Foro DINASTÍAS | La Realeza a Través de los Siglos.

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 Asunto: Re: ALEXANDRA FEODOROVNA (née CHARLOTTE DE PRUSIA)
NotaPublicado: 25 Ene 2015 23:33 
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No nos dejes con la intriga hasta el siguiente fin de semana.


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 Asunto: Re: ALEXANDRA FEODOROVNA (née CHARLOTTE DE PRUSIA)
NotaPublicado: 26 Ene 2015 19:44 
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Dos retratos de Alexander I, el carismático zar de Rusia:

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El año 1824 se había iniciado para los Romanov con una boda. Mikhail, el más joven de los hermanos del zar, se había casado con la princesa Charlotte de Württemberg, que al convertirse a la ortodoxia recibiría el nombre de Elena Paulovna. Aquella boda tenía su miga: cuando al estrenarse 1819 había muerto en Stuttgart la reina Katia de Württemberg, lo inesperado de aquel fallecimiento había suscitado ciertos rumores. Katia había sido una joven esplendorosa: su madre, María Feodorovna, acababa de visitarla en su corte, y de hecho cuando falleció su cuñada la zarina Elizaveta se encontraba en ruta desde Karlsruhe a Stuttgart para presentarle sus respetos antes de retornar a San Petersburgo. De repente, unas erisipelas complicadas con una neumonía la habían matado. A la gente le costaba creerlo y algunos sugirieron que había sido eliminada mediante algún veneno por su cuñado el príncipe Paul de Württemberg, un "bala perdida" con el que la reina nacida gran duquesa rusa había mantenido una relación bastante tensa. Por supuesto, no pasaban de ser rumores, sin ningún fundamento excepto el hecho de que Paul y Katia no se habían avenido.

Charlotte era una de las hijas de aquel Paul. Su presencia en San Petersburgo para casarse con Mikhail renovó los vínculos entre Rusia y Württemberg. El enlace fue motivo de grandes festejos, que Nicky y Alexandra pudieron disfrutar precisamente antes de su viaje a Prusia del que no retornarían hasta 1825.

Nicky y Mouffy estaban ausentes en junio, cuando la alegría de principio de año se vió tristemente compensada por una lamentable pérdida. El zar Alexander había mantenido una prolongada relación amorosa con la princesa María Naryskhina. María, a quien podemos admirar en este retrato...

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...era una hermosa polaca, nacida princesa Svyatopolk-Chetvertinskaya, que había ingresado en el círculo de la más elevada aristocracia rusa al casarse con Dmitry Lvovich Naryshkin, un personaje destacado de la corte imperial. No deja de resultar curioso el paralelismo entre Alexander y su hermano Constantine: los dos casados por sólidos motivos dinásticos con encantadoras princesas alemanas, acabaron enamorados de atractivas polacas. El caso es que, durante los años de su relación, María había dado a luz una niña, Sofía, incuestionablemente hija del zar, y posteriormente un niño, Emanuel, al que su marido no reconoció como propio y que se creía que podía ser que fuese también hijo biológico de Alexander. Si el asunto de la filiación de Emanuel permanecía algo dudoso, en cambio Sofía Nariskhyna era reconocida universalmente como la hija ilegítima pero muy querida del emperador autócrata de Rusia.

Sofía era una joven de dieciseis años que acababa de adquirir su ajuar en París, a dónde había ído con carta blanca para permitirse todos los caprichos. Estaba a punto de casarse con un aristócrata relevante, con la bendición de su padre el zar, así que éste no le puso límite a los gastos en el trousseau. Pero la muchacha siempre había sido de salud delicada y es probable que llevase tiempo al límite entre la vida y la muerte por culpa de una severa afección pulmonar. De vuelta en San Petersburgo, murió en cuestión de días de lo que los médicos llamaron, sencillamente, "consunción". Alexander estaba anonadado y consternado al extremo mientras se decidía que su hija con María sería enterrada en el claustro del Convento de la Santísima Trinidad, en Strelna, en la ruta entre que unía Riga con el Golfo de Finlandia.

