Foro DINASTÍAS | La Realeza a Través de los Siglos.

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 Asunto: Re: ALEXANDRA PAULOVNA, GRAN DUQUESA Y ARCHIDUQUESA
NotaPublicado: 06 Mar 2020 22:44 
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Fue una revancha contra su madre y todo su entorno, y todo lo que pasó con ellos. Y señala ,quizás, que el trono le venía de su padre.


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 Asunto: Re: ALEXANDRA PAULOVNA, GRAN DUQUESA Y ARCHIDUQUESA
NotaPublicado: 06 Mar 2020 23:26 
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:oops: es pèdro >I y no tercero, pido perdón :-/


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 Asunto: Re: ALEXANDRA PAULOVNA, GRAN DUQUESA Y ARCHIDUQUESA
NotaPublicado: 07 Mar 2020 10:16 
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legris escribió:
:oops: es pèdro >I y no tercero, pido perdón :-/


Jajajajajajaja. No tienes que pedir perdón, criatura...¿y lo bien que nos ha venido para introducir el tema de las relaciones patológicas de Pablo respecto a sus padres Pedro y Catalina? Perfecto, ha estado perfecto. Que sea Pedro I tiene mucho sentido, era la forma de Pablo de recordar que su padre de reinado tan breve y desdichado era un nieto de Pedro el Grande, del mismísimo Pedro el Grande.

Lo "bueno" en un sentido dinástico que tuvo Pablo fue que promulgó sus "Leyes Paulinas", para acabar con aquello de que el trono ruso ni es electivo ni es hereditario, es de quien lo ocupa. La sucesión desde Pedro el Grande hasta Catalina la Grande es francamente impresionante, pone casi el pelo de punta. Mirad:

*Pedro el Grande muere el 8 de febrero de 1725
*Reina su viuda, Catalina, como Catalina I, hasta su muerte en mayo de 1727.
¿Derechos de Catalina? Los de haber compartido almohada y colchón. Era tan Romanov como yo, había nacido Marta Elena Skovronska, hija de un señor que no se sabe si fue un siervo sin tierra huído, un campesino pobre o incluso un sepulturero. A eso le llamo yo ascender en la vida.
*Reina su nieto, Pedro, como Pedro el Grande, hasta su muerte en 1730. Era hijo del difunto primogénito de Pedro, Alexis, nacido de la zarina Eudoxia, repudiada en su día por el emperador.
*Reina su sobrina Anna Ivanovna, hija del co-zar Iván medio hermano de Pedro, hasta 1740.
*Reina su sobrino bisnieto Iván VI, sobrino nieto de la anterior Anna Ivanovna, bajo regencia de su madre Ana Leopoldovna, hasta 1741.
*Reina su hija Elizaveta Petrovna con Catalina I, la zarina Elizaveta I, tras una toma del poder por golpe palaciego, a partir de 1741.

Fijaos en la secuencia que va desde Pedro I a su hija Elizaveta...resulta casi alucinante. Normal que Pablo dijese "en esta familia lo primerito es dejar bien establecido quien es quien y cómo va lo de la sucesión". La pena es que él le tenía tal fobia a las mujeres que, primero, estableció la primacía de una zarina viuda sobre la zarina en ejercicio para restar significación a las consortes de los zares, no fuesen a salir de debajo de las piedras aspirantes a emular a Catalina I o a Catalina II. Ya de paso, también excluyó a las mujeres de la sucesión imperial, lo que es más triste, porque ni Catalina I, ni Anna Ivanovna, ni Elizaveta Petrovna ni Catalina la Grande habían sido "pesos pluma", por el contrario alguna había sido bastante más capaz y eficiente que muchos de los antecesores en el cargo de sexo masculino.


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 Asunto: Re: ALEXANDRA PAULOVNA, GRAN DUQUESA Y ARCHIDUQUESA
NotaPublicado: 07 Mar 2020 12:35 
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En el año 1792, cuando a nuestra Alexandra le faltaban apenas cinco meses para cumplir los nueve años de edad, un rey sueco de cuarenta y seis años salió de su palacio para participar en una "noche de máscaras" en la Ópera de Estocolmo. Éste era el rey sueco, llamado Gustav III...

