Foro DINASTÍAS | La Realeza a Través de los Siglos.

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 Asunto: ALEXANDRA PETROVNA DE OLDENBURGO.
NotaPublicado: 24 Feb 2020 15:42 
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Ya os aviso de que este tema tiene más bien poco glamour imperial y en cambio rezuma decepción, tristeza, amargura y resentimiento...
:-D

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Es la historia de cómo una princesa convertida en gran duquesa imperial acabó volcándose por entero en actividades caritativas por dar rienda suelta a una fervorosa religiosidad. Muchos consideraron genuínas, tanto a la princesa como a su religiosidad, y la ensalzaron como si se tratase de una santa en vida en particular desde que tomó los hábitos. Otros, en cambio, la tenían por una perfecta meapilas considerablemente hipócrita. Fuese lo que fuese, el tema resulta entretenido e interesante, pero ya os digo que aquí glamour casi nada.

Poniéndonos en situación: en marzo de 1855, cuando asciende al trono Alejandro II tras la muerte de su padre Nicolás I, Rusia se encuentra inmersa en la Guerra de Crimea, así llamada porque precisamente la península de Crimea se convirtió en el escenario bélico. La contienda va de mal en peor para los rusos, que se dan cuenta de que no les queda otra que buscar una paz por complicado que resulte negociarla después de que a principios de septiembre, tras un asedio de once meses, cae en manos de los adversarios (el imperio Otomano, Reino Unido, Francia y el reino de Cerdeña, y sí, yo también me pregunto qué chispas pintaba ahí el reino de Cerdeña...) la muy estratégica Sebastopol.

En ese contexto, nada grato, en noviembre de 1855 el zar Alejandro II anuncia el compromiso de uno de los dos hermanos menores aún solteros, el gran duque Nicolás Nicolaevich, Nizi para la familia. La elegida para él, la futura gran duquesa, es Alexandra Petrovna de Oldenburg, bisnieta del zar Pablo I y de la zarina María Feodorovna, tataranieta por tanto de Catalina II la Grande.

Anna Tyutcheva, dama de honor de la zarina María Alexandrovna, esposa de Alejandro II, es de esos personajes femeninos de corte imperial que se marcaron el detallazo con la posteridad de dejar extensos Diarios. En su Diario, Tyutcheva...

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Tyutcheva, nuestra querida cotilla.


...señala que el gran duque Nicolás "Nizi" llevaba tiempo incomodando a todos porque le había dado por enamorarse de una de las jóvenes damas que atendían a su madre, la emperatriz viuda Alexandra, la "Mouffy" de Nicolás I. Esa moza en cuestión, Anna Karlovna Pillar, tenía la suficiente cabeza para no dejarse llevar; pretextando un oportunísimo quebranto de salud, había solicitado permiso a fín de retirarse unos meses a un clima favorecedor, nada menos que el de la hermosa -y muy lejana...- Venecia. Apreciando la delicadeza y discreción de la moza, por supuesto que se le había otorgado la venia. Pero ese episodio había imprimido un nuevo impulso a la elección de una esposa apropiada para Nizi. Al final, Alejandro II se había decidido por Alexandra Petrovna, la mayor de los ocho hijos que la princesa Teresa de Nassau-Weilburg había proporcionado a su querido y respetado marido el duque Pedro Georgevich de Oldenburgo.

Pedro Georgevich de Oldenburgo había sido el mayor de los dos hijos fruto del -feliz- matrimonio de la gran duquesa Katia Paulovna con su primo Georg de Oldenburg, gobernador de la región del Volga. Al enviudar de Georg, Katia había contraído segundas nupcias -de nuevo por amor...- con otro primo, el heredero del reino de Württemberg, después Wilhelm I; pero ella misma había fallecido, a consecuencia de unas erisipelas, tras dar a luz a dos niñas para el linaje Wúrttemburgués. El zar Nicolás I, en atención a la memoria de Katia, había reclamado en San Peterburgo a los hijos Oldenburg de ella, Pedro y Constantin. Los dos recibieron la pertinente instrucción militar antes de incorporarse, en calidad de oficiales, al regimiento de la Guardia Imperial, el más prestigioso de todos los regimientos. Por supuesto, ascender a la velocidad de la luz era lo natural en unos sobrinos queridos del zar Nicolás I. Al cabo de décadas, el nuevo zar Alejandro II apreciaba, y no poco, los buenos servicios de décadas de su primo Pedro de Oldenburgo...

