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 Asunto: Re: ANA BOLENA
NotaPublicado: 22 Nov 2018 18:35 
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Natalie Portman como Ana Bolena en "The Other Boleyn Girl".


Las comisiones "Oyer and terminer" trabajaron con enorme discreción...y celeridad apabullante así como aplastante. Recordemos: Audley decretó su creación el 24 de abril y para el día 10 de mayo, el gran jurado de Middlesex, reunido, decidió que existía suficiente evidencia para procesar a Ana Bolena (¡la reina!), Jorge Bolena, el músico flamenco de corte Mark Smeaton, sir Henry Norris (ennoviado con Madge Shelton, la prima de Ana que quizá había sido por un tiempo amante de Enrique), sir Francis Weston y William Brereton. Se les acusaba de graves delitos contra la majestad del rey, que habrían tenido lugar en los palacios de Hampton Court y Whitehall, ambos ubicados dentro del área jurisdiccional de Middlesex. Al día siguiente, el 11 de mayo, el gran jurado de Kent se pronunció en idénticos términos. En los que a ellos concernían, los hechos abominables que consideraban debían llevar a un proceso se habían producido en los palacios de Eltham y Greenwich, que estaban en Kent, claro.

Todo esto fue posterior a una serie de detenciones, o lo que podríamos llamar detenciones en cadena, que se habían iniciado el después de que el 30 de abril Cromwell, en apariencia muy atribulado, hubiese presentado al rey "pruebas irrefutables" (de carácter testifical) de que Ana Bolena había seducido a Mark Smeaton y había holgado con él asi como con otros cortesanos, empezando por su propio hermano Jorge vizconde Rochford y siguiendo con los mencionados Norris, Weston y Brereton. Es altamente creíble que Cromwell se presentase ante Enrique casi descompuesto o al borde del colapso: la suya era una jugada tan osada, tan brutal, que o triunfaba o se íba directo al cadalso. Esa misma noche Smeaton fue detenido y el 1 de mayo se le condujo a la Torre, dónde, sometido a crueles torturas, confesó todo lo que se quiso que confesara respecto a diversos encuentros sexuales con la reina Ana.

Ana había asistido a unas peleas de perros en el parque de Greenwich el fatídico 30 de abril y, de acuerdo a la tradición, esa tarde, casi al anochecer, había abordado a Enrique, llevando en sus brazos a la pequeña Elizabeth, en el mismo lugar, entre setos primorosamente recortados: la escena desprende gran tensión emocional pues se supone que ella suplicaba con la niña en su pecho mientras Enrique, visiblemente alterado, se zafaba sin contemplaciones. (Inciso: en la serie "Los Tudor" la escena es cuidadosamente reproducida y, con franqueza, es dura de ver sabiendo lo que estaba a punto a suceder en la vida de Ana). Pero el 1 de mayo había justas palaciegas, unas justas que se repetían año a año, y Ana debía estar presente en ellas; cortesanos como Norris, Weston y Brereton, aparte de lord Rochford, claro, participaban. Ya iniciadas las justas, Ana vió, atónita, que el rey se levantaba de su lado y se íba con un reducido séquito que incluía a Norris. Salían hacia York Place, después de que Enrique hubiese recibido un mensaje de Cromwell con detalles de la confesión del torturado Smeaton. En el trayecto, por cierto, Enrique perdió el dominio y acusó con saña a Norris de haber sido amante de la reina:. una puede suponer fácilmente la consternación, la alarma y el pánico que debieron embargar al cortesano, que, pese a sus vehementes protestas de inocencia, fue inmediatamente detenido y llevado a la Torre.

Ana misma, al igual que Jorge, serían arrestados el 2 de mayo.


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 Asunto: Re: ANA BOLENA
NotaPublicado: 22 Nov 2018 19:53 
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Habéis notado el "salto narrativo"...¿verdad? Ha sido intencionado, muy intencionado. Porque en historias como la que nos ocupa, sabemos lo que pasa al final, no hay forma de mantener el suspense en torno al destino de nuestra protagonista Ana. Pero lo que interesa es profundizar en cómo se había llegado a ese punto crucial en el que toda una reina fue detenida para ser transportada en falúa por el Támesis hasta la Torre de Londres.

Y volvemos al inicio.

A lady Worcester.