En la desaparición de la adorable Sofía, Alexander encontró un consuelo inesperado en su mujer, la zarina Elizaveta. Elizaveta no sólo era una extraordinaria belleza...

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...sino también una mujer de naturaleza cálida, afectuosa y genuínamente compasiva. Ella misma, en su juventud, en un tiempo que por entonces parecía haber quedado muy atrás, había sido una esposa absolutamente descuidada por su marido que se había sentido sola y había echado de menos a su familia a cada minuto del día; según los comentarios de los cortesanos rusos, se había "confortado" a sí misma primero manteniendo una aventura sentimental con el guapo príncipe polaco Adam Czartoryski (¡casualmente el mejor amigo de Alexander...!), y más tarde envuelta en un romance con Alexei Okhotnikov. Aunque parece haber mayor evidencia de una relación íntima con Okhotnikov que con Czartoryski, de manera general se creía que la primera hija de Elizaveta, María, había sido hija de Adam y que la segunda, Elisabeth, había sido hija de Alexei. No obstante, ninguna de las pequeñas habían prosperado: María había muerto a los trece meses de vida y Elisabeth a los quince meses de vida. La muerte de sus dos niñas causó una vivísima angustia en Elizaveta; su sufrimiento, muy intenso, y la certeza de que jamás podría olvidarse de ello, se reflejan en las numerosas cartas que la gran duquesa, luego zarina, escribió a su madre.

Elizaveta había llorado tanto a sus hijas, que pudo sentir la máxima empatía y afecto por Alexander al verle afligido por la desaparición de la bonita Sofía Naryskhina. Alexander quizá no había esperado que fuese precisamente Elizaveta la que compartiese su tristeza y su amargura. De cualquier modo, aquellos días significaron el inicio de una etapa en la que emperador y emperatriz parecieron más unidos de lo que jamás lo habían estado. A esas alturas de la vida, de repente encontraban serenidad y alegría en su mútua compañía, al punto de que Elizaveta se mostraba, por fín, exultante en sus cartas a su madre. La emperatriz llegó a escribir párrafos de un romanticismo exacerbado en torno a aquel marido que, tras tanto tiempo de desdenes, la cubría de atenciones.


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 Asunto: Re: ALEXANDRA FEODOROVNA (née CHARLOTTE DE PRUSIA)
NotaPublicado: 26 Ene 2015 20:57 
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Como las penas nunca llegan solas, sino que se acompañan de otras, el 25 de diciembre del mismo año 1824 fallecía en Karasubazar, Crimea, la baronesa Bárbara Julie von Krüdener, más conocida como Julie von Krüdener, que había nacido siendo Julie von Wietinghoff.

Julie había sido, cuando menos, un personaje llamativo para aquella época. Nada en sus primeros cuarenta años de vida hacía presagiar que se acabaría convirtiendo en la "profetisa particular" del zar de Rusia. Hasta entonces, su existencia había tirado por derroteros más convencionales: casamiento con un brillante diplomático viudo bastante mayor que ella, aburrimiento conyugal en especial tras el nacimiento de sus hijos, enamoramiento súbito de un apuesto oficial, romance extraconyugal, separación del marido, intento de reconciliación que se había quedado en intento. Nada del otro mundo, en realidad. Pero en 1804, mientras daba un paseo por su ciudad natal, Riga, un conocido de su familia que se acercaba a saludarla cortesmente, cayó fulminado a sus pies. Aquella muerte provocó una crisis nerviosa en Julie, algo bastante natural dadas las circunstancias. Pero de la crisis nerviosa salió para caer de lleno en un arranque de fervorosa religiosidad, que pronto se vió claramente influenciada por el pietismo. Como Julie no hacía las cosas a medias, dedicó dos años a la meditación espiritual alejada de todo cuanto era mundano. Y de ahí emergió convertida en una mística visionaria, una mujer convencida de poseer un don especial para reclutar y guiar a un determinado círculo de elegidos antes de que se produjese el Segundo Advenimiento.