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Pedro.


...que ya os voy contando que aparte de un concienzudo militar, era un sorprendentemente talentoso pianista y compositor. El hombre se había casado en su día con la princesa Teresa de Nassau-Weilburg...

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Teresa.


..y ella, rica y refinada, había sufrido desde niña un padre extremadamente violento que había tenido aterrorizadas tanto a sus dos sucesivas esposas como a los hijos de ambos matrimonios, lo que tal vez le hizo desarrollar un carácter un tanto serio, retraído, algo hosco y a menudo demasiado sarcástico. Pero Teresa debió sentirse afortunadísima por haber dado con un marido atento, respetuoso y cariñoso. Pedro y Teresa pasaban sus inviernos en una residencia palaciega en Peterhof, se retiraban en verano a Kamenoi-Ostroff, y nunca dieron nada malo que hablar, al contrario. Habían tenido ocho hijos: Alexandra, Nicolás, Cecilia, Alejandro, Catalina, Georg, Constantin y Teresa; y de esos ocho retoños, solo Cecilia había muerto tras pocos meses de vida. Existen varios retratos de infancia de los niños Oldenburg, criados en la fe luterana de la madre, pero a la vez en un entorno profundamente rusófilo:

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Cinco niños Oldenburg, Alexandra es la mayor de las niñas, la que preside la escena.

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Siete niños Oldenburg: Alexandra, con un artístico trenzado en sus cabellos, sostiene en brazos a la bebé Teresa.

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Siete niños Oldenburg.


Y aquí van seis miniaturas, seis, una por cada crío Oldenburg a excepción de Georg, que no sé porqué no le encuentro ni rebuscando debajo de las piedras:

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Nuestra Alexandra.

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Nicolás.

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Alejandro.

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Catalina.

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Constantin.

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Teresa.


Alejandro II apreciaba mucho al primo Pedro y a la prima Teresa, en resumen. Y había considerado que Alexandra íba a resultar la esposa perfecta para Nizi, porque se trataba de una chica criada en una atmósfera ilustrada y artística, sensible, modesta y educadísima. Guapa no, la verdad, pero es que una no podía tenerlo todo...¿no?.

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Alexandra joven. Y eso que en los retratos, el pintor solía echar "una manita favorecedora"...


Anna Tyutcheva, que es impagable, registró en su Diario la ceremonia oficial de conversión a la ortodoxia de Alexandra Petrovna, que pudo conservar su nombre y su patronímico que para algo había nacido en la mismísima San Petersburgo. Según Anna, la princesa Alexandra llevaba ese día sus cabellos peinados con extrema sencillez y un vestido de satén de color blanco, sin adornos de ninguna clase; parecía verdaderamente concentrada y hasta emocionada, pero la emoción "no la favorecía" para nada, porque enrojecía su tez y se daba la casualidad de que el cutis blanco prístino venía siendo el único rasgo físico elogiable en Alexandra. Anna no dice que no era guapa, sino que dice directamente que era fea, y ya hay una diferencia -algo sutil, quizá, pero la hay...- entre lo uno y lo otro.


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 Asunto: Re: ALEXANDRA PETROVNA DE OLDENBURGO.
NotaPublicado: 24 Feb 2020 16:13 
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Nizi...

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...tampoco era guapo, eh, no os vayáis a creer. De hecho, sus coetáneos consideraban que no se trataba de un tipo que valiese gran cosa, desde el punto de vista físico, y como militar mostraba cierta dedicación al oficio, pero carecía por ejemplo de dotes para la estrategia. Había estado en Crimea, luchando incluso en Sebastopol, pero no había destacado por sus cualidades innatas y/o cultivadas, las cosas claras.