Elizabeth Browne había nacido hacia 1502 en Bechworth, Surrey, siendo una de los vástagos de sir Anthony Browne, un cortesano que quizá alcanzó su apogeo al ser designado condestable del castillo fortaleza de Calais en 1503, y la segunda esposa de éste, Lucy Neville. Una de las hermanas de nuestra Elizabeth Browne había sido Anne Browne, la esposa muy controvertida del Charles Brandon duque de Suffolk, con la que tuvo las dos hijas legitimadas por bula papal muchos años después del casamiento que se había anulado en su momento. La propia Elizabeth, llegado el momento, se convirtió en segunda esposa de Enrique Somerset, segundo conde de Worcester, viudo de lady Margaret Courtenay, cuya madre, Catherine de York, había sido hermana de Bessie de York, la reina consorte de Enrique VII y madre de Enrique VIII. Elizabeth Somerset, lady Worcester, se colocó perfectamente en la corte entablando amistad con Ana Bolena. La reina la tuvo entre sus predilectas: en la coronación de Ana, avanzaron a su lado la condesa de Oxford a la derecha y lady Worcester a la izquierda.

Un punto sugestivo de que la amistad de Ana hacia lady Worcester era firme radica en una carta que deja entrever que, hallándose en apuros, esta última había pedido dinero prestado a la soberana, que se lo había facilitado (y se quedaría con las ganas de recobrarlo). En alguna ocasión se ha jugado con la hipótesis de que la bonita cantidad de dinero que Ana suministró a Elizabeth constituyese más un pago que un préstamo, lo cual respondería a un previo chantaje, más o menos sutil, de la dama a su señora. Pero resulta un tanto osado atribuirle a Elizabeth el rol de chantajista sin una evidencia fuerte en ese sentido.

Por lo visto, Elizabeth no era una esposa devota y con una castidad a prueba de rumores maliciosos. Pensándolo bien, la corte Tudor debía constituír un lugar propicio para flirteos más o menos descarados y enredos sentimentales, o simplemente sexuales, porque el hecho mismo de que el zorruno Cromwell eligiese esa materia como base para un entramado de acusaciones demoledoras para la pobre Ana prueba que existía un ambiente general que podía dotar a semejante historia de ciertos visos de verosimilitud. Elizabeth debía comportarse con coquetería y quizá más ligereza de la deseable en una mujer casada, porque un hermano de ella homónimo del padre de ambos, Anthony Browne, le afeó su conducta empleando términos contundentes. Quizá por sacarse de encima a un hermano que la reprendía de semejante modo, Elizabeth (a la sazón, por cierto, embarazada), se limitó a contestar que ella no creía merecer tanto reproche siguiendo como seguía las pautas de comportamiento de la mismísima reina Ana. Anthony Browne, aparentemente en shock, relató esa conversación a Cromwell, suministrándole a éste exactamente el punto de partida que necesitaba para montar su historia. Por desgracia, no conocemos el contenido de la posterior entrevista entre Elizabeth y Cromwell; al no saber lo que ella dijo, no sabemos tampoco si incriminó a Ana o si se limitó a salir del brete con palabras que fueron interpretadas por Cromwell del modo en que este quisiese. De cualquier modo, ni siquiera hace falta mucha sensibilidad o una imaginación desatada para representarnos mentalmente el acceso de pánico que debió experimentar lady Worcester al interrogarla Cromwell.

Que lady Worcester constituye el origen lo sabemos gracias a un despacho de Arthur Plantagenet, vizconde Lisley, gobernador de Calais, un pariente de estirpe real que se hallaba por entonces en la corte. Pero el testimonio de Elizabeth Worcester se combinó con otros testimonios, empezando por el de una tal Nan Cobham que sigue trayendo de cabeza a los historiadores. Nadie ha logrado aún establecer qué dama de la corte fue Nan Cobham, aunque algunos parecen inclinarse por Anne Bray (Nan es un diminutivo común para el nombre Anne), baronesa Cobham. Otra opción que se baraja es una tal "señora Cobham" que figura en la lista de personas que recibieron los obsequios de Año Nuevo del rey Enrique en 1534, menos de dos años antes: se ha especulado con que coincida con una tal viuda Anne (Nan?) Cobham que recibió años después, en 1540, la tenencia de una mansión denominada Warminghurst.

Ahí estamos, en el pantanoso terreno de las especulaciones identitatarias. Pero se supone que de la mezcla de los testimonios de Elizabeth lady Worcester, Nab Cobham y posiblemente Margery Horsman. Pero también le llegó a Cromwell (¡¡providencialmente!!) un testimonio de Bridget Wiltshire, lady Wingfield. Bridget lady Wingfield había fallecido en 1534 y, presuntamente, había realizado en su lecho de muerte, para aligerar su conciencia antes de abandonar este mundo, una confesión que dejaba enfangadísima a la reina Ana Bolena. Posteriormente, lo más sensacional fue el testimonio de Jane Parker, lady Rochford, quien, en teoría, acusó sin ambages a su marido Jorge de haber sido amante de la reina Ana.

