había tocado ceder Baynard para que lo recibiese su sucesora, había recibido un número importante de destacadas propiedades incluyendo -¡otra nota irónica!- el castillo de Hever, hogar de infancia de Ana Bolena. Aunque no sabemos qué opinaba Ana de Cleves acerca de Ana Bolena, desde su llegada a la corte inglesa había mostrado una debilidad por la pequeña pelirroja lady Elizabeth. Me gusta pensar que, ya solo por eso, es muy posible que el espíritu de Ana Bolena se haya mostrado benigno con Ana de Cleves.

En las festividades que conmemoraron la Navidad de 1540 y sobre todo la llegada del Año Nuevo de 1541, Ana de Cleves, la "hermana del rey", por supuesto acudió a la corte y tomó parte, con el mejor semblante y humor, de todos los eventos programados. Es posible que Ana no tuviese en gran estima a la insustancial y divertida Catherine Howard, antaño una de sus muchas damas; a fín de cuentas, se contaban por docenas los que juzgaban que Catherine no tenía nada especial que la hubiese hecho merecedora de desplazar a Ana: el linaje de Ana excedía al de Catherine, la facilidad para interpretar con digna elegancia el papel de reina de Ana excedía al de Catherine y no pocos testigos señalaron que aunque Ana no fuese hermosa, tampoco tenía en su aspecto nada que envidiarle a Catherine. El ascenso de Catherine no se debía a sus prendas, sino única y exclusivamente a un capricho del muy maduro (según el canon de su época) Enrique VIII. Y, por supuesto, detrás de Catherine estaban Norfolk y sus necesarios cooperantes en el manejo de los hilos de aquella historia basada en el puro antojo de un rey que llevaba mal lo de envejecer.

Imagen

Un Enrique muy idealizado en Los Tudor junto a su Catherine Howard interpretada por Tamzin Merchant.

Imagen

Tamzin Merchant como Catherine Howard, celebrando el Año Nuevo 1541.

Imagen

Otra imagen de Tamzin Merchant en el papel de Catherine Howard


Ana de Cleves, que había llegado a "gustar mucho" de su vida un tanto hedonista en Inglaterra y por nada del mundo quería verse forzada a regresar a la aburrida corte ducal teutónica de la que procedía, volvió a demostrar su perspicacia. Ella, que estaba en excelentes términos con su antaño hijastra lady María, probablemente se hallaba al tanto de que Catherine Howard se resentía de que lady María no le mostrase la deferencia que hubiese sido de esperar. Así que Ana de Cleves no estaba por la labor de exacerbar la sensación de "desaire" de Catherine Howard: nada más llegar a la corte, el tercer día de enero, entregó a Enrique y Catherine dos fabulosos caballos con gualdrapas de terciopelo púrpura que que bien podía permitirse gracias a sus nuevas rentas y se arrojó en actitud humilde a los pies de la nueva soberana. Catherine, de unos diecinueve años, no tuvo nada que reprochar en la conducta deferente, amable y alegre de lady Ana de Cleves, a la sazón de veinticinco años. Los cortesanos se maravillaron del notable aplomo de Ana de Cleves en sus conversaciones con Enrique: nadie adivinaría que habían estado casados y habían compartido durante meses el lecho.

Imagen

Joss Stone como Ana de Cleves en las fiestas de Navidad, en Los Tudor.


Pero el momento cumbre se produjo cuando un rey Enrique consumido por el cansancio y la gota tuvo que retirarse a sus aposentos mientras Catherine Howard y Ana de Cleves danzaban juntas, en la mayor armonía.

Imagen

El baile de las dos reinas. Los Tudor.


Concederéis que esto tuvo que ser...en términos un tanto vulgares, para mear y no echar gota. Al día siguiente, Ana comió en la mesa principal junto a Enrique y Catherine. Enrique ofreció a Catherine un muy rico anillo y dos perritos falderos, observando con gesto benevolente y aprobador cómo su esposa se los regalaba a su vez a Ana de Cleves. Esa secuencia de escenas, en sí mismas, hubiesen sido impensables en su momento entre Catalina de Aragón y Ana Bolena. Revelaban, también, hasta qué punto había adquirido un cariz vodevilesco la historia matrimonial de Enrique VIII.