También es verdad que nadie esperaba grandes cosas: bastaba con que cubriese el expediente y no echase barro, de ninguna manera, sobre la reputación del linaje imperial.

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El matrimonio no le atraía nada -y quizá aún menos que nada porque tampoco le interesaba en absoluto la novia que le habían escogido-. Sus dos hermanos mayores, el zar Alejandro y el gran duque Konstantin, habían sido afortunados en ese aspecto: ellos habían elegido en su momento cada uno a su esposa y se habían traído de tierras alemanas, en ambos casos, a dos princesas físicamente muy atractivas, la zarina María Alexandrovna y la gran duquesa Alexandra Iosifovna. A él, de jovencito, en una visita con sus padres y su hermano menor Mikhail a la corte de Prusia, le había encandilado su prima Anna [la misma Anna que también fascinaría después al emperador Franz Josef de Austria, sí...] pero ni siquiera hbaía podido soñar con ella, porque la iglesia ortodoxa no aceptaba las bodas de primos hermanos. Una vez que se había largado Anna Karlovna Pillar a Venecia, la única mujer que había parecido despertar su interés había sido otra dama de corte, María Alexandrovna Pushkina, la hija mayor del ya legendario poeta y dramaturgo Aleksandr Pushkin.

Cuando se celebró oficialmente el compromiso de Nizi y Alexandra, justo después de la conversión a la ortodoxia de ella, fue el 27 de diciembre de 1855. La emperatriz viuda de Nicolás I, Alexandra Feodorovna, hubiese debido asistir y desempeñar un papel importante, con la ritualizada entrega de los anillos a los flamantes novios; sin embargo, se encontraba tan francamente debilitada y consumida por sus achaques en esos días, que se excusó su presencia. Alejandro II entró al salón llevando colgadas de sus dos brazos a dos mujeres: su propia esposa, la emperatriz María Alexandrovna, que íba a reemplazar a la suegra en lo de la entrega de anillos, y su tía, la reina Anna de los Países Bajos, nacida gran duquesa Anna Paulovna, que estaba "de visita". Todos repararon en que la novia, con un vestido blanco de cola decorado con guirnaldas de rosas, seguía pareciendo, pese a lo romántico de su atuendo, un pequeño ratón de campo. Anna Tyutcheva, siempre tan atenta, no dejaría sin embargo ningún relato detallado de la boda, que se llevó a cabo el 25 de enero de 1856: sólo consignó que, a pesar de la fecha, había hecho muchísimo calor, lo que les pilló a todos por sorpresa.


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 Asunto: Re: ALEXANDRA PETROVNA DE OLDENBURGO.
NotaPublicado: 24 Feb 2020 16:36 
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Una imagen de Alexandra:

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Que, en principio, fue tratada con bastante cortesía por su marido, aparte de recibida con mucho afecto por sus concuñadas, la emperatriz y la gran duquesa Alexandra Iosifovna. En la corte, no faltaban quienes elogiaban su sencillez y su modestia, sin embargo también hubo quienes fruncieron el ceño o cuando menos enarcaron la ceja en signo de escepticismo al constatar que no había en ella aquella clase de "calidez femenina" que hubiese podido, quizá, compensar la falta de belleza. Los que conocían a Nizi no dudaban de que ese matrimonio íba a resultar poco exitoso, en general. Pero, de entrada, Alexandra se embarazó enseguida: menos de diez meses después de la boda, dió a luz un niño a quien se llamó Nicolás, por su propio padre y por el extinto abuelo paterno.

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Alexandra.

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Alexandra con su hijo mayor, obviamente no en fase bebé.


De hecho, las únicas imágenes que yo conozco de Alexandra con Nizi e hijos corresponden a una etapa posterior al nacimiento del segundo hijo, Pedro Nicolaevich, y éste no llegó al mundo hasta enero de 1864, cuando su hermano Nicolás acababa de cumplir ocho años de edad. Son estas fotos:

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Familia.