Con esos retales, Cromwell elaboró un relato "incuestionable" que atribuía nada menos que 21 actos abominables a la reina Ana. 21 actos establecidos a través de una lista que se iniciaban nada menos que en octubre de 1533, entre el 6 y el 12 de octubre, en Westminter, con Henry Norris y continuaban en noviembre de 1533, entre el 16 y el 27, con Brereton, en Greenwich. A partir de ahí la lista seguía en progresión, alternando los nombres de Norris, Brereton, Weston y Mark Smeaton, hasta alcanzar un punto álgido con la inclusión de Jorge Bolena en diciembre de 1535. Supuestamente, Ana y Jorge no solamente habían estado cometiendo incesto en esas fechas, sino que habían esperado incluso endosar un hijo de ambos para la sucesión de un rey cuya muerte habían deseado: ese hijo podría haber sido quizá el bebé que Ana había abortado a las quince semanas de gestación, en 1536.

Podría copiar la lista entera, pero es que me inspira cierta repugnancia. Creo -honestamente- que incluso las personas que sientan rechazo visceral hacia la figura histórica de Ana Bolena por el papel que jugó en la vida de Catalina de Aragón deben sentir repugnancia ante el relato urdido por Cromwell...


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 Asunto: Re: ANA BOLENA
NotaPublicado: 22 Nov 2018 20:47 
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Claire Foy interpretando a una Ana en su apogeo, elegante y glamurosa, en Wolf Hall.


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Ana cautiva en la Torre, cuadro.


Casi dos horas.
Ése fue el tiempo que necesitó la falúa en cubrir la distancia entre el palacio de Greenwich y el portal Barbican de la Torre de Londres. Casi dos horas. Dos horas en las que Ana, absolutamente conmocionada y luchando denodadamente por mantener el tipo, vivió el traslado de la libertad a la cautividad después de haber sido llevada, anteriormente, a presencia de unos comisionados presididos por su propio tío el duque de Norfolk, que le informó, en tono seco, de las acusaciones que se le hacían. Adulterio, incesto. Palabras que debían girar en su mente constantemente, como una noria infernal. Adulterio, incesto.

Ana había sufrido un aborto a finales de enero. Recordad a Chapuys: ella había abortado a su Salvador, un bebé de sexo masculino cuyo nacimiento a término le hubiese asegurado a la madre una posición prácticamente inexpugnable. No cabe duda de que aquel acontecimiento había afectado duramente a Ana en el plano psicológico, a la vez que la había dejado físicamente debilitada. Su aspecto probablemente hubiese perdido mucho: ya no era la joven damisela fresca y alegre de antaño, algunos testigos incluso la describieron como una vieja flaca. Esta última descripción probablemente constituya una visión demasiado negativa de Ana, pero, desde luego, debía haber acusado los efectos negativos de su historial obstétrico y de vivir en permanente tensión durante semanas.

Como puntualiza, con su habitual perspicacia, lady Fraser...no es extraño que Ana llegase a la Torre casi al límite de su resistencia o, por decirlo de otra manera, al borde de un colapso nervioso. La última vez que la habían llevado a la Torre había sido con motivo de su coronación, que, en retrospectiva, había sido el momento cumbre de su existencia. El contraste entre aquello y su actual situación, llegando en una falua como reina arrestada bajo semejantes cargos de adulterio e incesto, era tremendo. Hubiese hecho falta una sangre fría excepcional para no venirse abajo.

Sir William Kingston, el guardián de la Torre, era un hombre amable. Se veía abocado a recibir a la mismísima reina cautiva, evidentemente muy nerviosa y a punto de perder el control. Intentó manejar la situación con templanza y diplomacia, dos grandes virtudes; en voz suave informó a la reina de que no sería alojada en ningún calabozo, sino en los aposentos que su alta condición merecía. A Ana se le saltaron las lágrimas ante esa muestra de bondad, que no merecía. Pero después suplicó a los lores presentes que no la abandonasen a su sino ya que era inocente, completamente inocente. Alternaba lágrimas y risas histéricas, lo que deja entrever que su equilibrio mental, en esa jornada, había saltado por los aires...¡¡y quien podría echárselo en cara!!.