En ese punto concreto, el último escándalo de la corte no había sido el divorcio de Enrique de la "hija de Cleves" ni su posterior matrimonio en pleno coup de foudre con Catherine Howard, sino el revuelo generado al descubrirse, poco después, la aventura amorosa secreta de uno de los enaltecidos hermanos de Catherine Howard, Charles Howard, con la sobrina escocesa del rey, Margaret Douglas. Margaret Douglas, de sangre real, de linaje Tudor por su madre, quizá había observado con cierta petulancia en ocasiones a la joven "Kitty" Howard, pero no había vacilado en dejarse arrastrar a un romance clandestino con Charles Howard. Cuando el asunto salió a la luz, Enrique VIII montó en cólera. Margaret había sido enviada a reflexionar sobre su "conducta impropia" a Syon, en tanto que Charles Howard permanecía en la Torre.

Pero todo esto no había robado la alegría de vivir a Catherine, ni, por lo visto, le había servido de lección definitiva acerca de lo peligroso que era dejarse llevar por los impulsos amorosos o sensuales en aquella corte dónde todos espiaban a los demás. Solamente así se explica que en algún momento, en los meses siguientes, la retozona Catherine se embarcase en un peligroso coqueteo con Thomas Culpeper...


Arriba
 Perfil  
 
 Asunto: Re: ANA DE CLEVES Y CATHERINE HOWARD
NotaPublicado: 29 Mar 2019 14:48 
Desconectado
Madre Fundadora
Avatar de Usuario

Registrado: 17 Feb 2008 21:47
Mensajes: 17500
Imagen

[celda]Tamzin Merchant como Catherine Howard, en Los Tudor.[/celda]
Imagen

La actriz Lynne Frederick como Catherine Howard, en Enrique VIII y sus seis esposas, de 1972.


Aunque Hampton Court en el mes de febrero, pasados los festejos navideños, se convirtió en escenario de lo que parecía una interminable sucesión de bailes de máscaras, el rey Enrique VIII no pudo participar en ellos. A pesar de su "nuevo régimen de vida", su salud le había jugado una muy mala pasada: su úlcera en una pierna volvía a infectarse, produciéndole una fiebre elevada y grandes dolores; el rostro llegó a ennegrecerse de forma que causaba pavor mirarle a la cara. Los atribulados doctores temieron que se acercase su fín. Los cirujanos tuvieron que recurrir a unos drenajes que empeoraban los dolores del enfermo, lo cual, para no variar, hizo que se elevase a la enésima potencial el mal humor de Enrique. Durante más de diez días, para completar el cuadro, a la reina se le prohibió tener acceso al rey Enrique. Aunque hubo chismes en el sentido de que tal vez el soberano se estaba cansando de aquella chiquilla antojadiza y volátil, lo cierto es que la vanidad de Enrique, uno de sus rasgos de carácter notables, no le permitía consentir que su esposa en el apogeo de la juventud le viese en semejante estado. Hacia el 19 de marzo, había pasado la crisis: Enrique vió mejorar su salud y con este motivo mejoró, sustancialmente, su ánimo. Dejando atrás la depresión que le había provocado ese virulento acceso de su úlcera, se fue a Rochester a supervisar, y criticar, las obras de acondicionamiento de un priorato que había pasado a su propiedad. Luego visitó "sus nuevas casas" de Otford y Knole, antes de acercarse a Penshurst. Cuando retornó a la corte estaba de buen humor y mejor aún ante una sospecha que se produjo, aquel mes de abril, respecto a un "posible embarazo" de la reina Catherine.

Imagen

Lynne Frederick y Keith Mitchell como Catherine Howard y Enrique VIII, 1972.