Sin embargo, para cuando Pedro era ese chiquitín de las imágenes, el padre ya había conocido a la mujer de la que se enamoraría locamente: la bailarina Ekaterina Gavrilovna Chislova.


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 Asunto: Re: ALEXANDRA PETROVNA DE OLDENBURGO.
NotaPublicado: 24 Feb 2020 17:13 
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Simple y llanamente: no tenían nada que ver el uno con el otro, Nizi y Alexandra. Al principio habían establecido una rutina que les permitía tolerarse con cierta buena voluntad, tanto en su palacio de invierno en San Petersburgo como en su retiro estival, la finca Znamenka cerca de Peterhof. Él vivía para sus cuadras de caballos y la práctica de la equitación, también para acudir a funciones de ballet, que le gustaban tanto como para haber auspiciado la construcción en madera de un nuevo teatro. Ella, en cambio, se había hecho cada vez más indiferente a su aspecto físico: las damas de San Petersburgo criticaban sin parar los vestidos demasiado sencillos y recatados y el hecho de que prácticamente sólo usaba medias de lana (nada de seda, ni siquiera lino...a dónde vamos a parar). Se dedicaba con entusiasmo a la práctica religiosa y a participar en el desarrollo de los grandes hospitales de San Petersburgo y en esto, todo hay que decirlo, había salido a su padre, pues el duque Pedro era fundador de hospitales, refugios para mujeres y hospicios para huérfanos. Esto podía ser muy digno de elogio, sí, pero muchos pensaban que Alexandra era demasiado burlona y fría con Nizi, preguntándose cuánto tardaría él en perder la cabeza por otra mujer que no guardase ni la menor semejanza con la esposa que le habían escogido.

En algún momento de 1865, Nizi empezó una aventura con una bailarina de ballet, Ekaterina Chislova:

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Ekaterina Chislova.


Evidentemente, era la antítesis de la gran duquesa Alexandra Petrovna. Pocas imágenes hay de ésta en el papel de gran duquesa rusa, todo hay que decirlo: yo he podido descubrir un cuadro y una foto:

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Alexandra.



Chislova, de aspecto más ligero y frívolo, también era, casi sobra decirlo, lista y rápida como una liebre a la hora de aferrar una oportunidad de oro. Enseguida se hizo tan imprescindible para Nizi, que él alquiló para ella una mansión situada justo enfrente de su palacio, en la calle Pochtamtskaya: pronto circuló el rumor de que cada vez que Chislova deseaba ser visitaba por su amante, colocaba dos candiles encendidos en una ventana perfectamente visible desde la ventana del despacho de Nizi y que éste, en cuanto veía las dichosas lucecitas, acudía raudo y veloz. Fuese o no cierto, toda la ciudad se hacía lenguas acerca de aquella aventura y Alexandra, al enterarse, se sintió con razones para presentarse en el Palacio de Invierno a rogar la intervención, en su favor, del zar Alejandro II.

De esa escena ha quedado un relato desagradable e incluso penoso, pues Alejandro, hastiado por las quejas de su cuñada Alexandra, la cortó en seco y la invitó a mirarse a sí misma: con aquellos cabellos severamente recogidos bajo una cofia, con aquellos vestidos carentes de gusto y elegancia...¿cómo esperaba atraer y retener a un marido?

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Alexandra.


Por supuesto, las palabras de Alejandro resultan injustas y un tanto crueles: Alexandra no tenía la culpa de no ser un bombón y aunque lo hubiese sido, aquello no garantizaba nada. Un ejemplo claro lo tenían en el gran duque Konstantin Nicolaevich, menor que Alejandro pero mayor que Nizi: él había elegido por amor a Alexandra "Sanny" Iosifovna, que era hermosa y vestía de maravilla, nada que ver con la concuñada Oldenburgo. Sin embargo, después de años y años de feliz matrimonio, Konstantin había tenido una aventura con resultado de una hija ilegítima de cuyo bienestar íba a ocuparse. En breve, en tiempo escaso, Konstantin reemplazaría a aquella amante por una bailarina de ballet, porque las bailarinas de ballet jóvenes y lozanas parecían imanes irresistibles para los grandes duques Romanov, sí. Alexandra abandonó llorosa y angustiada su reunión con el emperador en el Palacio de Invierno.