Enrique VIII, esa noche, "lavó su conciencia" con una lacrimógena escena con su hijo enfermo, el duque de Richmond, a quien aseguró, conmovido, que él y su hermana María habían tenido la enorme suerte de que Dios hubiese preservado sus vidas de las aviesas intenciones de una "puta envenenadora". Ana, desde luego, nunca hubiese ganado el premio a la madrastra del año, ni respecto a Richmond ni mucho menos respecto a la pobre María Tudor. Pero nunca había llegado a traspasar los límites de los comentarios desabridos o amenazadores y las actitudes arrogantes. De todas maneras, esa escena con Richmond permitía aventurar lo que sucedería en un futuro inmediato: Enrique se consideraría liberado, providencialmente, de una presencia oscura y perniciosa; esa libertad estaba en condiciones de usarla en avanzar su cortejo hacia una mujer absolutamente distinta de la que languidecía en la Torre, Jane Seymour.


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 Asunto: Re: ANA BOLENA
NotaPublicado: 22 Nov 2018 21:21 
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Claire Foy da vida a una Ana Bolena llegando al cadalso, en Wolf Hall.


Ana Bolena sería ejecutada el 19 de mayo de 1536.

¿Os hacéis una idea? Del 1 de mayo al 19 de mayo, esperó en la Torre, en una atmósfera emocionalmente densa y opresiva, su prematuro final. Claro que quizá confiaba en salvar la vida, al menos hasta el 17 de mayo, fecha de la ejecución de su hermano Jorge.

El 14, el obispo Crarmmer había declarado nulo su matrimonio con Enrique, lo que la privaba de su título de reina y abocaba a su pequeña hija a la bastardía. El 15, un tribunal de 27 pares congregado en la Torre les había juzgado culpables a ella y a Jorge. Hasta entonces, quizá Ana pudo esperar que, habiendo destruído por completo su posición y habiendo dejado expedito el camino al matrimonio para Enrique y la joven Seymour, se la enviase a languidecer durante años en lejanos castillos. Pero precisamente el voluntarioso tesón con el que Catalina de Aragón había defendido que seguía siendo reina ungida y coronada incluso desde remotas fortalezas era lo que vedaba ahora esa solución en lo que concernía a Ana Bolena. Tenía que desaparecer por completo, lo cual significaba que tenía que morir. Cínicamente, se había montado un proceso cuya finalidad era precisamente mandarla al cadalso a ella; por el camino, habían arrastrado a Rochford, un hombre no excesivamente popular fuera del ámbito de la propia facción Bolena. Los demás habían sido víctimas colaterales, o, quizá mejor expresado, víctimas necesarias para justificar la muerte de Ana. Aparte del triste sino de cortesanos como Norris, Brereton y Weston, merece especial compasión Mark Smeaton, un joven y guapo músico cuyo único pecado había sido, posiblemente, ser demasiado galante con la reina.

Ahí radicaba el quid de la cuestión: quizá Ana, a menudo, había sido coqueta y había usado su notable ingenio para un juego de galanteos cruzados muy habituales en entornos cortesanos. Juego de galanteos: la expresión lo dice todo. Una forma de entretenerse, que no pasaba de ahí, igual que siglos antes las damas habían encontrado diversión en las Cortes de Amor. Ana nunca había sido, ni de joven, alocada y promiscua: su historia es la de una joven que volvió de Francia sin haber sido alcanzada por la maledicencia y que una vez en la corte británica había manejado con cuidado su propia persona, permitiéndose tal vez sólo ciertas liberalidades con un joven, Henry Percy, de quien esperaba obtener un matrimonio que hubiese hecho de ella la notable condesa de Northumberland. Eso no era de muchacha atolondrada, sino más bien de muchacha avispada e incluso, quizá, calculadora. Había atraído luego el interés del rey...y había sabido mantenerlo durante años, un desafío constante sabiendo dosificar lo que concedía y lo que retenía. Ese tipo de conducta también sugiere una mujer con mucha cabeza.

Es difícil suponer que, ya unida a Enrique, decidiese arriesgar todo lo conseguido en una absurda carrera de adulterios con diferentes hombres de su entorno. Ana había estado sometida a permanente escrutinio, a vigilancia intensiva, durante años, por parte de informantes de grandes adversarios como Chapuys. Ya tenía su guasa que ninguno de ellos hubiese logrado llevarle a sus señores ninguna información que apuntase a una vida demasiado alegre y licenciosa de la reina Ana. Se la había considerado "la puta del rey" o "la concubina del rey", pero no una puta en general. Y de repente se sugería que había sido infiel desde el principio, incluso durante el puerperio de su hija Isabel o durante una de sus gestaciones, momentos en los que no tenía ningún sentido suponerla buscando encuentros sexuales clandestinos con cortesanos.