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...y éste el atavío que se puso para la susodicha mascarada, que se conserva íntegro:

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En el curso de aquella fiesta en la Ópera, cinco hombres vestidos enteramente de negro le rodearon y uno de ellos, Jacob Johan Anckarström, le disparó a quemarropa por la espalda, todo muy poco fair play, como podéis apreciar. Anckarström, el asesino, era uno más entre un grupo de aristócratas que llevaban meses conspirando en las sombras contra un rey que, con las finanzas nacionales echadas a perder por completo después de años de guerra frente a los rusos, estaba intentando llegar a puntos de encuentro con sus opositores. Gustav no murió de inmediato: la bala había penetrado a la tercera vértebra lumbar y cayó al suelo, pero era consciente de lo ocurrido y murmuraba “ai, je suis blesse” mientras sus guardias, parte de los cuales habían arrestado al asesino, le resguardaban de otro posible ataque, le sacaban de allí y le conducían a palacio. Pasó varios días debatiéndose entre la vida y la muerte: lo que acabó con él no fue tanto la bala como la neumonía que desarrolló y la sepsis producto de la infección. Sus últimas palabras en este mundo, el 29 de marzo, fueron:

-Tengo sueño...Unos momentos de descanso me harán mucho bien.

Gustav III se había ído demasiado pronto. Su viuda, Sofía Magdalena de Dinamarca, que ya os digo yo que ese matrimonio también tiene mucha tela que cortar y da para un temazo, estaba en shock y francamente espantada por lo sucedido. Los conspiradores habían contado con que Sofía Magdalena se hiciese con la regencia, en nombre de su único hijo, el príncipe Gustav Adolf, ahora rey Gustav IV Adolf, que tenía solamente catorce años de edad. Pero Sofía Magdalena se retiró a una esfera puramente privada, dejando a un lado la esfera pública. La regencia en nombre de Gustav IV Adolf la ejercería el tío paterno de éste y su potencial heredero, Carl, duque de Södermanland.

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Aquí una visión pseudomitológica de Gustav IV Adolf poco antes de la muerte de su padre, ofreciendo sacrificios a Hygia por la salud de su agonizante padre Gustav III

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Su tío Carl duque de Södermanland, flamante regente e incluso con perspectivas de heredar.


Los acontecimientos de Estocolmo retumbaron como un trueno en la corte de Catalina. Los amargos conflictos con los suecos venían provocando guerras desde los tiempos en que Pedro el Grande se había enfrentado a Carlos XII de Suecia, un formidable rey guerrero. Desde entonces y hacia delante en el tiempo, rusos y suecos habían estado siempre de disputa en disputa, de batalla en batalla. Las cosas le habían salido bastante mejor a Rusia, todo hay que decirlo: Catalina estaba en el apogeo de su poder y podía nadar en millones de rublos, mientras que en Estocolmo el nuevo regente, el duque de Södermanland, tenía que afrontar la realidad de unas arcas casi vacías y de deudas colosales.

En 1793, Catalina centró su atención en una boda: la de su adorado nieto Alejandro, de apenas quince años...

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...que siempre me pregunto yo: ¡¡pero Catalina, mujer, qué prisa había!!.

Porque Alejandro, que había recibido una esmeradísima educación de su tutor suizo, oriundo del cantón de Vaud, Frédéric-César de La Harpe, era todavía demasiado inmaduro para que se le forzase a un matrimonio. Técnicamente, Catalina fue generosa: mandó que compareciesen en su corte tres jóvenes hermanas princesas de Baden, Amalie, Luise "Luisette" y Frederika "Frique". Alejandro íba a tener el privilegio de poder escoger entre las tres muchachas, cierto margen de "libertad de elección". De entrada, todos se quedaron cautivados por Luisette, de catorce años de edad, tímida, retraída, sencilla y una auténtica monada...

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Era como asistir al encuentro mítico de Eros y Psyche, sí. Lo único...que aquello no íba a funcionar. Pero, bueno, de momento, las festividades que rodearon la boda de Alejandro y Luisette, que se hizo ortodoxa como no podía ser de otra manera con el nombre de Elizaveta Alexeievna, fueron magníficas. Entre los asistentes, estaba un representante sueco, el conde Stenbock, a quien se le había encomendado de transmitir las felicitaciones del rey Gustav IV Adolfo y del regente duque Carl. Y se suele considerar que en ese encuentro entre Catalina II, eufórica por el casorio de Alejandro, y el cumplido conde Stenbock, empezó todo.