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 Asunto: Re: ALEXANDRA PETROVNA DE OLDENBURGO.
NotaPublicado: 24 Feb 2020 19:18 
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Imágenes de Alexandra Petrovna:

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Y del gran duque Nicolás:

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Y una imagen de su palacio de San Petersburgo:

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 Asunto: Re: ALEXANDRA PETROVNA DE OLDENBURGO.
NotaPublicado: 24 Feb 2020 19:21 
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Esta de Alexandra niña con sus hermanos Nicolás y Alejandro de Oldenburg la acabo de encontrar:

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Y estos son Nicolás y Alexandra con su hijo mayor:

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Otra de Alexandra:

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 Asunto: Re: ALEXANDRA PETROVNA DE OLDENBURGO.
NotaPublicado: 24 Feb 2020 19:47 
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Alexandra hubo de afrontar ese colapso total de su matrimonio en una época en que se sentía ya previamente afligida por la temprana muerte de su hermana Catalina...

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...debida a una tuberculosis galopante. La consunción de Catalina poco antes de la fecha en la que hubiese cumplido veinte años había sido un golpe emocional importante. Había buscado refugio en sus propios pequeños hijos y se había topado de bruces, en el mismo período de tiempo, con el escándalo de la relación del marido con Chislova, así como con la falta de empatía y apoyo de su cuñado Alejandro. Pero en los nueve años siguientes, la cosa íba a empeorar a medida que Nicolas y Katia Chislova creaban una familia numerosa, con el nacimiento de nada menos que cinco hijos: Olga, Vladimir, Ekaterina, Nikolai y Galina. Eso hacía que la segunda vida del gran duque estuviese constantemente en el candelero público, claro, y, en determinado punto, fue demasiado para la tolerancia hacia la debilidad de su hermano Nizi por parte del zar Alejandro. Éste ordenó que Chislova se marchase con su prole a Wenden, una localidad próxima a Riga, algo que ésta hizo bien provista de fondos y quejándose amargamente. El gran duque Nicolás se empleó a fondo en los meses siguientes para lograr que Alejandro revocase aquella decisión, comprometiéndose a una mayor discreción. Se alcanzó una especie de solución de compromiso: Nizi podría establecerse en Crimea con Chislova y los niños de esa unión. Entre tanto, por cierto, la fortuna de Nicolás no sólo menguaba, sino que se acercaba de manera alarmante a la bancarrota por el empeño de Chislova en obtener fondos constantes con los que garantizar el futuro de sus retoños.

Alexandra permanecía con sus hijos, que, en todo ese entramado de relaciones familiares, se mantuvieron absolutamente apegados a la madre. Ella redobabla sus esfuerzos en los hospitales, en los que no sólo ejercía patrocinios, sino que trabajaba de forma directa. Años después, durante la guerra ruso-turca de 1876 que se libró de manera especial en suelo búlgaro, Alexandra trabajaría con gran afán en la atención de los heridos evacuados a retaguardia desde el frente: paradójicamente, a la vez su marido estaba en el frente, dónde volvió a demostrar que las dotes de estratega le habían eludido por completo. En todos esos años, Alexandra reforzaba su posición moral y su fervor con su confesor desde 1863, Vasili Lebedev. Precisamente por ese lado se le ocurrió a Nicolás lanzar un contraataque a su mujer en 1879, recién concluída la guerra ruso-turca.