Mención aparte, por supuesto, merece el asunto Jorge Bolena.


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 Asunto: Re: ANA BOLENA
NotaPublicado: 22 Nov 2018 21:37 
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Qué odiosa corte y qué odioso rey. Pobre muchacha donde se metió.

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Si encontráis algún hilo con imágenes alojadas en TinyPic, por favor, avisad. A final de año desaparecerán.


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 Asunto: Re: ANA BOLENA
NotaPublicado: 23 Nov 2018 14:12 
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A Thomas Cromwell no le sirvió de mucho tanta intriga, pues en 1540 fue acusado de traición y herejía, y terminó en el cadalso. Para mayor desgracia, su verdugo no era muy experimentado y le tuvo que dar varios tajos para matarle.

Este Cromwell fue uno de los antepasados de Oliver Cromwell, Lord Protector de Inglaterra, Escocia, e Irlanda en el siglo XVII.


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 Asunto: Re: ANA BOLENA
NotaPublicado: 23 Nov 2018 18:32 
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Clara escribió:
Qué odiosa corte y qué odioso rey. Pobre muchacha donde se metió.


Mnnnn...
En cuanto a lo primero, imagino que eso aplica, en realidad, a cualquier corte, en cualquier momento histórico. Eran centros de poder, lugares dónde se disputaban títulos y privilegios así como patrimonios suculentos. Siembre había camarillas rivales, partidos enfrentados entre ellos, agentes extranjeros tratando de hacer bueno eso tan típico de a río revuelto ganancia de pescadores, etc etc. Y, por otro lado, los cortesanos formaban un elenco en realidad bastante limitado, siempre las mismas familias, con escasas variaciones, tratando de ganar influencia y de prevalecer; así que se formaba un entramado de alianzas interesadas, de conveniencias mudables, de enemistades puramente circunstanciales (nada personal, sólo me estorbas) y odios agazapados. Siendo la naturaleza humana la que es...lo de siempre, en realidad.

En cuanto al rey...yo es que tengo una tolerancia cero con Enrique VIII. No aguanto esa facilidad que tenía para absolverse a sí mismo de cualquier acción u omisión reprochables; siempre estaba la falta en ellas, en las mujeres, por lo que se sentía víctima y plenamente legitimado para autocompadecerse antes de seguir adelante con su vida, mientras que las pobres pagaban el pato, de un modo un otro. Incluyo a sus hijas en el lote de mujeres maltratadas por Enrique, porque vaya tela las pobres María y Elizabeth.


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 Asunto: Re: ANA BOLENA
NotaPublicado: 23 Nov 2018 18:35 
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NicholasR. escribió:
A Thomas Cromwell no le sirvió de mucho tanta intriga, pues en 1540 fue acusado de traición y herejía, y terminó en el cadalso. Para mayor desgracia, su verdugo no era muy experimentado y le tuvo que dar varios tajos para matarle.

Este Cromwell fue uno de los antepasados de Oliver Cromwell, Lord Protector de Inglaterra, Escocia, e Irlanda en el siglo XVII.


Pues sí, Nicholas, pero eso lo sabemos nosotros, con la ventaja incomparable de la visión retrospectiva de toda esa época. En mayo de 1536, Ana y los demás arrestados fueron los indudables perdedores, mientras que Cromwell salía reforzado de toda aquella crisis. Además, no hubo compasión de ninguna clase con los perdedores, todos perdieron la vida antes de lo que les hubiese tocado y en el caso concreto de Mark Smeaton...se me abren las carnes al pensar en su suplicio.


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 Asunto: Re: ANA BOLENA
NotaPublicado: 23 Nov 2018 19:07 
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Jonathan Rhys-Meyers como Enrique VIII y Natalie Dormer como Ana Bolena en la época de su romance, en Los Tudor.


Desde que se había hecho notoria como "Dama del Rey", Ana Bolena, en una etapa ulterior marqués de Pembroke y más tarde reina de Inglaterra, había sido objeto de fervoroso rechazo y hasta odio por parte de la gente común. El pueblo inglés se había adherido, de manera ostensible, a la "pobre buena reina Catalina", que nunca había merecido que su marido ya maduro la echase de su lado y la privase de la hija de ambos para beneficio de "esa Nan Bullen, la puta de ojos saltones". Hubo que promulgar leyes que castigaban con absoluta severidad el expresarse en términos irrespetuosos acerca de la reina Ana Bolena, y eso ya es de por sí significativo sobre el grado de repulsa social que se manifestaba asiduamente hacia ella. Había quienes la tenían por puta, otros por puta y bruja, su reputación no podía ser en general peor de lo que era, así que la única manera de intentar protegerla consistía en perseguir, juzgar y condenar rápidamente a cualquiera que osase manifestarse en tales términos.