Porque, anteriormente, Catalina había enfocado desde una óptica tradicional el futuro matrimonial de sus nietas. En sus cartas al barón von Grimm, se refería a la necesidad que íban a tener de príncipes alemanes de los denominados segundones, los que no heredaban los territorios familiares y estaban en disposición de ser asimilados por otras familias reales. A Catalina, que tenía los dos riñones cubiertos de oro, le daba igual que fuesen "pobretones": lo importante era que tuviesen buena disposición a asentarse y progresar en Rusia. Ésa era la idea de Catalina, en origen, y respondía a una lógica dinástica bastante pulida. Pero la perspectiva de futuro cambió en el momento en que cayó en la cuenta de que podía utilizar a su nieta Alexandra Paulovna para afianzar las relaciones con Suecia. También es posible que, al tirar de ese hilo, Catalina no actuase siguiendo una inspiración propia: se dice que antes de morir Gustav III, él había sido el que había insinuado aquella posibilidad a través de emisarios a la zarina de Rusia, tras la firma del tratado de Värälä. El duque Carl había estado al corriente de aquellos tanteos y a través del conde de Stenbock se los habría servido envueltos en halagos y felicitaciones a Catalina, predispuesta a favor.


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 Asunto: Re: ALEXANDRA PAULOVNA, GRAN DUQUESA Y ARCHIDUQUESA
NotaPublicado: 07 Mar 2020 13:55 
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A Alexandra...

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Éste en color seguro que es monísimo...


...la pusieron a estudiar sueco porque su destino era "ser la reina de Suecia". Así, sin más; y esto es importante, porque pensad que la chica tenía diez años edad. Si a una criatura que crece entre algodones, muy resguardada, le inculcas desde los diez años de edad que ella va a ser la reina de Suecia, probablemente se lo tome muy a pecho y no conciba otra opción en su futuro.

Sin embargo, el proyecto sueco no estaba exento de "dificultades". Por ejemplo, surgieron incidentes de tipo político: dado que estaban dando pasos en la dirección de casar al rey Gustav IV Adolf con la gran duquesa Alexandra Paulovna, el duque Carl de Södermanland insistía ante la corte imperial en que les enviasen a Estocolmo a un aristócrata que llevaba tiempo gozando de generoso asilo en la corte de San Petersburgo, el conde Gustaf Mauritz Armfelt. Armfelt, natural de Tarvasjoki, en Finlandia, había estado metido hasta las orejas en conspiraciones contra el duque de Södermanland y había tenido que buscarse un refugio patrocinado en Rusia. Lo más que Catalina estaba dispuesta a hacer, en signo de buena voluntad hacia su pariente Carl de Södermanland, era mantener a Armfelt confinado en Kaluga, pero no tenía ninguna intención de mandarlo a Estocolmo. Aquello íba a crear tensiones, por supuesto, sobre todo porque Catalina manejaba la situación desde una posición en la que los rusos estaban siempre por encima de los suecos ya que íban a ser los que les hiciesen una "transfusión de millones de rublos". Otro conflicto se presentó cuando los negociadores del contrato prenupcial empezaron a hablar de la religión de la novia una vez casada con Gustav IV Adolf.

El tema religioso era lo que podríamos denominar "un tema sensible". La propia postura de Catalina da para elaborar una tesis sobre las contradicciones inherentes al ser humano, las cosas como son. Por un lado, su propia trayectoria. Aquí aprovecho ocasión y os planto un retrato de Catalina joven, porque joven había sido, eh...

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Catalina, la abuela, muchos muchos años antes de ser abuela...



Recordad que había nacido llamándose Sofía de Anhalt-Zerbst, la pequeña Fichten que crecía en una casona de piedra húmeda en Stettin, en la Pomerania Occidental. Su padre, Cristian Augusto de Anhalt-Zerbst, era básicamente un militar que servía con falta de imaginación pero con muchísima dedicación al rey de Prusia. Cristian podría definirse como un tipo con una visión austera y piadosa del mundo, decidido a cumplir con escrupulosa meticulosidad y lealtad sus deberes de gobernador en la "provinciana" y desangelada Stettin que tanto aborrecía su ambiciosa mujer, Johanna Elisabeth de Holstein-Gottorp. Cristian tenía también algo que no solía ser habitual: una sólida y firme conciencia religiosa. Se trataba de un luterano convencido, protestante evangélico hasta la médula. Cuando a su hija Fichten la eligió la zarina Elizaveta Petrovna para que se casase con el sobrino de ésta, Pedro Ulrich de Holstein-Gottorp, heredero de los Romanov, a Cristian enseguida se le revolvió la conciencia. En Rusia íban a exigir la conversión de Fichten a la ortodoxia y eso le hundía en la pesadumbre y el remordimiento a partes iguales. La propia Catalina, una chica muy espabilada y práctica, seguramente lo vivió de otra manera: aprender ruso y hacerse ortodoxa eran trámites necesarios para fundirse con su nueva patria, de la que un día sería nada menos que emperatriz. Ella misma no esperó menos, en un futuro, del resto de princesas alemanas importadas: las dos consecutivas esposas de su hijo Pablo (incluyendo a María, la madre de nuestra Alexandra) tuvieron que hacerse ortodoxas, al igual que la bonita esposa badenesa seleccionada para su nieto Alejandro. Así eran las cosas.