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 Asunto: Re: ALEXANDRA PETROVNA DE OLDENBURGO.
NotaPublicado: 24 Feb 2020 21:21 
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Minnie escribió:
Poniéndonos en situación: en marzo de 1855, cuando asciende al trono Alejandro II tras la muerte de su padre Nicolás I, Rusia se encuentra inmersa en la Guerra de Crimea, así llamada porque precisamente la península de Crimea se convirtió en el escenario bélico. La contienda va de mal en peor para los rusos, que se dan cuenta de que no les queda otra que buscar una paz por complicado que resulte negociarla después de que a principios de septiembre, tras un asedio de once meses, cae en manos de los adversarios (el imperio Otomano, Reino Unido, Francia y el reino de Cerdeña, y sí, yo también me pregunto qué chispas pintaba ahí el reino de Cerdeña...) la muy estratégica Sebastopol.

Lo mismo que el resto, querían asegurarse que Rusia no pusiera ni medio dedo meñique en el Mediterráneo, Cerdeña/Saboya, etc se estaba convirtiendo en un poder en el mediterráneo, fácilmente se alió con los otros para asegurarse este fin.

Minnie escribió:
Nizi...

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...tampoco era guapo, eh, no os vayáis a creer. De hecho, sus coetáneos consideraban que no se trataba de un tipo que valiese gran cosa, desde el punto de vista físico, y como militar mostraba cierta dedicación al oficio, pero carecía por ejemplo de dotes para la estrategia. Había estado en Crimea, luchando incluso en Sebastopol, pero no había destacado por sus cualidades innatas y/o cultivadas, las cosas claras.

También es verdad que nadie esperaba grandes cosas: bastaba con que cubriese el expediente y no echase barro, de ninguna manera, sobre la reputación del linaje imperial.

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Me vas a odiar, los últimos cuadros son de Konstantin Nikolaievich, lo sé porque tengo un cierto parecido en algunas fotos, algo que noté, y ese cuadro lo tengo bien presente, los últimos cuadros te firmo que son de su hermano y no él.

_________________
"Ma fin est mon commencement, et mon commencement ma fin".


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 Asunto: Re: ALEXANDRA PETROVNA DE OLDENBURGO.
NotaPublicado: 24 Feb 2020 23:22 
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Es imposible odiarte a tí, Konradin, y no incluyo emoticono big hug porque estoy usando smartphone...
¿Cuáles son los de Konstantin? He estado rebuscando en páginas rusas, pero puede ser, claro, que tengan grandes duques confundidos unos con otros...


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 Asunto: Re: ALEXANDRA PETROVNA DE OLDENBURGO.
NotaPublicado: 25 Feb 2020 11:19 
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En espera de que Konradin ilumine mi camino con los retratos de los grandes duques :XD: :XD: retomo...

En 1879, Nicolás...

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...decidió que ya había tenido suficiente de Crimea y que quería volver a San Petersburgo pero disponiendo de "su" palacio para uso suyo sin tener que compartirlo con una esposa, Alexandra, que se le había hecho aborrecible. No tengo muy claro tampoco porqué: esos palacios inmensos dan la oportunidad de no ver a tu esposa, de la que vives separado, en semanas. Pero Katia Chislova le estaba resultando cara no...¡lo siguiente!...y todo lo que recibía, que era mucho, le parecía poco; adicionalmente, quería algún apellido para los hijos nacidos, de los que todos seguían vivos menos la menor, Galina, que murió pronto.

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Nicolás y Alexandra.