Tan peculiar giro en su biografía no hubiese importado a nadie y sólo hubiese sido pasto de comidillas en los salones de Riga, entre quienes conocían a la dama y a sus familiares, de no ser porque Julie consiguió acercarse en un momento determinado al zar Alexander. En sus primeros encuentros, Alexander no se mostró para nada impresionado por el vehemente discurso de aquella especie de profetisa. Sin embargo, poco a poco, Julie logró suscitar el interés y posteriormente la devoción de Alexander. La influencia de Julie fue determinante para que cuajase en la mente del zar la idea de la Santa Alianza, durante el Congreso de Viena en el que ella le acompañó. Generalmente, la gente encontraba extravagante la vinculación entre el zar y la visionaria. Fuere como fuere, Julie dejó de contar con el apoyo de Alexander cuando en 1821 le visitó en San Petersburgo para instarle a que ayudase a los griegos a sacudirse de encima el dominio otomano. Ciertamente, a la ortodoxa Rusia le convenía apoyar a los ortodoxos griegos frente a los turcos otomanos, un tradicional adversario; pero Alexander encontró muy irritante la interferencia de Julie y le sugirió que debería abandonar la ciudad. Julie acabó sus días rodeada de pietistas en la cálida Crimea.

Aunque su relación con Julie se había quedado en el pasado, recibir la noticia de su fallecimiento provocó cierto impacto emocional en el zar. Y aún no se había recobrado del todo, cuando, a principios de 1825, hubo de hacer frente a la enfermedad de la emperatriz Elizaveta...


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 Asunto: Re: ALEXANDRA FEODOROVNA (née CHARLOTTE DE PRUSIA)
NotaPublicado: 26 Ene 2015 21:29 
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Elizaveta:

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En enero de 1825, Elizaveta enfermó. En un principio, parecía que la zarina había contraído ni más ni menos que un fortísimo resfriado, pero día a día parecía ir a peor y su médico inglés, Sir James Wylie, llegó a inquietarse bastante. Es bastante probable que lo que Elizaveta padeciese por aquel entonces fuese un brote, bastante agresivo, de fiebres reumáticas. Desde luego, en febrero seguía confinada en sus aposentos, muy debilitada por la enfermedad. Alexander, que no quería separarse de ella, preguntó a Wylie cuál sería su recomendación. El médico fue bastante tradicional en su respuesta: un clima más benévolo que el de San Petersburgo. San Petersburgo era pura humedad y frío, en particular aquel invierno pues durante el mes de noviembre de 1824, un poco antes de la muerte de Krüdener en Crimea, en la ciudad imperial se habían producido devastadoras inundaciones a conscuencia de una crecida del río Neva. Alexander había visitado los peores escenarios de la catástrofe, dónde, cuando alguien se lamentó de que Dios les castigaba por sus pecados, él replicó, en tono sombrío: "No, no por vuestros pecados, sino por los míos".

A Elizaveta le hubiese encantado que la mandasen a tierras alemanas, pero el doctor no consideraba que allí fuese a encontrarse mejor. La propia Elizaveta, además, acabó considerando que debía permanecer en el país, porque cabía la posibilidad de que empeorase y muriese y, como le dijo a Alexander en un hilo de voz: "La esposa del zar de Rusia no puede morir en ningún lugar que no sea en la Santa Rusia".

Finalmente, se decidió que Alexander y Elizaveta se irían a Taganrog, en la costa norte del Mar de Azov. Oficialmente fundada por Pedro el Grande, Taganrog no sólo estaba estratégicamente situada, sino que ofrecía un clima agradable; los emperadores, además, contaban allí con un encantador palacete estival, que podían aprovechar durante su estancia. Alexander salió hacia Taganrog unos días antes de que lo hiciese Elizaveta, que viajó bajo el cuidado del príncipe Volkonsky. Fueron veintidós días de viaje hasta alcanzar las cercanías de Taganrog, dónde le salió al encuentro Alexander para realizar juntos la entrada en la ciudad. La vida en Taganrog se desarollaba de manera apacible y Elizaveta, más feliz de lo que nunca había sido, mejoró a ojos vista. Tan bien se encontraba la zarina, que el zar no sólo visitó algunos puntos cruciales en la costa del Mar de Azov y la población de Novo-Tsherkask, capital de los cosacos de la cuenca del Don, sino que, en última instancia, aceptó una invitación del conde Vorontzov para visitar Crimea. Su estadía en Crimea se prolongaría durante diecisiete días; visitó a Vorontzov en su precioso palacio de Aloupka, se pasó por la propiedad -Orianda- que él mismo había adquirido para sí en la región y acabó acercándose incluso a la residencia veraniega de la princesa Golytzin, dónde apenas paró porque estaban en plena epidemia de fiebres.