Paradójicamente, NO preveía el mismo proceso en sentido inverso. Catalina consideraba innegociable la religión de sus nietas: habían nacido en la ortodoxia y morirían en la ortodoxia, lo natural para las grandes duquesas rusas. Hasta ahí su consigna básica, elemental e inamovible. Pero los suecos tenían sus propias reservas: los reyes y reinas tenían que ser protestantes. En principio, es probable que los suecos no esperasen que Catalina fuese irreductible en ese punto concreto: ella misma había nacido luterana, su nuera también había nacido luterana, la gran duquesa Alexandra era hija de una ex luterana con dos abuelas luteranas en origen. Es que, vamos, parecía increíble que los rusos se obstinasen en la ortodoxia de Alexandra.

Puede considerarse que fue más el asunto Armfelt que el asunto religioso el que rompió las conversaciones sobre el noviazgo de Gustav IV Adolf y Alexandra en el año 1795. Al principio, Catalina creyó que el regente Carl íba "de farol" cuando se hizo saber que éste había ordenado el inicio de conversaciones previas a un compromiso de su sobrino monarca con una princesa de Mecklenburg-Schwerin, Luise Charlotte...

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Luise Charlotte, la "rival" de nuestra Alexandra Paulovna.


Pero los suecos iban en serio: el 1 de noviembre de 1795 se anunció oficialmente el compromiso, en la corte de Suecia y en la corte ducal de Mecklenburg-Schwerin. Aquello no fue un simple anuncio formal: a partir de ese momento, en todas las iglesias suecas, cuando llegase el momento de orar por la salud de los miembros de la familia real empezando por Gustav IV Adolf, se citaría también el nombre de Luise Charlotte.


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 Asunto: Re: ALEXANDRA PAULOVNA, GRAN DUQUESA Y ARCHIDUQUESA
NotaPublicado: 07 Mar 2020 15:08 
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¿Y Gustav IV Adolf...?

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Gustav IV Adolf a caballo.


El joven estaba cada vez más cerca de alcanzar su mayoría de edad, pero todavía se encontraba sometido a regencia de su tío Carl de Södermanland y, en el día a día, bajo el tutelaje de Nils von Rosenstein, a quien en su momento se había escogido para encargarse de Gustav IV Adolf precisamente por tratarse de un hijo del reputadísimo doctor Nils Rosén von Rosenstein, considerado el fundador de la pediatría moderna. Aquí os pongo a Nils von Rosenstein, el hijo del doctor y por sí mismo tutor de rey:

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Nils von Rosenstein, tutor de Gustav IV Adolf.


Gustav IV Adolf era un chico serio y retraído, un tanto taciturno; solía llevar el pelo rubio suelto y vestía con gran sencillez, generalmente de negro, lo que en cierto modo le favorecía pero le confería también un aspecto austero. No había en él trazas de una notable inteligencia ni de genio militar, tampoco una ambición que llamase la atención. Parecía intuirse que, en cuanto alcanzase la mayoría de edad y empezase a gobernar sin regente, los suecos tendrían un rey que, sin ser ningún lumbrera, cumpliría su cometido con sentido común y contención. Eso parecía intuírse entonces, sí.

Sin embargo, coincidiendo con el anuncio de compromiso de Gustav IV Adolf con Luise Charlotte de Mecklenburg-Schwerin, se produjo un episodio que podríamos considerar "perturbador". El duque Carl de Södermanland tenía una bella esposa, la duquesa Hedwig Elisabeth...

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Hedwig Elisabeth, la tía política de Gustav IV Adolf.


...y ésta presidía una corte bastante refinada en la que abundaban -¡cómo no!- las damas de cámara, las damas de compañía y las damas de honor. En ese extensísimo repertorio de damas, figuraba una jovencita, Ebba Wilhelmina Modée. Ebba, una hija de Carl Wilhelm Modée, almirante y gobernador de Karlskrona, y su esposa Ebba Ulrika Sparre.