Puede que se tratase de un simple retraso en la menstruación, o que realmente hubiese una concepción que se frustró casi de inmediato. Aunque a principios de abril circulaban rumores acerca de que el rey no sólo viajaría con su reina al Norte, sino que incluso se plantaba la opción de hacerla coronar en York Minster porque nada habría más apropiado en una esposa que fuese a convertirle en padre de un duque de York, esto último quedó "en agua de borrajas". Pero en cambio, lo que parece evidente, siglos después, es que en esa primavera, la reina Catherine Howard, que vivía en un torbellino de placeres sin fin, se había permitido a sí misma caer de lleno en las redes de una pasión adúltera con Thomas Culpeper.

Imagen

Thomas Coombs en el papel de Thomas Culpeper, en Los Tudor.


Imagen

Thomas Culpeper (Thomas Coombs) y Catherine Howard (Tamzin Merchant) en Los Tudor.


Y es aquí dónde a mí me surgen tantas, pero tantas, dificultades para entender a Catherine y a Thomas, que ya me gustaría a mí originar un saludable debate sobre el tema :-p :-p :-p


Arriba
 Perfil  
 
 Asunto: Re: ANA DE CLEVES Y CATHERINE HOWARD
NotaPublicado: 29 Mar 2019 15:52 
Desconectado
Madre Fundadora
Avatar de Usuario

Registrado: 17 Feb 2008 21:47
Mensajes: 17500
Thomas Culpeper, segundo de los tres hijos de Alexander Culpeper, un caballero con propiedades en Bedgebury, localidad situada al sur de Maidstone, en Kent, y de la segunda esposa de éste, Constance Harper, venía siendo un primo lejano de Jocasta "Joyce" Culpeper, la madre de nuestra Catherine Howard. La relación entre Thomas y Catherine, no obstante, había sido intermitente. Posiblemente se habían conocido en casa del duque de Norfolk, tío de Catherine, y se habían reencontrado en la corte tras la llegada de ella. Es altamente probable que Catherine experimentase cierta atracción hacia Master Culpeper desde un inicio: él era ese tipo de mozo en constante alarde de su apostura varonil, arrogante y petulante, que atraía los suspiros de muchas mujeres en aquel círculo palaciego. Sin embargo, parece claro que Thomas no accedió a cierta peligrosa proximidad respecto a Catherine hasta el mes de marzo de 1541. Había sido durante los viajes de un Enrique recién recuperado, mientras ella permanecía en Greenwich. Casi de inmediato, Catherine contó con el inestimable respaldo y cobertura que le ofrecía su dama lady Jane, vizcondesa Rochford, nacida Parker, viuda de Jorge Bolena. Ése es uno de los elementos más ominosos de todo el cuadro que estamos pintando, por supuesto. Durante los cada vez más frecuentes encuentros de Culpeper y Catherine, solamente Jane Rochford y la joven Katherine Tilney parecen haber actuado (voluntariamente en el caso de Jane, tal vez involuntariamente en el caso de Katherime) como tapaderas de la reina Howard.

Culpeper no era ningún recién llegado a la corte. En 1534, había adquirido para sí la propiedad denominada Higham Park, en la localidad de Bridge, muy cerca de la emblemática ciudad de Canterbury; poco después, había entrado al servicio de sir Arthur Plantagenet, lord Lisle, gobernador de Calais, y la esposa de éste, Honor. Pero Thomas tenía una arrogancia natural que le hacía destacar...y mucho. Enseguida atrajo la atención del rey Enrique VIII y es sintomático que, en 1538, la que antaño había sido su señora, Honor lady Lisle, le regalase un valiosísimo halcón para cerciorarse de que su anterior cortesano se expresaba en los mejores términos acerca de ellos ante Su Majestad. El rey no se había cansado de regalar valiosas propiedades a Thomas en esos años, una señal evidente de que gozaba de la mayor privanza y del mayor favor. Se le habían tolerado algunos episodios un tanto turbios y escabrosos, siendo uno de ellos la ya mencionada violación de la mujer de un guardabosques. Pero Culpeper, con su experiencia en la corte, tenía que saber que una cosa era violar a la mujer de un guardabosques y otra cosa era enredarse en una aventura con la mujer del rey. Máxime en un caso como aquel, en el que la mujer del rey, una frívola jovencita, tenía al rey tan pero tan enganchado que a nadie que se le pasaba por alto que Enrique no conseguía privarse de ella más que por cortos lapsos de tiempo.