El propio Alexander, a medida que proseguía su gira hacia Eupatoria primero y Mariopol después, se sintió asolado por una repentina subida de fiebre después de visitar un hospital en el que se atendía precisamente a enfermos de malaria. Volvió a Taganrog con la salud bastante quebrantada, probablemente contagiado de malaria, pero se negó a seguir los consejos facultativos respecto a quedarse en cama y tomarse ciertos medicamentos. Por esos días, fue informado de que se había abortado un plan para asesinarle. Eso tuvo un efecto pernicioso en su salud mental: empezó a evocar, una y otra vez, imágenes de la muerte violenta de su padre, golpeado y posteriormente estrangulado con su propio cordón de mando. Dado que se supone que Alexander estaba metido en la conjura que llevó la muerte a Paul, o que al menos la conoció y no movió ni un dedo para intentar desbaratarla, es probable que el zar estuviese experimentando una auténtica crisis personal, enfrentándose de nuevo a un sentimiento de culpa que le había acompañado durante décadas.

El empeoramiento del emperador hizo que Elizaveta, alarmadísima, mandase llamar al confesor de su marido, el padre Feodotov. Alexander, en una acceso de humildad, rogó a Feodotov que se olvidase de que estaba ante el zar y le hablase como hablaría a cualquier pecador. Después de su confesión ante el religioso, reconocería a Elizaveta sentirse más en paz consigo mismo de lo que se había sentido jamás. En aquel momento de su enfermedad, se acordaba sobre todo de la que había sido su hermana predilecta, Katia.

Aunque Elizaveta hizo constar en su diario que Alexander parecía ir mejor el día 11 de Noviembre, enseguida se produjo un súbito vuelco de la situación. El 19 de Noviembre según el calendario ruso, 1 de Diciembre en el resto de Europa, Alexander, de cuarenta y ocho años, falleció. Elizaveta escribió a su madre:

"Queridísima madre: ¡Nuestro ángel se ha ído al cielo!¡Y yo permanezco en la tierra! ¿Quien hubiera pensado que yo, débil y enfermiza como soy, le sobreviviría? No me abandones, madre, pues me quedo sola en un mundo de tristezas...".

Enseguida, se puso en marcha la operación para trasladar los restos mortales del zar desde su palacete estival de Tanganrog hasta la cercana iglesia de San Alexander Newsky. A la guarnición acantonada en la ciudad, se sumó un regimiento de cosacos del Don para rendir honores durante esa luctuosa procesión. Entre tanto, en la lejana San Petersburgo, se habían enterado de la mejoría de Alexander del día 11, porque las noticias llegaban con retardo, y todos los miembros de la imperial familia, empezando por la zarina viuda María, asistían en las iglesias a servicios de acción de gracias por aquella merced de Dios.


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 Asunto: Re: ALEXANDRA FEODOROVNA (née CHARLOTTE DE PRUSIA)
NotaPublicado: 26 Ene 2015 21:40 
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Elizaveta no sólo tomó la pluma para escribir a su madre, sino que también tuvo que redactar una nota dirigida a su suegra, la zarina viuda María Feodorovna. Aunque menos intimista, era también conmovedora:

"Nuestro ángel ha entrado hoy su alma divina a Su Creador. Para mí, no queda nada en este mundo. Antes de ser llamada a reunirme con él, el único deber que me he de cumplir es el de llevar sus restos hasta la tumba de sus antepasados. Mi única esperanza es volver a estar a su lado".

Efectivamente, una Elizaveta completamente enlutada siguió el camino, en cortas etapas, que llevaba a la fortaleza de Pedro y Pablo, en San Petersburgo. Allí debía recibir sepultura Alexander, allí y en ningún otro sitio excepto allí.