En realidad, Ebba Modée acababa de incorporarse un año antes a la corte de la duquesa de Södermanland, que la tenía fascinada, pero no tanto para perder la cabeza cuando el mismísimo Gustav IV Adolf empezó a cortejarla insistentemente. Quizá también se hubiese iniciado el enamoramiento, que resultó ser intenso y duradero, de Ebba respecto al joven militar conde Axel Otto Mörner, un hecho que la ayudó a mantenerse firme a pesar de los requerimientos del monarca. Ebba aguantó la presión incluso cuando el arrebato del monarca superó toda racionalidad: él le prometió que estaba decidido a romper con Luise Charlotte, presentar su abdicación (tenía el documento preparado) y marcharse con ella a Bohemia, dónde se instalarían una vez casados. Podéis apreciar que Gustav echaba el resto, en lo que se refería a Ebba. Pero Ebba no entraba en la categoría de chicas decididas a aprovecharse de esa clase de oportunidades que sólo se presentan una vez en la vida. Su firmeza resultó providencial, por lo que concernía al duque de Södermanland, informado de la evolución de todo aquel asunto.

Catalina II, desde Rusia, no se preocupaba por una Ebba Modée (¡faltaría más!), pero sí por una Luise Charlotte de Mecklenburg-Schwerin. Con evidente rencor, Catalina escribió a su amigo von Grimm:

"Puedo afirmar tranquilamente que es difícil encontrar a alguien que iguale su bellezo, talento y gentileza [de Alexandra], por no mencionar su dote, que para un pobre sueco es de gran importancia por sí misma".

Y, en otra carta posterior:

"¿Pero porqué casar al rey [tira con bala al regente Carl, claro] con una muchacha simple y fea?¿Porqué merece el rey tan cruel castigo, cuando estaba pensando en casarse con la Gran Duquesa, cuya belleza es elogiada por todos como si poseyesen una única voz?".

Las referencias a Luise Charlotte no eran nada amables, desde luego. La muchacha, de pelo rubio y piel casi traslúcida, de figura menuda y con una ligera curvatura en la espalda que a Catalina le parecería una joroba con todas las letras, no poseía un gran atractivo físico; sin embargo parece haber sido inteligente, vivaz y cultivada. Gustav IV Adolf tampoco se hubiese llevado una novia "para espantar pájaros" precisamente.

Pero el quid de la cuestión, en gran medida, estaba en las ventajas materiales que ofrecía la alianza con Rusia. Rusia tenía un estatus de gran potencia del cual adolecía Mecklenburg-Schwerin y, por añadidura, las arcas imperiales rebosaban de riqueza, la riqueza fluía lo que se dice a borbotones. Si los pobretones suecos querían sacudirse de encima sus apreturas económicas, las inyecciones monetarias rusas podían representar una enorme diferencia.

Adicionalmente, Catalina seguía con lo suyo. En febrero de 1796, la familia imperial fue testigo de una nueva boda: esta vez le tocaba el turno al gran duque Constantino, el hermano varón que seguía en edad a Alejandro. A Constantino...

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Constantino.

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Constantino, a la izquierda de la imagen, con Alejandro, que ocupa la posición hegemónica, igualito que en el corazón de la babushka Catalina.



...le apetecía más bien poco casarse. Era un chico inmaduro y de carácter turbulento, que sólo pretendía ocuparse de su carrera militar (le encantaba, oigan) y disfrutar de su posición de gran duque. Pero Catalina le aplicó el mismo tratamiento que a Alejandro: mandó llamar a tres princesas, hermanas entre sí, para que el chico eligiese a una. A Alejandro, en su día, le habían puesto por delante tres princesas de Baden y a Constantino se le habían puesto por delante tres princesas de Sajonia-Coburgo-Saalfeld. Las chicas -Sophia, Antoinette y Juliane, llamada en familia Jülchen- estaban acostumbradas a un entorno de constantes penurias económicas, también; llegaron a la muy opulenta corte rusa luciendo sus mejores vestidos, que sin embargo eran de una sencillez y falta de elegancia tal que les valieron muchas burlas. Se dice que Catalina la Grande estaba dentro de su palacio asomada a un gran ventanal para ver cómo se presentaban las princesas Saalfeld: cuando el carruaje de éstas se detuvo, Sophia descendió la primera casi a la carrera; Antoinette bajó detrás no queriendo quedarse rezagada y solamente la menor, Jülchen, se tomó su tiempo para descender con toda la parsimonia del mundo. Aquella actitud conquistó por completo a Catalina. Por supuesto, Constantin se casó con Jülchen, convertida en ortodoxa con el nombre de Anna Feodorovna...