A Nicolás se le debió juntar todo y, para poder librarse de Alexandra, la acusó de estar manteniendo una relación adúltera con el confesor Vasili Lebedev. La acusación, formulada en esos términos, tuvo un gran impacto: toda la buena sociedad llevaba años burlándose de la religiosidad "excesiva" y la dedicación al cuidado de enfermos "demasiado intensivo" por parte de Alexandra, aquella mojigata santurrona etc etc. Así que, claro, resultaba divertido ver en qué quedaba la cosa ahora que el marido la acusaba de actuar de manera tan santurrona mientras por detrás mantenía un vínculo ilícito con su propio confesor. Opinión enteramente personal: no tengo ni idea de si Alexandra tenía o no algo que ver con Lebedev, las maledicencias venían de lejos porque diez años atrás incluso se había especulado con que la gran duquesa recién separada había tenido a escondidas un hijo ilegítimo, pero esa clase de maledicencias podían responder a muchos intereses ajenos; eso sí, fuese inocente o culpable de adulterio Alexandra, Nizi, que desde luego llevaba más de diez años cohabitando y teniendo hijos abiertamente con Katia, los tenía como el caballo de Espartero para acusarla. Como las mujeres, en una situación así, se veían públicamente comprometidas, Alexandra tuvo que abandonar su palacio dejando atrás sus vestidos, sus joyas y sus libros religiosos, para irse a la residencia en San Petersburgo de sus padres, Pedro y Teresa, ubicada en la calle Dvortsovaya, en una posición estratégica entre el Palacio de Mármol y el Jardín de Verano. Me imagino la cara de shock absoluto de Teresa de Oldenburgo si hubiese estado viva en esa época...

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Teresa, madre de Alexandra.


...porque, en este caso afortunadamente, la buena señora se había muerto en 1871. Sólo quedaba vivo, en un cierto declive de salud, el duque Pedro de Oldenburg.

Para complicar el panorama, Alexandra, aquí retratada en su uniforme de enfermera, que usaba para atender a los evacuados de los campos de batalla de la guerra ruso-turca y a otros enfermos graves...

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...tuvo un accidente cuando se desplazaba en carruaje ligero -un faetón, probablemente- al cabo de pocos meses. El volcado del carruaje afectó gravemente a su brazo derecho y a sus piernas: quedó prácticamente paralizada por entonces. Alexandra recurrió de nuevo a su cuñado el emperador Alexander, que estaba literalmente harto de aquellos "escándalos", pero, para evitar que todo el mundo siguiese poniendo atención en ellos, ofreció poner a disposición de su cuñada un buque de la armada rusa y suficiente dinero para que ésta pudiese convalecer en el sur de Italia acompañada de los chicos, Nicolás y Pedro. La gran duquesa, junto a sus hijos, fue conducida a Kiev, en Ucrania, y de allí al puerto dónde embarcarían en el Eriklik, que les llevó hasta Nápoles...


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 Asunto: Re: ALEXANDRA PETROVNA DE OLDENBURGO.
NotaPublicado: 25 Feb 2020 13:27 
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Alexandra íba a pasar varios años en el extranjero, primero en Nápoles, después en Corfú. Los Romanov estaban convencidos de que el hecho de que requiriese una silla de ruedas por no poder incorporarse y andar ya no respondía a un impedimento físico, sino a algún condicionante de tipo nervioso. Muchos años después, ese cotilla impagable que fue el conde Witte, ministro de Alejandro III, estaría de acuerdo con ello, ya que afirmaba haber visto con sus propios ojos en Kiev cómo Alexandra se levantaba y andaba tranquilamente antes de volver a sentarse y de hecho a partir de entonces (hemos dado un salto hacia adelante, 1889...) ella se despidió de la silla de ruedas para siempre.

En el sur de Italia, Alexandra recibió durante años algunas visitas de parientes imperiales, incluyendo la zarina María Alexandrovna o los hijos menores del zar Alejandro II (ella era madrina del gran duque Sergei Alexandrovich...). Sin embargo, en general, estaba sola, con sus hijos y llevó muy mal que dos años después de su "exilio encubierto", su marido Nicolás se presentase de repente para llevarse consigo de vuelta a Rusia a Nicolasha y a Pedro, apodado Petya. Le costó mucho privarse de los hijos y afirmaría, sin vacilar, que Nicolás la había tratado de una manera en que ella no desearía tratar ni a su peor enemigo. No obstante, siendo realistas, no cabía esperar que los chicos, dos grandes duques, permaneciesen más tiempo en Nápoles, privados de la carrera militar y la forma de vida que por su pertenencia a la familia imperial les correspondían.