Y ahora preguntaréis...¿dónde está el enigma?

Pues bien, el enigma es el siguiente: ¿de verdad murió Alexander I en Taganrog?.


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 Asunto: Re: ALEXANDRA FEODOROVNA (née CHARLOTTE DE PRUSIA)
NotaPublicado: 26 Ene 2015 23:08 
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Desde luego, que los Romanov permanezcan tranquilos y localizados en sus tumbas, parece un tanto difícil.


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 Asunto: Re: ALEXANDRA FEODOROVNA (née CHARLOTTE DE PRUSIA)
NotaPublicado: 27 Ene 2015 13:18 
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Pos sucesos como éste es que me encanta la historia rusa . . . :cheerleader:


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 Asunto: Re: ALEXANDRA FEODOROVNA (née CHARLOTTE DE PRUSIA)
NotaPublicado: 27 Ene 2015 18:14 
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josefita escribió:
Desde luego, que los Romanov permanezcan tranquilos y localizados en sus tumbas, parece un tanto difícil.


Jajajaja, leí el comentario esta mañana antes de salir de casa para el trabajo y me hizo reirme durante buena parte del camino...


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 Asunto: Re: ALEXANDRA FEODOROVNA (née CHARLOTTE DE PRUSIA)
NotaPublicado: 27 Ene 2015 19:11 
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Ya sé que éste es el tema de Mouffy y Nicky, jejeje, pero creo que es importante e interesante hacerse una idea acerca de lo que significó la desaparición repentina, allá a orillas del Mar de Azov, de un Alexander que estaba todavía por debajo del medio siglo de vida.

Probablemente, la piedra de toque en la vida adulta de Alexander fue el constante remordimiento por su propia implicación en la muerte de su padre, Paul, que se había hecho muy impopular. En su círculo inmediato, nunca podían estar seguros de aquel zar que siempre se mostraba peligrosamente suspicaz y muy variable. Sus enemigos le acusaban de ser un borracho y de estar loco, pero ése es un testimonio interesado. Quizá lo justo sea decir que era un hombre con un carácter imprevisible, un paranoico que podía hacer sentir a quienes le rodeaban que vivían en constante riesgo de caer en desgracia por cualquier nimiedad. Llegó el momento en que una serie de personajes destacados se conjuraron contra Paul. Según una versión bastante plausible, convencieron al zarevitch, Alexander, de que aceptase ese complot que le llevaría a él al trono dándole palabra de que no violentarían en absoluto a Paul. Sólo le requerirían para que firmase su abdicación y después se le permitiría retirarse a un sitio de aires saludables, rodeado de confort y de atenciones propios de su alto rango. Pero la cosa salió mal. Paul se negó a firmar la abdicación, fue maltratado y estrangulado.

Alexander siempre tendría que sobrellevar la angustia íntima de haberse encaramado al trono sobre el cadáver pisoteado de un padre a quien le habían quitado la vida. Su padre no había muerto de forma natural ni se había echo a un lado mediante una abdicación rubricada de mejor o peor grado: su padre había sido eliminado. Aquello generó en Alexander un feroz remordimiento que no podía expresar. Su única manera de intentar solventar el daño era su notable sumisión hacia su madre, la zarina viuda María Feodorovna. A ella nunca podría decirle que no a nada: si la mujer hubiese pedido que se echase abajo el mismísimo Kremlin piedra a piedra, posiblemente Alexander se hubiese sentido obligado a hacerlo.

Con los años, la necesidad de Alexander de "purgar" su culpa se incrementó. Es notable en ese sentido su reacción cuando la crecida del Neva inundó amplias áreas de San Petersburgo en el otoño de 1824. Él, que aún respiraba por la herida de la muerte de su hija Sofía, había respondido a un hombre que se lamentaba de que Dios les estaba castigando por sus pecados: "No, no por los vuestros, sino por los míos".