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Anna Feodorovna.


Solamente voy a decir que al menos Luisette (Elizaveta Alexeievna) y Jülchen (Anna Feodorovna) simpatizaron casi de buenas a primeras y se tuvieron la una a la otra, porque felicidad en sus prematuros matrimonios no encontraron ninguna. Pero a Anna Feodorovna, en concreto, le había tocado un marido particularmente desagradable y repulsivo, capaz de disparar desde un cañón docenas de ratas para darle un susto enorme a su jovencísima esposa.


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 Asunto: Re: ALEXANDRA PAULOVNA, GRAN DUQUESA Y ARCHIDUQUESA
NotaPublicado: 07 Mar 2020 15:49 
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Es de suponer que Alexandra, a la que aquí os muestro en un curioso retrato con su madre María Feodorovna y sus hermanas Elena, María, Ekaterina y Annette del que bien lamento el pequeño tamaño...

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...se la mantuviese mientras crecía bastante resguardada de todos los altibajos referentes a las discusiones prenupciales con los suecos. Las cosas, luego, dieron un giro sustancial cuando a principios de 1796, tras haber sido proclamado ya mayor de edad, Gustav IV Adolf, de acuerdo con su tío ex regente Carl de Södermanland, anunció la ruptura del compromiso adquirido con Luise Charlotte de Mecklenburg-Schwerin. Las iglesias suecas dejaron de repente de incluír las plegarias por Luise Charlotte en los oficios religiosos y el padre de la chica, el gran duque Friedrich Franz I, se puso -comprensible...- como un basilisco, exigiendo alguna clase de compensación al reino de Suecia.

Los suecos esperaron a que hubiesen concluído en San Petersburgo las festividades que rodearon la boda de Constantino con Anna Feodorovna. Luego, se decidieron a viajar en persona a San Petersburgo para gestionar el compromiso de Gustav IV Adolf con Alexandra Paulovna. Aunque Gustav IV Adolf ejercía ya su autoridad regia, todavía no había sido coronado solemnemente: por esa razón, se decidió que viajarían en modo incógnito, uno de aquellos incógnitos a beneficio de inventario, tan chuscos e incluso tan ridículos, porque nadie en toda Europa ignoraba quiénes eran el "conde de Haga" (Gustav IV Adolfo en sí mismo) y el "conde de Vasa" (Carl de Södermanland).

Los citados condes de Haga y Vasa, con su séquito, llegaron en agosto de 1796. Se dice que el primer encuentro entre Gustav IV Adolf y Alexandra se produjo en el curso de una fiesta en la que ambos danzaron un minué: saltaba a la vista que hacían buena pareja y que se trataban con simpatía. Es posible que Gustav IV la encontrase muy agradable a la vista: la princesa Golitsyn escribiría que la princesa, alta para sus catorce años de edad, era adorable en cuanto a su aspecto y cortés en su comportamiento. Según la princesa Golitsyn, Catalina estaba encantada con su nieta, y no ocultaba su orgullo de abuela. En cuanto a la propia Alexandra, ella estaba, recordemos siempre, "condicionada" para que le entrase por el ojo Gustav IV Adolf. Después de años aprendiendo sueco y preparándose para reinar sobre los suecos, cuando bailaba su minué con el rubio monarca debió sentir que cumplía su destino.

Gustav y Alexandra pudieron tratarse en una atmósfera relajada y complaciente, lo que favoreció que surgiese una "sincera" inclinación según todos los que les rodeaban. En realidad, conviene cogerlo con pinzas: según parece, Gustav IV Adolf fue insistente, desde el principio, con el asunto religioso, el último escollo en el camino hacia una boda. Los relatos sobre aquellas semanas de Gustav IV Adolf de Suecia en San Petersburgo generan una impresión de cierto pasmo en un lector moderno, porque todo parece una carrera de equívocos en torno a un punto crucial tan sencillo como era establecer si Alexandra podría o no permanecer ortodoxa. Catalina nunca dudó de que sí, y solicitaba que constase por escrito que ella podría disponer de una capilla privada ortodoxa y de la compañía de un sacerdote ortodoxo. Pero Gustav IV Adolf de Suecia parecía empecinado en que Alexandra se convirtiese al luteranismo y no pensaba dar su brazo a torcer. Lo curioso es que los rusos ni se plantearon por un segundo que el monarca llegaría a enrocarse de manera definitiva.