Con su fiel confesor Lebedev, Alexandra se desplazó de Nápoles a la isla de Corfu. Aprovechó la estancia en Grecia para acercarse todo lo posible al Monte Athos, sembrado de grandes monasterios: la prohibición de acceso a las mujeres, para evitar tentaciones a los monjes, le impidió llegar hasta aquellos recintos santos, pero algunos de sus ancianos habitantes descendieron a su encuentro para que ella pudiese venerar un icono milagroso y las reliquias de San Andrés.

Alexandra seguía en Corfú cuando la muerte, en atentado, del zar Alejandro II abrió la puerta a un retorno a Rusia. El hijo mayor y heredero de Alejandro II, otro Alejandro que reinaría con el nombre de Alejandro III, siempre había desaprobado rotundamente a las "bailarinas" de sus tíos Konstantin y Nicolás, responsabilizándoles a ellos y a sus amantes de las penosas situaciones en las que se habían visto inmersas sus tías Alexandra Iosifovna y Alexandra Petrovna. Alexandra Petrovna sabía, de antemano, que contaba con la simpatía de Alejandro III, quien estuvo dispuesto a permitir que retornase y se estableciese en Kiev con Lebedev. Sin embargo, curiosamente, cuando Alexandra, quizá forzando un poco la mano, intentó obtener de su sobrino un reconocimiento público para Lebedev, éste se negó en rotundo, afirmando que había muchos que le excedían en mérito. Quizá en la familia imperial no tenían del todo claro el papel en la vida de la gran duquesa de aquel confesor, o quizá sencillamente no querían exponerse a despertar nuevas murmuraciones y el consiguiente escándalo.

El conde Witte, de hecho, encontró a Alexandra y a Lebedev ya en Kiev, dónde la gran duquesa se instaló en principio en el palacio Mariinsky, residencia ucraniana del emperador, y en dónde luego compraría una gran mansión en Voznesenskaya Gora. Una parcela cercana fue también adquirida para erigir una Iglesia y un Monasterio para monjas enfermeras, con su propio dispensario y salas de acogida para enfermos sin recursos. Ahí invirtió todo su dinero, su peculio personal y lo que había heredado, pues su madre, Teresa, se recordará que había muerto en 1871, y Pedro, su padre, en 1881: una fortísima neumonía le tenía postrado en cama cuando la noticia del asesinato brutal de Alejandro II acabó de rematarle, según se comentaba en la familia.

Aquí imágenes de Alejandra:

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 Asunto: Re: ALEXANDRA PETROVNA DE OLDENBURGO.
NotaPublicado: 25 Feb 2020 13:54 
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En 1889, la verdad sea dicha, a Alexandra, que seguía rehusando con gran vehemencia todas las propuestas de divorcio de su marido para que éste no pudiese darse el gusto de contraer un matrimonio morganático con la cada día más arrogante y exigente Chislova, le quedaba poca familia. Sus padres habían muerto, y de los seis hermanos con los que había crecido y protagonizado tan bonitos retratos infantiles, quedaban con vida únicamente Alejandro, casado con Eugenia Maximilianovna de Leuchtenberg, y Constantin, que vivía en la Riviera francesa destrozándose el hígado de tanto beber y casado morganáticamente con la georgiana Agrafena Djaparridz, creada condesa de Zarkenau.

Lo que sí tenía era dos hijos, y el menor, Petya, a quien ella admiraba por la gran pasión que él mostraba hacia la arquitectura religiosa, se casó en mayo de 1889 con una auténtica princesa: Militza de Montenegro. Todo lo que tenía Petya de tímido, introvertido y reservado, lo tenía Militza de orgullosa, socialmente vistosa y mística pero en el estilo de una Alexandra Iosifovna con su magnetismo y su espiritismo, no en el de Alexandra Petrovna con su uniforme de enfermera, sus tocas de monja, sus rosarios y sus iconos. Militza tiene aquí una foto, para que no digáis:

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Unos meses después de la boda de Petya con Militza, en noviembre, Alexandra tomó los hábitos para convertirse en la Hermana Anastasia:

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