Durante su estancia en Aquisgrán, para asistir al Congreso de Aix-la-Chapelle, Alexander ya había expresado a su amigo el rey Friedrich Wilhelm III de Prusia su deseo de "cederle el trono a Nicholas" para poder retirarse a un lugar remoto y tranquilo, dónde pudiese ser él mismo en vez de hacer el papel de casi todopoderoso zar de Rusia. Friedrich Wilhelm, aunque era suegro de Nicholas, trato de animar a Alexander a mantenerse en el puesto en el que le había colocado la Providencia. Pero la idea había arraigado en la mente de Alexander, como pudo acreditar su cuñado holandés Wilhelm príncipe de Orange, que tras perder la mano de la princesa heredera Charlotte de Inglaterra se había casado con la gran duquesa rusa Anna Paulovna, Annette para la familia. Wilhelm visitó San Petersburgo ya en 1825 y se quedó de una pieza cuando su cuñado Alexander le confesó que estaba cansado de la corona y el cetro y que deseaba renunciar a todo.

¿Estaba Alexander harto de la pompa y circunstancia, aparte de necesitado de un espacio privado totalmente suyo en el que hacer las paces consigo mismo, y planificó su desaparición bajo la apariencia de una muerte repentina en la remota Taganrog? A fín de cuentas, había "arreglado" la sucesión. Constantine, su heredero, le había prometido a Alexander, tras casarse con Joanna Grudzińska, que no aspiraría a ocupar el trono. Alexander hizo princesa de de Lowicz a Joanna y Constantine dió su palabra de que no le pondría traba alguna al ascenso de Nicholas. En cierto modo, Alexander podía considerarse más que satisfecho: le gustaba mucho su hermano Nicky y se daba la circunstancia de que estaba casado con una hija de aquella Luise a la que tan fervientemente había admirado.

El caso es que hubo circunstancias extrañas en torno a la muerte de Alexander. La versión oficial de la corte rusa era que había muerto de paludismo, pero eso no explicaba que el cadáver, expuesto al público como mandaba la tradición en la iglesia de San Alexander Newsky cercana a Taganrog, se mostrase prácticamente irreconocible. El príncipe Volkonsky quiso explicarlo aduciendo a que el "el aire húmedo había ennegrecido la cara, haciéndole parecer completamente cambiado". Pero era una explicación que no convencía demasiado. De hecho, cuando se completó el traslado a San Petersburgo, Nicholas, después de observar ese hecho, decidió que en la capital imperial la gente podría acudir a despedirse del soberano colocado en su ataúd sobre una elevada tarima, pero, novedad con respecto al pasado, no llegarían a vislumbrar siquiera el rostro de Alexander porque se le echaría por encima de la cara un velo bastante tupido.

Quienes leyeron la autopsia del zar, también observaron curiosos fallos. Se hablaba de que la pierna izquierda mostraba una cicatriz, cuando el caso es que Alexander había lucido una cicatriz...en la pierna derecha. Vale, puede ser un fallo de los doctores que trabajan apresuradamente, pero había algo muy inconveniente en manifestar haber visto rastros de una lesión encefálica causada con casi total certeza por una sífilis. Alexander, hasta dónde se sabe, y su existencia estaba bastante documentada, nunca había contraído esa enfermedad venérea. Esto se explicaría con la versión según la cual, volviendo de su gira por Crimea a Taganrog, uno de los asistentes del zar, Maskov, había muerto a consecuencia de un accidente y el zar había decidido que ése sería el cadáver que se utilizaría en la ficción de su muerte, que le serviría a él para alejarse del mundo.

Los rumores nunca, jamás, desaparecerían. Es sintomático que, muchos años después, siendo emperador el hijo mayor de Nicky y Mouffy, éste decidiese desmontar la leyenda haciendo abrir el sarcófago en el que se había enterrado a Alexander.

Estaba vacío.