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 Asunto: Re: ALEXANDRA PAULOVNA, GRAN DUQUESA Y ARCHIDUQUESA
NotaPublicado: 07 Mar 2020 20:05 
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Alexandra...

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...era una criatura sensible. Significativamente, cuando después de una de las varias fiestas palaciegas Gustav se atrevió a apretarle ligeramente la mano derecha que estaba sosteniendo, ella "tenía tanto miedo que pensaba que me íba a caer", según confesó ingenuamente a su institutriz, Madame de Villemof. Pero Gustav le gustaba. Se alegró cuando Gustav manifestó su voluntad de desposarla en una charla de jardín con la abuela Catalina después de una cena en el palacio de Táuride, engalanadísimo en esos días. Catalina pensó que estaba todo hecho, en particular después de que sus representantes hubiesen acordado con los suecos que el subsidio anual que recibirían en Estocolmo ascendería a trescientos mil rublos. La cantidad de dinero que ella íba a aflojar en Suecia era francamente impresionante.

Catalina se permitió convocar para el 11 de septiembre la ceremonia de esponsales en el gran salón del trono del palacio de Táuride. Era una ceremonia muy significativa para los ortodoxos, una ceremonia que tenía validez en sí misma como anticipo de la ceremonia nupcial. El metropolitano ortodoxo Gavril, encargado de bendecir los anillos de compromiso, desempeñaría un papel crucial.

A la hora prevista, las siete de la tarde, Catalina hizo su gran entrada, vestida de gala, más espléndida que nunca. Observó que todos ocupaban ya sus lugares: allí estaba Alexandra, arreglada con esmero, más bonita de lo habitual, escoltada por sus padres, Pablo y María, sus hermanos, sus cuñadas y sus hermanos menores. No faltaba ningún personaje distinguido de la corte, todos expectantes a la entrada del rey de Suecia. Dos sillones tapizados en azul destacaban, eran los asientos que ocuparían Gustav IV Adolf y la pequeña Alexandra duranta el ritual. Cuando finalizase, todos sabían que habría un banquete y un baile fastuoso -uno más, pero con la particularidad de que íba a commemorar un momento histórico.

Imaginad la escena.

Y ahora imaginad que son las siete y cuarto...y no llegan los suecos. Son las siete y media...y no llegan los suecos. Son las ocho menos cuarto...y no llegan los suecos. De momento, Catalina aguantaba la espera con el mejor semblante y un exquisito manejo de la situación. Hacia las ocho y media, la atmósfera empezaba a hacerse ligeramente más densa, y no digamos cuando un gran reloj marcó las nueve. Catalina ya estaba en tensión y la pequeña Alexandra no había podido soportar el nerviosismo, de modo que lloraba en silencio ante la mirada apesadumbrada de su madre María Feodorovna. Las nueve habían quedado bastante atrás cuando se abrió una puerta y apareció evidentemente envarado y con el rostro congestionado Platón Alexandrovich Zubov.


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 Asunto: Re: ALEXANDRA PAULOVNA, GRAN DUQUESA Y ARCHIDUQUESA
NotaPublicado: 08 Mar 2020 16:37 
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Este señor...

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...era ciertamente muy pero muy buen mozo. Se llamaba Platón Alexandrovich Zubov y pertenecía a un antiquísimo linaje que ya había prestado sus servicios a los duques moscovitas del siglo quince. Con veintidós años, atrajo la atención de la zarina Catalina la Grande, quien, entonces, rondaba en los sesenta. En un principio, el entonces casi todopoderoso favorito de Catalina la Grande, Grigori Potemkin, no le concedió apenas relevancia a la entrada en escena de Platón Zubov. El mozo no parece haber sido particularmente brillante, sino un tanto inestable y caprichoso; así que Potemkin, en realidad, infravaloró la importancia que podía cobrar con sólo ganarse el antojo sentimental de la sexagenaria autócrata. Platón llegó a ser una figura de primer orden en los últimos años de vida de Catalina. Por esa época, en 1796, la verdad es que toda la corte se hacía lenguas, porque el favorito Zubov a quien le hacía caíditas de ojos era a la guapísima esposa de Alejandro, Elizaveta Alexeievna...