Y sin embargo...los londinenses se quedaron en shock en aquellos primeros días de mayo de 1536. Pronto brotó cierta corriente de simpatía hacia aquella reina que estaba encerrada en la Torre mientras su aún marido cortejaba a la muchacha Seymour. Ana, en realidad, era digna de lástima, porque en su caída estaba infinitamente menos respaldada y por tanto infinitamente más expuesta de lo que lo había estado, en su día, Catalina de Aragón.

Al fin y al cabo...Catalina de Aragón había llegado al país con su rutilante condición de princesa española, de linaje de reyes. Representaba una estirpe, unas conexiones dinásticas, unas alianzas. Tenía detrás de sí un partido fuerte, muy fuerte, que en sus años de sufrimiento siguió reivindicándola (aunque fuese de palabra) alto y claro.

Ana no. Ana era solamente, cuando se acababa la partida, "esa Nan Bullen" de la que se decía que tenía seis dedos e incluso en historias mucho más desaforadas tres pechos. Ana no congregaba alrededor de su persona gente poderosa dispuesta a reivindicarla. Su hermano Jorge, su mejor apoyo, estaba también prisionero. A su padre, Thomas Bolena conde de Wiltshire, se le había dispensado de la penosa tarea de formar parte del tribunal de pares que íba a juzgar a Ana y a Jorge; pero no consta ningún registro en el que aquel cortesano tratase de realizar ni un mínimo movimiento en defensa de sus hijos, sino que, a todas luces, optó por mantener un perfil bajo, bajísimo. El duque de Norfolk, tío de Ana, sí estaba dispuesto a participar en el tribunal: nunca había apreciado a su lenguaraz y temeraria sobrina y ahora su mayor interés y conveniencia radicaba en marcar distancias con respecto a ella. Sería interesante saber qué hacía, no hacía, decía o callaba Elizabeth Howard Bolena, hermana de Norfolk y esposa de Wiltshire, pero no aparecen tampoco referencias a ella en esas cruciales semanas de mayo. Probablemente allí todos trataban de contener la respiración y pasar inadvertidos.

Conclusión: Ana estaba sola, en unos aposentos que representaban su cautividad y rodeada de un elenco de unas pocas damas elegidas no para confortarla y ofrecerle afecto, sino para mantenerla vigilada y transmitir hasta los menores detalles de su conducta o de sus conversaciones a Thomas Cromwell a través del condestable William Kingston. Esto es muy particularmente triste, porque una de las damas era ni más ni menos que Anne Boleyn, de casada lady Shelton, tía paterna homónima de la reina Ana, que antaño la había favorecido con el distinguido cargo de gobernanta de la princesa Elizabeth. Que la propia señora Kingston, la señora Margaret Coffin y la señora Stoner actuasen de esa forma con Ana Bolena resulta penoso, pero hay algo que espanta a cualquiera en el hecho de que también lo hiciese su tía lady Shelton (sin duda queriendo demostrar que su primera lealtad estaba con el rey Enrique).

De manera natural, el pueblo londinense demostró mayor calidad humana. Ana nunca les había gustado, por el contrario les había repelido, pero en esas circunstancias no podían dejar de conmoverse por la situación de la reina, que tenía una edad imposible de determinar con certeza pero en todo caso inferior a treinta y cinco años y una hija de menos de tres años de edad.

Ana, además, se condujo con admirable compostura y dignidad durante su juicio. Era, en la Torre, una mujer aterrorizada, que perdía el control de sus nervios y alternaba risas histéricas con crisis de llanto desgarrador. Pero cuando el 15 de mayo, en la Gran Sala de la Torre de Londres, atestada de gente (quizá alrededor de dos mil personas) situadas en plataformas erigidas para la ocasión, se celebró el juicio a Ana (primero) y lord Rochford (después), la reina de Inglaterra compareció erguida, exhibiendo templanza y fortaleza de ánimo. Los informes de unos y otros, incluyendo los de su inveterado enemigo Chapuys, producen la impresión de una mujer que responde a sus inquisidores con calma y con perfecta lógica. Por supuesto, ella no admitió delito alguno. La inmensa mayoría de historiadores coinciden, aún hoy, de que era con casi total seguridad inocente de los cargos presentados contra ella y que habían sido considerados más allá de la duda por los Jurados de Middlesex y de Kent en las dichosas comisiones "oyer and terminer".