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 Asunto: Re: ALEXANDRA FEODOROVNA (née CHARLOTTE DE PRUSIA)
NotaPublicado: 27 Ene 2015 19:41 
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Alexandra:

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Por mucho que el zar Alexander hubiese "apañado" el tema de la sucesión imperial, no había dejado de ser un "apaño" privado, circunscrito al ámbito familiar. No se había producido ningún acto público, ninguna declaración formal al respecto, que contraviniese las disposiciones paulinas de 1797. Siempre cabía la posibilidad de dejar expresados sus designios en un testamento, pero esto tampoco ocurrió. Las dos personas más destacadas del grupo que había acompañado a Alexander a Taganrog eran el ayudante de campo general príncipe Volkonsky y el jefe de la casa del emperador, el barón Diebitch. Tras verificarse la muerte de Alexander, ambos se vieron en la obligación de molestar a la pálida y desencajada zarina Elizaveta para preguntarle si conocía ella la existencia de algún documento en el que el zar hiciese referencia a sus últimas voluntades. Elizaveta lo negó. Los caballeros se acordaron entonces de un pequeño paquete que Alexander había llevado siempre consigo, guardado en un bolsillo interior de su casaca, cerca del corazón. La enlutada Elizaveta estuvo de acuerdo en abrirlo en su presencia y se quedaron abrumados al constatar que sólo guardaba allí dos oraciones manuscritas en trozos de papel y algunas referencias a versículos concretos de las Santas Escrituras.

Así las cosas, a Volkonsky y a Diebitch no les quedaba duda de a quién debían dirigir su informe acerca del inesperado deceso de Alexander: a quien, según ellos, era el nuevo zar siguiendo las leyes paulinas, Constantine Paulovich, que se encontraba en Varsovia, y a la zarina viuda María Feodorovna. Ninguno pensó en informar a Nicholas, igual que no pensaron en informar a Mikhail. Era Constantine quien debía suceder a Alexander, puesto que nada había hecho éste para revocar las disposiciones previas de su padre, Paul, que, por tanto, conservaban su plena vigencia. Sólo después de haberse despachado esos primeros informes, se mandó la noticia al gran duque Nicholas, recordando que él estaba en San Petersburgo y tendría que ser el que empezase a organizar las cosas mientras Constantine no llegase a la ciudad del Neva procedente de Varsovia para tomar posesión de su imperio.

Constantine, en Varsovia, estaba ejerciendo de anfitrión aquellos días de su hermano Mikhail. Precisamente, tanto Mikhail como Joanna se encontraban con Constantine cuando llegaron a su residencia oficial dos o tres feld-jägers, correos militares, con mensajes remitidos desde la muy distante Taganrog. Al saber que llevaban la noticia de una muerte, Constantine y Mikhail se sobresaltaron mucho porque la primera persona que acudió a sus pensamientos fue la madre común de ambos, María Feodorovna. Luego, supieron que era Alexander el fallecido. Tanto Mikhail como Johanna se quedaron inmóviles, observando fijamente a Constantine, que, formalmente, era el nuevo zar de Todas las Rusias. La propia Johanna, sabiendo que su matrimonio morganático no le resultaba nada conveniente en esa tesitura, se arrojó al suelo para suplicarle que la dejase atrás sin sentirse mal por ello, que buscase una anulación y procurase un casamiento acorde con su nueva posición. Pero Constantine se negó en redondo. Sus palabras fueron del tipo: "Ha llegado el momento decisivo, en el que voy a mostrar que cuando decía que renunciaba al trono, era sincero y no estaba fingiendo en absoluto".

Constantine no perdió tiempo en redactar una carta dirigida a la "más graciosa señora, mi amada madre". En realidad, la escribía para María, para sus contemporáneos y para la Historia. En ella afirmaba que su lealtad a Su Majestad Imperial Nicholas Paulovich, a quien, añadiría, serviría con el mismo celo y la misma devoción que había puesto en servir al difunto Alexander. A esa carta, añadía otra dirigida al propio Nicholas, su "amado hermano", de quien se mostraba, aseguraba, el más fiel súbdito a partir de ese instante.

Constantine había cumplido con Alexander y se había echado a un lado. Las dos cartas, junto con una tercera para Nicky ya puramente privada, sin aquella prosa solemne que hacía honor a la condición de documento para la posteridad, no se le confiaron a ningún correo. El propio gran duque Mikhail Paulovich, seriamente impresionado por la rectitud de que había hecho gala Constantine, las llevó consigo en un apresurado viaje desde Varsovia hasta San Petersburgo.