Adicionalmente, emerge la figura de lady Rochford. ¿Acaso su papel en la caída y destrucción de su propio marido, Jorge, y de su cuñada, Ana Bolena, había sido, en realidad, algo inducido por fuertes coacciones, algo impuesto de forma que había violentado su conciencia y le había generado un furioso resquemor? ¿Llevaba años alentando el deseo de tomarse una revancha, de cobrarse con creces lo acontecido? Si la posición de Jane Parker en la desgracia de Ana Bolena suscita debate, no menos debate suscita su participación en la desgracia de la prima Catherine Howard. ¿No se daba cuenta de que a qué se estaban exponiendo ambas, la reina y ella misma?,

Cabe la posibilidad de que los tres se autoengañasen partiendo de la premisa de que Enrique estaba literalmente en las últimas, claro. La aún reciente enfermedad de Enrique había estado a punto de llevárselo al otro mundo y podían creer que en cualquier momento se produciría otro brote ulceroso con consecuencias fatales para el rey. El principito Eduardo, el único heredero varón, tenía solamente tres años de edad y, en caso de una repentina muerte de Enrique, Catherine, en su posición de reina viuda, podía aducir tantos derechos a una regencia, en teoría, como el tío materno del niño, el pretencioso lord Edward Seymour. Quizá Culpeper jugaba con esa carta en su baraja: su intimidad con una eventual regente pondría, de hecho, el reino en sus manos. Pero todo esto era apostar arriesgando mucho más de lo que cualquiera con dos dedos de frente consideraría prudente.

A la postre, la relación con Culpeper estaba al rojo vivo cuando Catherine emprendió un viaje al Norte largamente planificado por Enrique VIII junto a su mayestático y orondo esposo. El 30 de junio se inició aquella expedición que tendría varias escalas destacadas en Grafton Regis, Lincoln y Pontefract antes de proseguir hasta York, dónde se esperaba que Enrique pudiese celebrar un encuentro y conferenciar con su sobrino el rey James V de Escocia (medio hermano mayor de lady Margaret Douglas, la prisionera en Syon). El rey escocés James V carecía de heredero varón directo: su esposa francesa María de Guise, que antaño Enrique VIII le había disputado, le había dado dos hijos varones que habían muerto en edad temprana. No debía fiarse mucho -o quizá directamente no se fiaba nada-, del tío Enrique VIII, porque James V acogió con evasivas las invitaciones a un encuentro en York.

Perdida toda esperanza de que James acudiese a York, un frustrado Enrique, con su alegre Catherine, emprendió la vuelta al sur. Hacia octubre ya estaban en The More, y el rey seguía tan engatusado con Catherine que obsequió a su esposa con un broche de oro cuajado de treinta y cinco diamantes y dieciocho rubíes. Luego siguieron su periplo hasta Hampton Court, lugar en el que, de repente, súbitamente, se íba a congelar para siempre la hedonista existencia de Catherine Howard.


Arriba
 Perfil  
 


Mostrar mensajes previos:  Ordenar por  
Nuevo tema Responder al tema  [ 45 mensajes ]  Ir a página Anterior  1, 2, 3, 4  Siguiente


¿Quién está conectado?

Usuarios navegando por este Foro: No hay usuarios registrados visitando el Foro y 0 invitados


No puede abrir nuevos temas en este Foro
No puede responder a temas en este Foro
No puede editar sus mensajes en este Foro
No puede borrar sus mensajes en este Foro
No puede enviar adjuntos en este Foro

Buscar:
Saltar a:  



Style by phpBB3 styles, zdrowie zdrowie alveo
Powered by phpBB © 2000, 2002, 2005, 2007 phpBB Group
Base de datos de MODs
Traducción al español por Huan Manwë para phpbb-es.com
phpBB SEO
Crear Foro | Subir Foto | Condiciones de Uso | Política de privacidad | Denuncie el foro