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La querida Luisette, o lo que es lo mismo, Elizaveta.


El asunto daba para muchos cotilleos. Pero, bueno, el caso es que Zubov representaba un factor significativo en la corte rusa: en realidad su único error quizá consistía en que, pagadísimo de sí mismo como estaba, trataba con una rotunda falta de un mínimo tacto al zarevitch Pablo.

Zubov había desempeñado un papel crucial en la negociación del matrimonio sueco. Se suponía que esa ceremonia de compromiso íba a representar una feliz culminación a meses de trabajo diplomático, que podría anotárselo en su cuenta personal de éxitos y que al día siguiente se le recompensaría con el título de mariscal de campo ruso. Fijaos cómo estaba la cosa, cuando ese mismo Platón Zubov tuvo que adentrarse en el salón ante las miradas escrutadoras de todos los presentes y tenderle una nota a Catalina. Aquella nota contenía una penosa revelación, desde la perspectiva de Zubov: el muy joven rey de Suecia había salido más que testarudo, había salido completamente obtuvo y se había negado en rotundo a firmar el contrato prenupcial después de encontrar insertada en el mismo una cláusula referente a la libertad religiosa de la gran duquesa Alexandra Paulovna.

Hay años, lustros, décadas...de ejercicio del poder por parte de Catalina. Eso le ha dado una capacidad de reacción y un aplomo extraordinarios, que no tienen nada que ver con los del común de los mortales. Mantiene un aire sereno e imperturbable mientras anuncia con voz clara:

-Su Majestad el rey Gustav IV ha caído presa de un repentino malestar; por tanto, se suspende la ceremonia.

A continuación se levanta y con un gesto casi imperceptible solicita el brazo a su nieto Alejandro, que se apresura a ofrecérselo. Los dos inician la retirada del salón del trono, mientras, en su posición, la pequeña Alexandra, derrotada por ese extraño desenlace a su ceremonia de esponsales, cae desmayada. Catalina no se gira siquiera ante el revuelo que produce el desvanecimiento de la novia imperial: no puede permitirse ni un gesto que delate ante el mundo entero que la actitud soberbia del pobretón rey de los suecos la ha puesto al borde de la apoplejía.


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 Asunto: Re: ALEXANDRA PAULOVNA, GRAN DUQUESA Y ARCHIDUQUESA
NotaPublicado: 08 Mar 2020 16:51 
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Inciso: dejadme ser un poco frívola.

Platoncito Zubov estaba para ponerle un palacete, tirando por lo bajo.

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Y ahí se queda, porque éste es el tema de Alexandra, pero... :love: :love:
Gran mérito el de Elizaveta Alexeievna parándole los avances a Platoncito, sí.


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 Asunto: Re: ALEXANDRA PAULOVNA, GRAN DUQUESA Y ARCHIDUQUESA
NotaPublicado: 08 Mar 2020 17:49 
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Platoncito era un trepa de muy señor mío; listo para subir pero bastante obtuso y nulo para el gobierno. La carne es débil, ya seas una zarina todopoderosa o un rey constitucional. :-D


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 Asunto: Re: ALEXANDRA PAULOVNA, GRAN DUQUESA Y ARCHIDUQUESA
NotaPublicado: 08 Mar 2020 20:32 
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Registrado: 17 Feb 2008 21:47
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legris escribió:
Platoncito era un trepa de muy señor mío; listo para subir pero bastante obtuso y nulo para el gobierno. La carne es débil, ya seas una zarina todopoderosa o un rey constitucional. :-D


La suerte de la zarina todopoderosa es que está a salvo de ofrecer explicaciones o de que le saquen los colores por todas partes. Que la Corte entera pensaría "¡Ya te vale, Katia, mujer, enchocharte así con el sinsustancia arrogante de Platoncito!", pero se ponían un puntito en la boca, vaya si se lo ponían. Además ella gozaba de una libertad extraordinaria...justo en 1795, poco antes del "fiasco sueco", se había hecho Zubov con propiedades de inmenso valor tras la Partición de Polonia, que proporcionó una buena porción de aquel país, y la anexión del ducado de Curlandia. Es que hasta el palacio de Rundale, de los duques de Curlandia, pasó a manos de aquel Platoncito que se divertía volando cometas y jugando con un mono amaestrado. Y todos sin decir ni mu.

Ahora bien...insisto, guapo, lo que se dice guapo, era.


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