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 Asunto: Re: ALEXANDRA FEODOROVNA (née CHARLOTTE DE PRUSIA)
NotaPublicado: 27 Ene 2015 20:35 
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Y entretanto...¿qué había pasado en San Petersburgo?

Recordaréis que, unos días antes de la muerte de Alexander, Elizaveta había escrito a San Petersburgo que su marido se encontraba mucho mejor y que parecía segura su recuperación. Ante aquella noticia, María Feodorovna y Nicholas habían solicitado un oficio religioso de acción de gracias en la gran iglesia de San Pedro y San Pablo, tan emblemática para los Romanov. La historia dice que se estaba celebrando esa misa solemnisima cuando un correo llegó para comunicarle a Nicholas la muerte de Alexander. Éste, sobrecogido en su fuero interno pero manteniendo la compostura, avanzó discretamente hacia el altar para rogarle al Archimandrita ortodoxo ruso que cesase en los cánticos de agradecimiento porque acababan de saber que el zar Alexander ya había ído a reunirse con el Creador. A continuación, Nicholas se acercó a su madre junto al prelado y le dijo: "Debemos aceptar los designios de la Providencia". María no necesitó más palabras para entender que Alexander había sucumbido a su enfermedad. Después de haber perdido a sus hijas Olga, Alexandra, Elena y Katia, le tocaba ahora aceptar el hecho de que también su hijo mayor había abandonado el mundo al que ella le había traído en su día.

En un primer momento, la idea de Nicky, por mucho que Alexander le hubiese dicho en alguna ocasión que esperaba que él le sucediese, fue convocar al Senado para pronunciar el juramento de fidelidad al zar Constantine, que estaría, suponía él, preparándose para viajar desde Varsovia. La convocatoria senatorial se realizó con la máxima urgencia, de forma que la asamblea pudo reunirse al día siguiente. A punto de pronunciarse los juramentos de rigor, el príncipe Lopoukhin, presidente del Senado, consideró necesario manifestar que la Cámara era depositaria de un paquete que Alexander había dejado para que allí se abriese inmediatamente tras su defunción, ocurriese cuando ocurriese. Cuando abrieron el paquete, vieron que contenía una carta dirigida por Constantine a Alexander en enero de 1822, presentando su renuncia a sus derechos al trono imperial según lo habían acordado ambos; otra carta, esta una copia, dirigida por Alexander a Constantine a principios de febrero de 1822 aceptando la renuncia que se le había presentado, y, para completar el cuadro, un Manifiesto firmado por el propio Alexander en agosto de 1823 declarando como su legítimo sucesor al gran duque Nicholas.

El asunto turbó la conciencia de Nicholas. No quería que se pensase que había jugado a hacerse el ignorante y que había convocado al Senado precisamente para obtener aquel golpe de efecto favorable para él. Insistió en que él había jurado al zar Constantine Paulovich, y que solamente accedería a subir al trono una vez que tuviese la plena certeza de que Constantine se reafirmaba en su voluntad de privarse a sí mismo de su derecho hereditario. Entre tanto, siguiendo la hoja de ruta prevista, el Consejo de Estado y el Sínodo de la Iglesia proclamaron a Constantine y los regimientos empezaron a hacer lo mismo en las horas siguientes.

Así quedó todo hasta que el 8 de diciembre llegaron las cartas redactadas en Varsovia por Constantine, de las cuales era portador el joven gran duque Mikhail. Aquello forzó a Nicholas a aceptar el cetro imperial el 24 de diciembre, con el inmediato juramento de lealtad del Consejo de Estado, del Santo Sínodo de la Iglesia Ortodoxa...y del Senado.


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 Asunto: Re: ALEXANDRA FEODOROVNA (née CHARLOTTE DE PRUSIA)
NotaPublicado: 03 May 2015 05:26 
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Registrado: 25 Mar 2008 17:22
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Hoy 3 de Mayo de 2015, he terminado de bajar esta interesante historia de la emperatriz Alexandra Feodorovna. Muy buena.
Mañana continuaré con María Alexandrovna, esposa de Alejandro II.
:bravo: :bravo:


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