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 Asunto: Re: ANA BOLENA
NotaPublicado: 23 Nov 2018 19:21 
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No considero a Ana Bolena una "pobre muchacha". Si uno de sus abortos hubiera resultado en un hijo varón, hubiera continuado intrigando en la corte y maltratando a su hijastra María. Ella fue ambiciosa, y su ambición la perdió. "Pobre muchacha" considero yo a Catalina Howard.

Enrique VIII, enfermo o no, fue muy, muy malo.


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 Asunto: Re: ANA BOLENA
NotaPublicado: 23 Nov 2018 19:37 
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Si la reina Ana...

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...admiró a los testigos por su conducta tan innegablemente regia durante aquel juicio montado ex profeso para darle una apariencia de legalidad a su destrucción, algo similar ocurrió en el caso de Jorge Bolena, lord Rochford.

Desde su propia llegada a la Torre, Jorge no había sido tampoco dueño de sí. A tenor de las declaraciones de Sir William Kingston, se mostraba por lo general "en gran agitación" y no siempre lograba evitar un llanto espasmódico. Jorge, en realidad, debía ser bastante consciente de que su situación era lo que se dice una situación límite, que se encontraban al filo de la navaja. Los cargos que se le imputaban eran terribles; ciertamente, no había ninguna base probatoria para acusarle de incesto sólo porque "pasaba mucho tiempo en las habitaciones de la reina, su hermana" y tampoco tenía ningún sentido la sugestión de que hubiesen conspirado contra la vida del rey, precisamente ellos, que necesitaban a Enrique para disponer de la extraordinaria influencia y poder acumulados en años. Sin embargo, Jorge tampoco tenía forma de desmontar punto a punto los "informes" urdidos por Cromwell, que ni siquiera conocía en toda su extensión y en detalle. Íba a comparecer ante un tribunal sin disponer de ningún recurso para su defensa.

Jorge...y esto ya se ha mencionado...no tenía una bonita reputación. Había sido sexualmente voraz, muy promiscuo; probablemente también sus actividades sexuales no se limitasen a las prácticas convencionales y que incluso pudiese alternar compañías femeninas y masculinas. Warnicke, por ejemplo, alude a que Jorge habría tenido experiencias sodomitas, lo cual se consideraba absoluta depravación en la época. Por esa fama, le pareció a Cromwell que resultaría creíble o cuando menos verosimil acusarle de incesto. Si era capaz de unos actos abominable, también lo sería de los otros...¿no?.

A la postre, lo que perdía a Jorge era el testimonio en su contra de su propia esposa, Jane Parker. Él mismo se quejaría en su juicio, amargamente, de que bastase la palabra de una sola mujer para que se le achacase a él un crimen tan abyecto como el de yacer con su propia hermana Ana. Sin duda, tenía razón en ea queja. Jorge se defendió con bravura y con argumentos impecables, y de hecho muchos consideraron que tenía opciones de salir absuelto. Pero Jane Parker, lady Rochford, no sólo había sido dañina en lo concerniente a la acusación de incesto. Había indicado expresamente que, en el origen de dicho incesto, estaba la necesidad desesperada de Ana de concebir un hijo a quien se haría pasar como hijo de Enrique porque en palabras de la reina "Enrique no tenía ya la potencia viril suficiente para fecundarla".

Ahí, sí es probable que Ana tuviese algo de "culpa". Ana nunca se había caracterizado por su discreción; al contrario, en su época de apogeo había demostrado no morderse nunca la lengua y decir a menudo cosas que le hubiera convenido no decir (sus muchas amenazas hacia la princesa María, que muy seguramente no eran más que baladronadas para camuflar su propia inseguridad y sus celos de la hija del rey, constituyen un típico ejemplo de su falta de moderación y su incontinencia verbal). Es muy posible que Enrique tuviese "episodios" de impotencia sexual con su esposa Ana, los cuales le hubiesen distanciado todavía más de ella. Teniendo en cuenta que todos, sin excepción, consideraban a Ana la responsable de proveer descendencia masculina a la casa Tudor antes de que se angostase definitivamente su fertilidad...¿no sería comprensible que ella se hubiese desahogado en su esfera privada, lamentándose de que se esperaba que hiciese prácticamente un milagro porque no compartían lecho a menudo y cuando lo compartían a menudo no existía cópula?.

Pero era una frase tremendamente peligrosa, claro, porque cuestionaba lo único que ninguna mujer que quisiese conservar la vida podía cuestionar: la virilidad de Enrique, su potencia generatriz, su capacidad para perpetuar la estirpe Tudor. Las palabras estaban escritas, en la forma en que las había pronunciado Jane Parker, en el veredicto de la corte, pero lord Rochford, quizá sintiéndose perdido de antemano a pesar de su gran autodefensa, decidió leerlas no en bajo, para sí mismo, sino en voz alta que retumbó en toda la sala.

Aquello sí que le condenó. Irremediadablemente, quien deja a la luz la flaqueza de un rey, paga un alto precio por ello.

Fue el duque de Norfolk quien pronunciaría las sentencias de aquel tribunal, sentencias a muerte para Ana y para lord Rochford, quien podía ser quemado vivo o decapitado según mejor placiese al rey. Rochford, ahí, demostró de nuevo cierta grandeza: mantuvo el aire sereno, imperturbable, y pidió permiso para declararse culpable. Ya que le habían condenado, declararse culpable era una manera de tratar de evitar la confiscación de sus bienes y patrimonio, quizá el único favor que podía hacer a su familia.


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 Asunto: Re: ANA BOLENA
NotaPublicado: 23 Nov 2018 20:00 
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Registrado: 17 Feb 2008 20:47
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NicholasR. escribió:
No considero a Ana Bolena una "pobre muchacha". Si uno de sus abortos hubiera resultado en un hijo varón, hubiera continuado intrigando en la corte y maltratando a su hijastra María. Ella fue ambiciosa, y su ambición la perdió. "Pobre muchacha" considero yo a Catalina Howard.

Enrique VIII, enfermo o no, fue muy, muy malo.


No, pobre muchacha no era.

Ana había demostrado ser ambiciosa e implacable a la hora de hacerse el camino para alcanzar sus objetivos. Siempre digo que me parece claramente inspirada por Elizabeth Woodwille, pero lo de Ana tiene más mérito, porque Elizabeth se casó con su rey aparentemente soltero tras un noviazgo relámpago, mientras que Ana tuvo que hacerse con un rey casado con una reina de gran linaje y absolutamente respetada manteniéndole "interesado" durante años. Ana jugó una partida en la que sus probabilidades de ganar, en principio, parecían pocas. Había sido tozuda como una mula y muy calculadora.

Sus adversarios y enemigos declarados habían sido muchos. Gente con suficientes recursos a su disposición para intentar contrarrestar a una simple "favorita" que trataba de suplantar a la verdadera reina, coronada y ungida. Ana no se había dejado apabullar por eso, y es muy posible que en ciertos momentos incluso en su entorno inmediato, sus padres, la hubiesen alentado a dejarse de pedir la luna y las estrellas y a conformarse con una posición de amante predilecta. Ana se había metido de lleno en la lucha encarnizada entre reformistas y conservadores en materia religiosa apoyando a los primeros, porque tampoco podía hacer, en su situación, otra cosa (aparte de que fuese mujer interesada en la materia, ávida lectora y con sus propias opiniones formadas).

Ana se había salido con la suya y eso la hace una figura destacable. Cierto, Nicholas, que su actitud hacia Catalina y muy especialmente hacia la princesa María fue tremendamente dura. Pero eso derivaba del pleno conocimiento de que Catalina era una reina formidable, por sus orígenes y sus conexiones asi como por la popularidad que se había ganado con sus excelentes cualidades, y de los celos hacia María, la hija mayor de Enrique, la hija a la que Enrique tanto había querido y de la que tanto había presumido. Ana no tuvo miramientos, sí, cierto: en una etapa posterior, Jane Seymour tampoco parece haber tenido ningún miramiento hacia Ana, aunque la diferencia es que Jane se portó amorosa y generosamente con María y hasta con la pequeña Elizabeth. Pero aunque María creía en verdad que Ana quería quitársela de enmedio incluso mediante el uso de venenos, Ana nunca cruzó esa raya.

En última instancia, Ana tenía sus virtudes y defectos, sus luces y sus sombras, pero no merecía ese desenlace que le deparó el fracasar justamente en lo mismo en que había fracasado Catalina: en proveer un heredero varón a mayor gloria de Enrique Tudor. Lo más tremendo ni siquiera es que Cromwell, con sus aliados de ocasión, complotase contra ella. Lo más tremendo es que Enrique se hizo a un lado y dejó que la arrasasen, que la destruyesen, mientras cortejaba a Jane Seymour y se esponjaba por anticipado imaginándose una plácida vida conyugal con aquella virgen que no íba a cuestionar su pericia sexual. Ana había sido su amor, su pasión, su inspiración para componer poemas musicados y la madre de Elizabeth, pero todo eso podía echarse al olvido tan fácilmente.


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